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Cine Con Papá

junio 21, 2015

daddy_darth

 

Mi padre no es cinéfilo. Le gusta el cine como a cualquier persona, tiene sus géneros y actores favoritos, pero su cinefilia no raya en lo obsesivo, no se manda sesiones maratónicas, ni trata de ver absolutamente todo, ni tiene una ilimitada capacidad para recordar trivia inútil. Aun así, sería un error decir que él no juega un papel en mi apreciación por el cine.

Mi padre nos llevó a mí y a mis hermanas a ver La Historia sin Fin al Cine Real allá por el año 1984, o 1985. Hasta hoy se sigue burlando porque nos pusimos a llorar cuando murió Artax el caballo. Yo tendría apenas 3 años; no recuerdo nada, pero él me asegura que me puse a gritar y llamar a mi madre cuando apareció el lobo Gmork.

Durante buena parte de mi juventud, él era mi acompañante al cine, a veces junto a mi madre, a veces nosotros dos. Fuimos a ver El Especialista de Lucho Llosa, un bodrio que salvaba sólo porque Sharon Stone estaba en su mejor momento y porque James Woods se estaba divirtiendo como nunca; estamos de acuerdo en que la escena donde activa una bomba en una comisaría es de antología.

 

 

Vimos juntos la película de acción de Cindy Crawford con uno de los hermanos Baldwin, el que no es gordo ni un loco evangélico, para luego debatirla comiendo butifarras en el Davory de la calle Dasso. Fuimos al Orrantia a ver esa donde Melanie Griffith hace de prostituta. Mi cinefilia no se había cultivado en aquel entonces, veía cualquier cosa y lo más seguro es que haya expuesto a mi padre a más de una película que le hizo nudos el hígado. Lo llevé a ver El Señor de los Anillos (o como él la llama, “la de los rubios altos”) y no entendió nada.

A mi padre no le gustan las películas fantásticas. Nada de superhéroes, ni elfos, ni animales parlantes, ni monstruos. Tampoco le gusta nada animado; hacer que se ría con una escena de Los Simpsons fue una victoria personal. Lo suyo es el cine épico – Gladiador, Ben-Hur (infaltable en Semana Santa), la serie Spartacus – el cine clásico, el bélico, los policiales, los westerns y básicamente cualquier cosa que tenga que ver con Robert De Niro, Al Pacino, Dustin Hoffman, Clint Eastwood o Denzel Washington.

Fue gracias a él que he descubierto algunas joyas; probablemente nunca hubiese apreciado El Francotirador si no la veíamos juntos (me quedé dormido la primera vez, viéndola solo). Me hizo ver Marathon Man con Hoffman y Laurence Olivier, con su eterna muletilla del “Is it safe?”. Clint Eastwood y Eli Wallach en El Bueno, El Malo y El Feo (si la miran bien, resulta que Wallach es el personaje principal). Sintió nostalgia por volver a ver The Warriors de Walter Hill, sólo para que a mí me encante y él se dé cuenta que algunas cosas era mejor mantenerlas en el recuerdo. Gracias a él descubrí El Padrino. Me introdujo a la genialidad del gran Peter Sellers en La Fiesta Inolvidable. Y yo, bueno, hice que llorara de risa con la escena en Bowfinger donde Eddie Murphy cruza corriendo una autopista.

 

 

Curiosamente, mi padre no suele acordarse de los nombres de los actores. Casi siempre los identifica por algún papel. Ahí está el “Funny Little Guy”, el “Negro Amistad”, “el amigo de William Wallace”, “el compadre que siempre se aparece con un six-pack”, “ese que siempre hace de tombo al que todos agarran de huevón”, o “los tres únicos actores que hay en Francia”, léase Gerard Depardieu, Jean Reno y Vincent Cassel (“ese siempre sale haciendo de pendejo”).

Hoy, mi padre y yo tenemos un acuerdo no oficial. Siempre lo llevo a ver todas las nominadas al Oscar, porque le interesa mucho las que reciben premios, o cualquiera de sus géneros favoritos. Las de superhéroes o que tengan pirotecnia a mil, las tengo que ver solo.

Como era de esperarse, a veces no estamos de acuerdo. A él le encanta Titanic, cree que es uno de los mejores guiones que se haya escrito, mientras que yo encuentro más razones para burlarme de ella cada vez que la veo (“ese tío debe ser el mayordomo mejor pagado de la historia si todavía no se va del barco”) y sigo pensando que le robó el Oscar a Los Ángeles al Desnudo. Pero en el debatir está lo divertido. Nosotros ya tenemos películas que nos gusta ver juntos y lo seguiremos haciendo.

¡Feliz día a todos los padres!

 

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