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Cuando caen los grandes

diciembre 15, 2005

 

 

Corría el año 1998 y dos hermanos lanzaron al mundo una película que cambiaría el concepto de “comedia idiota” por muchos años siguientes. Todos los que vieron la irreverente Loco por Mary terminaron convulsionandose de risa en el suelo (Al menos, a la mayoria de gente que conocí le pasó). Con irreverencia, mal gusto pero al mismo tiempo un gran cariño por sus personajes, Peter y Bobby Farrelly se convirtieron en los abanderados de la buena comedia gringa.

Por supuesto, no se esperaba que los hermanos se queden en ese estado inmaduro por siempre. Había que crecer, y con este cambio obtuvimos Amor Ciego y Pegado a Tí, dos comedias con premisas politicamente incorrectas pero tratadas con humanidad y sin ningún intento de burla: eran suavizadas, pero todavía mantenían cierta ridiculez que hacía reír.

Yo ya me había vuelto un fánático confeso. Esto porque me resulta bastante difícil encontrar comedias decentes en Hollywood (los gringos, francamente, se ríen de cualquier cosa; a ellos les basta la temporada más reciente del bodrio llamado Saturday Night Live que dicho sea de paso, está peor que nunca) y cualquiera que haga reír por mas de 20 minutos ya tiene mi visto bueno. Yo estaba encantado de poder tener a los Farrelly, que aseguraban un buen rato.

Y de repente me encuentro con Fever Pitch (Amor en Juego, si prefieren). Me preguntó: ¿Qué demonios les pasó? Ciertamente, han madurado, pero, ¿hasta este extremo? Seré franco: está película no hace reír. Para nada. Más bien es un drama romanticón sobre una chica que ve peligrar su relación cuando su novio resulta ser un obsesivo y loco fanático de los Boston Red Sox. Pudo haber sido una burla genial en contra de estos fanáticos consumados, pero ni eso.

 

 

Tenemos una comedia romántica simplona y recontra predecible (¿Alguien duda que estos dos terminarán juntos?), innecesariamente lacrimógena y recontra tediosa. Nada más. Supongo que es pasable para la gente que disfruta de estas películas sentimentales, pero viniendo de los Farrelly, para mí es una decepción total. Peor aún con el tarado de Jimmy Fallon, que aunque trata de hacer de tipo normal, de a ratos se le sale alguna payasada idiota para complementar (Drew Barrymore, claro, siempre sale bien parada de este tipo de cosas).

Si esto es lo que van a hacer los Farrelly al madurar, voy a pedir a gritos que vuelvan a su estilo de hacer humor cochino e irreverente. Si no, no hay caso. Ya se extrañan los días de Kingpin, estas comedias sosas y prefacturadas, insufriblemente fantasiosas, no son la respuesta, muchachos. Se me cayeron.

Debe ser algo gringo, pero no entiendo porque tanto fanatismo por un equipo de béisbol, que no es precisamente un deporte dinámico. Me huele a que a esta película no le iría muy bien en un mercado internacional. Lo único que sé, es que si tu novia te está ofreciendo un viaje a París y decides no ir para poder ir a ver un partido… eres un imbécil.

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