Skip to content

Pesadillas

 

 

“Tus ojos quieren abrirse – tú mismo se los ordenas, que se abran esos párpados y puedas ver el cuarto en el que has vivido toda tu vida, con todos sus muebles y afiches extraños. Pero esos ojos se sienten pesados, como de plomo; no abren. (…) tu cerebro imparte órdenes al organismo como debe ser: abre los ojos, mueve los brazos, levántate. Pero tus extremidades no responden… (…) Te entra el miedo y piensas en lo peor: algún ataque o parálisis, no sabes que es lo que pasa. (…) Sientes ganas de gritar; por favor, ayúdenme, no sé qué diablos pasa, estoy paralizado y lo único que quiero es despertar, todo se vuelve negro, estás consciente pero en un vacío… (…) Te despiertas de golpe, como un resorte estás sentado sobre tu cama, pegas un alarido, te caes de lado, sobre el piso frío.”

 

Escribí estas afiebradas palabras hace muchos años, luego de varias noches en vela debido a un fenómeno que mi imaginación llamaba “desdoblamiento”, o el momento en el que supuestamente el alma se sale del cuerpo de uno y se va de paseo. No encontré otra forma de explicar noches llenas de ataques de pánico y ansiedad, donde terminaba bañado en sudor, atemorizado y en una desafortunada ocasión, cayendo de cara al suelo cual resorte.

Una vez que Google y Wikipedia se convirtieron en herramientas indispensables para saber cualquier cosa, pude investigar más sobre el tema; no era, como había supuesto mi imaginación de niño lector de cómics, una proyección astral a lo Doctor Strange, sino algo menos esotérico y más real: la parálisis de sueño. Un fenómeno que al parecer es más común de lo que se piensa, a juzgar por el documental The Nightmare de Rodney Ascher, sobre ocho personas que también han visto sus noches de descanso interrumpidas por algo difícil de explicar.

 

 

No es necesaria la presencia de un doctor, psiquiatra o cualquier otro especialista para describir lo que se siente: es estar plenamente consciente, en la oscuridad, pero con el cuerpo completamente paralizado, incapaz de moverse. Por más que la mente dé ordenes – “levántate”, “grita ‘auxilio’”, “mueve un brazo”, lo que sea, uno está inerte y propenso a ataques de pánico provenientes del temor de que pueda ser permanente o que, de tanto esfuerzo, pueda romperse algo. Levantarse sudado y presa de la ansiedad es cosa común. Las causas son muchas, pero la más común es los altos niveles de estrés – no es coincidencia que esto me ocurrió durante mi etapa australiana, donde la preocupación por la falta de recursos y la urgente necesidad de un empleo (al menos al principio, recién bajado del avión) era constante.

Pero para los ocho protagonistas de este modesto documental, la cosa va mucho más allá. A la parálisis se suman encuentros cercanos con lo que sea que resida en la oscuridad, que va desde sombras humanas inamovibles con sombrero de copa, hasta extraterrestres. Momentos que Ascher recrea como si se tratase de una película de terror, con la mano de un experto. Y si funcionan es porque están basados en la realidad. Algunos lo comparan a Pesadilla, a Freddy Krueger acechando víctimas en sueños con su guante de cuchillas; no podía ser de otra forma cuando el propio Wes Craven afirmaba haber basado la historia del violador de niños de la cara quemada en casos reales de refugiados asiáticos en los 70s, post-Guerra de Vietnam, que sufrían de pesadillas tan vívidas y reales que no los dejaban dormir.

Lo cierto es que las ocho personas en este documental han quedado profundamente afectadas por una experiencia que llegó a los límites del terror para algunos – una mujer afirma haber sido violada por algo desconocido y otro tipo recuerda con lujo de detalles el haber sentido que le mutilaban los genitales. Las secuelas saltan a la vista: está ahí un tipo de barba, siempre mirando tras de sí, con la única compañía de un gato (y no cuesta mucho imaginar a varios más habitando su casa fuera del alcance de la cámara, como la Loca de los Gatos de Los Simpsons); o el inglés nervioso, incapaz de mirar directamente a su interlocutor durante toda la entrevista, con la mirada extraviada, tal vez contemplando algo que no está ahí o que sólo él puede ver. No todo es malo, sin embargo; para una mujer, la experiencia sirvió para recordar a seres queridos ya fallecidos y darles un merecido adiós.

The Nightmare no intenta dar una explicación definitiva de la parálisis de sueño porque no la hay; es simplemente prueba de lo impredecible e insondable que es nuestro propio subconsciente, escondiendo secretos que tal vez nunca lleguemos a comprender. Podrían ser meras alucinaciones, o quizás, como se ha afirmado alguna vez, sean un punto de entrada a una dimensión paralela. Las posibilidades son infinitas. Este documental acerca el tema más al cine de terror porque, de cierta manera, es como vivir una de esas películas en la vida real.

En cuanto a su humilde servidor, si bien el tema económico/laboral sigue siendo una constante preocupación (algunas canas rebeldes son la prueba), al menos ahora puedo dormir tranquilo. Y si alguna vez la dichosa puerta a la Dimensión X se vuelve a abrir, al menos ya sabré a que me enfrento.

 

El Fundador

Todos, hasta los más sanos, hemos comido McDonalds. ¿A quien no le ha provocado embutirse una royale con queso alguna vez (doble, de preferencia), al diablo la buena salud? Es, como tantas películas de acción ochenteras, un placer culposo.

