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Jackie, Reese y el Toro

Empezó el 2018. Es en días calurosos como estos donde uno maldice tener que ir a trabajar en camisa; los mocosos aún no entran a clases, por lo que el tráfico aún no alcanza sus usuales niveles apocalípticos; y las distribuidoras nos hacen esperar un par de semanas más antes de empezar a soltar todas las aspirantes al Oscar y demás premios.

Esto es un humilde experimento: comentar los estrenos de la semana, en orden de interés, desde “tengo que verla YA” hasta “la vida es muy corta”. Así que si ya revisaron Fandango, el listín de El Comercio, otras páginas webs, la bola de cristal, el Pakatnamu, el Oráculo del Sur  y aún no se deciden, aportaré con cuanta gracia me sea posible mi granito de arena.

 

El Implacable de Martin Campbell

 

 

País/Año: Reino Unido/China/EE.UU, 2017

Título Original: The Foreigner

 

Títulos menos genéricos que pudieron usarse: “El Extranjero”; “El Forastero”; y, previa consulta del diccionario, “El Foráneo”

Trama resumida en una oración: Taken con Jackie Chan

 

Más maduro y trajinado, Jackie Chan vuelve a las pantallas como un hombre que pierde a su hija en un atentado en Londres. La búsqueda de los culpables lo llevará a cruzarse con un ex militante del IRA (Pierce Brosnan), ahora convertido en algo tan o más peligroso: un político de saco y corbata.

Inevitable no tener nostálgicos recuerdos de aquella breve etapa a principios de siglo cuando Jackie Chan era presencia constante en la cartelera: en ¿Quién Diablos Soy?, era un comando con amnesia que pateaba traseros (y que se llamaba Jackie); en Mr. Nice Guy, era un chef que pateaba traseros (también llamado Jackie); en El Poder del Talisman, un highlander chino que pateaba traseros (pero sin llamarse Jackie); y en El Smoking, un taxista cuyo traje de etiqueta pateaba traseros.

Para los que gozamos con todas ellas (hasta en los bodrios más infumables, su carisma se mantenía intacto), hay que celebrar el retorno de Jackie. El Implacable parece estar más cercana a una intriga política que a un festín de artes marciales, tal vez admitiendo que su estrella ya está en base seis y no puede volver a arriesgar fracturarse una extremidad para nuestro disfrute.

Dirige Martin Campbell, quien dirigió a Brosnan en su mejor aventura como Bond en Goldeneye y nos dio tal vez uno de los mejores filmes de 007 con Casino Royale (como olvidar la persecución con parkour inicial). También hizo Linterna Verde, pero todos cometemos errores.

 

 

Olé: El Viaje de Ferdinand de Carlos Saldanha

 

 

País/Año: EE.UU, 2017

Título Original: Ferdinand

 

Casting perfecto: Bife con patas interpreta a un bife con patas

 

El catchascanista JOHN CENA, alias “Mark Wahlberg con triple dosis de esteroides”, ha encontrado un cómodo e inesperado nicho como estrella de comedias sin temor a burlarse de sí mismo. Ahora presta su voz a Ferdinand, un toro pacifista y gentil que se rehúsa a participar de las corridas. Cinta animada de Blue Sky Studios, los mismos de la eterna saga de La Era del Hielo (que ya llegó y aún así la serie no termina) y Rio. No hay especie animal que no haya recibido una bieintencionada cinta infantil y en este caso le tocó a los bovinos cornudos.

Acompañan a Cena en el reparto Kate McKinnon, Anthony Anderson y el ex Dr. Who David Tennant, aunque no los escucharemos; por estos lares, es doblaje o nada.

Por su parte, John Cena parece estar siguiendo la misma ruta que su compañero de ring Dwayne Johnson. Pero no lo tachen como un simple “cabeza de músculo”: el tipo es rapero, habla chino mandarín y francés y le dijo que no a un remake de Depredador porque sabía que Arnoldo era irremplazable; inteligencia tiene de sobra.

 

 

Mi Nueva Yo  de Hallie Meyers-Shyer

 

 

País/Año: EE.UU, 2017

Título Original: Home Again

 

Trivia inútil: Hallie Meyers-Shyer es hija del realizador Charles Shyer – el de las dos entregas de El Padre de la Novia (el remake con Steve Martin, no la original con Jimmy Stewart) – y de la directora y guionista Nancy Meyers, autora de Lo Que Ellas Quieren, Alguien Tiene Que Ceder y varios otros romcoms demasiado perfectos donde pareciera todos viven en un reportaje de la revista Hola.

Reese Witherspoon, una de las tantas girls next door que le tomaron la posta a Meg Ryan y Julia Roberts, interpreta a una madre soltera cuya vida da un vuelco cuando comparte casa con tres jóvenes aspirantes a cineastas. Pinta como otra comedia romántica hollywoodense sobre gente con vidas enfermas de privilegiadas; al parecer, Hallie Meyers-Shyer ha aprendido la lección del inofensivo cine de sus padres.

