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La Cuarta Dimensión

enero 22, 2013

 

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En lo que se refiere a ver películas, soy algo chapado a la antigua. Lo único que pido es una pantalla grande, asientos medianamente cómodos, un sonido que no me destroce los tímpanos y el infaltable barril de canchita con su gaseosa para acompañar. Es decir, la manera clásica de ver una película.

Por lo mismo, me he mantenido alejado de formatos nuevos como el 3D. No me incomoda usar los benditos lentes, sino que me parece que, salvo casos puntuales, no añade mucho a la película (aparte del costo adicional que lamenta mi sufrida billetera). Ni que decir de la cantidad de filmes que, queriendo aprovechar la moda, se apuran en hacer conversiones malas que no dan buenos resultados. Avatar fue un ejemplo de un 3D que cumplía en sumergirte en un mundo nuevo y darle otra dimensión a una historia que dependía mucho de lo visual – en ese caso, James Cameron sabía lo que estaba haciendo.

A pesar de mi resistencia, el 4D sonaba interesante. Si ya te lanzan objetos a la cara, ¿que otra cosa queda por hacer? Así que tras una pequeña travesía en bus que un poco más y parecía viaje interprovincial, llegué al Mall Aventura Plaza de Santa Anita, justo al lado de la Carretera Central y los salsódromos donde se presentan Los Reyes del Sabor.

Lo primero: los asientos son comodísimos, casi como de avión, y al sentarse uno no puede evitar sentir que se está subiendo a una montaña rusa. Y es que, en rigor, de eso se trata: el asiento se mueve siguiendo los movimientos de cámara, sobrevolando encima de un bosque en la oscuridad; vibra y se remece según lo que suceda en pantalla (como estar dentro de una lavadora); te envía aire helado para simular brisas; un chorro de agua directo a la cara para los salpicones de sangre; soplos de aire en los oídos para que sientas pasar las balas; y olores ambientales según sea el caso (me sentí dentro de un invernadero a ratos). Debo admitir que es bastante divertido. Trae a la mente la atracción de Volver al Futuro en Universal Studios, donde te subían al DeLorean y te sacudían en una simulación de un viaje en el tiempo.

Momento de Trivia: Tanto truco en la sala hace del 4D heredero del legado de William Castle, el cirquero del cine, responsable de cintas como 13 Fantasmas o House on Haunted Hill, que en los años 50 hacía de ir al cine una aventura al electrocutar al público en sus asientos en los momentos de miedo, o el venderles una póliza de seguro en caso de “muerte por terror”. La tecnología ha mejorado, pero la idea es la misma: añadirle un extra a la experiencia de ver películas.

Este formato es la mejor – en verdad, la única – manera de ver una cinta como Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas.

 

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La última moda en Hollywood es crear nuevas y modernizadas versiones de los clásicos cuentos de hadas. Véase Blanca Nieves y El Cazador y la próxima a estrenarse Jack The Giant Slayer de Bryan Singer. Por lo mismo aquí, tras sobrevivir a la casa de jengibre y lanzar a la malvada bruja al horno, Hansel y Gretel se convierten en unos rudos cazarrecompensas que utilizan un gran arsenal (ballestas, rifles, ametralladoras Gatling – ¿por qué no?) para vengarse de todas las brujas.

El director es el noruego Tommy Wirkola, responsable de Dead Snow, una película sobre zombies nazis repleta de gore y humor negro, un tributo a las (idiotas) películas de terror ochenteras. Es bueno ver que Hollywood no ha cambiado sus sensibilidades, como suelen hacer con directores extranjeros: acá hay sangre hasta porsiacaso. En rigor, este film no es más que un montón de secuencias de acción y poses estilizadas donde la trama es lo de menos; pero verla en 4D le añade a la experiencia. Nos salpica en la cara cada decapitación y descuartizamiento, y en las peleas sentimos cada golpe cuando la vibración del asiento nos cambia los huesos de sitio: es como recibir un masaje. Esto le da impacto a las secuencias y hace de toda la experiencia mucho más entretenida de lo que sería verla en una sala convencional.

El 4D es una novedad que, como era de esperarse, sale cara: a 40 soles la entrada, está claro que no es para ir todas las semanas. Pero no estaría mal vivir la experiencia siquiera una vez. Eso sí, mejor abstenerse los niños muy pequeños o la gente de edad avanzada: pueden acabar con dolores de espalda severos o cayéndose del asiento, con tanto movimiento (no falta mucho para que alguien se pegue un cabezazo en el asiento de adelante). Abstenerse también de comer demasiado antes de ir: puede provocar mareos y hasta quien sabe si naúseas, lo cual sólo pasaría piola si se está viendo El Exorcista.

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