Claro, McDonalds no es precisamente sano; el mote de “MierDonalds” se lo han ganado a pulso. Ya lo sabíamos desde Super Size Me, el documental donde Morgan Spurlock casi se mata comiendo McDs por un mes entero. Tal vez no sea carne lo que estemos comiendo; quien sabe de qué estarán hechas las papas fritas de esta veterana cadena de comida rápida que parece nunca se descomponen; en el futuro, cuando la Tierra sea inevitablemente arrasada por bombas nucleares – como nos ha enseñado todo un subgénero de cine apocalíptico – los únicos sobrevivientes serán los quequitos Twinkies, las cucarachas y las papas del McDonalds.

Pero los Arcos Dorados siguen siendo un placer culposo que se consume rápido y te saca del apuro cuando el estómago te está gruñendo y no tienes ni tiempo ni mucho dinero en el bolsillo. No por nada esos arcos son tan reconocibles en el mundo entero (y no por nada me provoca darle una patada al payaso Ronald McDonald vez que lo veo). Hoy McDonalds es comida chatarra, otra cadena de comida rápida más, pero no siempre fue así; tal y como vemos en Hambre de Poder (The Founder) de John Lee Hancock, hubo una época en que lo que hacían era algo novedoso, hasta revolucionario.

 

 

McDonalds nació de los hermanos del mismo nombre, Mac y Dick, dos tipos sencillos de California que en los años 50 manejaban un local de hamburguesas al paso. Sin mesas, sin cubiertos, sin nada que uno asocie con un restaurante tradicional, perfeccionaron un estilo de preparación que apuntaba a la eficiencia por sobre todo lo demás, sin sacrificar la calidad de los alimentos. Y les estaba yendo de lo más bien hasta que Ray Kroc visitó su local.

Kroc es aquí un oportunista, un tiburón de saco y corbata que se asoció con los hermanos al ver el potencial de su local como una franquicia. Y al hacerlo famoso a nivel nacional, popularizando el concepto de “comida rápida” hasta convertirlo en algo cotidiano, terminó traicionando a dos hermanos que no estaban preparados para meterse de lleno en el mundo de los negocios. Kroc era, al menos según esta película, una rata que le robó la idea a dos inocentes y los dejó sin nada.

Pero, de cierta manera, es alguien a quien se puede admirar y no sólo por estar interpretado por el gran Michael Keaton (es una gran alegría ver a este sólido actor recibiendo buenos papeles otra vez; los días de darle voz a un muñeco de nieve han quedado atrás). Kroc es alguien que vio una oportunidad donde nadie más lo hizo y supo aprovecharla. Tuvo la ambición suficiente para convertir a McDonalds en el gigante que es hoy y todo porque supo jugar el juego y ganar. Los hermanos no tenían esta ambición o no sabían cómo ponerla en marcha; eran sólo dos tipos sencillos que servían hamburguesas y de haber continuado, no habrían pasado de uno o dos locales y McDs no se hubiese convertido en lo que hoy se considera, tal y como la llama Kroc, la nueva Iglesia norteamericana.

A ratos esta película parece un curso de marketing, de cómo tomar una marca y convertirla en algo reconocible a nivel mundial. Pero hay que reconocerle el poder partir de una premisa aburrida sobre el papel y convertirla en una historia interesante sobre lo difícil que es navegar el mundo de los negocios; a veces, para lograr grandes cosas y cambiar el mundo, se tiene que dejar atrás a algunos y pasar por encima de otros, una lección que figuras como Ray Kroc, Steve Jobs o Mark Zuckerberg aprendieron de sobra.

Hay toda una historia detrás de McDonalds que aquella placa con la cara sonriente del fundador que uno ve cada vez que va a uno de sus locales (al menos en Estados Unidos) no dice y que Hambre de Poder nos cuenta; una muy parecida a la de todos los grandes negocios, en todas partes del mundo. La comida puede ser de lo peor (aunque de seguro a algunos se les esté antojando una Big Mac en este momento), pero hay que reconocer que no todas las marcas tienen el reconocimiento global de esta.

 

El Piano

Todos los grandes tienen que empezar en algún lado. Tom Hanks hacía sitcoms antes de convertirse en el actor ganador de premios que es ahora. Ryan Gosling empezó como púber bailarín del Club de Mickey Mouse antes de ser el galán por el que todas las mujeres piensan en dejar a sus maridos. Vin Diesel hacía breakdancing, algo que probablemente nunca veremos hacer a Dom Toretto. Uno de los primeros papeles de Michael Fassbender fue de un vampiro nazi inmortal. La lista es larga.

Antes de llamar la atención de todo el mundo con la intensa Whiplash y su oda a los musicales, La La Land, el actual niño maravilla de Hollywood, Damien Chazelle (que a los 32 años podría convertirse este domingo en el Director más joven en ganar un Oscar, obligando a varios compañeros de promoción a preguntarse qué exactamente están haciendo con sus vidas) también pagó derecho de piso, escribiendo guiones para películas de género thriller/terror como El Último Exorcismo 2 y la divertida aunque completamente inverosímil Grand Piano, del español Eugenio Mira.

