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Sobre Burga y Nuestra Sociedad

noviembre 1, 2014

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La gran noticia de esta semana fue, que duda cabe, las elecciones en la Federación Peruana de Fútbol y la mínima esperanza de que Manuel Burga, tal vez la persona más odiada en todo el país, se iría luego de 12 años de gestión en los que el balompié nacional decayó hasta volverse el hazmerreír del continente.

Sin embargo, Burga encontró la manera de romperle la ilusión a toda la hinchada; bastaba con que la Asamblea de Bases de la FPF – la misma que él preside – tachara al Comité Electoral que lo había inhabilitado de postular a un tercer período, una provisión que se encuentra en el reglamento. Con esta maniobra, Burga está libre de volver a convocar a elecciones y rehacer el Comité, el cual seguramente estará poblado de allegados suyos.

Así, Burga se presentó en conferencia de prensa a declarar con toda la concha del mundo que “él representa a la democracia en el fútbol”. El mismo Burga cuestionado por prácticas mafiosas, por la pobreza de su gestión y por la gran argolla en la que ha convertido la FPF, se mostró prepotente, sin querer contestar preguntas y riéndose abiertamente, sabiendo que con esta argucia acababa de hacernos idiotas a todos, sin que nadie pueda hacer algo al respecto. Algo completamente indignante.

Mi indignación no tiene nada que ver con el fútbol, en parte porque no lo sigo. Al final, el problema del Deporte Rey en nuestro país está a todos niveles, no sólo el dirigencial y cambiar a Burga no garantiza un cambio; es sólo un primer paso en lo que debería ser una reestructuración total. Pero lo hecho por Burga dice bastante de como funciona nuestra sociedad y es francamente triste.

El Perú es la Tierra de la Pendejada. Aquí no sale adelante el abnegado trabajador, el esforzado, sino el vivo, el que quiere sacar la vuelta, el pendejo. Todo se ha vuelto una argolla, un intercambio de favores; aquí todos quieren sacar provecho con mínimo esfuerzo. Se ve en todos los niveles de nuestra sociedad, una corrupción moral que casi siempre queda impune. Los que lo hacen lo saben, y es por eso que esta semana vimos a Burga burlándose de todo el mundo, sabiendo que la hizo linda y nadie va a tocarlo.

Como siempre, los periodistas piden a gritos que Burga se vaya, el gobierno promete intervenir… y lo más probable es que todo quede en nada y este señor pueda seguir otros cuatro años más en una Federación que prácticamente se ha vuelto su feudo.

No quiero generalizar, porque en el Perú sí existe gente esforzada que quiere hacer las cosas bien sin tener que recurrir a la viveza; pero resulta triste que la gran mayoría se haya vuelto tan acostumbrada a esta mediocridad que no hace nada al respecto. Es como si nos tuviésemos que conformar y no aspirar a que las cosas sean mejores.

Por dar un ejemplo: la reforma de transporte es absolutamente necesaria desde hace años y si bien está pésimamente implementada, debe continuar; pero me resulta increíble ver comentarios de gente (la mayoría en Internet) dando a entender que prefieren el caótico sistema de custers y combis, el mismo que te cobra “china”, donde los choferes manejan como animales, donde uno viaja empaquetado como sardina, donde no se respeta nada. ¿En qué momento eso se volvió una buena opción? ¿Es que acaso no podemos aspirar a tener un sistema de transporte decente?

Es triste que en las últimas elecciones municipales las únicas dos opciones de peso que tenía el ciudadano eran una candidata incapacitada para el cargo y otro acusado de ladrón y corrupto. ¿No podíamos aspirar a alguien mejor? Más de la mitad de los candidatos cargaban con denuncias de todo calibre e incluso uno de ellos salió elegido estando en la cárcel; y pareciera que la gente se conforma con esto y no hace nada al respecto.

Esto es producto de la viveza, de la cultura de la informalidad que se ha asentado sobre el Perú; aquí gana el pendejo y se siente intocable, además. Por ello resulta indignante ver a tanto político llenándose los bolsillos a vista y paciencia de todos, o a un Burga caradura justificando su viveza frente a los periodistas.

Lo que hace falta es que alguien de mano dura se proponga no hacer caso a intereses de terceros y a la informalidad y cambiar todo – ya sea el fútbol, la política o el transporte – de manera contundente. Alguien que esté dispuesto a patear el tablero sin importar que lo juzguen.

Por mientras, la gente tiene que darse cuenta de que no tiene porque conformarse con que gente como esta haga lo que le dé la gana;  y que este país puede aspirar a mucho más. De nosotros depende.

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