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Primer Tiempo

Así, en un abrir y cerrar de ojos, han pasado seis meses de este 2019. La primera mitad del año trajo consigo varias despedidas: Marvel se despidió de su primera etapa (para en cuestión de meses arrancar con la segunda, porque la conquista del mundo no se detiene); Game of Thrones se despidió de HBO con una última temporada tan acelerada que dejó contentos a pocos; The Big Bang Theory le dio un Nobel a Sheldon Cooper antes de decir adiós; y así sucesivamente.

Nuestra cartelera es limitada, es cierto; y en un año donde resuelves sólo ver aquellas películas que en verdad te interesan, esto resalta aún más. Hay que escarbar un poquito, correr a ver las interesantes lo antes posible porque con tantos filmes peleándose por espacio en los cines, la gran mayoría (o al menos los que no incluyan a gente en mallas y capas) duran lo mismo que me dura a mí un Chocolate Sublime (osea, muy poco).

He aquí una breve lista de lo mejor que he podido ver en estos primeros seis meses, una que he tenido que complementar con Netflix y otros medios, en un año donde apenas he ido al cine. Sólo diré que hacer la noble resolución de no bajar torrents lo hace todo un poco más complicado. Tal vez algunas de estas aparecerán de nuevo en el conteo de fin de año, tal vez no, porque ojo que falta estrenarse la nueva de Tarantino.

Y para evitar juicios de valor innecesarios, hagamos esto en orden alfabético.

 

 

AVENGERS: ENDGAME de Anthony y Joe Russo

Gran cierre para los primeros diez años de Marvel, con más de un momento épico. Sólo queda preguntarse que van a hacer ahora para igualar lo hecho aquí. No la tienen fácil.

 

 

DOLOR Y GLORIA de Pedro Almodóvar

El manchego pasa revista a su vida y carrera con mucho humor y melancolía. Banderas, descansando de un Hollywood que lo ha tratado de encasillar en el estereotipo de Latin Lover, está mejor que nunca. Si esta es la despedida de Almodóvar, pues es la mejor.

 

 

EN PELIGRO de Matías Szulanski

Thriller psicológico muy particular, con mucho humor negro. El prolífico Szulanski hace las cosas a su propio ritmo pero si uno le agarra la onda, descubrirá a un cineasta bastante valioso.

 

 

FYRE de Chris Smith

Documental sobre la gran estafa que fue el Fyre Festival y que, más que otra cosa, desenmascara a nuestra actual cultura influencer como la gran mentira que es.

 

 

GLASS de M. Night Shyamalan

Shyamalan cierra su improvisada trilogía enfrentando a Bruce Willis con James McAvoy, en una nueva deconstrucción de los cómics como fuente de mitos y leyendas. No es lo que uno se espera, pero tiene ambición de sobra.

 

 

HOTEL MUMBAI de Anthony Maras

Tensa recreación de un atentado terrorista en Mumbai en 2008, esta cinta de suspenso funciona porque se siente real; el melodrama es mínimo y nadie se vuelve un improvisado John McClane.

 

 

JOHN WICK 3: PARABELLUM de Chad Stahelski

En el Año de Keanu Reeves, todos somos fans de John Wick, el sicario que mata a la gente con un lápiz (y con un caballo, y con un libro, con lo que tenga a la mano). De lo mejorcito que ha dado el género de acción este año.

 

 

US de Jordan Peele

A Peele le sobra ambición; su segundo filme tras Get Out es una confusa mezcla de ideas que no cuaja del todo, pero que sigue siendo una muestra de que el tipo sabe generar suspenso y cuando mejor usar el humor. Lo de Lupita Nyong’o es de otro planeta.

 

 

VERANO DEL 84 de Francois Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell

Joya de terror que es mucho más que un pastiche de slasher ochentero o un tributo a John Carpenter (aunque tiene las dos cosas); hay un trasfondo mucho más siniestro que le da personalidad propia.

 

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La Casa de Lars

El cine, dentro de sus muchas interpretaciones, es catarsis. No sólo para el público (esa idea de querer escapar de tus problemas por dos horas), sino también para los realizadores, que utilizan su trabajo para expresar sus ideas, su manera de ser, su propia vida y así poder desahogarse. Hace un par de años, un enigma como lo fue Mother! dejó al descubierto el proceso creativo de Darren Aronofsky, al mismo tiempo poniendo en pantalla sus rollos personales y dejando a todo el mundo ver el tamaño del ego de este gran artista “torturado” (aunque todo depende cual de todas las 542 interpretaciones de esa película uno decida creer; desde “reinterpretación de la Biblia” pasando por “hierba de la buena” hasta “mensaje ecológico”, todas se aplican).

 

 

Lars von Trier realiza algo parecido en La Casa que Jack Construyó, mostrándose tal cual es. Pero el danés no pide que lo comprendan, ni mucho menos. En realidad, eso parece importarle poco y nada.

