Skip to content

Mentalidad Televisiva II

diciembre 26, 2016

 

walter-white-and-jesse-pinkman-breaking-bad-movie-hd-wallpaper-1920x1200-1752

 

Continúa de la primera parte…

 

Creada por Vince Gilligan, Breaking Bad es la historia de Walter White, un profesor de secundaria convertido en capo de la droga cuando descubre que tiene cáncer. Lo que empieza como una comedia negra con el inofensivo, correcto e inoperante Walter y su inútil ex alumno drogadicto Jesse Pinkman inmersos en un peligroso mundo que no conocen, se convierte en una oscura tragedia digna de Tony Montana. Walter adquiere poder y deja aflorar al frío y calculador capo que siempre llevó dentro; su aparatosa caída es inevitable. Un drama lleno de giros inesperados que descubrió el talento escondido del gran Bryan Cranston, quien pagó piso apareciendo en todas las series y películas habidas y por haber desde los 80s, siempre en papeles chicos. Antes de BB, era más conocido como el papá tarado de Malcolm in the Middle y aquí se reinventó  como el hombre de familia metido a intimidante émulo de Pablo Escobar; desde entonces, es una sólida presencia dondequiera que aparezca. Vi Breaking Bad en un mes y desde entonces, es recomendación fija para cualquiera que pregunte “¿Qué veo ahora?”.

Lo mismo para su inesperadamente genial spinoff, Better Call Saul, que se centra en el abogado de Walter, Saul Goodman (“It’s all good, man!”), quien detrás de su estrafalaria pinta de payaso arrepentido, se sabe todos los trucos de la profesión. Esta nueva serie relata su transformación de Jimmy McGill – un vivo que aún así sólo quiere hacer el bien – al inescrupuloso leguleyo Saul, el abogado de los bajos fondos. En dos temporadas, esta historia se ha convertido en otra gran tragedia, especialmente en lo que respecta a la relación de Jimmy con su hermano Chuck, un manipulador nato que se ha mostrado como el peor villano de todos. Aunque repleta de referencias a su antecesora, BCS funciona por sí sola como un gran drama.

De la desértica Alburquerque nos vamos al mágico mundo medieval de Westeros. Desde su debut hace seis años, Game of Thrones se ha convertido en parte esencial de la cultura pop actual, la serie que todos comentan semana a semana y que nadie quiere que le espoileen en redes sociales, famosa por sus momentos chocantes (Sólo basta con decir “Boda Roja” para que a un fan le den escalofríos). Es una delicia ver un mundo de fantasía donde todos se apuñalan por la espalda y tejen intrigas, sólo para poder ocupar el Trono de Hierro; esta serie ha demostrado que se pueden hacer historias fantásticas con magia y dragones para un público adulto. Este año, luego de una quinta temporada lenta y donde parecía no sucedió mucho, GoT pisó el acelerador: Cersei Lannister se vengó de todos, descubrimos por qué Hodor sólo dice “Hodor” (Maldita puerta) y la Batalla de los Bastardos nos regaló un combate épico al mejor estilo de Corazón Valiente (William Wallace, vete a casa). Todo queda listo para los 13 capítulos finales y desde ya corren las apuestas sobre quien ocupará el Trono. ¿Será Daenerys Targaryen, la Reina de Dragones (y un sinfín de títulos honoríficos más que necesitarían un párrafo aparte)? ¿O Jon Snow, el torturado emo que sigue sin saber mucho? ¿O hasta Tyrion Lannister, el enano que se ha vuelto un ídolo de multitudes? Habrá que ver… lo cierto es que Game of Thrones ya se ganó un lugar en el imaginario colectivo.

 

 

Mi afición por los zombies también me ha vuelto otro incauto que sigue, semana a semana, las aventuras de Rick Grimes y el resto de los sobrevivientes post-apocalipticos de The Walking Dead, la historia de muertos vivientes que nunca termina y que ha contribuido a que los cadáveres ambulatorios se vuelvan mainstream (ya todos se han olvidado que se trata de monstruos que comen cerebros). Una serie que juega a la ruleta rusa con las vidas de sus personajes y que de cuando en cuando le falta el respeto al espectador con trucos sucios para conseguir más rating – esperar tres capítulos para confirmar que sí se puede sobrevivir a una horda de zombies escondiéndose debajo de un basurero, o reventar a alguien a batazos y hacernos esperar medio año para saber quién fue la víctima – pero a la que uno no puede evitar estar pegado. Y aunque recibió una inyección de energía esta temporada al introducir al personaje de Negan, el sociópata que se inclina hacia atrás cada vez que habla y no puede decir nada sin antes soltar un colorido y extenso monólogo que dejaría chico a Adal Ramones, lo que esta serie pide a gritos es un norte, una meta, un propósito, más allá del consabido refrán de “los humanos somos el verdadero peligro”. De lo contrario, se reduce a esperar que muera alguien de manera cruel y todo lo demás es relleno. TWD tiene altibajos, pero de vez en cuando cumple con chocar y hasta hacerte soltar una lágrima.