El carisma de Reese es a prueba de balas, pero aún así…

 

 

YAPA: Daniel Craig corretea al Maestro Parkour Sebastien Foucan.

 

 

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Lo Mejor de 2017

Se acaba el 2017 y llegó el momento de la lista de lo mejor del año; normalmente, haría un recuento previo de los bodrios a manera de advertencia, pero creo que este video lo resume todo. Obviemos la negatividad por ahora y vamos a lo bueno.

Al igual que en ocasiones anteriores, es necesario ver más allá de lo evidente y recurrir a algunas fuentes alternas, dado que la cartelera local se muestra cada vez más limitada salvo algunos chispazos ocasionales (el criterio para estrenar o no ciertas películas que tienen las distribuidoras es, hasta ahora un misterio insondable).

Lo bueno es que estos doce meses no estuvieron faltos de buen cine; así que tras mucha reflexión zen y deliberación, llegamos a un puñado de Menciones Honrosas y los diez estrenos que se me han quedado en la memoria. Gracias a los atrasos de nuestro calendario de estrenos, el gran Denis Villeneuve se dio maña para aparecer en esta lista dos veces.

 

Menciones Honrosas:

Ana Mon Amour (Calin Peter Netzer); El Planeta de los Simios: La Guerra (Matt Reeves); It Comes At Night (Trey Edward Shults); Lego Batman: La Película (Chris McKay); Melanie: Apocalipsis Zombie (Colm McCarthy); Nada Que Perder (David Mackenzie)

 

En orden de preferencia, de menor a mayor:

 

 

SPLIT de M. Night Shyamalan

Tras años de malgastarse en proyectos menores (además de inflar demasiado su propio ego), M. Night Shyamalan vuelve a lo grande con este thriller donde James McAvoy se manda el gran trabajo de interpretar a un hombre con veintitantas personalidades distintas (y ni siquiera las vemos todas). Para nada realista con las enfermedades mentales, pero eso es a propósito. Al final, cuando cae el patentado giro Shyamalan, te das cuenta que el director te ha hecho ver algo completamente distinto sin que te des cuenta, al igual que en El Protegido; decir más sería criminal.

 

LA HORA FINAL de Eduardo Mendoza

Mendoza recrea la captura del líder senderista Abimael Guzmán en clave de cine policial, llevándonos de vuelta a los convulsionados años 90, donde el temor hacia los atentados era cosa de todos los días. Sin tomar posturas políticas, el director se limita a narrar los hechos que llevaron a la captura con un buen manejo del suspenso, además de resaltar la labor de los agentes del GEIN – hombres y mujeres comunes con un trabajo que hacer, la antítesis de los típicos héroes rudos de los policiales – que, prácticamente sin recursos ni apoyo, lograron aprehender a un personaje nefasto que amenazaba a todo un país. Verla en conjunto con el documental 1509: Operación Victoria de Judith Vélez realza para bien lo hecho no sólo por Mendoza, sino también por los agentes del GEIN.

 

BRAWL IN CELL BLOCK 99 de S. Craig Zahler

Vince Vaughn deja de interpretar a payasos bocones y decide sacarle el máximo provecho a su imponente presencia física, reinventándose por complete como Bradley, un matón que debe navegar la cloaca que es el sistema carcelario gringo  en una misión de venganza. Al mejor estilo de las cintas serie B que daban en cines grindhouse en los años 70, este austero, duro y rudo film confirma a S. Craig Zahler como un prometedor director cuya carrera hay que seguir con interés. Brawl se toma su tiempo y exige paciencia, pero cuando la violencia – irreal, grotesca, exagerada – estalla junto con Vaughn, es algo digno de aplauso. El tipo de película donde la mugre salta de la pantalla y provoca darse un baño; una joya.

 

DUNKERQUE de Christopher Nolan

Nolan recrea el rescate de tropas en Dunkerque durante la II Guerra Mundial desde tres frentes: aire, mar y tierra. Película bélica minimalista que apela a nuestro instinto más básico, el de la supervivencia. Los soldados aquí son anónimos, pero todos comparten la misma meta: salir vivos, y eso es algo con lo que cualquiera se puede identificar. La genial música de Hans Zimmer, que nunca se detiene, es otra protagonista más, marcando una carrera contra el tiempo que hace a uno comerse las uñas (y cuando estas se acaban, los nudillos). Inmediata y contada con urgencia, Dunkerque es de esas que dejan a uno en vilo.

 

BLADE RUNNER 2049 de Denis Villeneuve

35 años después del clásico de Ridley Scott, Villeneuve nos trae de vuelta a este distópico mundo futurista, tomando las grandes ideas y conceptos de la primera entrega sobre los seres artificiales y su búsqueda de humanidad y actualizándolas para una nueva generación. No sólo expande más este universo cyberpunk, sino que, al darle un cierre a la historia del solitario cazador de androides Rick Deckard – más viejo, cansado y apabullado por su pasado – tiene la carga emotiva que el film previo (uno de ideas más que otra cosa) no tenía. Toda buena ciencia ficción debe hacerte pensar y esta cumple con creces; injustamente ignorada en su paso por cines, está destinada a ser un objeto de culto igual que su antecesora.