 

afiches-grand-piano-l-6iwdxl

 

Siguiendo la tradición de aquellas películas de suspenso minimalistas ambientadas en el espacio más reducido posible – véase a Ryan Reynolds dentro de un ataúd, Adrien Brody atrapado en un auto chocado o Colin Farrel embutido cual sardina en una cabina telefónica – esta nos presenta a Elijah Wood tocando el piano en un concierto de música clásica (tal vez se vea muy joven para ser un pianista de fama mundial, pero eso es algo con lo que el petiso Bilbo Bolsón, con su eterna cara de querubín, va a tener que lidiar siempre), hasta que una voz desconocida le advierte que si falla una sola nota o trata de pedir ayuda en el escenario, morirá. Todo es parte de un descabellado y exageradamente elaborado plan para hacerse de un secreto relacionado al instrumento. Un plan tan jalado de los pelos que hasta un personaje hace hincapié en que había formas menos complicadas de llevarlo a cabo.

Mira no nos da mucho tiempo para pensar en lo ridículo de todo el asunto, tomando elementos de directores como De Palma o Hitchcock para un estilizado ejercicio de suspenso. Pero si uno se fija, esta es tanto una película de Chazelle como del español. Está ahí el buen documentado amor por la música de este melómano – el jazz en sus dos filmes más aclamados, aquí la música clásica – y Wood es un protagonista en el mismo molde del sufrido Miles Teller de Whiplash, tocando batería hasta hacerse sangrar, o el terco Ryan Gosling de La La Land, aferrado al jazz más tradicional: un músico virtuoso, obsesivo y perfeccionista que sólo quiere ser el mejor y debe sufrir por su arte. Teller tenía al pelado J.K. Simmons empapelándolo de insultos y Wood tiene a John Cusack apuntándole con un rifle, pero el resultado es el mismo: alcanzar la perfección.

Grand Piano es entretenida y deja claro que, aún en proyectos primerizos y en apariencia comerciales, los mejores cineastas siempre se las arreglan para sacar a relucir su propia voz. Su carrera recién está empezando, pero ya se puede empezar a decir eso de Chazelle.

 

Lo Mejor de 2016

Este ha sido un año triste para los mundos de la cultura y el espectáculo. En los últimos doce meses, hemos perdido a: David Bowie, Prince, Leonard Cohen, George Michael, Gene Wilder, Anton Yelchin, Eliseo Subiela, George Kennedy, Alan Rickman, Umberto Eco, Muhammad Ali, Rubén Aguirre y Juan Gabriel, entre otros. Hace poco perdimos a la Princesa Leia, Carrie Fisher; en una cruel jugarreta del destino, su madre, la recordada actriz Debbie Reynolds, falleció un día después. En Perú, nos despedimos de Ricky Tosso y la cantante criolla Lucila Campos.

De a pocos, se están yendo las figuras de toda una generación. No queda duda de que este ha sido un año bastante macabro.

No queda más que disfrutar del cine para superar los malos ratos; menos mal, el 2016 no estuvo exento de algunas joyas, a pesar de lo limitado de la cartelera local. A veces no queda otra que acudir a Torrents, o últimamente a Netflix. Tras mucho reflexionar, pensar, criticar, maldecir, filosofar y examinar los astros, hago una síntesis de otras listas publicadas en distintos medios para llegar a este, mi Top 10 del año. En orden de preferencia, de menor a mayor.

 

NOTA: Esta es prácticamente la misma lista publicada hace algunos días en la revista 15 Minutos, con un par de leves cambios. Si prefieren escuchar mis exabruptos en vez de leerlos, vean este Top 10 que realicé junto a mi colega Sebastián Zavala, del blog Proyectando Ideas.

 

Menciones Honrosas:

No Respires (Fede Álvarez); Under The Sun (Vitaly Mansky); Solos (Joanna Lombardi); The Wolfpack (Crystal Moselle); The Invitation (Karyn Kusama); Epitafio (Yulene Olaizola & Rubén Imaz); Av. Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg)

 

rs-231526-eye-sky

 

ENEMIGO INVISIBLE de Gavin Hood

 

Además de ser un trepidante thriller que te mantiene al borde del asiento, esta es una fuerte crítica al aparato militar estadounidense de la actualidad. La modernidad permite que un piloto de avión pueda lanzar una bomba sobre un objetivo desde kilómetros y continentes de distancia, pero no se toma en cuenta cómo puede afectar esto al que debe apretar el botón. Todo debería más eficiente, pero aquí sólo lleva a una pesadilla burocrática donde todos velan por sus propios intereses sin pensar en el costo humano de un conflicto. Gavin Hood se redime por blockbusters mediocres como X-Men Origins: Wolverine y muestra estar mucho más cómodo en el cine de corte político. Contiene además la última y genial actuación de Alan Rickman, el recordado Hans Gruber.

 

DEADPOOL de Tim Miller

 

Deadpool, el mercenario piquito de oro con un motor 4×4 en la lengua, es por lejos el mejor superhéroe del año. Una cinta que funciona como ejercicio de acción al mismo tiempo que deconstruye y se burla sin piedad de su propio género. Con un inspirado Ryan Reynolds (quien pareciera nació para interpretar este papel), es irreverente, políticamente incorrecta, de mal gusto y una genialidad. La patada en el trasero que necesitaba el subgénero del cómic, siempre en peligro de caer en la repetición, para ponerse a innovar.

 

GREEN ROOM de Jeremy Saulnier

 

Una banda punk presencia un asesinato en un club neonazi y pronto deberán pelear para salir vivos de ahí. Un crudo y minimalista ejercicio de suspenso que atrapa a uno desde las primeras escenas y no da cuartel, es el tipo de filme que te hace comerte las uñas. Sin nada que se asemeje a un final feliz y con pocos momentos para tomar aire y sentir alivio, Green Room opta por el realismo y es tremendamente efectiva. Uno de los últimos papeles del joven Anton Yelchin, trágicamente fallecido en un bizarro accidente automovilístico y que aún tenía mucho por ofrecer.

