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III FIACID

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Hace poco finalizó la tercera edición del Festival Iberoamericano de Cine Digital (FIACID) y con ella, mi tercera ocasión como jurado APRECI. Fue una maratónica semana de cine latinoamericano, en donde sólo me faltaba mudarme al UVK Larcomar y donde me pudieron haber encontrado cabeceando en una butaca más de una vez. Valió la pena; otra buena ocasión para comprobar que hay cine para todos los gustos y colores, de todas partes del mundo.

Costa Rica no es conocida por su cine, pero aquí tuvo dos dignos representantes: Puerto Padre, un drama ambientado en un ruinoso y abandonado hotel; y Agua Bendita, una fusión de documental y ficción acerca de un poblado de refugiados nicaraguenses que deben lidiar con una escasez de agua. Cine de bajo presupuesto, pero hecho con mucha convicción.

Existe un eterno conflicto entre el cine comercial hecho para entretener a las masas y aquel más artístico, personal y de valor cultural. Este es el motor detrás de la española Ilusión, donde el director y guionista Daniel Castro se interpreta a sí mismo como el típico hipster insufrible que sufre por su arte y mira en menos a los que no comparten su particular visión: un musical acerca de la crisis económica que suena como una colosal ridiculez. Con mucho humor, Castro retrata las dificultades por las que pasa cualquier cineasta que quiere vivir del séptimo arte: falta de presupuesto, indiferencia de las productoras, el no querer comprometer su obra con consideraciones comerciales y la resistencia a abandonar sus metas y dedicarse a algún trabajo anodino que le permita vivir. Todo esto exagerado y para la risa, claro está, con una inolvidable frase para el bronce: “El Padrino no parece muy interesante; son gente de cincuenta años tomando decisiones en habitaciones poco iluminadas”.

 

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Se suele decir que un documental es tan interesante como el tema que trata; este año, el FIACID nos ha presentado a un cuarteto de personajes inolvidables. El que todos provengan de Argentina es una mera casualidad, aunque no debería sorprender; por algo el cine gaucho es considerado el mejor de la región y casi siempre resulta de interés.

Aurora Venturini es una escritora de más de noventa años que se mantiene vigente a pesar de su avanzada edad. Es una persona complicada, exigente y algo excéntrica: cuenta historias de sus mascotas arañas y de su amistad cercana con un cura especializado en exorcismos. Tiene una particular manera de ver el mundo, una donde la ficción de sus escritos juega un gran papel. El documental Beatriz Portinari nos presenta así a este peculiar personaje, además de una mirada al proceso creativo por el que pasa todo escritor.

Ramón Ayala presenta a una entrañable figura del folclor argentino, responsable de más de 200 canciones populares. Ayala no es muy conocido, pero es parte vital de la cultura gaucha, en una época donde cada vez menos gente se conecta con sus propias raíces. Acompañado sólo de su guitarra, Ayala significa mucho para varias personas, de todos los estratos sociales; es una música que no tiene barreras.

Un Enemigo Formidable es la historia de Carlos Borghi, un exterminador de ratas de Buenos Aires. Es un gordo bonachón con un trabajo a todas luces ordinario. Sin embargo, el director Lucas Marcheggiano echa mano de recursos y técnicas de los thrillers y el cine de terror para darle otra dimensión; aquí, Borghi es un incansable vigilante nocturno con un conocimiento enciclopédico de las alimañas con las que tiene que lidiar, que sale todas las noches a proteger a los indefensos de las plagas. Recreando anécdotas del protagonista, esta divertida película logra transformar lo cotidiano en algo novedoso y e interesante.

Por último, El Gran Simulador de Néstor Frenkel se centra en René Lavand, un conocido ilusionista argentino que realiza impresionantes trucos con cartas usando una sola mano. Frenkel va detrás de la cortina para observar la vida cotidiana de este hombre, que, más allá de sus habilidades, es además un gran narrador, capaz de encandilar al público con sus historias tanto como con su destreza con los naipes; a Lavand no le gusta que le llamen “mago” y lo suyo va más allá de hacer simples trucos.

 

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El cine nacional no podía faltar en el festival y si bien no alcancé a ver las cinco películas de la Competencia Nacional, la Internacional traía consigo El Averno de Jorge Tembladera (aún no entiendo como un film nacional terminó en el rubro Internacional, pero ni modo). Aunque no trae nada nuevo en lo visual – es en verdad un reportaje extendido – el tema es fascinante, una parte importante de la historia cultural de Lima.

El Averno es un centro cultural ubicado en la cuadra dos de Quilca, abierto en 1998 por Jorge “El Negro” Acosta, músico integrante del grupo Del Pueblo, pioneros en fusionar el rock con elementos de la música andina y el folclor. Aquí se congregaban músicos, artistas y todos aquellos que querían expresarse de forma libre. Fue en este local donde creció la movida contracultural de Lima, una corriente underground que sigue vigente hasta hoy. Tembladera sigue la historia de este local a través de más de un recital de rabiosa música punk y exhibiciones de arte, hasta su cierre en el 2012, con una promesa de reubicación de la municipalidad que nunca se cumplió. No es un documental de denuncia, pero la sola mención del nombre de Susana Villarán sí recibe una sonora pifiada durante la última noche del local.

Lo que este film hace bien es capturar el espíritu del lugar y transmitir la importancia que tenía para muchos. Es un lugar que uno quisiera haber visitado en su mejor momento, y así comprender lo importante que son locales así para el desarrollo cultural de esta caótica ciudad.

 

 

Y así, se cierra la tercera edición del FIACID, un breve descanso de la cada vez más alicaída cartelera local – pero ese ya es tema para otro artículo.

Matthew el Asesino

Uno de los merecidos ganadores de la más reciente entrega de los premios Oscar fue Matthew McConaughey, Mejor Actor por su papel de Ron Woodroof en Dallas Buyers Club. Lo que muchos habíamos olvidado hace ya tiempo es que el tejano es un muy buen intérprete – sólo se había perdido en el camino.