 

 

GET OUT de Jordan Peele

En uno de los mejores debuts que se han visto en años, Jordan Peele muestra una confianza tras la cámara bastante prometedora. Utilizando una cinta de terror para comentar sobre el convulsionado clima social y racial del país del norte en la actualidad – es una visión del llamado white privilege llevado al extremo –  Peele logra comunicar ideas sin que esto se sienta como un pesado sermón. Dosificado con buenos momentos de humor que el director sabe utilizar en el momento justo, Get Out funciona como un atrapante thriller que además tiene mucho que decir acerca de la sociedad.

 

COLOSAL de Nacho Vigalondo

A primera vista, una comedia absurda con una premisa irresistible: una mujer que controla telepáticamente a un monstruo gigante que se encuentra al otro lado del mundo. Pero cuando uno ve más allá, se encuentra con un serio y a veces impactante drama que tiene mucho que decir acerca de la masculinidad rancia y tóxica y aquellas relaciones nocivas que son difíciles de abandonar. Más que una cinta de monstruos, esta es una historia sobre una mujer que aprende a valorarse a sí misma y dejar atrás los lastres que no la dejan vivir. Vigalondo toca un tema serio y complicado de forma novedosa, evitando caer en el sermón aleccionador. Una película muy, muy original y prácticamente imposible de vender (el estudio debe haberse puesto de cabeza), de visión obligada.

 

BABY DRIVER de Edgar Wright

Ya hemos visto esta historia antes: la del criminal arrepentido que debe hacer un último “trabajo” antes de retirarse y empezar su vida de cero. Pero en manos de Edgar Wright – el inglés detrás de las irreverentes Shaun of the Dead, Hot Fuzz y The World’s End – esta se convierte en algo mucho más especial, una mezcla de cinta de acción con musical, donde todas las acciones están sincronizadas con su perfecta banda sonora. Energética e impredecible, es la película perfecta para los que tienen un soundtrack en la cabeza para cada momento de sus vidas; de lejos, una de las idas al cine más divertidas del año. Confirma además que Wright es otro director en alza, uno que hace las cosas a su particular manera.

 

LA LLEGADA de Denis Villeneuve

Otra joya del gran Villeneuve, una visión realista de lo que sería establecer primer contacto con otra especie con la cual no tenemos absolutamente nada en común. Más que una película sobre extraterrestres, esta es sobre nosotros mismos. ¿Cómo podemos comunicarnos con otra especie cuando ni siquiera podemos hacerlo entre nosotros mismos? La naturaleza humana es una de desconfianza y paranoia, más propensa a lanzar bombas que tender puentes; tal vez ni siquiera nos merezcamos el regalo con el que llegan estos seres de otro mundo. Gran película de ciencia ficción, sobria e inteligente, que tiene mucho que decir acerca de la naturaleza humana y sus falencias.

 

EL CIUDADANO ILUSTRE de Mariano Cohn y Gastón Duprat

Luego de ganar el Nobel, el escritor Daniel Mantovani (excelente Óscar Martínez) vuelve a su pueblo natal, donde muchos de sus antiguos vecinos lo miran con resentimiento. Pero Mantovani no es una víctima: es un tipo arisco, arrogante y difícil que apenas puede ocultar su desdén por un lugar que abandonó hace años. Hilarante retrato del escritor como una sanguijuela que se vale de la vida de otros para construir su propia carrera (un vampiro, como lo llamaría Fuguet); el lado oscuro del oficio literario, donde debajo de los premios y demás reconocimientos está la posibilidad de arruinar vidas, ser odiado o quedarse solo. Gran comedia negra argentina que no llegó a los cines locales, pero que vale la pena buscar.

 

 

YAPA: La escena inicial de Baby Driver, completa en YouTube. Después de ver esto, sabrás de sobra si es tu tipo de película o no.

 

Las Mejores Actuaciones de 2017

Cada vez que toca destacar algunas de las mejores actuaciones del año, surge la duda de que si uno está honrando el trabajo actoral o los personajes en sí; tal vez la solución sería llamar a este conteo “Los Personajes Más Memorables del Año” (según mi opinión personal, claro). Lo cierto es que estas son las figuras que se me vienen a la mente luego de doce meses, los que motivaron a tener los ojos pegados a la pantalla, desde héroes nobles hasta canallas irredimibles. Ha sido un año de descubrimientos, de figuras que uno espera tengan fructíferas carreras hasta aquellas que sorprendieron saliendo de su zona de confort.

