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Villanos

marzo 10, 2013

Es una de las costumbres más raras de las películas de terror: hacer de los villanos de turno los héroes de la película. Los slashers ochenteros fueron los más probables responsables. Sin querer, uno termina haciéndole barra a los malos. Tal vez porque, en aquellos incomprendidos clásicos del terror, los protagonistas eran adolescentes enfermos de brutos, que cometían todos los errores que uno no debe cometer en una película de terror: perder las llaves del auto en medio de la huida, subir corriendo al ático o encerrarse en un cuarto en vez de SALIR de la casa donde el asesino los está buscando, separarse en vez de quedarse en grupo… y que decir que en los momentos de más crisis, las puertas se vuelven tan difíciles de abrir como la cueva de Ali Babá.

Estos adolescentes también eran promiscuos, y fueron estos filmes los que sentaron la regla de oro: si bebes alcohol, juergueas o tienes sexo no protegido, pues considérate muerto. Sólo sobreviven los virginales y mateos.

Con tanta estupidez en pantalla, no queda más que pedirle a los malos que se hagan cargo de todos estos descerebrados. Así, Freddy Krueger empezó como un pedófilo que mataba gente en sus sueños para luego convertirse en un cómico stand up contando chistes malos mientras que uno sólo quería ver que método imaginativo usaría para matar a alguien: convertirlos en cucaracha para aplastarlos, arrastrarlos por las venas como títeres, perseguirlos disfrazado de la Bruja Mala de El Mago de Oz, en fin. Jason Voorhees era un gigante lerdo con máscara de hockey (luego, un zombie, luego un parásito, luego un robot…) y aún así celebramos cuando mata a tanto chiquillo idiota, porque creemos que se lo merecen.

Tal vez sea porque esto le permite al público vivir algo que no se puede hacer en la vida real, nuestros pensamientos más oscuros que reprimimos y sólo así se pueden revelar… pero yo no soy psicólogo. Tal vez sea cierto lo que dicen, que al final los villanos son el elemento más memorable de sus películas.

Pero no es sólo Hollywood el que hace esto. Está la española Mientras Duermes, de Jaume Balagueró. Trata sobre César, el desequilibrado conserje de un edificio que pasa el tiempo torturando en secreto a sus inquilinos, en especial a la simpática chica que lo saluda con una sonrisa todas las mañanas. César es un obsesivo: se esconde debajo de la cama de su objeto de afecto todos los días y una vez dormida, la noquea con cloroformo para poder dormir con ella. Le llena el departamento de cucarachas; le pone químicos en su maquillaje para llenarle la cara de ronchas; la acosa a través de anónimos mails y mensajes de texto; amenaza con matar a la niña de 10 años que sabe su secreto y lo chantajea; y aún así, cuando parece que van a encontrarlo con las manos en la masa, estamos al borde del asiento rogando que no lo descubran. Aunque nos dé asco, César es el héroe y terminamos de su lado.

mientrasduermes2

Esta costumbre se ha vuelto parte del género de terror y es lo que ha hecho a muchos de los monstruos del cine tan icónicos: total, han hecho muñecos de Jason, pero no de Tommy Jarvis, el niño que lo eliminó bajo gran riesgo personal (sólo para que volviese una y otra y otra vez) Al final, parece que es verdad que los villanos sí la pasan mejor.

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