McConaughey tuvo su primera memorable aparición en pantalla en Dazed And Confused de Richard Linklater: el último día de clases para un grupo de adolescentes en una secundaria de Austin a fines de los años 70. En medio de otras futuras estrellas como Ben Affleck o Milla Jovovich, el actor sobresalió como Wooderson, un veinteañero que se resiste a crecer y sigue de parranda con colegiales. A este siguieron toda una fila de diversos papeles, desde un abogado abolicionista en Amistad de Spielberg hasta un rudo cazadragones en Reinado de Fuego de Rob Bowman, que dejó para el recuerdo a un calvo y tatuado Matt, hacha en mano, lanzándose frente a un dragón (y sí, hay spoilers):

 

 

De repente, los estudios tomaron nota del carisma de McConaughey y terminó encasillado igual que todos esos actores caras bonitas, en sosas comedias románticas donde no se le pedía más que sonreír bastante y de vez en cuando quitarse la camiseta. El actor estaba cerca de convertirse en un chiste y ya muchos daban por sentado que no saldría de esta nueva etapa, lo mismo que su ocasional co-estrella Kate Hudson, quien tras sorprender a muchos en Casi Famosos de Cameron Crowe se convirtió en la eterna novia de turno en romances fílmicos.

Todo esto cambió en el 2011 con The Lincoln Lawyer, donde Matt interpreta a un abogado con pocos escrúpulos que hace negocios desde el asiento trasero de su limusina. Una buena actuación que mantuvo el carisma que siempre ha tenido el actor, pero que fue el comienzo de una serie de papeles diferentes, a veces arriesgados, donde McConaughey claramente quería retarse a sí mismo. El resultado fue visto hace pocos días: una total reinvención, un respeto ganado en la industria, y una estatuilla dorada como premio.

Pero hay un papel por el que muchos aseguran que este actor se merecía un Oscar desde antes, en una película retorcida que en su momento pasó casi desapercibida, más que nada porque nadie pudo verla.

 

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Killer Joe de William Friedkin es la segunda adaptación que hace este veterano director de una obra del ganador del Pulitzer Tracy Letts, quien también tuvo presencia en los Oscar con la adaptación de August: Osage County, sobre una familia disfuncional que se agarra a gritos y que le valió a Meryl Streep su nominación No. 322 al cotizado galardón. Al momento de su estreno, Joe recibió la clasificación NC-17, que básicamente hizo que ningún cine quisiera mostrarla; es, en efecto, una sentencia de muerte para cualquier filme.

Es la historia de Chris Smith (interpretado por Emile Hirsch, otra joven promesa que esperamos se consagre algún día), un bueno para nada endeudado hasta el cuello con unos matones. Junto a su padre – otro inútil – idea un macabro plan: asesinar a su odiada madre para así cobrar el dinero de la póliza. Para el trabajo, contratan al personaje del título, un policía que gana algo de dinero extra matando gente en sus ratos libres. Las cosas se complican una vez que el sicario le echa el ojo a Dottie, hermana menor de Chris, una peculiar chiquilla que vive en su propio mundo.

Es una lacerante burla de lo más bajo de la sociedad norteamericana, los denominados white trash. Son todos los estereotipos redneck en un sólo lugar, un mundo de casas rodantes, camionetas con tolva, perros sabuesos y gorras Caterpillar; sólo faltaba que aparezca Cletus de Los Simpson. Un mundo donde el amor familiar no existe y todos están dispuestos a echarse a sí mismos a los leones entre todos. En medio de esta intriga, McConaughey domina las acciones como el frío y metódico Joe, un calculador psicópata que  parece disfrutar mucho de su trabajo. En comparación a los inmorales que buscan sus servicios, al menos tiene principios y no esconde su disgusto al tener que trabajar con este montón de cretinos limitados. Y cuando deja de lado su aire caballeroso y pierde los papeles, nadie se salva.

Killer Joe es una película sucia e inmoral, culminando en un memorable y poco común uso para una pierna de pollo que te hará pensar dos veces antes de ir a comer a KFC. También es increíblemente divertida. Friedkin se burla de esta familia de idiotas al igual que Joe, así que uno tiene permiso de hacer lo mismo. Tan políticamente incorrecta que los cines no supieron que hacer con ella, es una oportunidad para ver a McConaughey en uno de sus mejores y más intensos papeles, aún si después de verla te den ganas de darte una ducha y sacarte la suciedad de encima.

 

El Vientre

 

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En el 2013, el éxito de taquilla de Asu Mare, comedia basada en el unipersonal de Carlos Alcántara, significó un cambio dentro del cine nacional. Más allá de su calidad, la película dejó claro que el cine de género es una opción viable para que los cineastas nacionales encuentren un público. Así, el segundo filme nacional más visto el año pasado fue la cinta de terror Cementerio General. Ahora, muchos cineastas se encuentran probando suerte con el cine de género; entre ellos está Daniel Rodríguez Risco, quien tras su primer filme, El Acuarelista, nos trae ahora el thriller psicológico El Vientre.

Mercedes (Mayella Lloclla) es una joven huérfana que llega a trabajar a la casona de Silvia (Vanessa Saba), una viuda solitaria. Ahí conoce a Jaime (Manuel Gold), un mochilero que se encuentra de paso por el lugar para encontrar dinero y pronto florecerá una relación. Sin embargo, todo es un complot de la dueña de casa, que busca generar un embarazo en Mercedes y quedarse con el bebé a toda costa.

El mayor enemigo de una película como esta es la familiaridad. Los realizadores nacionales (exceptuando a los regionales) sólo han empezado a experimentar con el cine de género desde hace poco, mientras que el cine de Hollywood, por dar un ejemplo (no es el único, pero es el mayor referente que tenemos casi todos) viene haciendo este tipo de películas desde hace años. Thrillers sobre cautiverio o mujeres psicópatas son bastantes; por dar dos ejemplos, está Misery de Rob Reiner o más recientemente, la francesa Inside de Alexandre Bustillo y Julien Maury. Por ello, cualquiera que sea perito en obras de suspenso podrá adivinar lo que va a suceder aquí desde el principio: la suerte echada de Jaime, o la aparición del  tío Miguel (un cameo de Gianfranco Brero), que recuerda al infortunado Arbogast de Psicosis.