Han sido tantos que es menester mencionar algunas menciones honrosas: Kenneth Branagh y su insuperable mostacho como el gran detective Hercule Poirot en Asesinato en el Expreso de Oriente, un personaje al que valdría la pena seguir en futuras aventuras; Jeff Bridges haciendo de una variación de sí mismo (y es que le sale tan bien) como el deslenguado y veterano policía de Nada Que Perder; Woody Harrelson, el padre bienintencionado pero incapaz de superar sus demonios en El Castillo de Cristal; el gran Michael Keaton como el amoral Ray Kroc, el “fundador” de McDonalds en Hambre de Poder (es todo un privilegio el ver que un actor de su calibre esté de nuevo recibiendo grandes papeles); Trevante Rhodes, la parte más sensible y afectiva del trío protagónico de la galardonada Moonlight; y Liliana Trujillo, comunicando con gestos más que con palabras la difícil búsqueda de redención de la oficial Rosa Chumbe.

En ningún orden de preferencia, salvo el alfabético:

 

 

 

Jessica Chastain, Miss Sloane

Chastain, que duda cabe, es una de las mejores actrices de la actualidad y se luce como Elizabeth Sloane, una hábil lobista de Washington D.C. Decidida y con pocos escrúpulos, Sloane sabe moverse dentro de la incierta fauna política de la capital estadounidense, una jungla casi siempre reservada para hombres. Un personaje inmoral pero fascinante, que adquiere lo que nunca se recomienda tener en política: una conciencia. Es casi seguro que Chastain traerá la misma fiera personalidad y carisma a la próxima Molly’s Game de Aaron Sorkin.

 

 

Michael Fassbender, Alien: Covenant

Covenant fue una decepción en comparación a Prometeo, su antecesora, tirando por la borda muchas de sus buenas ideas a favor de una efectiva aunque menor película de monstruos. Pero si algo motivaba a seguir viendo, era Fassbender en el doble papel de los androides Walter y David; un inocente el primero, un manipulador que esconde secretos el segundo. La versatilidad del intérprete alemán no queda en duda y él solo carga con buena parte de la película; al final, el verdadero villano no es el xenomorfo que escupe ácido.

 

 

Tom Holland, Spider-Man: De Regreso a Casa

La tercera es la vencida: para cuando hizo Spider-Man 2, Tobey Maguire ya se veía muy mayor para ser el colegial Peter Parker, y Andrew Garfield era más mocoso rebelde que nerd inocente. Tom Holland logra capturar a la perfección a Spider-Man: un chiquillo soñador, algo torpe, de buen corazón, que no sólo debe aprender a utilizar sus poderes de manera responsable sino que además tiene que pasar de curso y conseguir pareja para la prom. Este ES Spider-Man y ojalá Holland se quede un tiempo más en el papel.

 

 

Óscar Martínez, El Ciudadano Ilustre

El escritor Daniel Mantovani acaba de ganar el Nobel y vuelve a su pueblito natal a recibir un homenaje. Algunos de sus vecinos no le pueden ver la cara y el hombre de letras apenas puede ocultar su profundo desdén al tener que pisar de nuevo un lugar que abandonó hace más de 30 años. Óscar Martínez encarna a este intelectual con todo y falencias, un tipo difícil de llevar, arrogante y que se vale de las vidas ajenas para construir su propia carrera. No se le puede tener pena a Mantovani, simpatía a duras penas; un retrato del escritor como un vampiro chupasangre.

 

 

James McAvoy, Split

McAvoy se divierte como nunca en su vida interpretando a Kevin, un tipo con 23 personalidades, de las cuales sólo vemos unas cuantas: un diseñador de modas, un sobreexcitado chiquillo de nueve años, un académico, una mujer mayor y “La Bestia”, la monstruosa personalidad oculta a la que todos parecen tenerle miedo. Gran excusa para ver al actor escocés saltar de una figura a otra cambiando su voz y gestos, trayendo a la vida a media docena de personajes únicos entre sí.

 

 

Pedro Pascal, Kingsman: El Círculo Dorado                  

El marketing de la secuela de Kingsman ignoró por completo al chileno Pascal – no se le menciona ni en el trailer, ni en el afiche – pero fue tal vez el mejor de los nuevos personajes de esta segunda parte (mención especial para Elton John y sus patadas voladoras). El Agente Whiskey, diestro con el látigo, confirma que el recordado Oberyn Martell tiene méritos de sobra para ser una carismática estrella de acción, algo que ya había demostrado como el moralmente comprometido agente de la DEA Javier Peña en Narcos. Ojalá que este papel lo lleve a cosas más grandes.

 

 

Leonardo Sbaraglia, El Otro Hermano

En un pueblito argentino venido a menos, si necesitas realizar trámites engorrosos, si necesitas hacer contactos, si necesitas hacer estafas para ganarte algún dinero o si necesitas secuestrar a alguien, sólo tienes que buscar a Duarte. Con la boca llena de dientes podridos y una seductora labia de serpiente, Sbaraglia compone a un amoral aunque enormemente carismático criminal del cual no te puedes fiar, pero al cual no puedes dejar de ver, el titiritero que maneja la intriga de este thriller de Israel Adrián Caetano. Un sociópata de aquellos y tal vez el elemento más memorable de todo el film.

