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Memorias Mundialistas

julio 8, 2014

El Mundial termina esta semana. Mientras algunos hacen apuestas sobre quien saldrá campeón, otros ya están preguntándose de que otra cosa van a poder hablar todo el día. Y es que es dificil ser ajeno a la fiesta del fútbol; se convierte en el pan de cada día durante un mes y aún si no te gusta el deporte, te enteras de todo. Lo más probable es que, si nos ponemos a hacer memoria, recordemos algo especial de cada uno de los Mundiales.

La primera vez que yo tomé conciencia de este magno evento fue en Italia 90 y sólo porque llené el álbum. Recuerdo que me mataba de la risa con el peinado del Pibe Valderrama y que todos los jugadores coreanos me parecían iguales, pero nada más. Tenía apenas seis años y no me acuerdo de nada de aquel torneo donde Camerún fue la revelación y Roger Milla popularizó el bailecito alrededor de la bandera. Mientras todos gozaban con el campeonato, yo me quedaba viendo las figuritas. Hasta el mítico Ron Jeremy se contagió de la fiebre del balompié y salió en la versión XXX del Mundial, donde vestía la camiseta de Maradona.

 

Mondiale

Dos ídolos en uno.

 

Para Estados Unidos ’94, la familia estaba radicada en un campamento minero en Honduras. Fue aquí que vi el partido inaugural entre Bolivia y Alemania junto a un amigo que decía que era nuestra obligación, viviendo en un país de habla hispana, de apoyar a los latinoamericanos. Dentro de mi limitado conocimiento deportivo, yo le aseguré que los Panzers ganarían sin problemas. Su respuesta fue que una vez entrara el ‘Diablo’ Etcheverry las cosas serían distintas. En efecto, el crack boliviano ingresó a la cancha, sólo para ser expulsado minutos después por meterle una patada a Lothar Matthaus. Se perdió el siguiente partido y para el tercero, Bolivia fue eliminada. No tuve que ser el Pulpo Paul para pronosticar el resultado: Alemania ganó 1-0.

Los grandes ídolos entre los jóvenes del campamento, los que hacían suspirar a las chicas, eran jugadores gringos como Alexi Lalas o Cobi Jones, aún si Estados Unidos no era conocido precisamente por su calidad futbolística. Al final, el recuerdo más doloroso de este Mundial fue que con la familia estuvimos en Florida durante el torneo y no aprovechamos de ir a ver un partido al Citrus Bowl de Orlando; aún tratándose de un Bélgica-Marruecos, (que debe ser como ver un Aurich-Melgar) debió ser una fiesta y la oportunidad de poder decir, “estuve en un Mundial”.

Cuatro años después, ya estábamos de nuevo instalados en Lima. Camino al colegio todas las mañanas, mi padre escuchaba a un comentarista de Radio Miraflores que se la pasaba despotricando acerca del bajo nivel del fútbol peruano y de como nunca llegaríamos a un Mundial (profecía que se cumple hasta hoy). Su ira llegó a niveles estratosféricos cuando se supo que Jamaica iría a Francia: “¡Hasta ese país donde bailan reggae y fuman pitos va a ir, y nosotros no!”

Fue justamente el equipo jamaiquino al que recuerdo ver recibir una soberana goleada por parte de Argentina en un quiosco en La Cantuta, en Chosica, en un soleado fin de semana. Argentina tenía un muy buen equipo, pero los verdaderos ídolos eran los brasileros y sus coloridos apodos, liderados por el pelado Ronaldo. En aquel entonces, Francia era una incógnita para mi y Brasil eran imbatibles, por lo que no me entró en la cabeza como es que perdieron la final 3-0. Sólo ahora me vine a enterar que en parte fue porque el ‘Gordo’ sufrió un ataque de epilepsia la noche anterior y fue repuesto en el equipo poco antes del pitazo inicial, recién salido de la clínica y totalmente dopado, por lo que deambuló por la cancha como un espectro.

 

16 Corea-Japón 2002

 

Estaba estudiando en Chile cuando se dio Corea-Japón, el primer Mundial donde muchos sufrimos con la diferencia de hora. Había que madrugar para ver los partidos en sesiones maratónicas, por lo que varios compañeros se aparecían en clase con unas ojeras de campeonato y resinosos, sólo para quedarse dormidos en sus asientos. Los más sensatos optaron por quedarse en casa, incluyendo a uno que otro profesor pelotero.