Sin embargo, una historia conocida puede funcionar si es que está bien hecha y en este caso, lo está. Rodríguez Risco dirige con sobriedad y sin excesos, dejando que la historia se cuente a buen ritmo y sin caer en el sensacionalismo del gore o imágenes muy gráficas; es casi una manera clásica de narrar una historia, que depende más de atmósferas que otra cosa. Por ello la locación escogida es perfecta: una antigua y enorme casa de campo casi abandonada donde uno podría creer que penan.

El reparto también cumple con lo suyo. En esencia, este es un duelo actoral entre Mayella Lloclla y Vanessa Saba y ambas están a la altura. Saba, en particular, es intensa y convence como esta mujer desequilibrada, que pasa a engrosar las filas de otras memorables psicópatas del cine de suspenso, como Kathy Bates en la mencionada Miseria, Jennifer Jason Leigh en Mujer Soltera Busca, Rebecca de Mornay en La Mano Que Mece La Cuna o Mother’s Day y un sinfín de nombres más.

El Vientre puede ser predecible, sin muchas sorpresas para el público experimentado y tal vez bastante apegada a las convenciones de su propio género, pero aún así, está bien hecha. Da gusto ver a más cineastas peruanos arriesgarse por películas de corte de suspenso o terror; a la par con obras experimentales o de autor, el cine peruano necesita de películas como El Vientre para así lograr llamar la atención del esquivo gran público y darle a la producción nacional un lugar en las salas de cine.

 

Oscares 2014

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Acaban de anunciarse los nominados a la estatuilla dorada para este año y así, se dan inicio a las especulaciones, las apuestas y las decepciones de varios al no ver a sus favoritos entre los candidatos. Debido a su particular calendario anual, Hollywood casi siempre guarda las películas “de prestigio” para los últimos meses del año (así como los meses de verano gringos son territorio exclusivo de Michael Bay); es casi seguro que muchas películas van a quedar fuera y sólo por el simple hecho de haber tenido tempranos estrenos. Al parecer, los miembros de la Academia no tienen memoria a largo plazo. Los Oscar no representan en verdad lo mejor del año, sino lo mejor visto en noviembre y diciembre.

Aún así, cualquier cinéfilo que se precie no los puede ignorar y siempre resulta divertido comentar y opinar. En Perú, esto resulta bastante complicado ya que, como todos los años, es casi imposible ver todas las nominadas antes de la ceremonia. Las distribuidoras suelen esperar hasta el anuncio de las nominaciones para traer las películas a las salas, por lo que habrá que esperar hasta febrero o incluso marzo para ver la mayoría. Mientras tanto, uno se desespera porque hace meses quiere ver lo último de Scorsese.

Sólo he visto dos de las nominadas hasta ahora, pero me atreveré igual a hacer algunos comentarios…

Gravedad no es una película que quisiera ver otra vez; pasé 90 minutos estresado y gritándole a Sandra Bullock mientras pasaba mil y un problemas para volver a la Tierra, hasta el punto de querer lanzar algo a la pantalla. Pero hay que admitir que en el lado técnico, es una maravilla. Es probablemente lo más cerca que muchos estaremos de ir al espacio y resulta dificil creer que todo es digital. Alfonso Cuarón, quien además se ha vuelto un maestro de las tomas sin cortes, se merece con creces el premio a Mejor Director; lo que ha hecho aquí es algo impresionante.

En el rubro de Mejor Actor, resulta una sorpresa no ver al otrora favorito de la Academia, Tom Hanks. El capitán Richard Phillips es tal vez el mejor papel que ha tenido este intérprete en años. La escena final, en la que el Capitán al fin se derrumba luego de enfrentarse estoicamente a unos piratas somalíes, es de antología. Aún así, no hay quejas con los demás nominados.

 

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Leonardo DiCaprio es otra figura conocida en estas lides. Desde hace ya tiempo que dejó atrás su pasado de niño bonito de Titanic para convertirse en actor serio, tal vez uno de los mejores de su generación (en gran parte debido a su larga asociación con Martin Scorsese). A pesar de haber sido nominado una y otra vez, Leo nunca gana; tiene otra oportunidad este año como el amoral y vicioso Jordan Belfort en El Lobo de Wall Street. No va a ser fácil; el favorito es Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club. Su victoria sería justa; tras años de protagonizar comedias románticas donde lo único que le pedían era sonreír y quitarse la camiseta, el actor de Texas se ha reinventado como un excelente intérprete dispuesto a probar suerte con roles diversos. Para muestra, véase Killer Joe de William Friedkin, donde da vida a un desequilibrado asesino a sueldo.

Jonah Hill es nominado a Mejor Actor Secundario por segunda vez. Increíble que se trate del mismo gordito gritón que nunca se callaba la boca en Superbad hace apenas algunos años. Hill se ha convertido en un actor serio y no le podría estar yendo mejor. Si bien el favorito parece ser Jared Leto por Dallas Buyers, no sería malo que el premio recaiga en Barkhad Abdi, un novato que se enfrentó en un duelo actoral con Tom Hanks e impuso su presencia en todo momento sin achicarse. La gran ausencia es Daniel Bruhl como el huraño corredor Niki Lauda en Rush.

En cuanto a actrices, Cate Blanchett y Jennifer Lawrence (que ya lleva un Oscar y varios premios con apenas 23 años – esta chica va a llegar lejos) parecen ser fijas, aunque nunca se puede descartar a la siempre presente Meryl Streep. A estas alturas de su carrera, podría interpretar a una piedra y la nominarían igual.

A pesar de que la categoría de Mejor Película ha sido expandida a diez nominados en vez de cinco, la competencia siempre se reduce a dos o tres títulos. En este caso, parece que la pelea será entre Gravedad, American Hustle y 12 Years a Slave. Esta última ha sido descrita como una brutal y chocante mirada a la esclavitud, una película confrontacional y dificil de ver. Queda ver si la Academia, conocida por ser siempre conservadora en sus elecciones, le da el premio mayor a pesar de la controversia.

Mejor Canción es una categoría a la que no suelo prestarle mucha atención; pero protesto por la ausencia de “Stay Alive” de Jose Gonzalez, tema emblema de La Vida Secreta de Walter Mitty de Ben Stiller. Una buenísima canción dentro de una excelente banda sonora que le va como anillo al dedo a una película sobre un tímido hombre que emprende la aventura más grande de su vida. La Academia no le encontró un lugar, pero sí hubo sitio para una canción de un filme cristiano que parece nadie vio y que ya está siendo acusado de racista y manipulador. Quien entiende.