 

CREED de Ryan Coogler

 

Parecía una mala idea: otra secuela más en una franquicia que para muchos ya no tenía dónde ir, otra excusa para hacer dinero usando un personaje reconocible. Pero en manos de Ryan Coogler, el retorno de Rocky Balboa a las pantallas, esta vez entrenando a Adonis Creed, hijo de Apollo, es un emotivo y emocionante adiós a una de las figuras más queridas de la gran pantalla y una sólida cinta deportiva, de esas que nos hacen querer aplaudir al final. El gran Silvestre pocas veces ha trabajado tan bien como lo hace aquí.

 

CHOQUE DE DOS MUNDOS de Heidi Brandenburg y Mathew Orzel

 

En lo que se refiere al llamado “Baguazo” del 2009, sería fácil decir “Eso pasó en la selva, yo vivo en la ciudad y no me afecta” pero este documental te obliga a prestar atención y a reaccionar. Cualquier líder, ya sea de un partido político o de una etnia, no puede ser tan irresponsable como aquí se muestran el gobierno aprista de Alan García y los indígenas liderados por Alberto Pizango. El saldo del conflicto entre nativos y policías fue más de 30 muertos y siete años después, nadie ha asumido la responsabilidad de lo ocurrido. Un filme que no puede dejar indiferente a nadie, que choca e indigna; probablemente esa era la reacción que querían.

 

 

ESTACIÓN ZOMBIE de Yeon Sang-ho

 

Ahora que los zombies se han vuelto mainstream y aparecen en todos lados, resulta cada vez más difícil que este manoseado subgénero haga algo nuevo. Train to Busan (mejor llamarla por su nombre original; esa genérica traducción no dice mucho) toma los típicos elementos de una cinta de muertos vivientes – un poco de crítica social, la omnipresente idea de que “los humanos somos el verdadero peligro”, etc. – y entrega un imparable ejercicio de tensión que, al igual que el tren del título, no se detiene. De lo mejorcito del terror este año.

 

DOS TIPOS PELIGROSOS de Shane Black

 

Un detective privado y un matón de poca monta unen fuerzas para investigar la muerte de una actriz porno en Los Ángeles en los años 70. Es una trama enredada digna del mejor cine negro, que tal vez sea necesario ver más de una vez para entender del todo. El verdadero placer de esta película es ver con qué payasada van a salir Russell Crowe (burlándose de su imagen de malhumorado) y un inolvidable Ryan Gosling, tan dispuesto a hacer el ridículo, en cada escena. Humor negro y más de un diálogo ácido cortesía de Shane Black, quien ha hecho de estas buddy movies de acción un arte. Una de las mejores comedias del año.

 

LA BRUJA de Robert Eggers

 

No es la típica película de terror que llega a nuestras salas. La Bruja muestra terrores mucho más reales que cualquier monstruo, fantasma o psicópata con machete, a pesar de estar ambientada en la época colonial. La Iglesia Satánica le dio el visto bueno y es fácil darse cuenta por qué; lo que sugiere esta película es perturbador y cala hondo. Cargada de una atmósfera oscura, es enervante y difícil de olvidar una vez vista; y todo sin echar mano de los acostumbrados jump scares u otros recursos típicos del género.

 

LOS OCHO MÁS ODIADOS de Quentin Tarantino

 

Sólo Tarantino puede ambientar un western dentro de una casa, darle tres horas de duración y hacerlo tan jodidamente divertido. Ocho inmorales son reunidos bajo el mismo techo durante una tormenta, sacando a la luz lo peor de la sociedad norteamericana (tanto o más hoy que en el Viejo Oeste): misoginia, xenofobia, racismo y un largo etcétera. No pasa mucho antes que todo estalle en una orgía de violencia que Tarantino lleva a los extremos del absurdo. Los fans del director ya saben que esperar; otra infalible joyita de un director que a estas alturas, hace lo que le viene en gana. Sólo le quedan dos películas antes de su anunciado retiro; hay que disfrutarlas mientras se pueda.

 

SPOTLIGHT de Tom McCarthy

 

Con el reciente caso del Luis Fernando Figari y el Sodalicio, Spotlight resulta más que relevante, una recreación de la investigación por parte de un grupo de periodistas del Boston Globe que en 2001 destaparon un sinfín de casos de abuso sexual infantil dentro de la Iglesia Católica; las repercusiones se sienten hasta hoy a nivel mundial. En una época donde los medios impresos están perdiendo piso frente a lo digital, la película rescata la labor tradicional del periodista, aquel que recorre las calles grabadora en mano en busca de una historia. El periodismo aún tiene un importante papel que cumplir dentro de la sociedad actual y, utilizado bien, puede ser una verdadera fuerza de cambio. Un gran reparto que funciona cual fino engranaje le da vitalidad a una historia importante y muy difícil de olvidar. Justa ganadora del Oscar a Mejor Película este año, Spotlight es de visión obligada.

 

_88039381_still-01sp

 

Las Mejores Actuaciones de 2016

Un personaje memorable es el que te hace querer ver la película más de una vez. Aquí vamos con mi lista de aquellos individuos que resaltaron, un puñado de buenas actuaciones que bien vale la pena recordar. Aunque más que llamarlas las mejores actuaciones, son los personajes más destacables.

Por tercer año consecutivo, me doy cuenta que tengo un serio déficit de actuaciones femeninas, lo cual tal vez me dice que tengo que variar un poco en las películas que veo.

