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Cosas de Niños

octubre 5, 2008

El género de horror siempre se ha armado sobre clichés. Desde las chicas virginales que por su inocencia eran las únicas sobrevivientes tras el paso de algún psicópata, en slashers ochenteros, hasta la reciente aparición de niñas fantasmas de pelo negro, el repetitivo legado de películas de horror asiático tipo Ju-On o Ringu y sus remakes hollywoodenses que pareciera nunca se acaban.

Mirrors de Alexandre Aja es otro remake de un film asiático, esta vez una producción coreana llamada Into the Mirror (que, obvio, no he visto). Y aquí encontré otro cliché que he notado bastante en historias sobre fantasmas y que me suele fastidiar: el del mocoso que de repente empieza a actuar raro sin razón, y pone nervioso a todo el mundo.

No entendí: sabiendo que los espejos son malvados, la mamá procede a pintarlos todos y deshacerse de cualquier cosa que genere reflejos. Luego, la casa se inunda. Y el niño está inocentemente sacando la pintura de los espejos con un cuchillo porque “no te preocupes, mami, no quieren hacernos daño, quieren jugar”. Si yo tuviese siete u ocho años y me dicen que hay fantasmas en los espejos y toda mi casa está llena de agua, mi reacción natural sería: “¡Mamá, hay algo raro en el espejo y ME ESTOY ORINANDO DE MIEDO!”

En vez de eso, los niños, casi siempre retraidos y con demasiada imaginación, se hacen amigos de los fantasmas. Y de repente empiezan a actuar raro. No hablan. Se ponen serios. Miran a todos con caras de piedra. Mientras los padres andan asustados a mil sabiendo que los van a matar en cualquier momento, el niño sólo se sonríe inocentemente y de manera criptica. Ejemplos: El Aro versión gringa y su secuela (Naomi Watts al borde del colapso y el chiquillo sonriendo con su cara inexpresiva), Señales, Ecos Mortales y el remake de Terror en Amityville, donde la niña sigue a su “amiga imaginaria” para jugar y termina al borde del techo de la casa, con los padres abajo gritando y llorando (No tengo ni idea si esto pasó en la versión original).

Sé que no se le puede pedir mucho realismo a las películas de terror, pero por una vez sería bueno que los niños actuen como niños y se asusten, en vez de volverse autistas, asusten a todos y sean parte del problema. La mayoría de las veces, de por sí ya tienen pinta extraña y eso empeora las cosas.

Sobre Mirrors: Alexandre Aja tiene ojo para dirigir, sabe crear atmósfera, pero la película se pone más y más ridicula y llega a un climax con Kiefer Sutherland baleando a un monstruo que trepa por las paredes que más parece Resident Evil que otra cosa. Eso sí, el final está bastante bueno. Y con eso me ahorré escribir una critica, porque en verdad no tengo mucho más que decir.

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