Por estas épocas, escribía de todo: desde cuentos, pasando por críticas de cine, hasta un diario. Durante el campeonato, se me dio por escribir pequeños resúmenes de los partidos. Me creía El Veco, pero no sabía nada. Algunas perlas de mi innoble periodo como relator deportivo, que menos mal no duró demasiado:

 

Alemania 8, Arabia Saudita 0: Ay, que fea goleada. Alemania es una máquina.

Francia 0, Uruguay 0: El perdedor aquí cagaba y al principio ninguno de los dos parecía darse cuenta de ello.

Alemania 2, Camerún 0: Las figuras fueron los africanos por HUEVONES!!!.

México 1, Italia 1: México tiene buenos jugadores y desde ahora les hago barra a falta de sudamericanos.

 

Volví a Lima para Alemania 2006, con un poco más de conocimiento futbolistico a cuestas. Fue aquí donde me di con la cobertura local del torneo, que abusó de los mismos comerciales durante un mes entero; al final se veían hasta en la sopa. Como olvidar aquel irritante spot del taxista que se parecía a Ronaldinho, repetido una y otra y otra vez; todos aquellos que ahora quieren gritarle al televisor cuando sale el Viejito HD a contar sus anécdotas de abuelito senil deben saber de lo que estoy hablando.

Australia era un equipo al que no se le tenía mucha fe, pero en este torneo, fueron una grata sorpresa. También mostraron la importancia de contar con un buen técnico; de la mano de Guus Hiddink, mostraron suficiente habilidad como para pasar a octavos, donde sigo pensando que Italia les robó la clasificación con más de un truco sucio.

 

mascota-sudafrica-2010

 

Justamente fue en el país de los canguros donde me encontró Sudáfrica 2010; de nuevo había que madrugar para ver todos los partidos. Australia fue goleada por Alemania en su primer partido y ya nadie quiso saber más. Instalaron una pantalla gigante al costado del río Yarra para ver el segundo partido contra Ghana, donde unos hinchas africanos me amenazaron para que haga barra a su equipo. Cuando las Estrellas Negras metieron un gol, la mitad del público maldijo a viva voz y se fue, sólo para regresar corriendo cuando los Socceroos lograron empatar.

En pleno torneo, fui a visitar a una prima a Bundaberg, un pueblo a horas de Brisbane conocido por la marca de ron del oso polar. Ahí me desconecté del mundo, dedicándome a caminar por la playa, leer, escribir y jugar Fifa con el novio de mi prima en el Playstation, recibiendo unas goleadas épicas que me hacían tirar el control contra la pared. Fue en este idilio donde madrugué para ver la final entre España y Holanda, que a la postre fue bastante aburrida (a Manolo el del Bombo le debe haber dado un paro cardíaco de la emoción). Eso sí, la semifinal entre Holanda y Uruguay fue un partidazo, una final de verdad.

Vi el mundial enteramente a través de SBS, que hicieron una cobertura bastante completa de todo el evento. La gran mayoría de periodistas locales lo encontraban aburrido por 1) considerarlo un juego muy táctico donde casi ni se hacían anotaciones; y 2) porque los jugadores eran unas nenas que lloraban al menor contacto, cuando en el Australian Rules Football  no era raro que los atletas saliesen a jugar sangrando o vendados (en esto sí hay que darles algo de razón, porque algunos futbolistas merecen un Oscar; De Niro, vete a casa). Los de SBS se lo tomaban totalmente en serio y estaban bastante preparados. En el canal pasaban un spot que, si bien podía pecar de meloso, sensiblero y parcializado, resumía bastante bien el sentimiento detrás del fútbol y la fiebre que genera a nivel mundial.

 

 

Y así llegamos a Brasil 2014, de nuevo en Lima y con horarios decentes. A pesar de que sigo sin ser un erudito en el deporte, no me he perdido ningún partido. No sé que anécdotas estaré contando en algunos años. Tal vez lo mucho que nos hemos vacilado con las narraciones de Fleischmann. O tal vez el que este haya sido el Mundial de los memes, que han aparecido en tiempo récord para inmortalizar todo lo sucedido: la eliminación de España, la mordida de Súarez, las celebraciones del Piojo Herrera, el parecido de Pitbull con Voldemort, etc, Pero de que dará anécdotas, las dará.

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