 

 

Jason Sudeikis, Colosal

Encasillado en papeles cómicos, Sudeikis se ha hecho de un nicho haciendo de patanes arrogantes; y al principio, pareciera que sólo está haciendo más de lo mismo en Colosal, el payaso que hace reír pero irrita al mismo tiempo. Pero la película de Nacho Vigalondo tiene más que decir y detrás de su carisma, Sudeikis nos da a un tipo dañado y cercano a la psicopatía que incluso, llega a dar miedo. El actor se mete de lleno en un papel serio y complejo, algo de lo que probablemente muchos no lo creían capaz.

 

 

Vince Vaughn, Brawl in Cell Block 99

Al igual que Sudeikis, Vaughn ha sido encasillado en papeles cómicos donde parece tener un motor en la lengua y nunca cierra la boca. Pero al fin alguien cayó en la cuenta de que este chistoso también es un tronco de más de dos metros de altura y decidió sacarle todo el provecho a su presencia física. Aquí se reinventa por completo como Bradley Thomas, un matón que emprende una misión de venganza dentro del sistema carcelario gringo. A primera vista un lerdo algo limitado, Bradley en realidad tiene un plan para todo y arrolla con todo el que se le cruce. Tremenda transformación la de Vaughn y de lejos, el mejor papel de su carrera.

 

YAPA: Pedro Pascal rompiendo caras a punta de látigo.

 

Walter y la Inclusión

 

 

Walter Hill hace películas para hombres. Las que se conocen como guy movies, las que ves con tus amigotes mientras toman cerveza y cuentan chistes rojos. Tienen exceso de testosterona y están hechas para un público masculino, aún más que esas comedias bromance de Judd Apatow que le rinden culto a ser un vago fumón y sin rumbo.

Los protagonistas de los filmes de Hill son tipos rudos, curtidos por la experiencia, duros, de pocas palabras y tan secos como su creador, quien filma lo justo y necesario, sin mayores adornos. Nada de excesos, todo al grano; de ahí a que buena parte de sus películas no pasen de los 90 minutos.

Lo que distingue al cine de Hill es su celebración de la masculinidad en su estado más puro; algunos reaccionarios dirán, en su estado más cavernícola y retrograda y acusarán al veterano director de machista y hasta misógino, pero esa es una exageración injusta. Sus protagonistas son siempre matones, mafiosos, criminales de toda índole, soldados, músicos de blues cascarrabias, luchadores callejeros, cowboys (no hay género más masculino y de pelo en pecho que el western, y Hill ha echado mano de sus códigos siempre que ha podido), en fin; todo un imaginario de macho men.

Pues parece que hasta alguien como Hill debe admitir que los tiempos han cambiado y que, hoy por hoy, las mujeres también pueden ser rudas protagonistas de la acción; ya no están para ser sólo objetos de deseo o la novia de turno que el héroe debe rescatar. Personajes como Ellen Ripley o Sarah Connor sentaron las bases; la posta hoy en día ha sido tomada por la Alice de Resident Evil (Milla Jovovich), La Novia de Kill Bill (Uma Thurman) y todos los últimos papeles que ha hecho Charlize Theron, por dar algunos ejemplos.

 

 

The Assignment (2016) es Walter Hill siendo más inclusivo. Es la historia de Frank Kitchen, un asesino a sueldo – de esos parcos que tanto gustan al realizador – interpretado por Michelle Rodríguez, a quien siempre se le ha tildado de machona desde que hiciera de boxeadora en Girlfight (2000); pero, a pesar de su cara de “mírame bonito o te reviento”, es muy pero muy femenina y eso es algo que una barba postiza, un pecho (postizo) lleno de pelos y una prótesis digna de Peter North no pueden disimular.

Kitchen mata a un tipo algo ambiguo que resulta ser hermano de una doctora megalomaniaca del mercado negro interpretada por Sigourney Weaver, siempre con porte y autoridad, siempre con ese aire de que te va a ir mal si no la obedeces: una badass en toda regla. La doctora decide cobrárselas haciéndole a Kitchen un apurado cambio de sexo, desobedeciendo de paso toda lógica respecto a lo que implica un proceso quirúrgico como este.

Probablemente no sea verídico, pero Hill desde The Warriors (e incluso, puede que antes) siempre se ha movido en el mundo de la ficción estilizada, un universo de cómics, novelas gráficas, historias de detectives a lo Raymond Chandler, novelitas pulp impresas en papel barato, relatos tan de Serie B que uno siente el olor a tabaco rancio, el papel ajado por tantas manos sudorosas que le dieron vuelta a las páginas, el aroma a whisky; esta es la realidad de Hill.

