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Perro Zombie

octubre 29, 2012

Tim Burton es un director con un estilo inconfundible, que a lo largo de su trayectoria, no ha variado demasiado. Una estética gótica y relatos macabros, pero siempre con una inocencia y alegría detrás. Uno ya sabe que esperar de Burton, y Frankenweenie es, desde los primeros minutos, una película suya y de nadie más. Es también un remake de uno de sus primeros cortometrajes, que hizo que Disney lo echara de una patada en el trasero allá por el año 1984. Ahora que Burton se ha convertido en un Director Consagrado Que Hace Lo Que Le Da La Gana, Disney se traga el orgullo y la distribuye.

Burton siempre ha favorecido a los marginados, a los rechazados, a los no convencionales: el joven Manos de Tijera, Lydia Deetz en Beetlejuice, Charlie Bucket, y un largo etcétera. Incluso se podría pensar en ellos como una extensión del director mismo; con su aire desgarbado, de haber pasado una vida sin conocer el champú, y sus tendencias estilísticas propias de los Locos Addams, se entiende que Burton tal vez no fue de los más populares en la secundaria.

El joven Víctor Frankenstein es tal vez de los personajes más personales para el director: un niño solitario, soñador, cuyo mejor amigo es su fiel perro Sparky, aficionado a los experimentos científicos y a películas caseras de monstruos filmadas en Super 8, y con unos padres sorprendentemente comprensivos y alentadores – Víctor no es tratado como un freak o un raro, sino un niño normal con intereses peculiares. Una vez que Sparky es arrollado por un auto, el niño pone sus experimentos en práctica para devolverlo a la vida y se suceden los enredos de rigor.

Frankenweenie se convierte así en un inspirado tributo al cine de horror clásico: hay una multitud de referencias a los filmes de la Universal, siendo Frankenstein la más obvia, con Víctor como el científico loco. El cariño por el cine de antaño, el que no necesitaba de efectos especiales ni excesos para ser efectivo, queda en evidencia por parte de Burton, quien incluso se da maña para incluir apariciones del Drácula de Christopher Lee y de su ídolo Vincent Price (el excéntrico profesor de ciencias es el vivo retrato).

Las referencias no acaban ahí: una imagen icónica de Nosferatu logra colarse, y el clímax, con una tortuga gigante destruyendo todo a su paso, recuerda a la serie Godzilla de Toho. Esta es una película que hará las delicias de los fans del terror clásico y el cine de género de los años cincuenta, de los cuales se nota Burton es un gran asiduo.

La relación entre Victor y Sparky es una adorable y con cariño, pero eso no quita que Burton se aleje de su lado macabro; se trata, al fin y al cabo, de la pérdida de un ser querido, y algunas imágenes de pesadilla – aunque caricaturizadas – puede resultar traumatizante para los más pequeños. Burton sigue sus propias sensibilidades y siempre han sido torcidas.

Aún así, luego de años de dedicarse casi exclusivamente a adaptar material ajeno, con resultados disparejos, siempre con Johnny Depp en papel de raro, es casi un alivio ver a Burton volver a un film personal y único, hasta podría decirse de autor, que no sólo es un tributo a la magia del cine, sino también una mirada a la personalidad de su director.

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