 

 

Por último, en la categoría de Nominados Que Nadie Nunca Se Esperaba y que el año pasado recayó en el osito fumón Ted, encontramos a los chicos de Jackass, con una nominación a Mejor Maquillaje para Bad Grandpa, donde Johnny Knoxville se transforma en un anciano octogenario y se dedica a joder a la gente.

No hay muchas sorpresas; al final, la mayoría de películas que se esperaba estén, están. De cualquier modo, todo esto es pura conjetura. Sólo queda ponerse al día con los estrenos y esperar a la ceremonia para ver los resultados. A continuación, un video que resume algunas de las omisiones de este año. Estén o no estén de acuerdo, los Oscares son una cita imperdible para cualquier cinéfilo.

 

 

Lo Mejor del 2013

2013 fue el año en el que mi cinefilia se disparó. Reabrir este ya añejo blog luego de tres años de inactividad (y darme cuenta que mi pluma ha mejorado demasiado desde que decidí ponerme a escribir en el 2005) fue el primer paso. Luego, el verme escribiendo para medios internacionales como lo son la página de noticias Twitch en Canadá y el portal de la distribuidora Monster Pictures en Melbourne, Australia; un agradecimiento a ambas por darle cabida a mis garabatos y de paso. mantenerme ocupado.

Por primera vez, hice las veces de jurado en festivales, gracias a APRECI. Se me abrieron los ojos frente a cineastas y películas latinoamericanas y peruanas que yo ni sabía existían. Fueron dos maratones filmícos, el primero en Lima Independiente, con un surtido de cortos y mediometrajes y luego en el veterano Festival de Lima, donde me vi 28 películas en el lapso de dos semanas, sacándole el jugo a la credencial y sin contar las que me hicieron repetir plato. Al final, tenía la cabeza abarrotada de imágenes y sonidos, no podía procesar ni el 2+2 y pedía a gritos una almohada (uno se cansa hasta de estar sentado), pero valió totalmente la pena descubrir tantos filmes y cineastas valiosos.

En fin, esto no se trata de echarme flores (al menos, no del todo), así que vamos al grano: los mejores estrenos del 2013 que nos acaba de dejar. Si bien la idea era limitarme a los estrenos vistos en salas de cine, en este caso resultó imposible. Muchas de las mejores películas del año no se vieron en la cartelera local y no las podía pasar por alto; no queda otra que recurrir a su Mercader Pirata más cercano. En orden de preferencia, de menor a mayor:

 

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RUSH de Ron Howard

La rivalidad entre los corredores de autos James Hunt y Niki Lauda en los 70 es recreada en este drama deportivo de Howard. Más que un filme de carreras, es un retrato de la peculiar relación que existía entre dos polos opuestos: Hunt, un impulsivo y egocéntrico piloto acostumbrado a  tomar riesgos; Lauda, metódico, huraño, difícil de llevar y hermético. La película no se inclina por ninguno, mostrando a ambos con fallas; el primero es un irresponsable que pone su propia vida en riesgo y el segundo es tan cerrado que llega a caer antipático. Lo curioso es que ambos hombres se necesitaban mutuamente y a pesar de la rivalidad, no podían vivir el uno sin el otro; de lo contrario, no hubiesen tenido la motivación para ser lo que llegaron a ser. Filme interesante hasta para los que, como yo, no saben absolutamente nada de autos.

 

NO de Pablo Larraín

“La alegría ya viene”. Esta frase fue el emblema de la campaña publicitaria que en 1988 puso fin a 15 años de la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile. Filmando con cámaras de la época, Pablo Larraín recrea esta turbulenta época hasta el más minímo detalle, mostrando como una irreverente campaña publicitaria enfocada en un mensaje positivo decidió un plebiscito del que dependía la suerte de todo un país. Es una divertida lección de historia que muestra un buen ejemplo de publicidad política y del poder que tiene la misma para disuadir a la población. Es algo que tiene total relevancia en el clima político actual; fue oportunamente estrenada durante la tristemente célebre revocatoria en Lima que tuvo a muchos preguntándose si tanto trajín valía la pena.

 

CAPTAIN PHILLIPS de Paul Greengrass

Basada en un hecho real, en el que un buque de carga estadounidense fue asaltado por piratas somalíes, este film es un tenso y bien ejecutado ejercicio de suspenso que no da tregua. El capitan Richard Phillips se mantiene firme, primero para salvar a su propia tripulación y luego para sobrevivir tras ser secuestrado por un grupo de hombres armados que operan por pura necesidad y desesperación. Tras años de anodinos papeles, Tom Hanks de nuevo es memorable como el capitán, un hombre cuya resistencia es admirable. No es hasta los minutos finales, en el que Phillips por fin colapsa por completo que uno entiende el infierno por el que tuvo que pasar y los efectos que tendrá en él; sólo esta secuencia confirma a Hanks como uno de los mejores actores de su generación, un segmento impactante difícil de olvidar.

 

STAR TREK: INTO DARKNESS de J.J. Abrams

Nunca he sido un Trekkie; Star Trek, al menos en su encarnación original, es una serie que no me llama la atención (y nunca he entendido el fanatismo por William Shatner). Al menos hasta que J.J. Abrams la trajo de lleno al nuevo siglo con su versión del 2009, un reboot que supo sacarle el máximo provecho a sus personajes y situaciones. Lo mismo se aplica para esta secuela, una aventura llena de humor, emoción, acción y efectos especiales; en suma, todo lo que uno espera de un blockbuster veraniego. Como siempre, Abrams supo promover su película con el suficiente misterio como para mantener el factor sorpresa, algo que en esta época de Internet es bastante difícil de hacer. Benedict Cumberbatch, el mismo que le da autoridad y carácter al dragón Smaug, se roba las cámaras como Khan, un villano de antología.

 

PACIFIC RIM de Guillermo del Toro

Robots gigantes peleando con monstruos; Guillermo del Toro ha apelado al niño que todos tenemos dentro para este entretenido delirio que es, sencillamente, un gran espectáculo visual. Influenciado por Godzilla y otras series japonesas como Mazinger Z, del Toro da rienda suelta a su imaginación en una película que puede no tener mucho sentido, pero que es innegablemente divertida y con una energía que no flaquea. No pude evitar una sonrisa de oreja a oreja al ver a un robot usar un buque carguero como bate de beisból y estoy seguro de no ser el único. Esto es tal vez lo más cerca que estemos de tener una película de Evangelion en carne y hueso. De lo mejor que nos dio la temporada de verano en Hollywood.

