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Walter y la Inclusión

julio 28, 2017

 

 

Walter Hill hace películas para hombres. Las que se conocen como guy movies, las que ves con tus amigotes mientras toman cerveza y cuentan chistes rojos. Tienen exceso de testosterona y están hechas para un público masculino, aún más que esas comedias bromance de Judd Apatow que le rinden culto a ser un vago fumón y sin rumbo.

Los protagonistas de los filmes de Hill son tipos rudos, curtidos por la experiencia, duros, de pocas palabras y tan secos como su creador, quien filma lo justo y necesario, sin mayores adornos. Nada de excesos, todo al grano; de ahí a que buena parte de sus películas no pasen de los 90 minutos.

Lo que distingue al cine de Hill es su celebración de la masculinidad en su estado más puro; algunos reaccionarios dirán, en su estado más cavernícola y retrograda y acusarán al veterano director de machista y hasta misógino, pero esa es una exageración injusta. Sus protagonistas son siempre matones, mafiosos, criminales de toda índole, soldados, músicos de blues cascarrabias, luchadores callejeros, cowboys (no hay género más masculino y de pelo en pecho que el western, y Hill ha echado mano de sus códigos siempre que ha podido), en fin; todo un imaginario de macho men.

Pues parece que hasta alguien como Hill debe admitir que los tiempos han cambiado y que, hoy por hoy, las mujeres también pueden ser rudas protagonistas de la acción; ya no están para ser sólo objetos de deseo o la novia de turno que el héroe debe rescatar. Personajes como Ellen Ripley o Sarah Connor sentaron las bases; la posta hoy en día ha sido tomada por la Alice de Resident Evil (Milla Jovovich), La Novia de Kill Bill (Uma Thurman) y todos los últimos papeles que ha hecho Charlize Theron, por dar algunos ejemplos.

 

 

The Assignment (2016) es Walter Hill siendo más inclusivo. Es la historia de Frank Kitchen, un asesino a sueldo – de esos parcos que tanto gustan al realizador – interpretado por Michelle Rodríguez, a quien siempre se le ha tildado de machona desde que hiciera de boxeadora en Girlfight (2000); pero, a pesar de su cara de “mírame bonito o te reviento”, es muy pero muy femenina y eso es algo que una barba postiza, un pecho (postizo) lleno de pelos y una prótesis digna de Peter North no pueden disimular.

Kitchen mata a un tipo algo ambiguo que resulta ser hermano de una doctora megalomaniaca del mercado negro interpretada por Sigourney Weaver, siempre con porte y autoridad, siempre con ese aire de que te va a ir mal si no la obedeces: una badass en toda regla. La doctora decide cobrárselas haciéndole a Kitchen un apurado cambio de sexo, desobedeciendo de paso toda lógica respecto a lo que implica un proceso quirúrgico como este.

Probablemente no sea verídico, pero Hill desde The Warriors (e incluso, puede que antes) siempre se ha movido en el mundo de la ficción estilizada, un universo de cómics, novelas gráficas, historias de detectives a lo Raymond Chandler, novelitas pulp impresas en papel barato, relatos tan de Serie B que uno siente el olor a tabaco rancio, el papel ajado por tantas manos sudorosas que le dieron vuelta a las páginas, el aroma a whisky; esta es la realidad de Hill.

Volviendo al tema: hecho el cambio, Frank emprende una rápida y brutal venganza mientras trata de adaptarse a vivir como mujer, en un cuerpo que no es el suyo. Y Hill le da un nuevo protagonismo al género femenino, dejando en claro que las mujeres ya no están para ser salvadas sino para ser protagonistas, tomar las riendas y ensuciarse las manos. Es una inversión de los tradicionales roles de género en los filmes de acción; Frank no pierde nada de su efectividad como asesino en las circunstancias, no se vuelve vulnerable ni sensible (Rodríguez nunca ha aparentado serlo, aun conservando su femineidad; para sus fans, se deja ver hasta el alma, así que al menos ahí tienen una razón para darle un vistazo). Y es que se trata de un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, adaptándose a este gran cambio y descubriendo sus límites.

Weaver, mientras tanto, está siempre en control, contándole esta alucinada historia al psiquiatra inocente y algo tonto que revisa su caso, interpretado por Tony Shalhoub, un actor preciso para hacer de loser, del tipo al que están dejando en ridículo sin que se dé cuenta. Aquí, las mujeres ya no son el sexo débil, están en cancha nivelada y con igualdad de condiciones.

Puede considerarse una premisa de mal gusto, de cine trash; The Assignment es incluso el tipo de título genérico que remite a cintas de acción baratas de Directo-al-Video protagonizadas por Dolph Lundgren, Wesley Snipes u otra reliquia noventera venida a menos (el título original, (Re)Assignment, era mucho más intrigante y prometedor). Pero dentro de su aparente sencillez, hay un comentario (alucinado, engrandecido, caricaturizado, pero comentario al fin y al cabo) acerca de los cambiantes roles de género en la sociedad y en el cine, ya sea de acción u otros géneros. Una reivindicación con la femineidad mal representada en el pasado. Y Walter Hill, el director más macho y hombrón de todos, ha asumido este cambio.

 

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