En ningún orden de preferencia, sólo alfabético…

 

la-luz-en-el-cerro-ramon-garcia

 

Ramón García – La Luz en el Cerro

Este thriller de la vieja escuela ambientado en los Andes (que recién veremos en salas el próximo año) es una historia sobre cómo la codicia puede corromper hasta a las personas más bienintencionadas. Y dentro de este juego de traiciones, el centro moral es el rudo Padilla, la única persona decente que quiere hacer las cosas bien. Ramón García se luce con una interpretación intensa pero humana.

 

john-goodman

 

John Goodman – 10 Cloverfield Lane

El gordo Goodman es un tesoro actoral y no hay mejor prueba que el desequilibrado y posiblemente psicótico Howard, sobreviviente de un (aparente) cataclismo y dueño del bunker donde se desarrolla esta historia. Lo solemos ver en papeles cómicos o de tipo bonachón, pero aquí el actor es tan impredecible e intimidante que inspira terror.

 

niceguys2 

 

Ryan Gosling – Dos Tipos Peligrosos

Holland March es un detective privado y un inepto de marca mayor, un tarado que no puede ni salir de un baño sin hacer el ridículo; al más puro estilo del Inspector Truquini, es su pequeña hija quien le hace todo el trabajo. El fotogénico Ryan Gosling, hasta ahora conocido por papeles serios y/o de galán, muestra unos insospechados dotes para la comedia haciendo buena dupla con el matón de Russell Crowe. Gran parte de la hilaridad de la película viene de sus constantes metidas de pata.

 

Robert Redford is Mr. Meacham in Disney's PETE'S DRAGON. ©Disney Enterprises. CR: Matt Klitscher.

Robert Redford – Mi Amigo el Dragón

En películas infantiles, los papeles de los adultos suelen ser reducidos, apenas un mero complemento donde no se les pide a los intérpretes esforzarse demasiado. En el caso de Mi Amigo el Dragón, es un alivio ver que los actores mayores se tomaron la historia totalmente en serio y nadie más que el veterano Robert Redford, que irradia simpatía como el tipo de abuelo que todos quisiéramos tener, un hombre sabio y de buen corazón al que provoca darle un abrazo y escuchar sus historias.

 

2c96e516a63ea793778bdb941610e3922753486a5700ed760814656d85108041

 

Ryan Reynolds – Deadpool

Es un caso de casting perfecto: no hay nadie mejor para hacer de un mercenario bocón e inmortal que nunca se calla la boca que Ryan Reynolds, conocido por ser un lengualarga que siempre tiene chistes a la mano. El actor fue el principal responsable de llevar el políticamente incorrecto personaje de la Marvel a la gran pantalla y se adueña por completo del papel; nos hace superar con creces el trago amargo que fue Linterna Verde.

 

 0-zsjagofdo8_0vn3f

 

Saoirse Ronan – Brooklyn

Eilis Lacey, una inmigrante irlandesa en la Nueva York de los 50, debe tomar una difícil decisión: hacer una nueva vida en Estados Unidos junto a un novio italiano o volver a su país natal, donde también encontrará el amor. Eilis es una mujer de buen corazón, pero no perfecta; aún si comete errores, sin embargo, es tan encantadora que no cuesta mucho estar de su lado. Y eso es gracias al carisma y presencia de una radiante Saoirse Ronan; imposible no quedar embelesado con Eilis. Me caso.

 

ar-al308_creed_p_20151111103214

 

Sylvester Stallone – Creed

Stallone vuelve al ring por última vez como el campeón Rocky Balboa, recordándonos que sus dotes actorales van mucho más allá de los mediocres papeles de acción que viene haciendo últimamente. Aquí nos muestra a un Rocky vulnerable y humano contemplando su propia mortalidad y tratando de dejar una huella a futuro; es también Stallone pasando revista a su propia trayectoria. No ganó el Oscar pero sí el cariño de todos. Un digno adiós a uno de los personajes más entrañables de la historia del cine.

 

green_room-620x412

 

Patrick Stewart – Green Room

El recordado Jean-Luc Picard cambia de registro para interpretar al villano en este compacto y efectivo thriller. Una pandilla de neonazis acosan a una banda punkete que tuvo la mala fortuna de presenciar un asesinato; Darcy, el líder, es metódico, calculador y de una frialdad inhumana que disimula con una calma que enerva. Stewart ni siquiera tiene que alzar la voz para que a uno le den escalofríos; aquí interpreta a un monstruo que se siente demasiado real.

 

YAPA: Sausage Party, la más reciente fumada de Seth Rogen y compañía, es irreverente, absurda y políticamente incorrecta. Más que sus escenas finales, que es mejor descubran por su cuenta, nada es tan hilarante como un traumado frasco de mostaza al borde del colapso tratando de advertir a los demás productos de supermercado que toda su existencia es una mentira. Es un papel animado y bastante breve, pero no puedo dejar de compartir el épico monólogo de un Danny McBride acelerado por un Red Bull.

 

Los Bodrios de 2016

Uno siempre trata de evitar las malas películas, pero a veces es inevitable caer redondo en algo que parecía tener siquiera una pizca de promesa, sólo para darte cuenta que mientras hay gente en el mundo trabajando para encontrar la cura contra el cáncer, tú estás malgastando el tiempo viendo ofensas audiovisuales y preguntándote si no hubiese sido mejor estudiar contabilidad.