 

 

THE PLACE BEYOND THE PINES de Derek Cianfrance

Un motociclista y asaltante de bancos busca asegurar el futuro de su familia. Un policía condecorado se enfrenta a la corrupción. Un joven solitario y sin rumbo encuentra la amistad equivocada. Estas tres historias conforman este drama, una saga coral sobre padres e hijos y como las acciones de los primeros repercuten sin remedio en las generaciones futuras. Estos tres personajes son, en el fondo, buenas personas, pero una sola mala decisión es suficiente para cambiar para siempre su futuro y el de la gente que los rodea. Un reparto inmejorable – Ryan Gosling, Bradley Cooper, Eva Mendes, Ray Liotta, etc. – dan vida a un trío de historias que podrían funcionar como una película entera por sí solas.

 

THE WORLD’S END de Edgar Wright

Gary King es un inmaduro fracasado que reúne a sus amigos de infancia para completar la Milla Dorada, un tour por los 12 bares de su pueblo natal. En el camino se enfrentarán a una invasión extraterrestre. Al igual que en sus anteriores filmes, Shaun of the Dead y Hot Fuzz, Edgar Wright, junto a Simon Pegg y Nick Frost, satiriza un género específico del cine: zombies en la primera, filmes de acción en la segunda y ahora, películas de alienígenas al estilo Body Snatchers. El resultado es divertido pero con un trasfondo serio: Gary es uno de esos tipos que nunca creció ni llegó a nada y vive tratando de recapturar sus años de juventud sin éxito, sabiendo que ya todos sus amigos lo han dejado atrás. Más de uno puede sentir algo similar y esta atención a sus personajes es lo que hace de Wright un maestro que sabe entretener y jugar con géneros conocidos.

 

DJANGO UNCHAINED de Quentin Tarantino

Quentin Tarantino critica la peor etapa de la historia americana – la esclavitud – con su particular e único estilo, en este western ambientado en la época previa a la Guerra Civil. A estas alturas uno ya sabe que esperar de un film de Tarantino: monólogos sobre cualquier tema, violencia en cantidades, una banda sonora atemporal y un humor negro que no perdona a nadie. Django es otra joya para los fans del director, que puede pecar de excesiva y larga (se siente como ver dos películas una tras otra) pero que es enormemente divertida. Christoph Waltz, que se robó el show en Bastardos Sin Gloria, repite plato como King Schultz, un dentista y cazarrecompensas con sentido de la justicia, mientras que Leonardo DiCaprio se divierte como nunca en su vida como el racista Calvin Candie, el diablo en persona.

 

SEVEN PSYCHOPATHS de Martin McDonagh

Un guionista sufriendo con un bloqueo creativo se enreda con peligrosos gángsters, mientras sus excéntricos amigos hacen negocio secuestrando perros. Pronto, la realidad se mezcla con lo ficticio y queda la pregunta sobre qué es real y que no. Más allá de ser una violenta e hilarante comedia negra, es una película acerca del proceso creativo mismo, las dificultades de crear y de como la realidad y lo que nos rodea influye en lo que hacemos. Es una película violenta e irreverente muy difícil de explicar, llena de momentos metareferenciales y referencias a otros géneros; es mejor verla y formar tu propia opinión. Martin McDonagh escribe un guión original e impredecible, actuado por un gran reparto: Colin Farrell, Sam Rockwell, Christopher Walken, el gran Woody Harrelson y el cantante Tom Waits con un conejo.

 

THE WAY, WAY BACK de Nat Faxon y Jim Rash

Tengo una debilidad por historias juveniles coming-of-age, especialmente si están tan bien hechas como esta. La dupla de Faxon y Rash capturan muy bien lo que es ser un adolescente que no encaja, que está buscando su lugar en el mundo. Muchos se podrán identificar con Duncan, un inocente de buenos sentimientos que pasa el peor verano de su vida junto a su madre y a su patanesco nuevo novio mientras es obligado a crecer y conocerse a sí mismo. Está poblada de personajes interesantes, desde la vecina alcohólica hasta los trabajadores del parque acuático donde Duncan consigue trabajo, un montón de adultos con mentalidad de niños; son individuos con los que uno quisiera pasar más tiempo. Graciosa, entretenida y afectiva, es una película sencilla pero eso es justamente lo que la hace especial. Sam Rockwell, un genial actor que a veces no es tan apreciado como debería, se roba la película como el dueño del parque, un tipo divertido al que todos nos gustaría tener de amigo.

 

 

¡Bienvenido 2014! Aquí es donde prometo por decimoquinta vez actualizar este blog más seguido; espero cumplir. A todos, gracias por leer.

En Tierras Gauchas

Virtual Records Latin Fest

 

Corría el año 2008. En aquel entonces, ver bandas de rock grandes pisar tierras nacionales era una fantasía; el único recurso era darse un salto a países vecinos como Chile o Argentina para poder ver un concierto como Dios manda. Fue así que, acompañado por unos primos, emprendí una travesía  a tierras gauchas a ver a Iron Maiden en la gira Somewhere Back In Time, previo paso por Santa Cruz, Bolivia, donde visitamos la casa de Tony Montana y algunos garajes parecían del porte de una cancha de fulbito.

No fue un viaje de turismo, por lo que no conocí mucho esa vez. En el Luna Park, Dream Theater dio cátedra musical frente a cientos de personas que no atinaron a más que mirar con la boca abierta y aplaudir (estoy casi seguro que Jordan Rudess estaba poseído por alguna fuerza desconocida); hicimos vigilia en el Sheraton esperando que Bruce Dickinson y compañía le extiendan un saludo a los pobres mortales; caminamos las calles del centro hasta que se nos gastaron las suelas (tenías que ser Usain Bolt para poder cruzar la 9 de Julio de un solo viaje); entramos al Kilkennys y sentí una gran alegría al estar en un bar donde tocaban Soundgarden; y compartimos con gente de todo el mundo en el Hostal Recoleta, incluido un viejito enternado de 120 años que se parecía a Mister Burns y nadie sabía como había ido a parar ahí.

