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17 Festival de Cine de Lima – Parte II

agosto 23, 2013

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En cada Festival no puede faltar una película controversial y en este caso fue Heli de Amat Escalante, ganadora del premio a Mejor Director en el Festival de Cannes, además de un sinfín de reconocimientos. Es una cruda y descarnada mirada los efectos del tráfico de drogas en una población humilde y remota en México. Una tierra de nadie donde los narcos controlan todo y las autoridades son corruptas e ineficaces. Esta representación ha causado cierto malestar en el país charro y Escalante ciertamente no escatima en detalles, con secuencias difíciles de ver y olvidar, en particular una prolongada tortura donde a un pobre cristiano le prenden fuego en el último lugar donde uno quisiera que le prendan fuego. Es una película bien hecha, tiene algo que decir y lo dice con fuerza y sin tapujos, pero en sí es bastante desagradable, de ese tipo de películas que te hacen perder la fe en la humanidad y que no estás seguro si quieres volver a ver de nuevo.

La Jaula de Oro de Diego Quemada-Diez es otro acierto, tocando el también difícil tema de la migración ilegal hacia Estados Unidos. Se han hecho un millar de películas con la misma temática, pero esta es efectiva, tal vez porque está contada desde un punto de vista infantil. Cuatro niños guatemaltecos hacen el difícil viaje a América, lidiando con delincuentes, las autoridades y los desalmados coyotes. En clave de película de aventuras, asistimos a una travesía donde todo es impredecible y nadie está a salvo, llegando a un final meláncolico que hace a uno preguntarse si es que en verdad vale la pena arriesgar tanto, incluso la vida de uno, para alcanzar el tan mentado American Dream.

En la Competencia Documental encontré The Queen of Versailles de Lauren Greenfield, película entretenida pero que al mismo tiempo me causó un nivel de estrés que no sentía desde que tuve que escribir una novela corta en cuatro días para terminar la maestría. David Siegel es, o mejor dicho era, un multimillonario, uno de los empresarios más exitosos de Estados Unidos. Junto a su (obviamente) mucho más joven y reencauchada esposa Jackie, se propusieron construir su casa de ensueño: una réplica del Palacio de Versailles – el dinero no quita lo huachafo, parece. Una cachetada a la pobreza que incluía 13 habitaciones, diez cocinas, 23 baños, un garaje para 20 autos más limosinas, un gimnasio, una pista de patinaje sobre hielo, dos canchas de tenis y quien sabe si hasta una réplica de la Torre Eiffel. Hasta que la crisis financiera les cayó como balde de agua fría.

Así, asistimos al colapso financiero y moral de esta particular pareja y de sus ocho hijos, todos menores de edad. Al tener que despedir a todos sus empleados, la casa familiar se convierte en un chiquero lleno de cachivaches, donde una legión de perros deja sus olorosos regalitos por todas partes. Y los Siegel, acostumbrados a tenerlo todo, tienen problemas al salir de su propia burbuja y enfrentar el mundo real. Van a McDonald’s en limosina; Jackie sale de Wal-Mart con cuatro carritos llenos de regalos de Navidad (un Monopolio y una bicicleta para cada hijo) al mismo tiempo en que se compromete a ser más ahorradora. Mientras, el palacio quedó a medio construir, regresó al mercado y nadie se atreve a pagar su inflado costo. Me dieron unas incontrolables ganas de lanzarle algo a la pantalla frente a tremendo derroche, aunque al final los Siegel aprenden una lección de humildad.

 

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Como todos los años, el cine peruano se hizo presente en la competencia y el nivel de los tres filmes en la competencia ficción fue bastante bueno.

Viaje a Tombuctú de Rossana Diaz Costa es un drama romántico y aunque es un género que suele darme urticaria, admito que no está mal hecha. Una sencilla historia de amor ambientada en los años 80, una época que la directora retrata con cariño, recordando su propia juventud, pero sin ignorar la siempre presente amenaza de la guerra interna del país, que menos mal no llega a dominar el relato; as, ante todo, es sobre dos amigos que se encuentran y ven florecer una relación. Es una película que apela a la nostalgia y hasta logró conmoverme por ratos. Mención especial para la actuación de Andrea Patriau, impecable.

Rocanrol ’68 de Gonzalo Benavente es también un film nostálgico. En las correrías veraniegas de tres amigos vemos muchas de las cosas que todos hemos vivido: el querer impresionar a las chicas, el primer amor, el primer concierto, en fin. Es una comedia ligera y divertida que además recrea los turbulentos años 60 con cariño, con chistes a costa de los cambios sociales de la época: el feminismo militante, la cultura hippie y el socialismo extremo, representado por un Maoísta declarado (“Creo que tiene algo que ver con poses acrobáticas”) que idolatra a cineastas rusos pero no tiene idea de lo que dice. Es además un tributo a toda la escena rock limeña de entonces, con bandas como Los Shain’s, Los York’s y los Saicos. La banda sonora es una joya, de esas que hay que tener. Film divertido que no tiene mayor pretensión que entretener, de seguro le traerá recuerdos a algún padre de familia sobre su época de rebelde melenudo.

La verdadera sorpresa fue El Evangelio de La Carne de Eduardo Mendoza. Es un drama coral, con influencia de, entre otros, Amores Perros, donde la ciudad de Lima es tan protagonista como el policía desesperado, el barrista de la U o el ex-alcohólico redimido que se nos presentan. En este mundo de cambistas, barras bravas y religiosos, la fe es el único constante, lo que mantiene a estos personajes a flote. Aquí encontramos a un Mendoza que ha madurado como cineasta, en pleno comando del cine de género y con un reparto sólido. Los días de Mañana Te Cuento han quedado atrás; pareciera que la hizo otra persona. Bien por Eduardo Mendoza y su equipo, por hacer una película bien narrada y afectiva que de seguro muchos no se veían venir.

 

 

Estas tres películas no hacen más que confirmar el cambio que se viene dando en el cine nacional, Se están dando a conocer nuevas voces con nuevas propuestas, que el público está dispuesto a ver. Es un buen momento para el cine peruano, que se está renovando con nuevos proyectos. Sólo falta que les den una distribución digna en nuestras salas, junto a todo el cine latinoamericano que, de alguna manera u otra, es nuestro también.

De momento, el Festival de Lima está ahí cada año para ponernos al día. Espero estar de vuelta el próximo año, ya sea acreditado,  de colado, o pagando mi entrada como cualquier mortal. Venga o no venga Tarantino, estaré de vuelta.

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2 comentarios
  1. Nuevamente, totalmente de acuerdo con tus comentarios. Heli es, efectivamente, una película difícil – no está hecha para entretener en lo absoluto y hay pasajes que son incomodísimos, pero es fácil de admirar por todas las cosas que tiene que decir.
    De las producciones peruanas, solo vi dos – El Evangelio de la CARRRRNE (pero qué título más telenovelezco) y Viaje a Tumbuctú, y disfruté de ambas – quizás más de la segunda, por lo que es más puramente entretenida y emocional. Por lo que escribes, espero el estreno de Rocanrol en los cines comerciales con ansias… ¿alguna idea de cuándo es?

    • Heli está muy bien hecha, eso sí, y no se puede ignorar lo que dice y la fuerza con la que lo hace. Pero es dificil. Escalante es un discípulo de Reygadas según tengo entendido, y de él no soy muy adepto. Así y todo y a pesar de lo crudo, lo de Escalante me pareció más accesible.

      Rocanrol se estrena en octubre si mal no me equivoco. Ojalá le vaya bien, se lo merece.

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