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Hacia La Cima

mayo 22, 2013

 

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Prendí la tele hoy en la mañana y CNN en Español entrevistaba a David Liaño, alpinista mexicano que logró la hazaña de subir a la punta del Monte Everest, tanto por el lado nepalí como el tibetano, en una sola temporada. Es digno de admiración, en especial porque subir el Everest no es un juego; es tal vez una de las aventuras más peligrosas en las que se puede embarcar una persona. Si no, preguntenle a Jon Krakauer.

En 1996, Krakauer, periodista y aficionado al alpinismo, subió el Monte Everest y sin querer formó parte de una de las mayores tragedias en la historia de la montaña: nueve personas perdieron la vida al quedar atrapadas en una tormenta. Hubo 15 fallecidos sólo en aquella temporada. Krakauer documentó su experiencia en Into Thin Air, que deja al descubierto todos los posibles factores que contribuyeron al fatal desenlace. El libro fue adaptado a una película hecha para la televisión, pero para entender la magnitud de lo ocurrido, es mejor leerlo.

Krakauer estaba bajo el mando del experimentado guía neozelandes Rob Hall, junto a otros seis aventureros. Los acompañaba otro grupo liderado por Scott Fischer, otra eminencia del alpinismo. Fischer y Hall eran rivales en el negocio de subir gente a la montaña, pero en esta ocasión decidieron unir fuerzas. Había un exceso de personas intentando subir y la gran mayoría no eran más que aficionados al montañismo, poco preparados para subir a la cima más alta del mundo.

Una vez alcanzada la cima, a más de 8,000 metros, empezó el descenso para Krakauer y algunos otros. El cansancio y la falta de oxigeno dificultó a más de uno y la presencia de tantos montañistas subiendo y bajando de la cima no hacía más que causar demoras. Fallas técnicas a lo largo de la ruta –  por ejemplo, la falta de sogas, que debieron ser fijadas por los guías nepaleses, o sherpas, con anterioridad – también jugaron un papel. Hall tenía una regla inflexible de que todos debían bajar de la montaña a las dos de la tarde, sin importar donde estén; aún así, debido a una fila de hasta 30 personas intentando subir, muchos no alcanzaron la meta hasta una hora después, o más. Una vez que empezaron a descender, llegó una tormenta sin aviso que dejó a muchos varados en las alturas. Hall y Fischer nunca volvieron.

El hecho sirvió como escarmiento para los que, como Hall y Fischer, lucraban con viajes al Everest. Ambos buscaban impulsar su negocio en la fatídica subida y a pesar de las precauciones, se guiaban por las ganas de quedar bien con los clientes. La montaña ha sido altamente comercializada, aún si se trata de una aventura con muchos riesgos y que no cualquiera puede realizar.

Into Thin Air es una sorprendente crónica del hombre desafiando a la naturaleza; sin importar que tan bueno se crea uno en montañismo, o que tan preparado este, al final es la caprichosa e impredecible montaña la que decide quien sube y quien no. Muchos se han enfrentado al Everest y han pagado con sus vidas. Krakauer sobrevivió y es su calidad de testigo lo que le da fidelidad a su relato.

No daré más detalles, puesto que este es un libro digno de leerse, de esos que lo hacen a uno pasar páginas compulsivamente. Convence además de que subir el Everest es una aventura sólo para los más arriesgados – o los más locos.

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