Pasamos toda una mañana haciendo cola afuera del estadio Ferrocarril Oeste,  adonde llegué en un vagón de metro hecho de madera que estaba seguro se desarmaba en cualquier momento. Era mi primer concierto; no contaba con que la gente iba a hacer un pogo por cinco horas ininterrumpidas. Para cuando empezó la música, estaba al borde del colapso y pidiendo a gritos un vaso de agua. Maiden fue todo un espectáculo, eso sí; al poco tiempo de esta visita llegaron a Lima precedidos por Megadeth (que en aquel entonces era Dave Mustaine y sus Amigos) y fue otro conciertazo en donde ya no hubo peligro de morir aplastado. El viaje fue un éxito, pero siempre quedé con las ganas de volver y conocer más de la ciudad.

Cinco años después y luego de este preambulo, volví a Buenos Aires acompañando a los Flor de Loto a dar un concierto y a grabar lo que será su sexto disco, Nuevo Mesías. Con algunos días de más, pude conocer más de la capital argentina y comprobar además, que cuenta con una escena rock/metal bastante saludable, una que provoca sana envidia en esta Lima que lamentablemente para los que tocamos guitarra aérea y hacemos headbanging hasta que nos duela el cuello, no es una ciudad muy rockera.

La cita fue en el Gier Music Club, un bar adornado con fotos de luminarias del rock como Jim Morrison o Gene Simmons. Desde el backstage, donde el buen ambiente entraba en calor con inacabables vasos de fernet con Coca-Cola, se pudo escuchar el inicio de la fiesta con Escapist, banda al estilo Nightwish; un especial saludo para Luciana Queirolo y su operática y armoniosa voz, que le dio sentimiento a la música y nada tiene que envidiar a otras sirenas del metal. Siguió Drako Brujo, cuyo sonido particular tiene algo de Pantera, y que derrochan tanta energía y decibeles altos que es difícil creer que sean sólo un trío. Se encontraban presentando su disco Il Messaggero Non E Importante; cualquier referencia a la injustamente poco valorada Stigmata es un punto a favor.

 

 

Para los que extrañaban las épocas del hair metal ochentero estaban los chicos de AfterDreams, a medio camino entre el power metal y el mejor glam; un rock potente, de coros pegajosos, sin mayores complicaciones más que pasar un buen rato; la banda no sólo toca con energía y convicción, sino que tienen la actitud necesaria para hacerse dueños del escenario.

Luego del trío inicial le tocó el turno a Flor de Loto, la única banda visitante. Muchos de los metaleros presentes estaban acostumbrados a un metal más tradicional: guitarras, bajo, batería, voces, teclados; para algunos, era la primera vez escuchando a la distorsión de las guitarras fusionada con instrumentos andinos y folclóricos. Alonso Herrera (guitarras y voces), Alejandro Jarrín (Bajo), Álvaro Escobar (batería), Junior Pacora (vientos), Ignacio Florez (guitarras), Agustina Gonzalez (coros) y Daniel Lopez Gutierrez (teclados) tocan con una potencia y soltura que sólo pueden traer una alineación estable y años de experiencia sobre los escenarios. El público que no los conocía quedó convencido y no pasó mucho tiempo hasta que se encontraban coreando los temas a viva voz, demostrando que dentro del rock y el metal hay lugar para todos los estilos; lo hecho por Flor de Loto, aunque bastante apegado a sus raíces peruanas, resulta ser bastante universal. Esta fue la segunda presentación de la banda en Argentina y ya cuentan con un buen número de fans; no en vano este es el segundo álbum grabado íntegramente en Buenos Aires, de la mano de Virtual Studios y Emiliano Obregón.

Fue justamente este el encargado de cerrar la noche junto a su banda Lorihen, héroes locales con 15 años de carrera a cuestas. Un heavy metal melódico y acelerado, de esos que te hacen lanzar puños al aire, esta banda se siente cómoda en un escenario y cuentan con una gran fanaticada que se sabe todos los temas y les dan el mismo respeto que se le daría a músicos internacionales. Lorihen empezó con el bombazo de Bajo La Cruz y no bajó las revoluciones por más de una hora. Es una banda que se ha hecho una gran carrera en Buenos Aires y cuyo potente sonido merece ser escuchado en todas partes.

 

 

Los fans de Lorihen dan fe de una escena local masiva, que busca promover y apoyar a sus artistas. Durante las jornadas en el estudio de grabación, encontré una joya en blanco y negro llamada Metalica, un fanzine de metal que devoré con tanta avidez que uno pensaría recién estaba aprendiendo a leer. Me topé de lleno con una escena cargada de bandas, algunas ya legendarias (más de una vez se repetía el nombre de Norberto “Pappo” Napolitano y RIFF con reverencia) y otras que recién daban sus primeros pasos en el género musical. Hay rock y metal para todos los gustos; conciertos con regularidad, donde se dan cita todos los fans de la ciudad; y unas grandes ganas de promover y dar a conocer la música. El metal puede ser underground, pero en Buenos Aires se ha ganado un lugar junto a la música popular, gracias al trabajo de las bandas, los fanáticos y publicaciones como Metalica o la revista Jedbangers.

Ante todo, se siente un ambiente de camaradería y fraternidad; los fans apoyan a las bandas locales como si de Iron Maiden se tratase. Aún compran y coleccionan discos, con varias tiendas pequeñas y escondidas en la ciudad encargadas de traer las más recientes novedades; toda una sorpresa para los que hace tiempo quedamos esclavizados al iTunes. En los conciertos se siente la buena onda y las bandas se sienten queridas. La gente vive la música, sin importar su edad. No hubo imagen más tierna que un padre y su hijo de nueve años con la misma camiseta metal haciendo headbanging y cantando las canciones de Lorihen juntos. La escena rock en Buenos Aires es grande y con mucha buena música por descubrir.