El consenso popular sobre Lars von Trier parece ser: buen cineasta, desastre como persona. Un tipo neurótico, depresivo, pretencioso, lleno de fobias (conocida es su aversión a volar, por lo que nunca sale de Europa), con una visión pesimista de la humanidad en general. Enfermo de perfeccionista – basta con ver el documental Las Cinco Obstrucciones, donde casi vuelve loco a su colega y mentor Jorgen Leth con sus exigencias para un experimento fílmico emprendido por ambos – y misógino, lo que le ha valido acusaciones de abuso por parte de sus actrices, como es el caso de Bjork, que quedó tan perturbada en el rodaje de Bailando en la Oscuridad que prometió nunca más volver a actuar; una pena haberse perdido su desarrollo como actriz por culpa del danés.

Von Trier es además un provocador nato; sus películas están hechas para incomodar, pensadas más como pruebas de resistencia que como filmes “disfrutables”, para ver cuánto puede aguantar el público antes de ponerse de pie y huir; para el director, esto es seguramente un cumplido. El danés disfruta de la controversia; inolvidables sus comentarios pro-Hitler en el Festival de Cannes de 2011, lo que le valió ser vetado del evento por seis años. Todo eso y más queda al descubierto en su nuevo filme, que es a la vez una cinta de serial killers, una confesión y un retrato de su a ratos demencial proceso creativo.

 

 

Es la historia de Jack (Matt Dillon metiéndose de lleno en el papel de un sociópata), un asesino en serie relatando cinco episodios en su larga carrera cobrando víctimas. Jack es arrogante, tiene OCD y ve sus macabros asesinatos como incomprendidas y magníficas obras de arte, en las cuales siempre busca la perfección absoluta. Sus víctimas casi siempre son mujeres y para Jack, matar es apenas una expresión de sí mismo, un arte superior; y todo aquel que no lo asume como tal es ignorante, un inferior. No hay que pensar mucho para darse cuenta a quien representa Jack.

En un principio, pareciera que von Trier está usando esta película para pedir disculpas por la controversia acumulada durante años, o por lo menos intentar que uno comprenda por qué hace las cosas como las hace. Pero rápidamente se convierte en una defensa, una justificación no sólo de su cine sino también de sus actitudes. Cuando Verge (interpretado por el fallecido Bruno Ganz en lo que sería su último papel), su interlocutor invisible, le enrostra su afán de querer pintar a todos como idiotas, o su preferencia por víctimas femeninas, Jack  – y por extensión su director – lo justifica de tal manera que no hará que von Trier gane muchos adeptos.

Al final, cuando a Jack se le ofrece la oportunidad de cambiar, de siquiera intentar encontrar la salvación, él prefiere obedecer a su propio ego y permanecer en el fondo. De la misma manera, Lars parece aceptar su condición de director maldito y va a seguir haciendo el mismo cine sin concesiones, aunque esto signifique ser condenado por todos y permanecer siempre en el infierno que él mismo se ha creado.

La Casa que Jack Construyó, como casi todas las películas del danés, no se disfruta como tal: es oscura, es incómodamente brutal, es pretenciosa – pero pocos directores optan por exponerse en pantalla de esta manera; y son aún menos los que se atreven a comparar su arte con genocidios. Puede que Lars se esté burlando de todo el mundo, fiel a su estilo. Pero lo cierto es que este es un profundo viaje dentro de la psiquis de un director muy particular y perturbado, un autoretrato de Lars von Trier que no deja de ser de interés.

 

 

Cultura Spoiler

 

 

El cine vive de los momentos inesperados. Aquellas revelaciones y sorpresas que procuran una película sea recordada e ingrese al imaginario popular. Ahí está la Estatua de la Libertad enterrada en la arena al final de El Planeta de los Simios; Darth Vader pronunciando el inmortal “Yo soy tu padre”; la verdadera identidad de Keyzer Soze y el escalofrío que te dio al darte cuenta que era el cojo que te había estado vendiendo tremendo cuento desde hacía dos horas; o el que Bruce Willis había estado muerto todo el tiempo y no lo notaste porque siempre tiene esa actitud indolente de importarle un rábano sus papeles.

El giro de El Sexto Sentido fue tal vez una de las últimas grandes sorpresas que nos dio el cine. Hoy en día, si bien estos momentos impactantes aún existen, se hace cada vez más difícil sorprenderse. Esto en parte debido a los trailers, que de ser herramientas de promoción se han convertido casi siempre en resúmenes de toda la película en dos minutos o menos.