Generalmente, uno trata de encontrarle algo bueno a cada película que ve; pero algunas simplemente no tienen arreglo. Estas son mis decepciones del año, las que me hicieron cuestionarme mi propia existencia; una lista que sirve como catarsis y para reírse un rato.

 

maxresdefault

 

A DC no le sale ni una

DC le está tratando de hacer la competencia a Marvel, construyendo un universo fílmico interconectado de superhéroes. El problema es que han querido hacer en tres años y tres películas lo que la competencia ha hecho en ocho años, 14 filmes y cuatro series (y contando). Batman vs Superman quiso apurar todo el proceso y terminó siendo un desorden colosal, pero al menos tenía a Ben Affleck haciendo de un buen Hombre Murciélago y una genial batalla entre ambos héroes, al menos hasta que dicen el nombre “Martha” y todo se va al tacho.

Pero con Escuadrón Suicida, DC demostró no tener idea de lo que hace. Desde su concepción inicial está todo mal: juntar a un grupo de antihéroes de segunda categoría no tan poderosos – un sicario, un militar, uno que tira boomerangs, una loca con un bate de béisbol, un cocodrilo y un pirómano que no quiere pelear – y enfrentarlos a un dios azteca superpoderoso no tiene ni pies ni cabeza; todos debieron haber muerto en cuestión de segundos.

David Ayer tiene películas tan sólidas como Fury o Training Day en su haber, pero aquí está completamente perdido. Malgasta a actores tan carismáticos como Will Smith o Margot Robbie, que hacen lo que pueden y salen con la dignidad intacta. Y mientras menos se diga del Joker punkete de Jared Leto, que nada tenía que hacer aquí, mejor; Heath Ledger debería penarlo. A menos que La Mujer Maravilla los salve el próximo año. DC va a terminar haciendo papelón.

 

¿Dónde estás, Tim?

Los fanáticos de Tim Burton estamos esperando hace años que recupere la magia que nos mostró en Beetlejuice, Ed Wood y otras joyas. Su reconocido estilo gótico/dark se estaba convirtiendo en una parodia de sí mismo y si bien Frankenweenie y Big Eyes nos dieron esperanza, Miss Peregrine y los Niños Peculiares de nuevo nos hace preocuparnos.

Luego de lo que parecen décadas, Burton no está trabajando con su musa Johnny Depp ni con su novia de turno (pero vaya que le debe tener ganas a Eva Green, y quien no), pero ni así su particular versión de los X-Men logra alzar vuelo. Una historia confusa que no termina de cuajar y que es al final parte de la nueva moda hollywoodense de adaptar cuanta saga de novelas juveniles exista para encontrar el próximo fenómeno estilo Harry Potter; algunas escenas dan indicios del Burton de antaño, pero aquí el director es absorbido por un subgénero bastante repetitivo. Esta película la pudo haber filmado cualquier persona.

 

warcraftposter-blizzard-universal-530x283

 

Los videojuegos y el cine no van de la mano

Warcraft pudo haber sido la película que al fin, le dé algo de respetabilidad al mediocre género de adaptaciones de videojuegos. Duncan Jones es un director en alza gracias a joyas de ciencia ficción como Moon o Source Code, pero definitivamente los blockbusters no son su fuerte.

No hay manera de hacerle justicia a una historia de largo aliento como la del juego en dos horas. El resultado es una incoherencia que apenas se entiende y que, a pesar de sus buenos efectos especiales, resulta ser una gran cura para el insomnio; cabeceé al menos tres veces. Ahora que Assassin’s Creed está siendo machacada por los críticos, parece ser que los videojuegos en el cine ya no tienen remedio.

 

El cine peruano: un paso adelante, dos atrás

Sería bien fácil decir que todas las de Tondero califican, pero es una opinión que no comparto; los que dicen eso no han tenido el honor de ver Soledad.com o La Academia. La primera es un tecno-thriller que llega con nueve (!!) años de atraso, para una añeja intriga ambientada en las épocas de los diskettes, CD-Roms, Windows XP y el Snake del celular; la segunda es una historia deportiva que pretende rendir tributo al Deportivo Municipal, pero que para lo que hacen pudo haber sido el Alcides Vigo u otro equipo de segunda; cualquier hincha del sufrido club se ofendería. Ambas contienen una enciclopedia de errores técnicos y si fueron poco vistas, es porque no llegaron a cartelera (hasta los cines tienen que tener un mínimo de criterio). El cine peruano se merece mejor que esto y como espectadores, ya estamos en una etapa donde podemos exigirlo.

 

 

¡Y aún hay más! Pero para que no sea demasiada lata, hagamos un resumen ejecutivo.

 

Gods of Egypt de Alex Proyas

No puede ser el mismo director de Dark City y El Cuervo, ¿verdad? Se toma tantas libertades con la mitología egipcia, que daba igual ambientarla en Narnia.

 

Martyrs de Kevin y Michael Goetz

La cinta original francesa era chocante, cruda, violenta, oscura, cruel y difícil de olvidar. Este inútil remake no es ni la sombra de todo eso.

 

The Forest de Jason Zada

Aokigahara, el famoso bosque japonés donde todos se suicidan, se presta para una gran película de terror. Esta no es.

 

Skiptrace de Renny Harlin

Jackie Chan es un ídolo, pero si sigue haciendo bodrios tan aburridos como este, le voy a perder toda la fe. Extraño las épocas de Who Am I?

 

The Boy de William Brent Bell

Ver este esperpento después de El Conjuro 2 te hace apreciar aún más lo bien que James Wan trabaja el género.

