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El Viejo Clint

diciembre 13, 2012

Trouble With The Curve

Gus Lobel (Clint Eastwood) es un veterano cazatalentos para el equipo de béisbol de los Atlanta Braves. Viudo, entrado en años y en términos inciertos con su trabajólica hija Mickey (Amy Adams), le falla la vista y no se adapta a los nuevos tiempos del deporte, donde la tecnología ha pasado a tomar las decisiones. Gus es un viejo terco y malas pulgas que se resiste al cambio y a admitir que tal vez ya sea hora de retirarse.

Curvas de la Vida, debut en la dirección de Robert Lorenz, es, como su protagonista, una película chapada a la antigua, de sentimientos honestos, conflictos menores y solucionables, en fin; el tipo de relato alegre que no cambiaría mucho si fuese hecho en los 50s o 60s; es un cine que ya no se suele ver muy a menudo, sin un ápice de cinismo.

Eastwood, en sus facetas de director y actor, es también chapado a la antigua; su mayor mérito como realizador es su capacidad de contar historias, de una manera sencilla. Mientras que el cine actual se preocupa mucho de los avances en la tecnología – imágenes en 3D, 4D, las pantallas de IMAX, el formato digital, etc. – Eastwood es ajeno a todo esto, parte de un cada vez más chico grupo de  realizadores que sólo quieren hacer bien su trabajo sin complicaciones, sin mayor ambición que ser buenos narradores. Este film transmite esta sencillez, y si bien no es un film suyo, se siente como uno; no en vano Lorenz ha sido su productor y mano derecha por más de 20 años.

Curvas es ciertamente predecible; se puede adivinar desde el principio hasta donde va la historia, pero eso es justamente parte de su encanto. Siempre es entretenido ver a Eastwood haciendo de viejo gruñón; sus papeles pasados de vaquero mudo en westerns de Sergio Leone o del rudo Harry el Sucio avalan el hecho de que nadie lo hace mejor, excepto tal vez Harrison Ford. A pesar de su avanzada edad, aún puede intimidar a cualquiera, y es una muestra de su talento que a pesar del mal genio de Gus, es un personaje humano que uno llega a querer.

Tal vez reconociendo su avanzada edad, Eastwood le cede el protagonismo a sus jóvenes co-estrellas; Amy Adams y Justin Timberlake (quien además baila, canta, es pintón y está casado con Jessica Biel: ¿hay algo que este tipo no pueda hacer?) son dos talentos en ciernes que aquí logran dar la talla, en especial Adams, que con innegable carisma no se deja apabullar por la presencia de su veterana co-estrella. La historia no sólo es sobre un hombre enfrentando la vejez y sus defectos como padre, sino también sobre la hija que reencuentra un pasado que olvidó, el regreso a una vida sencilla tras dedicarse de lleno al trabajo.

Es un film tan tradicional como el béisbol mismo; sin sorpresas, pero entretenido y que se deja ver. A pesar de su tendencia reciente a hablar con objetos inanimados, que muchos daban como señal de demencia senil, Eastwood sigue tan vigente como siempre, tanto en frente y detrás de cámaras y los cinéfilos tenemos suerte de que siga haciendo películas sin señales de cansancio, a estas alturas del partido.

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