Lo cierto es que la manera de consumir y apreciar el cine ha cambiado bastante en los últimos años, de la mano con la tecnología y el surgimiento de la bendita y a veces mal ponderada Internet. Antes, parte de la experiencia de ir al cine era preguntarse qué avances pasarían antes de la película, el no saber que serían (y a veces resultaban hasta mejores que la película misma). Ahí estaban los fans de Star Wars que pagaban entradas al cine sólo para ver el trailer de La Amenaza Fantasma para luego irse; hoy, basta con darse una vuelta por YouTube y los avances en el cine son una molestia que uno quiere que pase rápido – especialmente cuando van acompañadas de publicidad para colegios, comerciales de Coca-Cola y las aventuras de Pablo, el cinéfilo desconsiderado.

Y es que la manera de enterarse de los pormenores de una película era a través de reportajes, alguna revista que cayó en tus manos (el gran recuerdo de aquel añejo número de la revista TV+ que llevaba un reportaje de tres páginas a Pulp Fiction con biografías de todos los personajes/actores y que probablemente gatilló mi interminable obsesión con el cine de Tarantino), rumores o anécdotas de algún amigo que regresaba de viaje de algún país con mejor cartelera que la tuya. Ir al cine era casi siempre, una sorpresa, un descubrimiento, una lanzada de dados que esperabas den a ganador.

Hoy, la Internet pone todo al alcance de la mano y es posible enterarse de absolutamente todo acerca de una película meses antes de su estreno, incluso antes que se termine de filmar. Se filtran fotos del set, guiones enteros, a veces la película entera si es que el empleado de algún estudio se distrajo, quienes son los cameos “sorpresa” (que ya no son sorpresa), que sucede en las escenas postcréditos, que referencias hace a otras películas, y en el caso de franquicias, que teorías tienen los fans más acérrimos sobre lo que podría suceder. Ya no existe el elemento sorpresa; basta un inoportuno tweet, un meme (Homero Simpson saliendo del cine activa alarmas) y hasta la foto de un juguete para que le espoileen la película a los que aún prefieren una experiencia virgen.

 

¿Como que no es un simple gato?

 

A fin de cuentas, todo es manejable; si no quieres que te arruinen una película, pues mantente alejado de las redes. Aunque con lo interconectado que está el mundo, esto es sinónimo con volver a la Edad de Piedra y no resulta tan fácil. Lo verdaderamente problemático es que esta nueva realidad ha dado pie a una cultura spoiler donde ya no existe el respeto y algunos engendros buscan deliberadamente arruinarles la película a todos. Ya sea por un sentido de la superioridad, por querer ser los primeros, o simplemente por joder, están los que anuncian a voz (digital) en cuello: “Veré Película X y les voy a contar todo” o los que acechan las redes cual Tiburón buscando víctimas insospechadas, uno está feliz buscando memes y de golpe se estrella contra un HAN DIES en mayúsculas. Estos mercenarios son prueba de que las formas en la red no existen; aquí todo vale y hay más de un desadaptado.

La Internet nos ha permitido descubrir cinematografías enteras que tal vez no sabíamos que existían; ponernos al día con un sinfín de series que tal vez no podamos encontrar en la televisión (lo dice alguien que ve casi todas sus series por streaming); y más importante aún, conectar con gente afín a tus gustos  – que felicidad descubrir que no eres el único que se sabe los nombres de las seis (¡!) secuelas de Locademia de Policía –  y formar una comunidad aunque sea, digital.  Por eso, hay que agradecerle.

Así que, mi estimado Deep Throat de la web, la próxima que quieras dar un golpe revelando todo sobre la película que acabas de ver antes que nadie, piensa en los que tienen que esperar hasta el martes para que no les llore el bolsillo; en los que tienen que esperar una semana o más porque los horarios de oficina los dejan muy agotados como para aventurarse a funciones de trasnoche; en los que prefieren esperar pacientemente al torrent o el BluRay de cinco lucas; en los que justo ese fin de semana se fueron a la playa; en los que quieren sorprenderse cuando Iron Man y su cofradía le entren a patadas a Thanos en Endgame. Piensa en todos ellos.

De lo contrario, habrá que buscarte a lo Liam Neeson.

 

Verano Traidor

La nostalgia ochentera está de moda. No hay mejor ejemplo que Stranger Things, la serie que le rinde culto al cine de Spielberg, Carpenter y demás directores que formaron la cinefilia de uno en la infancia; o la cantidad de bandas rockeras – Crashdiet, H.E.A.T., Reckless Love – que han revivido el hair metal en toda su desenfadada gloria, pero con letras (un poco) menos idiotas y con mayor destreza musical. Esas épocas donde el cine no era políticamente correcto y donde mostrar como a alguien le arrancaban el corazón en detalle no te merecía más que un PG-13; un cine que de a pocos, está regresando.

Entre los cultores de este “cine retro” están los canadienses Francois Simard y Anouk y Yoann-Karl Whissell, mejor conocidos como RKSS o “Roadkill Superstars”, que hace cuatro años le dieron al mundo Turbo Kid, un delirio de bajo presupuesto ambientado en el futuro post-apocalíptico de 1997 (y filmado en una cantera), un tributo a Mad Max y a todas esas cintas futuristas baratas de la época, con un joven superhéroe disparando rayos, montando bicicleta y reventando villanos en un despliegue de sangre-con-balde digno de las primeras cintas de Peter Jackson.