 

Jack Reacher: Never Go Back de Edward Zwick

Un desganado Tom Cruise le patea el trasero a todo el mundo con una inamovible cara de piedra en una secuela donde parece nadie se esforzó demasiado. Como matar una franquicia en dos entregas.

 

thumbnail_24578 

Suficiente veneno; prometo que lo que voy a publicar en lo que resta del año (cuatro días) será todo positivo.

Mentalidad Televisiva II

 

walter-white-and-jesse-pinkman-breaking-bad-movie-hd-wallpaper-1920x1200-1752

 

Continúa de la primera parte…

 

Creada por Vince Gilligan, Breaking Bad es la historia de Walter White, un profesor de secundaria convertido en capo de la droga cuando descubre que tiene cáncer. Lo que empieza como una comedia negra con el inofensivo, correcto e inoperante Walter y su inútil ex alumno drogadicto Jesse Pinkman inmersos en un peligroso mundo que no conocen, se convierte en una oscura tragedia digna de Tony Montana. Walter adquiere poder y deja aflorar al frío y calculador capo que siempre llevó dentro; su aparatosa caída es inevitable. Un drama lleno de giros inesperados que descubrió el talento escondido del gran Bryan Cranston, quien pagó piso apareciendo en todas las series y películas habidas y por haber desde los 80s, siempre en papeles chicos. Antes de BB, era más conocido como el papá tarado de Malcolm in the Middle y aquí se reinventó  como el hombre de familia metido a intimidante émulo de Pablo Escobar; desde entonces, es una sólida presencia dondequiera que aparezca. Vi Breaking Bad en un mes y desde entonces, es recomendación fija para cualquiera que pregunte “¿Qué veo ahora?”.

Lo mismo para su inesperadamente genial spinoff, Better Call Saul, que se centra en el abogado de Walter, Saul Goodman (“It’s all good, man!”), quien detrás de su estrafalaria pinta de payaso arrepentido, se sabe todos los trucos de la profesión. Esta nueva serie relata su transformación de Jimmy McGill – un vivo que aún así sólo quiere hacer el bien – al inescrupuloso leguleyo Saul, el abogado de los bajos fondos. En dos temporadas, esta historia se ha convertido en otra gran tragedia, especialmente en lo que respecta a la relación de Jimmy con su hermano Chuck, un manipulador nato que se ha mostrado como el peor villano de todos. Aunque repleta de referencias a su antecesora, BCS funciona por sí sola como un gran drama.

De la desértica Alburquerque nos vamos al mágico mundo medieval de Westeros. Desde su debut hace seis años, Game of Thrones se ha convertido en parte esencial de la cultura pop actual, la serie que todos comentan semana a semana y que nadie quiere que le espoileen en redes sociales, famosa por sus momentos chocantes (Sólo basta con decir “Boda Roja” para que a un fan le den escalofríos). Es una delicia ver un mundo de fantasía donde todos se apuñalan por la espalda y tejen intrigas, sólo para poder ocupar el Trono de Hierro; esta serie ha demostrado que se pueden hacer historias fantásticas con magia y dragones para un público adulto. Este año, luego de una quinta temporada lenta y donde parecía no sucedió mucho, GoT pisó el acelerador: Cersei Lannister se vengó de todos, descubrimos por qué Hodor sólo dice “Hodor” (Maldita puerta) y la Batalla de los Bastardos nos regaló un combate épico al mejor estilo de Corazón Valiente (William Wallace, vete a casa). Todo queda listo para los 13 capítulos finales y desde ya corren las apuestas sobre quien ocupará el Trono. ¿Será Daenerys Targaryen, la Reina de Dragones (y un sinfín de títulos honoríficos más que necesitarían un párrafo aparte)? ¿O Jon Snow, el torturado emo que sigue sin saber mucho? ¿O hasta Tyrion Lannister, el enano que se ha vuelto un ídolo de multitudes? Habrá que ver… lo cierto es que Game of Thrones ya se ganó un lugar en el imaginario colectivo.

 

 

Mi afición por los zombies también me ha vuelto otro incauto que sigue, semana a semana, las aventuras de Rick Grimes y el resto de los sobrevivientes post-apocalipticos de The Walking Dead, la historia de muertos vivientes que nunca termina y que ha contribuido a que los cadáveres ambulatorios se vuelvan mainstream (ya todos se han olvidado que se trata de monstruos que comen cerebros). Una serie que juega a la ruleta rusa con las vidas de sus personajes y que de cuando en cuando le falta el respeto al espectador con trucos sucios para conseguir más rating – esperar tres capítulos para confirmar que sí se puede sobrevivir a una horda de zombies escondiéndose debajo de un basurero, o reventar a alguien a batazos y hacernos esperar medio año para saber quién fue la víctima – pero a la que uno no puede evitar estar pegado. Y aunque recibió una inyección de energía esta temporada al introducir al personaje de Negan, el sociópata que se inclina hacia atrás cada vez que habla y no puede decir nada sin antes soltar un colorido y extenso monólogo que dejaría chico a Adal Ramones, lo que esta serie pide a gritos es un norte, una meta, un propósito, más allá del consabido refrán de “los humanos somos el verdadero peligro”. De lo contrario, se reduce a esperar que muera alguien de manera cruel y todo lo demás es relleno. TWD tiene altibajos, pero de vez en cuando cumple con chocar y hasta hacerte soltar una lágrima.

