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En el sexto día del sexto mes del sexto año

junio 8, 2006

 

De niño, me acuerdo de haber visto La Profecía de Richard Donner repetidas veces y cada una de ellas me daba escalofríos. La idea de que un inocente niño sea el Anticristo puede sonar bastante idiota (a menos que seas un fanático religioso que se sabe la Biblia entera) pero considerando que yo era un impresionable niño en aquellas épocas, esa música apocaliptíca, los benditos Rottweilers y la manera cruda en que la historia del pequeño Damián era presentada (no me costaba creer que podría pasar de verdad) fueron suficientes para hacer que hasta ahora, me acuerde con claridad de toda la película.

Y ahora, Hollywood nos presenta un remake y me tengo que preguntar: ¿Para que? El film de Donner tenía sus fallas, pero es un merecido clásico y en verdad, ¿es necesario hacerlo otra vez? Considerando que en aquella época los temas satánicos se habían vuelto populares gracias a filmes como El Bebé de Rosemary, pero hoy en día pasan desapercibidos, no creo tener respuesta.

Pero algún ejecutivo hollywoodense tuvo la brillante idea de aprovechar la fecha satánica: el 6 de junio del 2006, el famoso 666, la marca de la Bestia. Así, el martes fue día de estreno, algunas madres asustadas querían demorar su fecha de parto (“No vaya a ser que mi hijo resulte ser el hijo de diablo, pues hija”) y las salas se llenaron al tope. La publicidad resultó y ahora entiendo porque quisieron hacer el remake en primer lugar.

¿Y la película? Bueno, no es mala, pero es EXACTAMENTE IGUAL a la anterior. La historia es la misma, los personajes los mismos y cualquiera que creció con la de Donner sabe de sobra que va a pasar, es como ver la misma película de nuevo, pero con mejores efectos, un estilo directorial más acorde con las nuevas generaciones (osea, más frenético) y algunos intentos de actualizarla para esta época – al parecer, el atentado de las Torres Gemelas y el tsunami en Asia fueron señales del Apocalipsis.

 

 

Por ello, La Profecía me dio lo mismo. Aún tengo esos recuerdos de infancia intactos, así que no me dio miedo (salvo unos tres momentos en los que pegué un salto hasta el techo), sabiendo que iba a pasar: el cura va a ser clavado al suelo por un asta y el fotógrafo va a ser decapitado de la manera más espectacular posible. Acá no hay una hoja de vidrio, pero no la hicieron mal. Y al menos, en ambas versiones, los mocosos llegan a dar miedo, aunque él nuevo Damián sólo tiene que hablar poco y poner cara de estreñimiento severo.

Esta película ha sido hecha sólo para aquellos que son demasiado jóvenes para recordar la original – y para hacer plata con una campaña publicitaria bastante obvia, que parece está dando resultados. Yo personalmente me quedo con la original, que tampoco será una obra maestra, pero me da cierta nostalgia y de seguro trae recuerdos a todos los que crecimos asustados con la posibilidad de que un niño inocente sea una señal del fin del mundo.

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2 comentarios
  1. yo vi la nueva Profecía y me pareció una pérdida de tiempo y plata. Absolutamente innecesaria. Para colmo cae en el facilismo de hacer saltar al público con golpes de imagen y sonido inesperados. Así cualquiera, pues.

  2. Mil veces prefiero las originales… sobre todo con la escena de los babuinos sobre el auto… UUUUUUUUUHHHHHHHHHNo he visto esta… parece que la reemplaza una de un gorila…Será…

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