Volviendo al tema: hecho el cambio, Frank emprende una rápida y brutal venganza mientras trata de adaptarse a vivir como mujer, en un cuerpo que no es el suyo. Y Hill le da un nuevo protagonismo al género femenino, dejando en claro que las mujeres ya no están para ser salvadas sino para ser protagonistas, tomar las riendas y ensuciarse las manos. Es una inversión de los tradicionales roles de género en los filmes de acción; Frank no pierde nada de su efectividad como asesino en las circunstancias, no se vuelve vulnerable ni sensible (Rodríguez nunca ha aparentado serlo, aun conservando su femineidad; para sus fans, se deja ver hasta el alma, así que al menos ahí tienen una razón para darle un vistazo). Y es que se trata de un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, adaptándose a este gran cambio y descubriendo sus límites.

Weaver, mientras tanto, está siempre en control, contándole esta alucinada historia al psiquiatra inocente y algo tonto que revisa su caso, interpretado por Tony Shalhoub, un actor preciso para hacer de loser, del tipo al que están dejando en ridículo sin que se dé cuenta. Aquí, las mujeres ya no son el sexo débil, están en cancha nivelada y con igualdad de condiciones.

Puede considerarse una premisa de mal gusto, de cine trash; The Assignment es incluso el tipo de título genérico que remite a cintas de acción baratas de Directo-al-Video protagonizadas por Dolph Lundgren, Wesley Snipes u otra reliquia noventera venida a menos (el título original, (Re)Assignment, era mucho más intrigante y prometedor). Pero dentro de su aparente sencillez, hay un comentario (alucinado, engrandecido, caricaturizado, pero comentario al fin y al cabo) acerca de los cambiantes roles de género en la sociedad y en el cine, ya sea de acción u otros géneros. Una reivindicación con la femineidad mal representada en el pasado. Y Walter Hill, el director más macho y hombrón de todos, ha asumido este cambio.

 

Apuntes al Vuelo

 

 

Breve reflexión escrita en una libreta de notas en un gélido parque en pleno invierno limeño. Todo es opinión mía, claro; y es un tema que se irá desarrollando de a pocos. Este es un primer intento de explicar qué es el cine para mí y porque soy tan obsesivo con él.

 

¿Por qué me gusta el cine? Pregunta sencilla, directa, pero con un sinfín de respuestas. Más fácil y oportuno sería decir, ¿Qué es el cine para mí?

Ante todo, el cine es entretenimiento.

Hora y media, dos horas, tres horas que te permiten escapar de la realidad y (aunque suene a gigantesco cliché) dejarte llevar por la fantasía. El cine es otro medio para contar historias, así como la literatura o incluso la música.

Así como un buen libro hace que pases las páginas compulsivamente hasta terminar, una buena película debe hacer que te quedes sentado las dos horas (o tres, u hora y media… bueno, se entiende), dándole toda tu atención. Entretenimiento, en otras palabras.

Es aún mejor cuando una película te afecta emocionalmente, en un nivel más profundo. Cuando te hace llorar como niña. Cuando te hace reír tanto que te empiezan a doler los costados y te quedas sin voz. Cuando te pone tan tenso que te olvidas hasta de respirar. Cuando te hace sudar frío del miedo. Cuando te hace celebrar un triunfo. Cuando te una tremenda inyección de adrenalina y tienes ganas de hacerle una llave de judo a algún maleante, o hacer parkour por los techos.

También están esas películas que te cuentan algo que no sabías, que te presentan otras culturas y realidades que, sentado en tu butaca, ignorabas. Las que te hacen tomar conciencia de temas mayores, serios, películas que ni a balas volverías a ver pero se te quedaron grabadas a fuego (que gran película es Requiém por un Sueño, que genio maldito es Darren Aronofsky, que manera tan cruda y directa de condenar la adicción a las drogas, muestrala en el Centro Victoria y al toque se limpian todos, de todas maneras está en mi Top 100 de la vida y nunca pienso volverla a ver).

No hay nada mejor que una película logre generarte todo esto; es lo que separa a una más del montón, que sirve para pasar el rato y no limitarse a mirar el techo y no mucho más, de una película verdaderamente  buena, notable. Y es aquí cuando te das cuenta de que estos filmes imprescindibles son muy pocos.

Lo cierto también es que todo lo mencionado es un plus; es algo que el guionista va descubriendo mientras escribe, que el cineasta descubre mientras filma y que el espectador descubre mientras la ve. Una película parte – o debería partir – con el simple propósito de entretener, de contar una historia. Nada más sencillo, nada más humilde.

Si vas a hacer una película, no empieces pensando en los premios de festivales, o en los sesudos ensayos que van a escribir los entendidos sobre tu gran aporte a las artes. no te preocupes por gustarle a los críticos. Ni siquiera te preocupes por la taquilla, o el número de salas que te van a dar. Antes que nada, cuenta una buena historia. Es un buen punto donde empezar.

