Skip to content

El Hombre de las Mil Razas

Hay actores que son reconocidos más por su nombre que por sus papeles. Ethan Hunt no es Ethan Hunt; es Tom Cruise siendo cool y pateando el trasero a los malos, siempre con esa permanente sonrisa Kolynos. Will Smith suele interpretar variaciones de sí mismo, salvo excepciones. Y así sucesivamente; actores con una personalidad pública tan grande y reconocida, que opaca algunos de sus papeles.

La otra cara de la moneda son aquellos intérpretes que no uno no conoce de nombre, que ha visto en todas partes pero aún así no se acuerda de como se llaman. Los héroes anónimos del cine, los secundarios de lujo, los actores sólidos que tal vez no reciben el reconocimiento de las grandes estrellas pero que siempre son una grata presencia. Y hay un caso bastante particular.

 

cliff curtis

 

Se trata del neozelandés Cliff Curtis. Tuvo sus primeros papeles en El Piano de Jane Campion y en Once Were Warriors de Lee Tamahori, un fuerte y crudo drama sobre abuso doméstico donde el director además presentó las dificultades sociales que enfrentaban los maoríes sin ningún adorno. Curtis llamó la atención como el detestable Bully y Tamahori posteriormente fue a Hollywood a tirar su prometedora carrera al tacho; es dificil de creer que la persona detrás de este drama realista e impactante fue el mismo de XXX 2, al que poco le faltaba para ser un film de superhéroes (y no de los buenos).

Sin embargo, para los que no vieron estas dos películas, no había forma de saber de donde provenía Curtis. Y es que este actor se ha vuelto célebre por interpretar a todas las razas existentes. En Tres Reyes de David O. Russell, fue un rebelde iraquí. En La Fuente de la Vida de Darren Aronofsky, un conquistador español. Ha hecho de colombiano tres veces: interpretó a Pablo Escobar en Blow con Johnny Depp y luego hizo de un émulo del infame capo de la droga en Daño Colateral, la película donde el gran Arnoldo elimina por sí solo a todo el Cartel de Medellín.

Uno de sus papeles más memorables fue como el chicano Smiley en Día de Entrenamiento, en la que es tal vez la escena más tensa de toda la película donde Ethan Hawke se salva de morir sólo por la gracia del Señor. Denzel Washington, que hasta ese momento había opacado a todo el mundo como el corrupto policía Alonzo Harris, se ausentó de la escena y dejó a sus coestrellas brillar con luz propia siquiera por unos minutos.

 

 

Curtis apareció en la fantástica El Último Maestro del Aire de Shyamalan, aunque vaya uno a saber a que raza pertenecían unos guerreros con poderes mágicos. Hasta hizo de cavernícola en  la pésima 10,000 A.C. de Roland Emmerich; supongo que determinar la raza exacta del hombre prehistórico no fue de vital importancia. Una de las pocas veces que se le permitió a Curtis representar su propia raza fue en la olvidable cinta de terror Virus, donde aparecía con uno de esos tatuajes faciales que para los maoríes son un símbolo de su cultura (y para Mike Tyson, una forma de llamar la atención).

Sin embargo, el que Curtis tenga que interpretar a todas las razas (por ahí se cuelan también papeles de árabe o afroamericano) no debería molestar; y es que el tipo es una de esos actores sólidos que siempre entregan una buena actuación. Actualmente, interpreta a Jesús en Risen, película religioso que probablemente veamos en Semana Santa y además se le puede ver en Fear The Walking Dead, el spinoff de la serie zombie. Mejor disfrutarlo mientras se pueda porque, sabiendo como AMC maneja su popular serial, no pasará mucho tiempo antes de que sea devorado por un cadáver ambulatorio.

Más adelante hablaremos de más de estos actores anónimos; en el video de arriba incluso hay otro que no pasa desapercibido.

Apta Para Todo Público

2

 

“Buenos tardes, don Manuel.”

“Hola Juanito, mi buen hombre. ¿Cómo te trata la vida?”

“Aquí estamos, pues caballero. Dándole nomás.”

Juanito siempre lo saludaba con una sonrisa. Todos los lunes, don Manuel Vargas llegaba a las siete de la noche al Centro Cultural Ricardo Palma, listo para otra función de cine clásico e internacional, programado con fino gusto por Anselmo, uno de los pocos en los que Don Manuel confiaba, puesto que compartían los mismos refinados gustos en el séptimo arte.

