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El Gran Abrams

mayo 10, 2013

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Empezó el otoño y con él, llega la temporada de blockbusters a los cines. Aún faltan más estrenos, pero desde ya, Star Trek: En La Oscuridad está entre los mejores, una muestra de todo lo que este tipo de películas deberían ser: divertidas y sin insultar la inteligencia del público.

No soy fan de Star Trek para nada. A primera vista, lo único que veo en la serie original es un grupo de señorones sentados en una sala de control hablando en términos científicos. Ni que decir que William Shatner me parece un pésimo actor que no da risa. Nunca he entendido el fanatismo. Aún así, el remake de la serie del 2009 me sorprendió, una película entretenida que encontró la manera perfecta de rendirle tributo a su antecesora y al mismo tiempo actualizarla para un público moderno. Un Star Trek para fans acérrimos y para los que, como yo, no tenían idea de nada.

La secuela sigue la misma línea: llena de acción, humor, un reparto que ya se siente cómodo dentro de sus papeles, la extraña relación entre el impulsivo Kirk y el frío y analítico Spock, un villano memorable, en fin: todo lo que se le podía pedir a un film de aventuras con la tripulación del Enterprise. Y todo es gracias a J.J. Abrams, guionista, director, productor y una de las mayores promesas del Hollywood actual. Creador de series como Alias o Lost (que algunos aún no terminan de entender) y director de películas como Super y Misión Imposible 3, Abrams es un director que sabe como crear un gran espectáculo visual, pero sin sacrificar historia y personajes. Se ha convertido, con justa razón, en un ídolo nerd. En mi opinión, su habilidad se debe a dos factores importantes que justamente van en contra de lo que suele hacer la industria hoy en día.

Muchas personas suelen quejarse de que las películas llegan a las salas sin sorpresas. Los trailers revelan demasiado; y con la Internet, resulta casi imposible no enterarse de cada pequeño detalle de una producción. Hay spoilers, videos detras de cámaras, trailers y un sinfín de contenido que puede hacer a uno sentir que ya vio la película sin que se haya estrenado. Abrams hace lo opuesto, manteniendo todas sus producciones en secreto.

Véase el caso de Cloverfield, cuyo nombre y críptico marketing dejó a muchos rascándose la cabeza, sin revelar que se trataba de una película de monstruos. Misión Imposible 3 contó con un trailer que mostraba un tenso enfrentamiento entre Phillip Seymour Hoffman y Tom Cruise, seguido de pirotecnia, pero todo sin dar ningún detalle de la trama misma; ver las amenazas del villano era suficiente para querer verla. Super 8 se basó en una campaña que la hacía parecer un oscuro filme de ciencia ficción (siendo su nombre una de las interrogantes), sin revelar que se trataba de un emotivo homenaje a los filmes de Steven Spielberg, E.T. en particular. Y la nueva Star Trek ha causado muchos debates, más que nada centrándose en el actor Benedict Cumberbatch y si el villano que interpreta es o no el mítico Khan. El marketing de la película ha generado expectativas, aunque no revela mucho de la trama.

 

 

Abrams sabe como llamar la atención de su público; logra generar expectativas sin echar a perder la película y hace que uno mayormente las vea sin saber que esperar. Resulta más placentero verlas así y eso es algo que no muchos realizadores hacen hoy en día.

Otra molestosa tendencia de Hollywood es de querer hacer de cada franquicia una trilogía. Aún si se tiene material para toda una serie filmíca, existe una regla no oficial en que esta no puede pasar de la tercera parte. Esta obsesión por querer hacer todo en tríos hace que las terceras partes salgan apuradas y con un exceso de contenido. Vease las decepción de Spider-Man 3, que metió a Venom – un villano que bien merecía una película aparte – a último minuto sólo para mostrarlo 20 minutos y como un enclenque. Los estudios no se arriesgan a alargar sus series, aún si el contenido lo amerita y terminan abarcando más de lo que pueden, o deberían.

Hasta ahora, ni Abrams ni nadie ha mencionado la palabra “trilogía” sobre esta nueva serie. Es más, salvo algunos pequeños detalles, esta aventura es casi independiente de la anterior y al final deja las cosas abiertas para otras secuelas, pero sin tener que seguir una misma línea argumental; no existe obligación de acabar todo en tres películas, por lo que Star Trek puede tomarse su tiempo. Al parecer, Abrams entiende el concepto de “seriales”, que es lo que toda franquicia en el cine debería ser.

Por estas razones, J.J. Abrams se ha ganado mi respeto: un director que aún cree en las sorpresas y en las buenas historias que nos puede dar el cine, además de un experto en marketing. Falta ver lo que es capaz de hacer con la nueva entrega de Star Wars, a estrenarse en el 2015.

 

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