Porque no importa cuantos trofeos tengas, o cuantos te hayan puesto en su lista de las Mejores del Año; si tu película hace que le ponga pausa al DVD a los veinte minutos para ver cuanto tiempo le queda, o me hace querer ver mi reloj en la sala de cine (y no uso reloj), algo has hecho mal durante todo el proceso.

Pesadillas

 

 

“Tus ojos quieren abrirse – tú mismo se los ordenas, que se abran esos párpados y puedas ver el cuarto en el que has vivido toda tu vida, con todos sus muebles y afiches extraños. Pero esos ojos se sienten pesados, como de plomo; no abren. (…) tu cerebro imparte órdenes al organismo como debe ser: abre los ojos, mueve los brazos, levántate. Pero tus extremidades no responden… (…) Te entra el miedo y piensas en lo peor: algún ataque o parálisis, no sabes que es lo que pasa. (…) Sientes ganas de gritar; por favor, ayúdenme, no sé qué diablos pasa, estoy paralizado y lo único que quiero es despertar, todo se vuelve negro, estás consciente pero en un vacío… (…) Te despiertas de golpe, como un resorte estás sentado sobre tu cama, pegas un alarido, te caes de lado, sobre el piso frío.”

 

Escribí estas afiebradas palabras hace muchos años, luego de varias noches en vela debido a un fenómeno que mi imaginación llamaba “desdoblamiento”, o el momento en el que supuestamente el alma se sale del cuerpo de uno y se va de paseo. No encontré otra forma de explicar noches llenas de ataques de pánico y ansiedad, donde terminaba bañado en sudor, atemorizado y en una desafortunada ocasión, cayendo de cara al suelo cual resorte.

Una vez que Google y Wikipedia se convirtieron en herramientas indispensables para saber cualquier cosa, pude investigar más sobre el tema; no era, como había supuesto mi imaginación de niño lector de cómics, una proyección astral a lo Doctor Strange, sino algo menos esotérico y más real: la parálisis de sueño. Un fenómeno que al parecer es más común de lo que se piensa, a juzgar por el documental The Nightmare de Rodney Ascher, sobre ocho personas que también han visto sus noches de descanso interrumpidas por algo difícil de explicar.

 

 

No es necesaria la presencia de un doctor, psiquiatra o cualquier otro especialista para describir lo que se siente: es estar plenamente consciente, en la oscuridad, pero con el cuerpo completamente paralizado, incapaz de moverse. Por más que la mente dé ordenes – “levántate”, “grita ‘auxilio’”, “mueve un brazo”, lo que sea, uno está inerte y propenso a ataques de pánico provenientes del temor de que pueda ser permanente o que, de tanto esfuerzo, pueda romperse algo. Levantarse sudado y presa de la ansiedad es cosa común. Las causas son muchas, pero la más común es los altos niveles de estrés – no es coincidencia que esto me ocurrió durante mi etapa australiana, donde la preocupación por la falta de recursos y la urgente necesidad de un empleo (al menos al principio, recién bajado del avión) era constante.

Pero para los ocho protagonistas de este modesto documental, la cosa va mucho más allá. A la parálisis se suman encuentros cercanos con lo que sea que resida en la oscuridad, que va desde sombras humanas inamovibles con sombrero de copa, hasta extraterrestres. Momentos que Ascher recrea como si se tratase de una película de terror, con la mano de un experto. Y si funcionan es porque están basados en la realidad. Algunos lo comparan a Pesadilla, a Freddy Krueger acechando víctimas en sueños con su guante de cuchillas; no podía ser de otra forma cuando el propio Wes Craven afirmaba haber basado la historia del violador de niños de la cara quemada en casos reales de refugiados asiáticos en los 70s, post-Guerra de Vietnam, que sufrían de pesadillas tan vívidas y reales que no los dejaban dormir.

Lo cierto es que las ocho personas en este documental han quedado profundamente afectadas por una experiencia que llegó a los límites del terror para algunos – una mujer afirma haber sido violada por algo desconocido y otro tipo recuerda con lujo de detalles el haber sentido que le mutilaban los genitales. Las secuelas saltan a la vista: está ahí un tipo de barba, siempre mirando tras de sí, con la única compañía de un gato (y no cuesta mucho imaginar a varios más habitando su casa fuera del alcance de la cámara, como la Loca de los Gatos de Los Simpsons); o el inglés nervioso, incapaz de mirar directamente a su interlocutor durante toda la entrevista, con la mirada extraviada, tal vez contemplando algo que no está ahí o que sólo él puede ver. No todo es malo, sin embargo; para una mujer, la experiencia sirvió para recordar a seres queridos ya fallecidos y darles un merecido adiós.