Antes de esto, pasaba la tarde sentado en su escritorio, disfrutando una buena copa de vino tinto y un libro de su variada biblioteca; tenía una pequeña colección de autores latinoamericanos, pero su verdadera pasión eran los libros de viaje. Bastaba con hojear algunas páginas para sentirse transportado a todos los rincones del mundo.

Todo era parte de un rutina fija, la de hombre y maduro y soltero que seguía religiosamente todos los días. En las mañanas, solía caminar por los parques de Miraflores, observando a las parejas, a los jóvenes que salían a correr, a las mascotas; siempre en silencio, de vez en cuando ofreciéndoles alguna sonrisa. Solía recaer luego en el café Chez Latte, a almorzar y tomarse una taza de té mientras leía los diarios; le gustaba estar informado de todo lo que sucedía en el mundo, aunque entre atentados, disputas religiosas y guerras sin sentido, cada vez se sentía más decepcionado del resto de las personas.

Luego de esto, volvía a casa a pasar la tarde en compañía de sus libros. Tras la obligada copa de vino y una cena ligera, a lo mucho una sopa o ensalada debido a sus pocas dotes culinarias, se iba a acostar.

Don Manuel no frecuentaba mucha gente. Nunca se había casado ni tenía hijos. Huraño por naturaleza, no había hecho muchas amistades en sus años de empleado público, a lo más compartir una taza de té con sus colegas en la cafetería de la oficina por unos minutos, hasta que sus conversaciones sobre sus matrimonios, hijos y viajes lo confundían y debía excusarse.

Su mayor contacto con otras personas era en los lunes por la noche, cuando Juanito el vigilante lo saludaba sin falta antes de entrar a la Sala Ribeyro a disfrutar del buen cine de antaño. Don Manuel no pisaba otra sala; no entendía las películas modernas, bulliciosas, frenéticas, muy coloridas, ni tampoco al público, adolescentes hiperactivos que se la pasaban hablando por esos benditos aparatos que parecían llevar pegados a la oreja. Ni que decir de la canchita, tan indigesta, que para él era como masticar cartón.

La Sala Ribeyro era diferente; ahí se respiraba buen cine y entre los asistentes, en su mayoría señores jubilados como él, don Manuel era respetado. Todos lo saludaban con cordialidad, todos le pedían su opinión sobre las películas debido a su condición de hombre de mundo. Esto a pesar de que nunca había viajado fuera del país; para eso tenía sus libros, para llevarlo a las Pirámides de Egipto, a la Gran Muralla China, en fin, a todas partes sin necesidad de salir de su casa.

En el Centro Cultural, Don Manuel se sentía cómodo y satisfecho, una persona importante. Era su santuario, su refugio del caótico mundo moderno que acechaba al otro lado de la puerta, en la congestionada avenida Larco.

Ese día se venía un programa insuperable: función doble del gran Federico Fellini, 8 ½ y La Dolce Vita, casi una visita guiada a Italia. Don Manuel ingresó a la sala, encontrándose con los parroquianos de siempre: hombres mayores que aprovechaban la oscuridad para dormir la siesta, una pareja de universitarios con pinta de intelectuales, el infaltable Chito La Rosa con sus audífonos y walkman.

“¿Cómo te va, Chito?” A pesar de no ser amigos, Don Manuel nunca se olvidaba de las buenas costumbres.

“Gusto en verlo, Don Manuel. Aquí me ve, tratando de entender esto de la música moderna. A mis nietos les encanta esto del… ¿Cómo se dice? ¿Ragú, creo? Regatón, algo así…”

“No tengo idea a que te refieres.” Don Manuel soltó una carcajada. “La juventud de hoy me supera, querido Chito. Hoy me alejo de la modernidad; hoy vuelvo gratamente a la Italia de los años 60, a la mirada poética y personal del grandioso Federico.”

“Siempre tan poético usted, don Manuel.” Chito se sentó en una butaca y estiró las piernas. “Parece que le gusta vivir en el pasado.”

“La gente de hoy no sabe lo que se pierde, Chito. No saben todo lo grande que han dejado pasar.”

Una vez sentado Don Manuel, casi con su venia, se apagaron las luces y empezó la película. Mastroianni  una figura intrigante detrás de sus impenetrables lentes oscuros y como todos los lunes, Don Manuel se sentía en paz dentro de su refugio.

Casi al final de la película, sin embargo, notó un movimiento: un jovenzuelo de unos veintitantos años, escondido bajo una capucha roja, entró corriendo a la sala y se dejó caer un par de butacas delante de él. Se desparramó en el asiento, puso los pies sobre el espaldar de la silla delantera y apuró una bolsa de papitas fritas.