Más allá de las guitarras y los punteos, hubo tiempo de conocer más a fondo la ciudad. Pasear por Puerto Madero y sus puestos callejeros de parrilla, con choripanes del porte de mi brazo y aquella genialidad llamada bondiola (las dietas deben ser un concepto foráneo en el país);  obligado paso por el Ateneo, donde una vez más quise comprarme todo y donde podría pasar días enteros; una visita al zoo de Luján, donde me atreví a acariciar a leones, pero con mucho cuidado, no vaya a ser que termine usando la nariz para tipear. Pasar por el Estadio Monumental de River trajo a la mente al ídolo Tano Pasman agarrando a puteadas a su televisor y arriesgando un paro cardíaco épico. Fue una oportunidad de descansar en Tigre y San Fernando, dos sitios pintorescos en las afueras de Buenos Aires – ¡que diferente se siente estar en un lugar donde no hay edificios!

No podía faltar la vida nocturna en el barrio de Palermo, aunque aquí y en la China las discotecas no sean lo mío. Sí puedo decir que recreé lo suficiente la vista; increíble como no me gané una torticolis volteando tanto el cuello. Por último, está el simple placer de caminar por las calles del centro bonaerense, o como decía Fito Paéz, salir a caminar por Corrientes. Visitar tiendas, comer, andar, ver gente, por ahí encontrarse con un espectáculo de tango.

Buena música, buen ambiente, parrillas al por mayor y mucho por ver; se podría decir que por fin conocí Buenos Aires como debe ser. Ojalá me queden muchas más visitas.

La Ciudad Es Protagonista: Entrevista a Eduardo Mendoza

Esta semana se estrena El Evangelio de la Carne, el nuevo film de Eduardo Mendoza. Es una drama coral que entrecruza las historias de tres personajes: un policía desesperado con una esposa enferma, un ex alcoholico en busca de la redención y un barrista de la U que lucha por sacar a su hermano menor de la cárcel.

Es un film donde la ciudad de Lima es tan protagonista como sus personajes: sus calles, personas y costumbres son retratadas de manera fiel, dando un retrato de esta caotica ciudad en la que vivimos. Representa además un claro desarrollo de su director, tanto en lo temático como en lo técnico, siendo tal vez su película más personal.

Conversé con Eduardo Mendoza acerca de la película, su carrera y el cine peruano, a continuación.

La siguiente entrevista fue publicada en versión resumida en el diario El Peruano el día 3 de octubre. Esta es la conversación completa.

 

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La película ha sido filmada dentro de las barras bravas y en la hermandad del Señor de Los Milagros.  ¿Cómo fue la experiencia de haber filmado en estas condiciones?

Fue complicado. Primero, para el tema de la procesión, nosotros necesitábamos llegar cerca del altar, lo cual era complicado, no sólo por la cantidad de gente que hay alrededor, sino también porque hay todo un protocolo y una seguridad. Estuve pidiendo el permiso con el presidente de la hermandad cerca de cuatro años. Nos dieron el permiso y pudimos estar ahí. Igual es complicado; tienes una multitud que te lleva como una marea. Aparte eran escenas bien intensas, con harto valor dramático.

Lo de las barras, tuvimos el apoyo no de barras organizadas sino de hinchas de la U y Alianza para ciertas escenas. En general, la película en ese sentido es muy viva y muy real. Ha sido rodada por casi todo Lima y los cambistas son los cambistas, los hinchas son los hinchas, los fieles de la procesión son los fieles.

Se podría decir que Lima es tan protagonista de la película como los personajes.

Sí, definitivamente la ciudad es una protagonista muy importante en la película. Están sus mercados, sus cementerios, sus estadios. Está la analogía de los fieles al Señor de los Milagros, a esta hermandad, que son como una familia y el grupo de barristas. Comparten una serie de rituales, de códigos y así como los hinchas tienen en un estadio el templo al que van a cantar, de alguna manera a hinchar, adorar a sus jugadores, a sus ídolos, por otro lado están los templos, las iglesias, los lugares donde se reúnen. Trata acerca de estas familias no sanguíneas, pero que se crean.

Dos temas importantes en la película son el fútbol y la religión, que aquí en Lima generan bastante pasión. Cada uno a su manera genera fanatismo. ¿Fue tu intención hacer este contraste?

No en el sentido de generar polémica, sino porque son dos temas que a mí siempre me han interesado. De hecho, yo iba al estadio con mi papá desde muy niño, he ido toda mi vida. He ido por un tiempo a la barra, por casi cinco años; he estado muy cerca a ese mundo. Por otro lado, mi padre siempre ha tenido un interés por una búsqueda espiritual, entonces también lo he acompañado a diferentes religiones o grupos que intentaban ese desarrollo espiritual. He estado también cerca a este mundo, es algo con lo que he crecido y siempre ha estado ahí, que he querido tocar en la película.

El tema de la fe también está muy presente en las tres historias. ¿Qué tan importante fue para ti mostrar esto en la película?

Por un lado está la fe entendida como la creencia en algo inexplicable o algo que va más allá de la razón o de tu entendimiento; la existencia de algo divino o una energía superior. Pero la fe de la que también habla la película es la fe entendida como una lucha por conseguir lo que uno quiere. La fe entendida como una apuesta, como un acto de rebeldía; de intentar lograr lo que uno quiere a pesar de la cantidad de obstáculos que puedan haber en el camino. También existe esa fe que quizás es la que está más presente en la película. Son tres hombres llevados al límite por intentar salvar a los suyos, a sus seres más queridos y de alguna manera redimirse. Tienen esta fe que los empuja a intentar conseguirlo, a pesar que en algunos casos pareciera que todo está en contra.

¿Hay algún cineasta o película en particular que te haya influenciado a la hora de hacer este film?

De manera clara, consciente, que haya tenido un referente puntual, no. Dentro de tantos directores que me interesan, si tuviese que mencionar uno, sería Scorsese. Creo que en películas como Toro Salvaje o Taxi Driver, tiene esta búsqueda de sus personajes de alcanzar la redención. En muchas de sus películas, los personajes tienen este ascenso y luego esta caída. Se tocan temas como la lealtad al grupo al que perteneces, el respeto, el tema de la familia, en fin. Tanto a nivel cinematográfico como al nivel de los temas que toca, es quizás el director con el que más afín me siento. También comparte el hecho de hacer grandes películas pero a la vez accesibles al público, un tipo de cine que no es sólo para festivales sino que puede ser una gran película y que la puede ver cualquiera.