 

 

Ahora, en Verano del 84 vuelven a la misma década pero en un registro diferente. Es el típico verano de pueblito chico gringo, el de las casas perfectas, cercas blancas y donde todos se conocen y se saludan todas las mañanas. Cuatro amigos – Davey, Woody, Eats y Faraday – pasan los días en las típicas palomilladas de chiquillos con exceso de hormonas: andando en bicicleta con Cruel Summer de Bananarama de fondo al mejor estilo de Daniel Larusso, jugando pinball, viendo revistas porno y tomando trago a escondidas, deseando con todas sus fuerzas a la imposiblemente bella compañera de colegio algunos años mayor que les quita el sueño… y tratando de averiguar si el policía solterón que es amigo de todos en el barrio es en realidad el asesino en serie que lleva una década cobrando víctimas. Es un cruce entre un filme de aventuras tipo Los Goonies, una cinta coming-of-age y Viernes 13.

Tal vez lo que más llama la atención es la soltura del trío de directores para saltar de un género a otro con naturalidad; así, lo que empieza como una aventura juvenil pronto se convierte en algo mucho más siniestro. Queda claro que estos chiquillos están fuera de su elemento y lo que debería ser un verano inolvidable (de esos que se ven en tantas películas de este corte, sean ochenteras o no), el verano de la madurez, del primer amor, del primer beso, de las fiestas, etc. – se convertirá en algo peligroso, hasta traumático y a pesar de las bromas, nunca se nos deja olvidar que hay algo oscuro a la vuelta de la esquina. Quieran o no, estos protagonistas perderán su inocencia; Cruel Summer resulta bastante apropiada.

RKSS toma prestada una idea de David Lynch y de muchos otros realizadores norteamericanos: que detrás del llamado Sueño Americano, ese retrato suburbano tan perfecto de la ficción, se esconde algo dañado, podrido. El vecino modelo podría ser un asesino en serie y la familia perfecta bien podría ser un matrimonio en colapso donde los hijos se llevan la peor parte. “Hasta los asesinos son vecinos de alguien” reza Davey y uno nunca sabe lo que tiene al lado.

Verano del 84 es un tributo ochentero; basta con escuchar la música synth de Le Matos – John Carpenter estaría orgulloso – para entender cuales son sus influencias. Pero su trasfondo oscuro y macabro le da personalidad propia y la lleva más allá de ser un simple ejercicio nostálgico; y si le vas a rendir homenaje a la década de la cocaína, el spandex y los peinados poodle, pues no hay mejor manera.

 

Lo Mejor de 2018

2018 fue un año de nuevas experiencias (cinéfilas): la oportunidad de formar parte del Festival Insólito como programador, un muy necesario lugar para el cine de terror y fantasía dentro del cada vez más abultado calendario festivalero nacional; es todo un honor formar parte de tan buen equipo y permite conocer filmografías que antes uno no sabía que existían (Brasil, que duda cabe, las lleva).

Una breve aunque muy productiva visita a la primera edición del Festival Santiago Horror en Chile sirvió para conocer un poco del cine de género que se hace en el país vecino y estrechar lazos con hermanos que atesoran estas películas tanto como uno (y para apreciar de por vida al Jack Daniels Fireball); hay toda una comunidad en Latinoamérica devota al cine de terror y fantasía, una que vale la pena conocer.

Por último, está la posibilidad de programar mi propio cineclub; un agradecimiento a la gente de 1874 Restobar por la buena onda (y la paciencia de santo). No siempre es fácil, pero el poder compartir con otros el cine que a uno le gusta siempre es bueno, más aún si es uno que todos en algún momento vimos en Cine Millonario (ver Comando nunca pasa de moda).

Con esto, ya son tres cosas menos del bucket list; debo estar cada vez más cerca de viajar en submarino. Por cierto, nada dice “me siento viejo” más que hacer un bucket list.

Lamentablemente, toda esta actividad significó el dejar de escribir y tener este blog prácticamente en abandono; y es que el programar y participar de festivales puede resultar muy gratificante, mientras que cuando escribes nunca te dejan olvidar que alguna vez dijiste que te gustó Guerra de los Mundos. Pero, no por nada lo he mantenido trece años; no dejaré de escribir, pero es mejor no hacer promesas y dejar que suceda cuando suceda.

En fin, no estamos aquí para leer mis dilemas existenciales, sino para pasar revista a los diez estrenos que más destaqué del año, los que de todas maneras vería por segunda vez. Aún con una cartelera limitada – y ya no sólo se trata de películas de festivales, ganadoras de premios y “de prestigio”; en verdad, nos estamos perdiendo de filmografías enteras – siempre es posible encontrar cosas buenas. Y cualquier cosa, están los festivales, Netflix y los torrents para acortar la brecha. Aunque mi resolución de Año Nuevo sea ya no recurrir a torrents y buscar las películas a la antigua.