El leve sonido del masticar puso intranquilo a Don Manuel. Claramente, este mocoso no era parte del público acostumbrado del local. La pequeña luz azul lo delataba; parecía estar prestando más atención a su móvil que a la pantalla, donde la travesía de Mastroianni llegaba a su fin.

El joven empezó a reír de buena gana y a Don Manuel se le pusieron los pelos de punta; que falta de respeto al gran Fellini. ¿Quién se creía que era este chiquillo insolente? Había irrumpido en su tranquilidad, en su única salida de la semana. A nadie más parecía importarle, pero Don Manuel estaba entrando en cólera.

 

2948676

 

La cosa no mejoró durante La Dolce Vita; Anita Ekberg junto a Mastroianni en la majestuosa Fontana Di Trevi era un momento sublime, icónico – “Tantos recuerdos y emociones, mi querida Anita” – y el chiquillo no hacía más que reír y hacer comentarios lascivos: “No se vaya a resfriar la flaca”. Don Manuel lo sintió como una total falta de respeto hacia su persona, una afrenta a su tranquilidad.

Mocoso maleducado e inculto, pensó Don Manuel; no sabe de cultura, no debería estar aquí. Capaz que sólo ha venido a hacer tiempo para irse de farra con sus amigotes, a hacer alguna maldad, pequeño delincuente. Lo quiero fuera de mi sala.

Una vez terminada la película, la gente empezó a salir lentamente de la sala, mientras que el chico, siempre con la cara pegada a la pantalla del celular, se levantó de un salto y salió dando trancos. Don Manuel lo siguió, colérico; ya me va a escuchar este insolente, me arruinó al gran Fellini, hay que ponerlo en su sitio.

En la calle, el anciano se detuvo; vio como el chico se encontraba con un gran grupo de jóvenes de su edad, todos sonriendo y bromeando. Se le acercó una chica alta, delgada, de cabello negro, mirándolo con ojos llenos de admiración.  El chico la abrazó con calidez, dándole un tierno beso en los labios, señal del primer amor.

Casi sin darse cuenta, Don Manuel se había acercado. El chico de la capucha lo observó con curiosidad. “¿Sucede algo, señor?” Preguntó con inesperada cortesía. “¿Se siente bien?”

Don Manuel se quedó mudo; sólo atinó a sacudir la cabeza y retroceder. Los chicos, en medio de palmadas en la espalda y risas, el tipo de confianza que sólo puede venir de las amistades duraderas, se dieron media vuelta y emprendieron su camino, bromeando entre ellos y sonriendo. Ya tenían un plan para la noche y no era leer libros en soledad.

De repente, Don Manuel sintió un gran cansancio. Observó a su alrededor. La gente salía de la sala sin mirarlo, nadie le pedía su opinión. Anselmo apenas le dirigió una rápida sonrisa antes de seguir su camino. Hasta Chito La Rosa, absorto en su música moderna, pasó de largo. Solo, el anciano emprendió en silencio la caminata de vuelta a su departamento de soltero, a su escritorio abarrotado de libros, a su rutina solitaria de todos los días; pensando en todo el camino que podría dar vuelta, alcanzar a ese grupo de jóvenes y pedirles que lo dejen invitarles un café y conversar.

Lo Mejor del 2015

Llegó el momento de ponerle punto final a este año con la lista de lo mejor visto en los últimos doce meses. Además de la cartelera, incluyo algunas joyitas que no llegaron a nuestro país y para las que hay que recurrir a los Torrents o al caserito de tu Centro Comercial Polvos preferido. Nuestra cartelera a ratos es bastante limitada, aunque eso puede deberse a una mayor cantidad de películas para las que las salas ya no se dan abasto; o tal vez a la falta de un circuito alternativo. Pero ese es tema para otro día.

Aquí les van, en orden de preferencia, de menor a mayor, las películas que este año me hicieron saltar en el asiento, reflexionar, matarme de risa, en fin; todas aquellas que me provocaron una reacción y que vale la pena ver más de una vez.

 

WWDITS

 

WHAT WE DO IN THE SHADOWS de Taika Waititi

Un grupo de chupasangres comparte casa en un suburbio de Wellington, lidiando con problemas cotidianos como a quien le toca lavar los platos o el como devorar a sus víctimas sin manchar los muebles. Este genial falso documental se burla de prácticamente todos los clichés fílmicos que existen sobre vampiros, al mismo tiempo renovando un género que necesita formas para innovar. Ningún vampiro se salva, ni el aristócrata torturado al estilo Lestat o el monstruo deforme de Nosferatu.