 

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A lo largo de tu filmografía, has trabajado en varios géneros como la comedia y ahora, drama. La película además muestra un desarrollo en lo temático y en lo técnico. En base a todo esto, ¿dirías que es tu película más personal?

Sí, sin duda. De hecho, cada película tiene su tiempo y su propio contexto. Mañana Te Cuento fue una película que hicimos con amigos de la universidad, la mayoría muy chicos, de 24 o 25 años, con presupuesto mínimo. Siendo nuestra primera película, fue una sorpresa que terminara siendo un éxito. Fue hecha por un grupo de chicos que recién estaban iniciándose en su primera película.

Definitivamente, los temas que más me interesan los he tocado en esta película y ya un poco con el oficio y experiencia de venir de estas películas, de haber rodado series, publicidad, en fin. Cojo la película en un momento personal y profesional en el cual podía manejar un guión de esas características.

La película estuvo en el Festival de Lima, donde fue muy bien recibida e incluso ganó el Premio del Público. Además está el momento que estamos viviendo este año, donde una película nacional ha sido un tremendo éxito de taquilla, independiente de la película en sí. Tienes un público muy deseoso de ver más películas nacionales. Tomando en cuenta todo esto, ¿qué expectativas tienes de la película y de su estreno?

La respuesta de la gente en el festival nos sorprendió mucho. Hicimos dos pasadas con un grupo de gente pequeño antes de presentarla, unas 20 o 25 personas y salieron muy movidas. Pero lo que pasó en el festival fue sorprendente. En la primera pasada, la gente se quedó siete u ocho minutos aplaudiendo de pie y en las siguientes funciones pasó lo mismo. No sólo te decían “que buena la película”; la gente salía muy tocada, gente llorando, me buscaba gente que no me conocía y me abrazaban a mi o al productor. Mi productor es el productor de Lombardi, él tiene 36 películas y en la última pasada me dijo: “Yo tengo 36 películas, he estrenado en todos lados, en todos los festivales y nunca he visto una respuesta del público así”. Fue emocionante por un lado y sorprendente el que haya tocado ciertas fibras en la gente.

Yo espero que ahora la película pueda difundirse para que haya la oportunidad. Yo no tengo el discurso de “Apoyen el cine peruano”. Hay que apoyarlo pero desde otras perspectivas. Pero no puedes obligar al público a que vaya a ver algo que no le interesa, pero sí tiene que tener la oportunidad de enterarse de que existe esta película, de que al menos está en condiciones sino iguales con las películas norteamericanas, al menos que tenga un espacio. Ya después irá la gente y la verá. Yo no les voy a pedir que vayan o que la recomienden. La verán y si les gusta, si sienten que es una película que vale la pena, la gente va a salir y va a hablar. Es muy importante la primera semana, que la gente se entere de la película. La expectativa es esa, que en la primera semana vaya mucha gente y confío en que suceda lo mismo que en el festival, que a la gente le guste mucho la película y a partir de ahí, más allá del marketing y de la publicidad que podamos hacer, que no es mucha porque no tenemos plata, sea el boca a boca el que ayude a venderla.

¿Qué planes tienes para la película luego de su estreno en Lima?

Hemos recibido algunas invitaciones del festival de Viña del Mar, de Cartagena, de La Habana en Cuba. Ahora hay un tema con los festivales, algunos te exigen estrenar. Tienes que ir viendo con cuidado para dónde vas. Terminado el festival recibimos seis invitaciones. Hay una posibilidad de que la película se estrene comercialmente en Europa, en tres o cuatro países, lo que sería increíble. Es muy poco común que una película latinoamericana se estrene comercialmente en Europa.

¿Crees entonces que la película pueda funcionar en un mercado extranjero? Yo creo que sí, a pesar de que trata de temas cercanos al Perú.

Al final, los temas de fondo son los mismos acá o en la China. El tema de la lealtad, la búsqueda de redención, los lazos con los seres queridos, sean tu familia directa o el grupo de barristas o la hermandad. Son temas que nos mueven a todos los seres humanos, estamos en ese camino y en esa búsqueda constante. Creo que más allá de que toda película tiene una idiosincrasia y una forma de ser, de comportarse o de hablar que puede tener cualquier ciudad, si se logra ir más abajo, la película puede funcionar en cualquier lado.

¿Qué opinión te merece el cine peruano actual? ¿Cómo ves su situación ahora a como estaba hace diez años, por ejemplo?

Bueno, si hay un cambio grande. Hace diez años, cuando estaba en la universidad, fuera de Lombardi que tenía cierta regularidad, o   por ahí Augusto Tamayo o Chicho Durant, no había una constancia y regularidad en las películas. Tenías las de Lombardi, una cada dos o tres años, por ahí una película más, pero la oferta era muy pobre. Era muy poca gente dedicada a hacer cine.

Sí ha habido un cambio fuerte. A mediados del 2000 empieza una nueva generación. Yo hice Mañana Te Cuento, Frank Pérez-Garland hizo Un Día Sin Sexo, Josué Méndez hizo Dioses. A partir de ahí hasta hoy, la mayoría de nosotros tiene dos, tres, cuatro películas; se han sumado otros directores que están entre los 35 y 40 años. Te podría mencionar a Héctor Gálvez, Fabrizio Aguilar, Frank Pérez-Garland, Claudia Llosa, Josué Méndez, Alvaro Velarde, Fernando Villarán, Adrián Saba, Dorian (Fernandez-Moris), que hizo Cementerio General; tranquilamente hoy habrán unos 15 directores que ya o han hecho una primera película o que ya están en la segunda o tercera. Eso hace diez años era impensable. A eso tienes que sumarle a los hermanos Vega, que ganaron en Cannes. Muchas de estas películas han tenido un recorrido internacional interesante. Sumado a eso hay ahora otras películas que están funcionando en términos de asistencia de público.

Si la película gana en festivales obviamente estaré contento, pero me interesa más que la película funcione en mi país. Que la gente la vea, la discuta y que además refleje y se sienta un poco la ciudad, las calles que recorremos, los lugares donde comemos, los lugares donde rezamos, en fin. Me interesa mucho que la película sea un punto de reflexión, de debate o de conversación, más allá de cómo le pueda ir afuera.

 

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