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Secretos Íntimos

febrero 6, 2009

Una tendencia del cine norteamericano contemporáneo es desnudar las verdades detrás del aparente “sueño americano”: familias perfectas que esconden frustraciones y secretos oscuros, mostrando que la vida en Estados Unidos no es tan fácil como la pintan. Directores como David Lynch o Sam Mendes han sido dos realizadores comprometidos con esta visión y a ellos ahora se suma Todd Field con Secretos Íntimos, su segundo film.

El suburbio de Boston donde transcurre la historia parece ser como cualquier barrio de clase media en Estados Unidos. Ahí se conocen Sarah (Kate Winslet) y Brad (Patrick Wilson), ambos atrapados en matrimonios sin amor que pronto empiezan a verse a escondidas, usando la amistad de sus pequeños hijos como excusa. Alrededor de ellos conocemos a Ronnie (Jackie Earle Haley), un pederasta exhibicionista recién salido de prisión que se convierte en la escoria del vecindario; y Larry (Noah Emmerich), un violento ex policía.

Todos en este film tienen un lado oscuro, algo que esconder y de ahí que se sienta real su presentación del típico suburbio. Brad, por ejemplo, es el “bacancito” cuyos mejores años fueron durante la secundaria y todo ha ido en picada desde entonces: su esposa, Kathy (Jennifer Connelly) es una exitosa y controladora cineasta que gana el pan mientras el esposo cría al hijo solo. La relación con Sarah le da la oportunidad de lucirse, de encontrar esa gloria perdida como el “Rey de la Fiesta de Promoción”, que es como lo llaman las vecinas. Sarah, por su parte, se aferra al affaire con el ímpetu de una adolescente que descubre el primer amor, descuidando a su pequeña hija, aún sabiendo que no tiene futuro, mientras se siente cada vez más distanciada de su esposo.

Field entrecruza las diferentes historias con una mezcla de tragedia y humor negro que funciona (Basta con ver como Sarah descubre lo que su esposo hace encerrado en su escritorio todos los días). No llega a los límites de caricatura de Belleza Americana, película a la que se asemeja en espíritu, pero logra no caer en el melodrama ni la lágrima fácil, algo que podría esperarse considerando de qué se trata.

Es fascinante entonces, ver a Field desnudar a este grupo de personas, una colección de frustrados cuyos futuros no resultaron como querían, Brad un abogado incapaz de colegiarse y sin trabajo, Larry un policía en desgracia obsesionado con la seguridad de su vecindario a manera de redención, incluso Ronnie, un hombre que quiere una vida normal pero cuyos peores impulsos no se lo permiten. Haley, haciendo un retorno a la actuación luego de tres años y ya totalmente alejado de su papel infantil de Kelly Leak en Bad News Bears, se lleva las palmas con un difícil papel, un hombre patético que en ningún momento es pintado como víctima, considerando que sus peores demonios aún le siguen rondando: provoca asco y tristeza al mismo tiempo.

Un sólido reparto lleva a buen puerto esta historia, un retrato de la vida suburbana donde la gente siempre muestra dos caras y resulta cínica: véase síno a la tropa de vecinas chismosas, que se escandalizan cuando Sarah y Brad entablan una relación, aún sabiendo que ellas se mueren de ganas de hacer lo mismo; no tienen problemas en señalar con el dedo, sin admitir sus propios defectos. Una realidad que se repite en cualquier barrio de clase media, en cualquier lugar y que Field y el guionista Tom Perrotta logran plasmar tan bien en este notable film.

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