 

BABADOOK de Jennifer Kent

Una mujer debe proteger a su pequeño hijo del espectro escondido en un libro infantil. Suena sencillo, pero Babadook no es una típica cinta de terror. Es más un drama doméstico sobre la pérdida de un ser querido, sobre lo dificil que es rehacer la vida luego de una tragedia y sobre los obstáculos de una madre en criar sola a un hijo. El monstruo del título puede ser una simple metáfora; esta película sugiere horrores mucho más reales y cotidianos, que dan más miedo que cualquier espectro que pueda estar debajo de la cama.

 

CORAZONES DE HIERRO de David Ayer

La guerra es un infierno y esta cinta bélica de David Ayer lo sabe de sobra. Para los hombres que recorren el campo enemigo dentro de un tanque, ya no se trata de ganar la batalla, sino de sobrevivir lo suficiente para volver a casa, sabiendo que la experiencia los ha afectado de tal modo que una vida normal ya resulta imposible. Cruda y violenta, este es uno de los retratos más fríos y desesperanzados de la guerra, donde uno siente la suciedad y la fatiga. Y es en estas condiciones donde pueden existir los lazos más fuertes.

 

EL CLAN de Pablo Trapero

Filme criminal que en sus mejores momentos hace recordar al mejor Scorsese, en especial a lo que se refiere a su violencia abrupta, humor negro y uso de música rock. Pablo Trapero nos trae la increíble pero cierta historia de la familia Puccio, quien al mando del sociopático Arquímedes (un irreconocible y terrorífico Guillermo Francella) fueron responsables de una racha de secuestros en los años 80. Un caso de no creer, donde la realidad ciertamente es más extraña que la ficción.

 

MISIÓN RESCATE de Ridley Scott

Ridley Scott nunca está mejor que cuando hace filmes de ciencia ficción; Misión Rescate es otro triunfo para el veterano realizador. Un carismático Matt Damon se echa la película al hombro como Mark Watney, un astronauta varado en Marte que debe usar todo su ingenio para volver a casa. Es un protagonista inteligente que en vez de caer en la desesperación, busca resolver los problemas de manera racional, alguien a quien es fácil apoyar. Con un inesperado pero saludable sentido del humor, este es un film divertido que evita caer en la excesiva tragedia o melodrama.

 

 

INTENSA-MENTE de Pete Docter y Ronnie del Carmen

Pixar se apunta otro éxito con este vistazo dentro de las emociones de una pequeña niña en pleno proceso de formación. Más que una colorida cinta de aventuras, este es un film sobre el crecer y madurar, sobre las experiencias que nos forman como personas y de como inevitablemente algunas van quedando en el olvido a medida que crecemos. Para un estudio que siempre ha hecho películas para todas las edades, esta es tal vez su producción más adulta, con una carga meláncolica que sorprenderá a más de uno. Una bella película, sencillamente. Ahora, por favor, un minuto de silencio para el pobre Bing Bong.

 

EX MACHINA de Alex Garland

Es una preocupación constante de la ciencia ficción: la inteligencia artificial que adquiere conciencia propia. Esta película se plantea la misma interrogante en un ambiente claustrófobico y con sólo tres personajes. ¿Es Ava producto de su programación o acaso es más humana que los dos cientificos que experimentan con ella? La respuesta es fascinante. El guionista Alex Garland hace un prometedor debut como director con este filme que, como todo buen ejercicio de su género, lo deja a uno pensando.

 

MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO de George Miller

Luego de 30 años, Max Rockatansky vuelve a las andadas en este alucinante y frenético filme de George Miller, que a sus 70 años muestra una vitalidad que deja chicos a realizadores más jóvenes. Una desenfrenada persecución de dos horas a través del desierto apocalíptico, una inyección de adrenalina que nunca decae, en un universo sacado de un cómic o el mejor cine Serie B. Tom Hardy es un buen reemplazo para Mel Gibson, pero la verdadera estrella es Charlize Theron como Furiosa, una mujer de armas tomar, decidida y letal. El tipo de película que quieres ver de nuevo apenas termina, es una de las mejores cintas de acción que se han hecho en largo tiempo.

