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Pesadillas

mayo 25, 2017

 

 

“Tus ojos quieren abrirse – tú mismo se los ordenas, que se abran esos párpados y puedas ver el cuarto en el que has vivido toda tu vida, con todos sus muebles y afiches extraños. Pero esos ojos se sienten pesados, como de plomo; no abren. (…) tu cerebro imparte órdenes al organismo como debe ser: abre los ojos, mueve los brazos, levántate. Pero tus extremidades no responden… (…) Te entra el miedo y piensas en lo peor: algún ataque o parálisis, no sabes que es lo que pasa. (…) Sientes ganas de gritar; por favor, ayúdenme, no sé qué diablos pasa, estoy paralizado y lo único que quiero es despertar, todo se vuelve negro, estás consciente pero en un vacío… (…) Te despiertas de golpe, como un resorte estás sentado sobre tu cama, pegas un alarido, te caes de lado, sobre el piso frío.”

 

Escribí estas afiebradas palabras hace muchos años, luego de varias noches en vela debido a un fenómeno que mi imaginación llamaba “desdoblamiento”, o el momento en el que supuestamente el alma se sale del cuerpo de uno y se va de paseo. No encontré otra forma de explicar noches llenas de ataques de pánico y ansiedad, donde terminaba bañado en sudor, atemorizado y en una desafortunada ocasión, cayendo de cara al suelo cual resorte.

Una vez que Google y Wikipedia se convirtieron en herramientas indispensables para saber cualquier cosa, pude investigar más sobre el tema; no era, como había supuesto mi imaginación de niño lector de cómics, una proyección astral a lo Doctor Strange, sino algo menos esotérico y más real: la parálisis de sueño. Un fenómeno que al parecer es más común de lo que se piensa, a juzgar por el documental The Nightmare de Rodney Ascher, sobre ocho personas que también han visto sus noches de descanso interrumpidas por algo difícil de explicar.

 

 

No es necesaria la presencia de un doctor, psiquiatra o cualquier otro especialista para describir lo que se siente: es estar plenamente consciente, en la oscuridad, pero con el cuerpo completamente paralizado, incapaz de moverse. Por más que la mente dé ordenes – “levántate”, “grita ‘auxilio’”, “mueve un brazo”, lo que sea, uno está inerte y propenso a ataques de pánico provenientes del temor de que pueda ser permanente o que, de tanto esfuerzo, pueda romperse algo. Levantarse sudado y presa de la ansiedad es cosa común. Las causas son muchas, pero la más común es los altos niveles de estrés – no es coincidencia que esto me ocurrió durante mi etapa australiana, donde la preocupación por la falta de recursos y la urgente necesidad de un empleo (al menos al principio, recién bajado del avión) era constante.

Pero para los ocho protagonistas de este modesto documental, la cosa va mucho más allá. A la parálisis se suman encuentros cercanos con lo que sea que resida en la oscuridad, que va desde sombras humanas inamovibles con sombrero de copa, hasta extraterrestres. Momentos que Ascher recrea como si se tratase de una película de terror, con la mano de un experto. Y si funcionan es porque están basados en la realidad. Algunos lo comparan a Pesadilla, a Freddy Krueger acechando víctimas en sueños con su guante de cuchillas; no podía ser de otra forma cuando el propio Wes Craven afirmaba haber basado la historia del violador de niños de la cara quemada en casos reales de refugiados asiáticos en los 70s, post-Guerra de Vietnam, que sufrían de pesadillas tan vívidas y reales que no los dejaban dormir.

Lo cierto es que las ocho personas en este documental han quedado profundamente afectadas por una experiencia que llegó a los límites del terror para algunos – una mujer afirma haber sido violada por algo desconocido y otro tipo recuerda con lujo de detalles el haber sentido que le mutilaban los genitales. Las secuelas saltan a la vista: está ahí un tipo de barba, siempre mirando tras de sí, con la única compañía de un gato (y no cuesta mucho imaginar a varios más habitando su casa fuera del alcance de la cámara, como la Loca de los Gatos de Los Simpsons); o el inglés nervioso, incapaz de mirar directamente a su interlocutor durante toda la entrevista, con la mirada extraviada, tal vez contemplando algo que no está ahí o que sólo él puede ver. No todo es malo, sin embargo; para una mujer, la experiencia sirvió para recordar a seres queridos ya fallecidos y darles un merecido adiós.

The Nightmare no intenta dar una explicación definitiva de la parálisis de sueño porque no la hay; es simplemente prueba de lo impredecible e insondable que es nuestro propio subconsciente, escondiendo secretos que tal vez nunca lleguemos a comprender. Podrían ser meras alucinaciones, o quizás, como se ha afirmado alguna vez, sean un punto de entrada a una dimensión paralela. Las posibilidades son infinitas. Este documental acerca el tema más al cine de terror porque, de cierta manera, es como vivir una de esas películas en la vida real.

En cuanto a su humilde servidor, si bien el tema económico/laboral sigue siendo una constante preocupación (algunas canas rebeldes son la prueba), al menos ahora puedo dormir tranquilo. Y si alguna vez la dichosa puerta a la Dimensión X se vuelve a abrir, al menos ya sabré a que me enfrento.

 

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