 

Menciones Honrosas (en orden alfabético y porque escribir un Top 20 demoraría la vida):

Climax (Gaspar Noé); The Disaster Artist (James Franco); The Florida Project (Sean Baker); Gen Hi8 (Miguel Miyahira); Good Time (Josh & Benny Safdie); I, Tonya (Craig Gillespie); Pájaros de Verano (Cristina Gallego & Ciro Guerra); Ready Player One (Steven Spielberg); Robar a Rodin (Cristóbal Valenzuela Berríos); Wiñaypacha (Óscar Catacora)

 

 

ANNIHILATION de Alex Garland

La mejor ciencia ficción es aquella que te deja con dudas y te hace pensar, condiciones que Annihilation cumple con creces. La expedición de un grupo de científicas al misterioso lugar conocido como “the Shimmer” sirve como punto de partida para varios conceptos e ideas sobre evolución, la genética y la experiencia general de ser humano, entre otras. “The Shimmer” es un misterio justamente porque no tiene solución: puede ser un sitio peligroso de donde no hay retorno, o un punto de entrada hacia una vida mejor – las posibilidades son infinitas. Película que merece ser vista más de una vez, con el monstruo más perturbador que se haya visto en años; otra joya de Alex Garland luego de Ex Machina.

 

LORDS OF CHAOS de Jonas Akerlund

En los años 90, Noruega se convirtió en el lugar de nacimiento del norwegian black metal, el género más extremo dentro del rock pesado. La movida tuvo tres figuras: Oystein “Euronymous” Aarseth, líder de la banda Mayhem; Per “Dead” Ohlin, quien se metió un escopetazo en la cabeza (una foto de su cráneo reventado sería luego la portada de un disco); y el tristemente célebre Varg Vikernes, quien mató a Euronymous y salió de la cárcel en 2009. Con harto humor negro y sin sentimentalismos, Akerlund recrea las desventuras de un grupo de jóvenes que se dedicaban a ser “oscuros” y a quemar iglesias, dejando claro que se trataba de unos mocosos que de puro aburridos quisieron ser “extremos” y se les salió de las manos. Dejando de lado cualquier valor musical que pueda tener el black metal, lo de Vikernes y compañía aquí no era más que una pose, producto de una sociedad de primer mundo que según ellos los obligaba a conformarse.

 

REVENGE de Coralie Fargeat

Tenso y bien ejecutado thriller dentro del género de rape/revenge; una mujer que cobra bien merecida venganza luego de que su amante y sus amigos la abandonan a morir en un desierto. Fargeat invierte los típicos roles de género, volviendo la mirada cosificadora masculina sobre sí misma; aquí los cosificados son los hombres, cazadores convertidos en presa. Pero más allá del subtexto, se trata de un intenso ejercicio de suspenso con una gran actuación central de Matilda Ingrid Lutz, un personaje indefenso que encuentra un instinto de supervivencia que ni ella sabía que tenía. Y cada vez que la veo en el afiche de esta película, no puedo evitar ver a Rory de Gilmore Girls.

 

SPIDER-MAN: UN NUEVO UNIVERSO de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman

Miles Morales es mordido por una araña radioactiva y aprende la dura lección de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Suena bastante familiar. Esta cinta animada es un gran tributo al héroe arácnido y a sus más de 50 años de historia, una cinta que cuenta varias historias y sabe lograr un balance entre todas ellas: Miles, un Peter Parker venido a menos, Porky en mallas y un detective arácnido con la voz de Nicolas Cage, entre otros, cada uno mostrando distintas facetas de uno de los héroes más queridos de los comics, todo animado como una historieta en movimiento. Ya tuvimos dos sagas que acabaron mal (Tom Holland está muy bien en el MCU, pero eso es aparte); esta logra divertir y emocionar en una sola película. Los fans están bien servidos.

 

AVENGERS: INFINITY WAR de Anthony y Joe Russo

La culminación del plan de Marvel para dominar el mundo, Infinity War es un crossover a gran escala donde más de 20 superhéroes se enfrentan a un peligro real. Marvel tiene un déficit de villanos interesantes, pero aquí corrigen eso: Thanos es una real amenaza y va totalmente en serio. Sí, al mejor estilo de los comics, todos volverán de alguna forma (nadie muere en los cómics, salvo el sufrido Tío Ben) y es el típico evento que promete que “nada volverá a ser igual” cuando sí lo será, pero para los que han seguido a Marvel durante los últimos diez años, esto es una fiesta repleta de momentos icónicos donde todos los personajes tienen su momento para brillar. Falta ver Endgame para ver si se sostiene o no (si la segunda parte falla, se cae todo), pero la primera parte de esta batalla cósmica es muy entretenida.

 

Aplausos.

