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Malas Prácticas

noviembre 24, 2014

La industria hollywoodense está repleta de malas ideas. Basta con ver ciertas “modas” que se vienen repitiendo en los últimos años. Remakes de películas de terror ochenteras, sanitizadas para un público adolescente (díganle adiós al gore); películas de acción que disimulan la esperada violencia con cortes rápidos y cámara epiléptica, emasculando a los héroes de acción de antaño como Stallone y compañía en busca de la ansiada clasificación PG-13; precuelas que cuentan la historia previa a alguna saga que a la larga resultan innecesarias porque ya sabemos cómo van a acabar; reboots, un borrón y cuenta nueva para contar de nuevo la misma historia sin añadir nada nuevo, a veces de manera apresurada, apenas algunos años luego de terminada la versión anterior (osea tú, Spider-Man). Y luego está la más ridícula moda de todas: trailers que anuncian otros trailers, chispazos de 10 segundos que no cuentan nada, no aportan nada y son totalmente inútiles. He aquí la más reciente víctima: Jurassic World, la próxima entrega de la saga de dinosaurios.

 

 

Ahora añadan otra mala idea: adaptar la última novela en alguna popular saga y dividirla en dos partes, sin importar si el material amerita contarse en 4+ horas, y hacer que el público espere el doble de tiempo para ver el final.

El primero en caer en esta infame práctica fue Harry Potter. Luego de seis exitosas películas, llegó el momento de Las Reliquias de la Muerte, en el que el niño mago se enfrentaba a su archienemigo Voldemort para salvar a la Escuela Hogwarts. Pero antes de llegar a la pelea esperada por todos, hubo que ver una previa de dos horas y 26 minutos en el que apenas se dejaba todo listo para la gran batalla, que vendría un año después. Para alguien que no había leído nunca las novelas, o no se había puesto al día viendo de nuevo las seis entregas anteriores, esta primera parte era como un crucigrama en chino: confusa hasta más no poder. Y sí querían que uno se emocionara con la muerte de un personaje clave, hubiese sido una buena idea hacerlo más visible en toda la saga en vez de desaparecerlo luego de la segunda película para que todos se olviden de su existencia. Lo siento, Dobby.

 

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“Aguanta, ¿quien era ese enano que se parece a Putin? Ya me olvidé.”

 

La infame saga de Crepúsculo también practicó la división en su última entrega, Breaking Dawn. Difícil que este bodrio, basado en unas novelas pésimamente escritas, hubiese mejorado con limitarse a una entrega, pero alargarla a dos películas ya rayaba en el masoquismo. Cualquiera que no sea una chica de 15 años y haya podido ver la saga entera sin sentir un gran vacío en su vida se merece mi más sincera admiración.

Tal vez el caso más obsceno sea el de El Hobbit. Peter Jackson optó por volver a la Tierra Media adaptando una novela de corte infantil, de apenas 283 páginas y pensada para leerse de un tirón, en un coloso de nueve horas (o más si es que uno busca las versiones extendidas), alargado lo más posible con material tomado de las otras novelas fantásticas de Tolkien (Legolas ni se asoma en la novela y ahí lo tenemos en La Desolación de Smaug haciendo piruetas; al menos, Orlando Bloom no se quedó sin trabajo). Claro, es bastante entretenido vivir las aventuras de Bilbo Bolsón y sus amigos enanos, pero la duración de tres horas de las dos primeras entregas se sintió; debe haber sido una gran cantidad de traseros dormidos en las butacas cuando se dio paso a los créditos.

Y así llegamos, no sin un poco de fatiga, a La Batalla de los Cinco Ejércitos. Falta ver que ha hecho Jackson con esta tercera parte, especialmente considerando que en el libro, la gran amenaza de Smaug es resuelta en un par de páginas y la mentada batalla es apenas un epílogo extendido, contando de manera muy resumida todo lo que sucede para dejar a la Tierra Media tal como la encontramos después en La Comunidad del Anillo. Entretenido, sí, pero uno no puede dejar de pensar que dos películas eran más que suficientes para contar toda la historia. Al menos, han empezado con buen pie; el último trailer es épico, emocionante y si no hace que quieras comprar tu entrada desde ya, pues es que no deberías estar viendo este tipo de películas en primer lugar.

 

 

Esta semana se estrenó Los Juegos del Hambre: Sinsajo – Parte 1, la más reciente víctima de las tijeras de los estudios. Esta es una saga que apuntaba más alto que la típica novela juvenil. Es más, el tercer libro es tal vez el mejor de la saga, en el que se abandonan los Juegos y Katniss Everdeen lidera a los rebeldes en una guerra para vencer al tiránico Capitolio y liberar a Panem.

Atrás queda el soso triángulo amoroso para dar paso a una alegoría política; es cuando este género novelístico logró madurar. Así, vemos como Katniss se convierte en un instrumento de propaganda de los rebeldes, mientras que su contraparte Peeta es convertido en el portavoz del Capitolio; ambos meros peones en un conflicto mayor, mientras que el resto de Panem decide alzarse en armas. La película narra todo esto con buen pulso, ayudada por un reparto que se siente cómodo en sus roles (en verdad, Philip Seymour Hoffman nos va a hacer falta), pero es apenas una antesala; queda claro que se están guardando lo bueno (léase: la guerra) para la segunda entrega, para la cual, obvio, tendremos que esperar un año. Lo mejor que se puede hacer es ver las dos de un tirón, como debió ser desde un principio. Esta primera parte es apenas una primera mitad inconclusa, un prólogo de dos horas.

Los estudios pueden dar las excusas que quieran: queremos respetar la visión completa del autor, queremos expandir más este detallado e interesante universo, queremos que perdure la experiencia con estos grandes personajes, etc. Pero no nos engañemos: es por el cochino dinero, el hacer que la gente tenga que pagar por más de una entrada para ver una película completa y así doblar la recaudación. Por más que las películas sean entretenidas, es innecesario.

Parece que esta mala práctica no tiene señas de acabar todavía. Hasta Marvel, que está construyendo un universo fílmico a la par con los cómics, va a caer en lo mismo con la tercera entrega de Avengers, que ya ha sido anunciada se presentará en dos (extensas) partes. Aunque como estará basada en una historia en la que el tirano intergaláctico Thanos adquiere unas gemas de infinito poder y las utiliza para destruir la galaxia entera y matar a todos los superhéroes habidos y por haber de un plumazo, uno tiene fe en que hay material de sobra para dos entregas. Habrá que esperar hasta el 2018 y ver.

 

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Ojalá me sigan gustando los cómics a los 36 años…

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