 

126285

 

Narcos, de Netflix, ha demostrado a lo largo de dos temporadas que si de horrores se trata, cualquier monstruo de fantasía queda chico frente a lo real. Una crónica sobre cómo el Cartel de Medellín tuvo en jaque a todo Colombia en los años 80 y principios de los 90, nos presenta a un Pablo Escobar sin ningún escrúpulo, un tipo que se sabía intocable. Como toda persona acostumbrada a tenerlo todo y que se haga siempre lo que él quiere, inevitablemente tuvo su caída, abatido a balazos huyendo de la policía sobre los techos, luego de que su imperio de cocaína se derrumbara. Anteriormente, la  serie colombiana El Patrón del Mal ahondó más en la historia de Escobar, con un genial Andrés Parra poniéndose en la piel del capo. Dejando de lado algunos edulcorados momentos de telenovela, la serie fue tremendamente efectiva en retratar una oscura aunque importante etapa en la historia del país cafetero. Narcos aborda el tema desde el punto de vista de la DEA y los dos agentes que se enfrentaron al cartel, lo que limita su enfoque. No entra tanto en detalle cómo su antecesora, pero resulta una sólida crónica policial que además le ha dado trabajo a un buen número de directores y actores latinoamericanos. Palmas para el brasileño Wagner Moura; a pesar de que resulta muy obvio que el español no es su lengua materna, logra meterse de lleno en el personaje de Escobar, captando su frialdad y facilidad para intimidar.

 

serie-escobar-netflix-opinion

 

Una serie que no mira al pasado es Mr. Robot; en estos tiempos de dependencia tecnológica, de Anonymous, de protestas y de descontento social generalizado, esta alucinada historia sobre un hacker resulta más que actual. Desde su primera temporada, la serie nos ha puesto en los zapatos de Elliot Alderson – genial el trabajo del egipcio Rami Malek, el de la mirada a lo Mesut Ozil y a quien pronto veremos interpretando a Freddie Mercury en un biopic – un maestro computín, socialmente limitado, levemente autista y bastante dañado que cuestiona su propia realidad. Vemos el mundo desde el filtro de su protagonista y como todo buen proyecto que altera la realidad (mindfuck, como se les suele llamar), pronto no sabemos que es real y que es producto de la paranoica imaginación de Elliot, dando como resultados unos giros que hacen a uno caer de espaldas. Mr. Robot es un tecno thriller lleno de misterios aún por revelar y que logra lo imposible, hacer tolerable a Christian Slater.

Al igual que en el cine, los superhéroes también están dominando la televisión. Marvel siguió ampliando su cada vez más masivo universo, primero con Daredevil, oscura serie sobre el vigilante ciego con niveles de seriedad y violencia que sus pares fílmicos nunca se permitirían. La productora ha sido criticada más de una vez por malgastar a buenos actores en descoloridos papeles de villano, con el Loki de Tom Hiddleston la única excepción; sumen al Wilson Fisk de Vincent D’Onofrio a esa corta lista. La segunda temporada introdujo además a Frank Castle, alias Punisher, al fin dándonos una interpretación digna del ex militar convertido en máquina de matar, tras tres fallidos intentos en la gran pantalla.

 

 

A Daredevil le siguieron Jessica Jones y este año, Luke Cage, que ganó puntos al enfocarse en la comunidad afroamericana de Harlem, sus costumbres y su cultura pero que no termina de cuajar cuando uno se da cuenta que Luke, un ropero de casi dos metros con fuerza sobrehumana y piel irrompible, es prácticamente inmortal y podría resolver todo conflicto en cuestión de segundos en vez de 13 capítulos. El próximo año llega el maestro de artes marciales Iron Fist y  Marvel, fiel a su fórmula, parece estar a punto de explotar al querer abarcar demasiado.

Mientras DC, el eterno rival, sigue metiendo la pata hasta el fondo en la gran pantalla luego de aquel innombrable desperdicio que fue Escuadrón Suicida, han logrado construir un simpático universo de superhéroes en la pantalla chica. Arrow era muy parecido a otras series de la cadena juvenil CW como para tomarla en serio – actores físicamente perfectos sacados de un catálogo, drama cebollero digno de telenovela – pero Flash ha funcionado al lograr el balance perfecto entre el drama y lo netamente ridículo; es una representación perfecta de lo que debería ser un cómic en la pantalla, aventuras entretenidas que no se toman demasiado en serio y que sirven para pasar el rato. Y todo a pesar de que el velocista de rojo tiene tal vez los enemigos más inútiles de todo el medio el cómic, teniendo sus puntos más bajos en la chica que controla a un enjambre de abejas robot por computadora o el monstruo al estilo Cloverfield que resulta ser un holograma creado por un gordito nerd y virgen.

 

tia-chop

 

Este año, la CW estrenó Legends of Tomorrow, reuniendo a un grupo de héroes de quinta categoría y dándoles su momento de gloria en un sinfín de aventuras a través del tiempo; una serie ligera y despreocupada que funciona mucho mejor de lo que debería. DC está haciendo agua llevando a la Liga de la Justicia al cine, pero parecen estar dominando la pantalla chica.

Muchas series y muy poco tiempo; lo cierto es que la pantalla chica tiene mucho que ofrecer para los que piensan que el cine no está innovando lo suficiente. Antes de lanzarme a hacer una tercera parte para explicar que Stranger Things es una joya, como Los Goonies hecha por John Carpenter, un tributo al cine de los 80s que nos dará nostalgia por las épocas de E.T. y John Hughes, recuerdo que las trilogías casi nunca resultan bien, así que detendré este texto aquí. Como dice un columnista de un diario local: apago el televisor.