 

BLACKKKLANSMAN de Spike Lee

A todos los críticos y realizadores gringos les encanta tirarle sus chiquitas a Donald Trump; ya se ha vuelto parte del día a día. Pero tal vez nadie nunca lo han hecho con el desparpajo y la firmeza de Spike Lee, un director que nunca se ha callado nada y siempre se hace escuchar. A través de una historia real tan increíble que ningún guionista se la pudo inventar – un detective afroamericano se infiltra en el Ku Klux Klan con un compañero blanco representándolo en persona – Lee critica a la sociedad de su país, donde la discriminación y la desigualdad social siguen existiendo luego de casi un siglo, sólo que de manera más asolapada. Una sociedad que no corrige sus errores y está en camino de repetirlos indefinidamente; es una cachetada que da para pensar aún si uno no es norteamericano. Una ácida y certera crítica dentro de una muy buena cinta policial.

 

THE NIGHT COMES FOR US de Timo Tjahjanto

Nadie hace mejores películas de acción en la actualidad que los asiáticos (Indonesia, para ser más específicos); The Raid, su secuela y Headshot son clara prueba de ello y esta saga gangsteril lo ratifica. Dos monstruos de las artes marciales como lo son Iko Uwais y Joe Taslim se enfrentan en una historia de honor, lealtad y traiciones, repleta de brutales y elaboradas coreografías; es increíble que estas personas aguanten tanto castigo. Una inyección de adrenalina que confirma lo bien que hacen las cosas en Asia y que hace quedar mal a las cintas de acción hollywoodenses (la dupla Leitch-Stahelski de John Wick y esto son excepciones), que suelen abusar de los cortes y de la calificación PG-13 para no ofender a nadie. En Indonesia, esas cosas no importan.

 

LA FORMA DEL AGUA de Guillermo del Toro

Hay un obstáculo bien grande a superar con la nueva película de del Toro: el aceptar que se trata de una historia de amor entre una mujer y un anfibio. Si alguien podía hacerlo creíble es el director mexicano, quien entrega aquí un cuento de hadas fantástico para adultos, con la Guerra Fría de los años 60 de fondo. Una historia mágica acerca de un grupo de marginales – una mujer muda, un anfibio inmortal, una mujer afroamericana (en un Estados Unidos segregado) y un homosexual obligado a permanecer en el closet debido a las actitudes de entonces – que sólo buscan su lugar en el mundo. Gran película que destila amor por el cine en cada cuadro.

 

ROMA de Alfonso Cuarón

Roma es admirable sólo por su despliegue técnico: Cuarón echa mano de cuanto truco se le conoce (no hay nadie que guste más de los planos secuencia) para recrear el México de los años 70 y su propia infancia. Utiliza grandes recursos para contar una historia íntima, con los sucesos de la época vistos a través del día a día de una familia de clase-media alta y la nana que funge de testigo silencioso de todo lo que la rodea, una parte crucial aunque invisible de esta familia. Un emotivo drama de pequeños grandes momentos, que da para pensar y del cual se puede decir mucho, llevado adelante por un director que sabe lo que quiere decir y como hacerlo. Roma es una película universal, que relata experiencias que resonarán diferente para cada persona.

 

LAS BUENAS MANERAS de Juliana Rojas y Marco Dutra

Esta película brasilera es muchas cosas: una cinta de terror sobre hombres lobo, un cuento infantil, un drama que tiene algo que decir acerca de la desigualdad social en el país carioca, un romance entre dos mujeres solitarias de mundos diferentes, una reflexión acerca de la maternidad y las alegrías y las dificultades de ser madre, en fin. Cada elemento congenia a la perfección y la dupla Rojas-Dutra ha creado un cuento fantástico y macabro que hace acordar a Tim Burton en sus mejores épocas, pero con una personalidad única. Ningún momento está de más en un filme mágico e impredecible, una cinta de género con muchos subtextos pero que funciona también como un simple homenaje al cine de monstruos. Gran joya de muchas de Brasil, que de un tiempo a esta parte está dando que hablar en el cine de género.

 

 

YAPA: Así hacen las cosas en Indonesia.

 

 

OTRA YAPA: “Hey fellas.” Porque siempre necesitamos un poco de la locura de Nicolas Cage, el actor más impredecible de la historia.

 

 

Las Mejores Actuaciones de 2018

Primera parte del acostumbrado conteo anual: los personajes más memorables que nos (me) dejó el cine en este 2018, las figuras que uno ama, odia, admira o teme y los actores/actrices que les dieron vida. Y de nuevo la duda sobre si este conteo es sobre los personajes más que las actuaciones en sí.