The Nightmare no intenta dar una explicación definitiva de la parálisis de sueño porque no la hay; es simplemente prueba de lo impredecible e insondable que es nuestro propio subconsciente, escondiendo secretos que tal vez nunca lleguemos a comprender. Podrían ser meras alucinaciones, o quizás, como se ha afirmado alguna vez, sean un punto de entrada a una dimensión paralela. Las posibilidades son infinitas. Este documental acerca el tema más al cine de terror porque, de cierta manera, es como vivir una de esas películas en la vida real.

En cuanto a su humilde servidor, si bien el tema económico/laboral sigue siendo una constante preocupación (algunas canas rebeldes son la prueba), al menos ahora puedo dormir tranquilo. Y si alguna vez la dichosa puerta a la Dimensión X se vuelve a abrir, al menos ya sabré a que me enfrento.

 

El Fundador

Todos, hasta los más sanos, hemos comido McDonalds. ¿A quien no le ha provocado embutirse una royale con queso alguna vez (doble, de preferencia), al diablo la buena salud? Es, como tantas películas de acción ochenteras, un placer culposo.

Claro, McDonalds no es precisamente sano; el mote de “MierDonalds” se lo han ganado a pulso. Ya lo sabíamos desde Super Size Me, el documental donde Morgan Spurlock casi se mata comiendo McDs por un mes entero. Tal vez no sea carne lo que estemos comiendo; quien sabe de qué estarán hechas las papas fritas de esta veterana cadena de comida rápida que parece nunca se descomponen; en el futuro, cuando la Tierra sea inevitablemente arrasada por bombas nucleares – como nos ha enseñado todo un subgénero de cine apocalíptico – los únicos sobrevivientes serán los quequitos Twinkies, las cucarachas y las papas del McDonalds.

Pero los Arcos Dorados siguen siendo un placer culposo que se consume rápido y te saca del apuro cuando el estómago te está gruñendo y no tienes ni tiempo ni mucho dinero en el bolsillo. No por nada esos arcos son tan reconocibles en el mundo entero (y no por nada me provoca darle una patada al payaso Ronald McDonald vez que lo veo). Hoy McDonalds es comida chatarra, otra cadena de comida rápida más, pero no siempre fue así; tal y como vemos en Hambre de Poder (The Founder) de John Lee Hancock, hubo una época en que lo que hacían era algo novedoso, hasta revolucionario.

 

 

McDonalds nació de los hermanos del mismo nombre, Mac y Dick, dos tipos sencillos de California que en los años 50 manejaban un local de hamburguesas al paso. Sin mesas, sin cubiertos, sin nada que uno asocie con un restaurante tradicional, perfeccionaron un estilo de preparación que apuntaba a la eficiencia por sobre todo lo demás, sin sacrificar la calidad de los alimentos. Y les estaba yendo de lo más bien hasta que Ray Kroc visitó su local.

Kroc es aquí un oportunista, un tiburón de saco y corbata que se asoció con los hermanos al ver el potencial de su local como una franquicia. Y al hacerlo famoso a nivel nacional, popularizando el concepto de “comida rápida” hasta convertirlo en algo cotidiano, terminó traicionando a dos hermanos que no estaban preparados para meterse de lleno en el mundo de los negocios. Kroc era, al menos según esta película, una rata que le robó la idea a dos inocentes y los dejó sin nada.

Pero, de cierta manera, es alguien a quien se puede admirar y no sólo por estar interpretado por el gran Michael Keaton (es una gran alegría ver a este sólido actor recibiendo buenos papeles otra vez; los días de darle voz a un muñeco de nieve han quedado atrás). Kroc es alguien que vio una oportunidad donde nadie más lo hizo y supo aprovecharla. Tuvo la ambición suficiente para convertir a McDonalds en el gigante que es hoy y todo porque supo jugar el juego y ganar. Los hermanos no tenían esta ambición o no sabían cómo ponerla en marcha; eran sólo dos tipos sencillos que servían hamburguesas y de haber continuado, no habrían pasado de uno o dos locales y McDs no se hubiese convertido en lo que hoy se considera, tal y como la llama Kroc, la nueva Iglesia norteamericana.

A ratos esta película parece un curso de marketing, de cómo tomar una marca y convertirla en algo reconocible a nivel mundial. Pero hay que reconocerle el poder partir de una premisa aburrida sobre el papel y convertirla en una historia interesante sobre lo difícil que es navegar el mundo de los negocios; a veces, para lograr grandes cosas y cambiar el mundo, se tiene que dejar atrás a algunos y pasar por encima de otros, una lección que figuras como Ray Kroc, Steve Jobs o Mark Zuckerberg aprendieron de sobra.

Hay toda una historia detrás de McDonalds que aquella placa con la cara sonriente del fundador que uno ve cada vez que va a uno de sus locales (al menos en Estados Unidos) no dice y que Hambre de Poder nos cuenta; una muy parecida a la de todos los grandes negocios, en todas partes del mundo. La comida puede ser de lo peor (aunque de seguro a algunos se les esté antojando una Big Mac en este momento), pero hay que reconocer que no todas las marcas tienen el reconocimiento global de esta.