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Cine Social

abril 11, 2013

Estando en la Universidad de Melbourne, era costumbre que varios clubes y grupos de interés especial, como Greenpeace o Sea Shepherd, organicen funciones especiales de cine en las salas de clase. A veces, haciendo hora entre una clase y otra, me dejaba caer en ellas. Fue así como vi Holly, de Guy Moshe, un drama acerca de la relación entre un cazafortunas estadounidense y una niña de 12 años, atrapada en el tráfico sexual de Cambodia. Era una película con un objetivo claro: denunciar esta práctica en los países asiáticos y dejar al descubierto las horribles experiencias por las que miles de niñas deben pasar.

 

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Me quedó la duda sobre como acercarse a una película así. Como crítico, le podía encontrar varios defectos: un presupuesto demasiado bajo, un final muy deprimente, etc. Sin embargo, me quedó claro que las intenciones de Moshe no eran entretener, sino denunciar, crear conciencia y motivar al espectador a informarse más sobre un tema que lamentablemente es cosa común en los países asiáticos. No pude negar sus buenas intenciones y el impacto no fue menor; algunas secuencias no se me olvidaron con facilidad. Por ello, no podía decir nada malo de ella (pero sí del siguiente filme de Moshe, un bodrio estilizado de artes marciales mezclado con western llamado Bunraku; pero ese es otro tema).

Quedé más expuesto a este tipo de cine (no sé si se le puede llamar un género como tal) cuando me tocó ser programador para el Human Rights Arts & Film Festival en el 2010; me abrió los ojos a toda una camada de cineastas que buscaban plasmar sus realidades en pantalla, y así llamar la atención de un público global. Que una sola persona les preste atención, ya era un gran paso. No era mero entretenimiento, sino cine con conciencia.

Estamos tan acostumbrados a ver el cine como un divertimento – explosiones, peleas, chistes, fantasía, efectos especiales – que es fácil olvidarse que a veces el celuloide puede usarse para otros objetivos. En estos casos, encuentro necesario quitarme la gorra de crítico y ver la película como un espectador más, tratando de empatizar con una situación de la que no tengo conocimiento y probablemente esté lejos de mi propia realidad. Consideraciones como el guión, la dirección o las actuaciones no vienen al caso.

Tal es el caso de Girl Rising, documental de Richard Robbins, que cuenta las historias de nueve niñas de países en desarrollo, enfrentando varias carencias y siempre con la determinacion de hacerse de un futuro mejor. Las mismas jóvenes participan en recreaciones de sus propias historias, narradas por estrellas de Hollywood como Salma Hayek, Cate Blanchett o Meryl Streep.

 

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Entre ellas está Senna, del pueblo minero de La Escondida en Puno, una niña que, inspirada por los poemas de César Vallejo, busca salir adelante en un lugar donde la educación para las mujeres no es una prioridad. A instancias de su fallecido padre minero, que siempre pensó que su hija lograría ser mucho más que él, Senna está determinada a ser alguien, aún con poco acceso a oportunidades.

Se trata de un grupo de niñas para las cuales la educación es su arma más poderosa, una posibilidad de cambiar sus vidas; en el caso de Yasmin, una chica de Afganistán, es una manera de romper con las rígidas tradiciones de un país donde las mujeres tienen muy pocos derechos y son tratadas como meros objetos. Todas estas historias tienen un objetivo, el de mostrar la realidad de estas jóvenes, algunas víctimas de maltratos, dar pie  a mayor discusión e involucrar a cuanta gente sea posible.

Claramente, esta película no está hecha para sólo sentarse en una butaca y comer canchita. Es parte de una campaña global de movilización  social por parte de CARE Perú: “Educar a las Niñas es Cambiar el Mundo“, en alianza con The Documentary Group, un grupo de documentalistas, periodistas y cineastas abocados al cambio social. Este mes, el film tendrá un paso por las salas de UVK, buscando llevar este mensaje al público local. Una iniciativa que no está de más apoyar.

Es también prueba de que, más allá de entretener, el cine, con todos los recursos con los que cuenta, puede ser una poderosa herramienta de cambio si se utiliza bien.

 

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