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Cultura Spoiler

abril 12, 2019

 

 

El cine vive de los momentos inesperados. Aquellas revelaciones y sorpresas que procuran una película sea recordada e ingrese al imaginario popular. Ahí está la Estatua de la Libertad enterrada en la arena al final de El Planeta de los Simios; Darth Vader pronunciando el inmortal “Yo soy tu padre”; la verdadera identidad de Keyzer Soze y el escalofrío que te dio al darte cuenta que era el cojo que te había estado vendiendo tremendo cuento desde hacía dos horas; o el que Bruce Willis había estado muerto todo el tiempo y no lo notaste porque siempre tiene esa actitud indolente de importarle un rábano sus papeles.

El giro de El Sexto Sentido fue tal vez una de las últimas grandes sorpresas que nos dio el cine. Hoy en día, si bien estos momentos impactantes aún existen, se hace cada vez más difícil sorprenderse. Esto en parte debido a los trailers, que de ser herramientas de promoción se han convertido casi siempre en resúmenes de toda la película en dos minutos o menos.

Lo cierto es que la manera de consumir y apreciar el cine ha cambiado bastante en los últimos años, de la mano con la tecnología y el surgimiento de la bendita y a veces mal ponderada Internet. Antes, parte de la experiencia de ir al cine era preguntarse qué avances pasarían antes de la película, el no saber que serían (y a veces resultaban hasta mejores que la película misma). Ahí estaban los fans de Star Wars que pagaban entradas al cine sólo para ver el trailer de La Amenaza Fantasma para luego irse; hoy, basta con darse una vuelta por YouTube y los avances en el cine son una molestia que uno quiere que pase rápido – especialmente cuando van acompañadas de publicidad para colegios, comerciales de Coca-Cola y las aventuras de Pablo, el cinéfilo desconsiderado.

Y es que la manera de enterarse de los pormenores de una película era a través de reportajes, alguna revista que cayó en tus manos (el gran recuerdo de aquel añejo número de la revista TV+ que llevaba un reportaje de tres páginas a Pulp Fiction con biografías de todos los personajes/actores y que probablemente gatilló mi interminable obsesión con el cine de Tarantino), rumores o anécdotas de algún amigo que regresaba de viaje de algún país con mejor cartelera que la tuya. Ir al cine era casi siempre, una sorpresa, un descubrimiento, una lanzada de dados que esperabas den a ganador.

Hoy, la Internet pone todo al alcance de la mano y es posible enterarse de absolutamente todo acerca de una película meses antes de su estreno, incluso antes que se termine de filmar. Se filtran fotos del set, guiones enteros, a veces la película entera si es que el empleado de algún estudio se distrajo, quienes son los cameos “sorpresa” (que ya no son sorpresa), que sucede en las escenas postcréditos, que referencias hace a otras películas, y en el caso de franquicias, que teorías tienen los fans más acérrimos sobre lo que podría suceder. Ya no existe el elemento sorpresa; basta un inoportuno tweet, un meme (Homero Simpson saliendo del cine activa alarmas) y hasta la foto de un juguete para que le espoileen la película a los que aún prefieren una experiencia virgen.

 

¿Como que no es un simple gato?

 

A fin de cuentas, todo es manejable; si no quieres que te arruinen una película, pues mantente alejado de las redes. Aunque con lo interconectado que está el mundo, esto es sinónimo con volver a la Edad de Piedra y no resulta tan fácil. Lo verdaderamente problemático es que esta nueva realidad ha dado pie a una cultura spoiler donde ya no existe el respeto y algunos engendros buscan deliberadamente arruinarles la película a todos. Ya sea por un sentido de la superioridad, por querer ser los primeros, o simplemente por joder, están los que anuncian a voz (digital) en cuello: “Veré Película X y les voy a contar todo” o los que acechan las redes cual Tiburón buscando víctimas insospechadas, uno está feliz buscando memes y de golpe se estrella contra un HAN DIES en mayúsculas. Estos mercenarios son prueba de que las formas en la red no existen; aquí todo vale y hay más de un desadaptado.

La Internet nos ha permitido descubrir cinematografías enteras que tal vez no sabíamos que existían; ponernos al día con un sinfín de series que tal vez no podamos encontrar en la televisión (lo dice alguien que ve casi todas sus series por streaming); y más importante aún, conectar con gente afín a tus gustos  – que felicidad descubrir que no eres el único que se sabe los nombres de las seis (¡!) secuelas de Locademia de Policía –  y formar una comunidad aunque sea, digital.  Por eso, hay que agradecerle.

Así que, mi estimado Deep Throat de la web, la próxima que quieras dar un golpe revelando todo sobre la película que acabas de ver antes que nadie, piensa en los que tienen que esperar hasta el martes para que no les llore el bolsillo; en los que tienen que esperar una semana o más porque los horarios de oficina los dejan muy agotados como para aventurarse a funciones de trasnoche; en los que prefieren esperar pacientemente al torrent o el BluRay de cinco lucas; en los que justo ese fin de semana se fueron a la playa; en los que quieren sorprenderse cuando Iron Man y su cofradía le entren a patadas a Thanos en Endgame. Piensa en todos ellos.

De lo contrario, habrá que buscarte a lo Liam Neeson.

 

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