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Planeta de Monos

julio 30, 2014

 

DawnPOTA

 

Más allá de sus irresistibles imágenes de monos a caballo disparando metralletas a dos manos o andando en tanques, El Planeta de Los Simios: Confrontación hace lo que toda buena secuela debe hacer: expandir el universo presentado en la primera parte, continuar la historia de manera natural y no ser un simple calco de su antecesora. Más importante aún, entierra definitivamente cualquier recuerdo del aburrido remake de Tim Burton, que de buena sólo tenía el maquillaje.

Han pasado algunos años desde que una supuesta cura para el Alzheimer mutara en una “Gripe de Simios”, matando a buena parte de la población de la tierra y otorgando a los primates avanzada inteligencia. En una San Francisco abandonada y en ruinas, los sobrevivientes humanos, liderados por Dreyfus (quien no es un déspota gritón echando espuma por la boca, a pesar de ser interpretado por Gary Oldman) buscan reconstruir su sociedad, mientras que, en el bosque, el mono César y sus compañeros – entre ellos el rabioso Koba (el de la cicatriz en la cara) y el orangután Maurice (el que parece que se sentaron en su cara) – construyen su propia civilización, aprendiendo a hablar, a defenderse, a ser padres; las típicas preocupaciones de un simio promedio.

El conflicto será inevitable, pero el director Matt Reeves procura no inclinarse mucho por ningún bando, ya que ambos sólo buscan sobrevivir. Existe la discordia por ambas partes; algunos humanos prefieren ver a los simios en jaulas, mientras que Koba, resentido por haber sido sometido a experimentos en un laboratorio, sólo quiere vernos muertos a nosotros los bípedos. Por más que ambos logren encontrar un lugar común, este lamentablemente será sólo temporal (basta con ver la película original para saber en que termina esto).

Al final, los simios terminan cometiendo los mismos errores que los seres humanos, mostrando que no son tan distintos como César quiere creer. Es la misma historia de siempre: toda nueva civilización sigue el mismo proceso de conflicto y cambio y todas terminan repitiendo las metidas de pata de la anterior. Los simios no son la excepción y sólo falta ver que pasa. Si se animan a hacer una entrega más, la presencia humana ya no es del todo necesaria.

Quien sabe si un estudio se arriesgaría a hacer una película sólo con monos de protagonistas, pero con lo visto aquí, no sería tan jalado de los pelos; sólo vas a ver simios más realistas en una selva. A pesar de estar escondidos bajo la tecnología motion capture, Andy Serkis y los demás intérpretes simiescos hacen un gran trabajo, dándole humanidad a los simios. De ahí a que esta película funcione; se la toman completamente en serio y el espectador también.

 

 

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