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El Maestro del Suspenso

febrero 13, 2013

 

Hitchcock

 

En 1959, tras el éxito de North By Northwest, Alfred Hitchcock se encontraba debatiendo sobre cuál sería su próximo proyecto. Queriendo probar algo nuevo, se decidió a adaptar la novela Psycho de Robert Bloch y el resto fue historia. Hitchcock de Sacha Gervasi es la historia de cómo se llevó a cabo el proyecto y todos los obstáculos que tuvo que pasar para llegar a la pantalla grande.

Psicosis era, a todas luces, una cinta de horror clase B, hasta que un director de la talla de Hitch le echó el ojo. Temiendo encasillarse en los filmes de espionaje por los que se había hecho conocido, el director creó lo que hoy en día es un hito en la historia del cine de terror, y un film bastante transgresor para la época.

El público de aquel entonces no se esperaba que el personaje principal de la cinta sería asesinado luego de la primera media hora; tampoco se esperaba el nivel de violencia, que, aunque sugestiva más que otra cosa, puso los pelos de punta a más de uno y además hizo de la escena en la ducha todo un clásico. Ningún estudio quería arriesgarse a financiar una historia sobre “un marica que mata gente vestido con la ropa de su madre”, por lo que Hitch tuvo que recurrir a su propio bolsillo y exponerse a quedar en la calle. Incluso fue el primer film en mostrar un wáter en cámara y – ¡horror! – a alguien usándolo. Para el público de la época, Psicosis fue una experiencia terrorífica, además del inicio de todo el género de slashers que tendría su auge en los 80s.

A veces, las historias detrás de cámaras resultan ser tan o más interesantes que las películas mismas. Psicosis no es la excepción y Gervasi se adentra con fidelidad en todos los pormenores. Pero no sólo se trata de eso; es también una mirada humana a un personaje complicado, por decir lo menos.

Si uno le cree a los rumores e historias, Hitchcock era un director brillante, pero una persona excéntrica y difícil de llevar. Está su documentada obsesión por las rubias, su perfeccionismo a la hora de filmar, su ego, su maltrato hacia sus actrices, incluso se sugiere un fetiche voyerista. Pero el film no hace hincapié en esto; Hitch es más humano y vulnerable, preocupado porque, a sus 60 años, siente que ya dio lo mejor de sí y teme caer en el olvido. El enfoque del film está en el director y su relación con su sufrida esposa Alma. Dicen que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer y en este caso es totalmente cierto: es ella la que le revisaba los guiones, la que lo motivaba a trabajar cuando las cosas no salían bien, la que lo apoyaba en todos sus proyectos y la que soportaba sus excentricidades y escándalos.

Es una relación bien construida e incluso tierna y ambos actores están a la altura. Helen Mirren está de lujo, como era de esperarse de una actriz de su trayectoria y Hopkins, un actor a quien a veces se le acusa de hacer siempre el mismo papel (o al menos, que nunca le cambia la voz) desaparece por completo en el papel de Hitch con la ayuda de un excelente maquillaje; ya no vemos al actor, sino al director mismo.

De seguro algún día harán la película definitiva sobre la filmación de Psicosis, de la cual deben haber mil historias; o tal vez la película definitiva sobre Hitchcock y su vida, con todos sus trapos sucios. Pero esta se contenta con ser un afectuoso y ligero tributo, no sólo a una película que marcó época, sino también a su creador, uno de los mejores directores de la historia del cine.

 

 

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