La única regla es no incluir intérpretes que estén repitiendo un papel que ya haya incluido en este conteo en años anteriores. Así, quedan fuera: Michael Peña como el “narrador de cuentos” Luis en Ant-Man & The Wasp; y Denzel Washington como el Ángel de la Guardia Robert McCall en The Equalizer 2. También está el caso de aquellas películas con repartos tan sólidos (La Forma del Agua, te veo a ti) que resulta imposible escoger sólo una actuación; me es más sencillo nombrar actuaciones individuales. Y claro, siendo humano, es casi seguro que me olvidé de una o varias; tanto mejor, o este texto sería interminable.

En orden alfabético…

 

 

Yalitza Aparicio, Roma

Cleo, la nana de una familia mexicana en los años 70, es una testigo silenciosa no sólo de los problemas familiares, sino de una convulsionada época de cambio. Una presencia indispensable para los que la rodean, un miembro más de la familia… hasta que no lo es. En su debut en el cine, Aparicio deja de lado cualquier histrionismo en una actuación interna; dice más con una melancólica mirada de lo que las palabras podrían. Cleo – y Yalitza – son el eje mediante el cual Cuarón cuenta esta historia íntima, pero en un contexto aún más grande.

 

 

 

Patricia Barreto, No Me Digas Solterona

Este fue el año de las comedias sobre la soltería en el cine peruano y fue Solterona la que dio la sorpresa; aun con fallas y limitaciones, resultó agradable y en gran parte gracias a Patricia Barreto, cuyo carisma en pantalla es innegable. Rodeada de algunos buenos secundarios, Barreto compone un personaje simpático, una chica recuperándose de un rompimiento asumiendo su soltería y que a pesar de algunos momentos dignos de romcom absurdo, se siente real. La actriz es una grata presencia, simplemente un sol y que luego de esto, merece más papeles en la pantalla grande.

 

 

Toni Collette, Hereditary

Hereditary (bautizada aquí con el ridículo mote de “El Legado del Diablo”) es una cinta sobre la pérdida de un ser querido, al menos antes que entren a tallar las sectas y los demonios. En una actuación desesperante y triste por igual, Toni Collette interpreta a una madre intentando mantener la cordura en los momentos difíciles, yendo de la negación al colapso y de ahí a la aceptación, a veces en una sola escena. Gran trabajo el de Collette, cuyas emociones se mantienen reales aún cuando la película recae en lo fantástico.

 

 

Guillermo Francella, Animal

A estas alturas, Sambucetti y todo eso de “es una nena” ya es un recuerdo; Francella se ha perfilado como un excelente actor dramático y que mejor muestra que el papel de Antonio Decoud, un hombre de familia que parece tenerlo todo pero cuya vida se pone de cabeza cuando se entera que necesita un transplante de riñón. Al mejor estilo de Un Día de Furia, Francella nos muestra a un hombre desesperado que de a pocos abandona toda intención de ser civilizado y se convierte en, bueno, un animal.

 

 

Rami Malek, Bohemian Rhapsody

Como una historia tras bambalinas de Queen, Bohemian Rhapsody no te dice nada que no podrías aprender leyendo Wikipedia. Pero funciona como un buen tributo a la música de una banda repleta de clásicos y cuya música suena fuerte hasta hoy. Y tal vez su mejor carta sea la transformación de Malek en el icónico Freddie Mercury, uno de los mejores vocalistas del rock. El gran mérito del actor egipcio es rendirle honores al gran Freddie, avalando su estatus como un ícono musical y dejando claro que nunca volverá a haber otro como él.

 

 

Frances McDormand, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

La hija de Mildred Hayes fue violada y asesinada y la policía de su pequeño pueblo no ha hecho mucho al respecto. La madre no está dispuesta a quedarse sentada y decide buscar justicia por sus propios miedos, enfrentándola a sus propios vecinos. Un papel que le queda como anillo al dedo a McDormand, una mujer que sufre pero que se rehúsa a ser una víctima y a quien la actriz no muestra como un ideal de virtud; Mildred es ácida e impulsiva y sus decisiones perjudican a otros y a ella misma. Es muy humana y entre un gran reparto que incluye a Woody Harrelson y Sam Rockwell, McDormand brilla con luz propia.

 

 

Robert Pattinson, Good Time

En los últimos años, Robert Pattinson ha hecho todo lo posible por desprenderse de la imagen de vampiro brilloso que le dio la saga de Crepúsculo. Y su consagración definitiva bien puede ser su papel de Connie Nikas, un bueno para nada que emprende una desesperada odisea nocturna por Nueva York que se asemeja a un descenso a los infiernos. Mentiroso, carismático y manipulador, Connie es una escoria que apenas genera simpatía debido a su devoción a su hermano mentalmente enfermo, una relación que de fraternal no tiene mucho. Pattinson se sumerge de lleno en un papel que no le pide ser simpático y él tampoco lo intenta.