 

126285

 

Narcos, de Netflix, ha demostrado a lo largo de dos temporadas que si de horrores se trata, cualquier monstruo de fantasía queda chico frente a lo real. Una crónica sobre cómo el Cartel de Medellín tuvo en jaque a todo Colombia en los años 80 y principios de los 90, nos presenta a un Pablo Escobar sin ningún escrúpulo, un tipo que se sabía intocable. Como toda persona acostumbrada a tenerlo todo y que se haga siempre lo que él quiere, inevitablemente tuvo su caída, abatido a balazos huyendo de la policía sobre los techos, luego de que su imperio de cocaína se derrumbara. Anteriormente, la  serie colombiana El Patrón del Mal ahondó más en la historia de Escobar, con un genial Andrés Parra poniéndose en la piel del capo. Dejando de lado algunos edulcorados momentos de telenovela, la serie fue tremendamente efectiva en retratar una oscura aunque importante etapa en la historia del país cafetero. Narcos aborda el tema desde el punto de vista de la DEA y los dos agentes que se enfrentaron al cartel, lo que limita su enfoque. No entra tanto en detalle cómo su antecesora, pero resulta una sólida crónica policial que además le ha dado trabajo a un buen número de directores y actores latinoamericanos. Palmas para el brasileño Wagner Moura; a pesar de que resulta muy obvio que el español no es su lengua materna, logra meterse de lleno en el personaje de Escobar, captando su frialdad y facilidad para intimidar.

 

serie-escobar-netflix-opinion

 

Una serie que no mira al pasado es Mr. Robot; en estos tiempos de dependencia tecnológica, de Anonymous, de protestas y de descontento social generalizado, esta alucinada historia sobre un hacker resulta más que actual. Desde su primera temporada, la serie nos ha puesto en los zapatos de Elliot Alderson – genial el trabajo del egipcio Rami Malek, el de la mirada a lo Mesut Ozil y a quien pronto veremos interpretando a Freddie Mercury en un biopic – un maestro computín, socialmente limitado, levemente autista y bastante dañado que cuestiona su propia realidad. Vemos el mundo desde el filtro de su protagonista y como todo buen proyecto que altera la realidad (mindfuck, como se les suele llamar), pronto no sabemos que es real y que es producto de la paranoica imaginación de Elliot, dando como resultados unos giros que hacen a uno caer de espaldas. Mr. Robot es un tecno thriller lleno de misterios aún por revelar y que logra lo imposible, hacer tolerable a Christian Slater.

Al igual que en el cine, los superhéroes también están dominando la televisión. Marvel siguió ampliando su cada vez más masivo universo, primero con Daredevil, oscura serie sobre el vigilante ciego con niveles de seriedad y violencia que sus pares fílmicos nunca se permitirían. La productora ha sido criticada más de una vez por malgastar a buenos actores en descoloridos papeles de villano, con el Loki de Tom Hiddleston la única excepción; sumen al Wilson Fisk de Vincent D’Onofrio a esa corta lista. La segunda temporada introdujo además a Frank Castle, alias Punisher, al fin dándonos una interpretación digna del ex militar convertido en máquina de matar, tras tres fallidos intentos en la gran pantalla.

 

 

A Daredevil le siguieron Jessica Jones y este año, Luke Cage, que ganó puntos al enfocarse en la comunidad afroamericana de Harlem, sus costumbres y su cultura pero que no termina de cuajar cuando uno se da cuenta que Luke, un ropero de casi dos metros con fuerza sobrehumana y piel irrompible, es prácticamente inmortal y podría resolver todo conflicto en cuestión de segundos en vez de 13 capítulos. El próximo año llega el maestro de artes marciales Iron Fist y  Marvel, fiel a su fórmula, parece estar a punto de explotar al querer abarcar demasiado.

Mientras DC, el eterno rival, sigue metiendo la pata hasta el fondo en la gran pantalla luego de aquel innombrable desperdicio que fue Escuadrón Suicida, han logrado construir un simpático universo de superhéroes en la pantalla chica. Arrow era muy parecido a otras series de la cadena juvenil CW como para tomarla en serio – actores físicamente perfectos sacados de un catálogo, drama cebollero digno de telenovela – pero Flash ha funcionado al lograr el balance perfecto entre el drama y lo netamente ridículo; es una representación perfecta de lo que debería ser un cómic en la pantalla, aventuras entretenidas que no se toman demasiado en serio y que sirven para pasar el rato. Y todo a pesar de que el velocista de rojo tiene tal vez los enemigos más inútiles de todo el medio el cómic, teniendo sus puntos más bajos en la chica que controla a un enjambre de abejas robot por computadora o el monstruo al estilo Cloverfield que resulta ser un holograma creado por un gordito nerd y virgen.

 

tia-chop

 

Este año, la CW estrenó Legends of Tomorrow, reuniendo a un grupo de héroes de quinta categoría y dándoles su momento de gloria en un sinfín de aventuras a través del tiempo; una serie ligera y despreocupada que funciona mucho mejor de lo que debería. DC está haciendo agua llevando a la Liga de la Justicia al cine, pero parecen estar dominando la pantalla chica.

Muchas series y muy poco tiempo; lo cierto es que la pantalla chica tiene mucho que ofrecer para los que piensan que el cine no está innovando lo suficiente. Antes de lanzarme a hacer una tercera parte para explicar que Stranger Things es una joya, como Los Goonies hecha por John Carpenter, un tributo al cine de los 80s que nos dará nostalgia por las épocas de E.T. y John Hughes, recuerdo que las trilogías casi nunca resultan bien, así que detendré este texto aquí. Como dice un columnista de un diario local: apago el televisor.

From → Uncategorized

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: