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Universos

junio 17, 2013

Una constante dentro del cine de Tarantino – aparte de la violencia y el excesivo uso de cierto término ofensivo para referirse a personas de color – es sus personajes fumando Red Apples. Esta marca de cigarrillos no existe; es más, gran parte de las marcas presentes en sus filmes son ficticias, ahorrando así al director el tener que pagar por el uso de las mismas. Pero estos pequeños detalles han logrado que todos los filmes de Tarantino – ya sean ambientados en la II Guerra Mundial o en el presente – tengan una misma continuidad.

Muchos de sus personajes son parientes: Vincent Vega de Pulp Fiction y Mr. Blonde de Reservoir Dogs son hermanos; Donnie Donowitz en Inglourious Basterds es el abuelo del productor de cine drogadicto Lee Donowitz en True Romance; y así sucesivamente. Tarantino ha logrado construir un pequeño universo con sus películas; y la gente se divierte buscando las maneras en las que se enlaza todo.

 

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Kevin Smith es otro director que hace algo similar. Todas sus primeras películas están ambientadas en Nueva Jersey (donde él mismo maneja una tienda de cómics). Todos tratan sobre adultos jóvenes (a veces interpretados por los mismos actores), muchos de los cuales no terminan de madurar y conversan con franqueza de temas que van desde fetiches sexuales, pasando por telenovelas canadienses hasta los hábitos reproductivos de los personajes del cómic (“La única manera en la que Superman podría estar con una mujer humana es con un condón de kriptonita, pero eso lo mataría.”). Los filmes hacen multiples referencias a sucesos que nunca vemos – una chica que muere de un infarto cerebral nadando en una piscina, un tipo con el perro más veloz del mundo, y las costumbres extrañas del tío Walter, por algún motivo tiene un hámster metido en un lugar muy incómodo. Y luego están Jay y Silent Bob, que siempre son vistos jugando rásquinbol en alguna esquina, fuentes de sabiduría milenaria y marihuana para todos.

 

 

En el caso de la literatura, también existen autores que enlazan todas sus obras de alguna forma. La primera novela de Alberto Fuguet, Mala Onda, era una suerte de Guardian En El Centeno versión chilena, donde Matías Vicuña deja de lado su vida escolar y a sus amigos a principios de los 80 y en pleno plebiscito, para encontrarse a sí mismo, o tratar de explicar su propia existencia, influenciado por un rockero a lo Lou Reed bastante anti-sistema llamado Josh Remsen, a quien al principio confundí con una persona real (quería entrar a una tienda de discos a buscar El Coyote Se Comió Al Correcaminos). Vicuña reapareció más tarde en Las Películas de Mi Vida, odiando al mundo y recién llegado del viaje a Brasil que abre Mala Onda.

Por Favor Rebobinar fue una historia acerca de un grupo de amigos y de como se entrelazaban sus vidas a lo largo de los años; cada capítulo era narrado por una persona diferente. Aquí se veía a muchos de los ex-compañeros de colegio de Matías Vicuña, convertidos en adultos, algunos enfrentados a la madurez al empezar a formar familias (una historia contando que pasó con Matías durante este período sería bastante interesante). Josh Remsen, por su parte, ya está mucho más viejo, casi ni compone y se ha convertido en una leyenda en el circuito del rock underground, casi un ermitaño que no se deja ver.

El personaje alrededor del cual gira la historia es Andoni Llovet, un modelo y actor de telenovelas que, al sentir que nadie lo toma en serio, busca convertirse en escritor. Desgraciadamente, amistades nocivas y una relación bastante dañina empeoran la situación e incapaz de vencer a sus demonios, Llovet se suicida desbarrancándose en su auto. Deja como único legado una novela sin terminar, Las Hormigas Asesinas, en la que una plaga de hormigas arrasa con Santiago y todas las víctimas tienen algo en común: nunca han amado a nadie. El protagonista es Paul Kazán, un solitario que se lanza a la búsqueda de un amor para poder salvarse.

La muerte de Llovet causa una fisura irreparable en su grupo de amigos; se topan de cara con sus propios defectos y una vida  mucho más complicada de lo que parecía. Las Hormigas Asesinas es llevada al cine, donde es recibida con indiferencia por público y crítica y al final, salvo para quienes se identificaron con ella y su autor, pasa desapercibida, convirtiendose en objeto de culto.

Años más tarde, Fuguet adaptó Las Hormigas al cine en un corto de 20 minutos, entrelazando el universo de sus personajes en pantalla y en el papel. El corto expande lo narrado en la novela, donde sólo se da el concepto de la historia, y muestra que, a pesar de su título propio de una película clase B, no tiene nada que ver con insectos carnívoros. Encontrar todas estas referencias y poder sentir el paso del tiempo, el desarrollo de un universo y los cambios en los personajes creados por el mismo autor, es parte de la diversión, ya sea viendo películas o leyendo libros. Estoy seguro que deben haber muchos otros ejemplos.

 

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