 

 

Christopher Plummer, All The Money In The World

Hay una manera muy breve de describir al fallecido magnate petrolero J. Paul Getty: viejo de mierda. Un tacaño miserable que se rehusó a pagar un rescate por su nieto secuestrado en los años 70, que el maestro Ridley Scott llevó al cine en este cumplidor drama. El veterano Plummer – reemplazando a última hora al caído en desgracia Kevin Spacey – nos muestra como el dinero y el poder pueden corromper totalmente a una persona, con un Getty desconectado de la realidad y a ratos hasta ni humano. Plummer hace del magnate una figura detestable, pero fascinante al mismo tiempo.

 

 

Alicia Vikander, Tomb Raider

Tomb Raider como película no es nada especial; otra adaptación de un videojuego, mejor que el promedio (aunque eso no es decir mucho considerando lo malas que suelen ser) que cumple con entretener y no mucho más. Pero Alicia Vikander compone a una muy interesante Lara Croft, convenciendo plenamente en su evolución de chica tímida y solitaria a una aventurera de armas tomar. Vikander hace mucho más de lo que una película así le exige y se perfila como una buena heroína de acción.

 

YAPA: Con Frances McDormand no te metes. ídola.

 

 

Día del Padre

Hoy es el día en el que rendimos homenaje a nuestros progenitores; existen padres geniales, los que nos enseñan a ser grandes, los que son un ejemplo a seguir. Y en primer lugar está el mío, claro, a quien le dediqué algunas líneas cinéfilas hace algunos años. No podría superar lo escrito en aquel entonces, así que prefiero no intentarlo.

Luego están aquellas figuras paternas inolvidables que nos ha dado el séptimo arte. Mufasa de El Rey León, enseñando a su hijo a ser rey (“Cuando te sientas solo, recuerda que esos reyes siempre estarán ahí para guiarte. Y yo también.”); Bob Parr, alias el Señor Increíble, el patriarca de Los Increíbles, un superhéroe para quien su familia es tan o más importante que salvar al mundo; el fallecido padre del boxeador Butch Coolidge en Pulp Fiction, quien pasó por todo un calvario anatómico para poder hacerle llegar a su hijo el reloj de su abuelo y así poder preservar la tradición familiar.

Hasta los más malos no se olvidan de ser padres: Anakin Skywalker recobró la cordura lo suficiente como para salvar a su hijo Luke del Emperador, lanzando a la ciruela pasa al espacio; y Vito Corleone, a pesar de ser un mafioso sangre fría que no dudaba en poner bajo tierra a su competencia o intimidar a directores de cine poniéndoles una cabeza de caballo en la cama, siempre priorizaba a la familia por sobre todo lo demás; siquiera unos valores y un sentido del honor que su más sanguinaria competencia no tenían.

Ejemplos hay muchos, pero yo me quedo con el buen Bryan Mills de Taken, el que convirtió a Liam Neeson en una estrella de acción a puertas de la tercera edad. Buena ocasión para desempolvar un texto que escribí hace ya bastante tiempo y que nunca se publicó.

¡Feliz día a todos los padres! Pero en especial al mío.

 

 

Bryan Mills es el típico papá de otra época que no entiende a las nuevas generaciones. Es sobreprotector con su hija y mira receloso al enamorado, pero se siente fuera de lugar frente a ambos y no sabe dónde meterse cuando empiezan a hablar de su vida íntima. Es el tipo de papá amoroso que le regala peluches gigantes a su hija aún cuando esta ya dejó de ser una chiquilla y es independiente. Para padres como Bryan, la niña de sus ojos siempre va a ser inocente.

Bryan es un padre algo torpe como tantos otros, pero es también una persona con habilidades muy particulares, gracias a un pasado como agente de la CIA. Y cuando su hija es secuestrada por una red de trata de blancas armenia en París, removerá cielo y tierra para recuperarla. Bryan demuestra los sacrificios que un padre está dispuesto a hacer por su hija, arrasando con toda la Ciudad Luz si es necesario; una muestra de que el amor de un padre lo puede todo.

Búsqueda Implacable no era un título que prometía mucho – apenas otra genérica traducción (de muchas) para otra cinta de acción – pero si algo logró este compacto y cumplidor filme de Pierre Morel (parte de las huestes de la productora EuropaCorp de Luc Besson, especialista en cintas de género baratas ambientadas en el Viejo Continente) fue darle un segundo aire a la carrera de Liam Neeson; con sus casi dos metros de estatura, porte intimidante y cara de “no me faltes el respeto”, el patear traseros se le dio de forma natural. Hoy, es uno de los pocos rudos que quedan, uno que a la postre sabe actuar; otros veteranos como Sean Penn o Kevin Costner han tratado de seguirle los pasos, sin mucho éxito.

Todo empezó con Bryan Mills, una mezcla de Rambo, James Bond y Papá Por Siempre, el abnegado padre y hombre de familia que en dos posteriores (e inferiores) secuelas destruyó a Budapest y Los Ángeles (es de esperar que en la cuarta acabe con el mundo entero), dejando claro que nadie se mete con sus seres queridos. Todo un ejemplo a seguir para los papás.