 

WHIPLASH de Damien Chazelle

No es la típica historia del alumno saliendo adelante con la ayuda de un comprensivo mentor. Lo de Andrew, el aspirante a baterista y Fletcher, su tiránico y abusivo instructor, es una rivalidad donde ambos sacan a relucir lo mejor y peor del otro. J.K. Simmons se roba la película como el déspota profesor, un tipo que te pone tenso con sólo entrar a una habitación. La intensa escena final es de aquellas que lo dejan a uno exhausto; Whiplash muestra lo que verdaderamente significa sufrir por tu arte.

 

PREDESTINATION de Peter y Michael Spierig

Un hábil ejercicio de ciencia ficción, un rompecabezas que pide ser armado poco a poco, un relato de viajes en el tiempo que no se la hace fácil al público. Justo cuando uno cree que ya ha visto todo, es grato encontrar joyas como esta que aún son capaces de sorprender. Es sobre mucho más que la cacería de un criminal a través de distintas épocas; los Spierig incluyen los tipos de giros que le pueden derretir a uno el cerebro. Es mejor no decir más para no arruinar la experiencia. Película inteligente, de lo mejor que ha dado el género en años; fue una verdadera pena que no haya llegado a nuestra cartelera.

 

1-predestination

 

Los Bodrios del 2015

Viendo tantas películas, uno queda inevitablemente expuesto a más de un fiasco. El hacer una lista de las decepciones del año puede resultar una pérdida de tiempo para algunos; es mejor evitar las películas malas que hacer hígado, después de todo. Pero siempre es bueno definir los gustos y si sirve para alertar a tus fieles cuatro gatos sobre los peligros que podrían enfrentar, pues entonces es válido. Aquí van entonces, los bodrios del año.

 

Avengers_Age_of_Ultron

 

Marvel empieza a hacer agua

Admiro mucho la estrategia de Marvel de crear un universo fílmico para todos sus personajes, pero la esperada Avengers: La Era de Ultrón es la primera señal de que las cosas se les están saliendo de control. Esta película es un total desorden, con un sinfín de elementos peleandose por un espacio: el villano Ultrón, los dos hermanos mutantes, el androide Visión, la familia de Hawkeye, un abrupto romance entre Bruce Banner y la Viuda Negra, la reformación de S.H.I.E.L.D., Hulk autoexiliandose al espacio, la caída de HYDRA, Thor y lo que sea que estaba haciendo en esa cueva, en fin. Y esto sin contar las tramas que sirven de base para futuras películas: el Capitán America buscando a Bucky, la visita a Wakanda, Thor y lo que sea que haya significado su premonición, y colado por ahí, Thanos y sus gemas omnipotentes. Es demasiado para cualquier director y Joss Whedon se desgastó por completo.

Lo cierto es que la novedad de ver a todos estos héroes juntos por primera vez ya no está; Marvel es ahora una industria y un poco de la magia se ha perdido. Este film es un caos, que a ratos funciona (ver a los héroes tomando tragos, contando chistes e intentando levantar el martillo de Thor es tal vez su escena más lograda) pero que la mayoría de las veces me dejó indiferente. Con un millar de películas y series planificadas de aquí hasta el infinito, Marvel está tratando de abarcar demasiado y en cualquier momento podría colapsar. Advertidos estamos.

 

1446678

 

La que te hace odiar al Chato Barraza

En un año con un récord de estrenos nacionales – 29, para ser más exactos, sin contar los del circuito alternativo – era de esperarse que unos sean mejores que otros. Pero El Pequeño Seductor no es sólo mala, es un insulto al buen gusto. En una muestra del peor oportunismo, se colgó de la moda actual de darle vehículos de lucimiento a nuestros cómicos nacionales (véase Asu Mare) para este bodrio hecho a la mejor (o peor) gloria de Miguelito Barraza. Son prácticamente 90 minutos del Chato monologando sin parar de cualquier cosa que se le venga a la cabeza, hasta el punto que llega a caer antipático y provoca darle un par de cachetadas. Se puede escribir una tesis con la cantidad de errores técnicos y de continuidad. Es de presupuesto tan bajo que ni siquiera alcanzó para poner extras en las escenas (todo parece estar vacío). Lo único rescatable fue ver al Chato ebrio en su propia premiere, lo cual pudo haber sido un final bastante meta para la película si es que a alguien se le ocurría. Hubo otros estrenos nacionales penosos este año, pero Seductor está en una categoría propia; la palabra “mala” le queda chica. Tomen nota: esta es una lección invaluable sobre como NO hacer cine.

 

Algunas otras que es mejor olvidar…

 

In/Mortal de Tarsem Singh

Tarsem parece haber extraviado su fascinante y único estilo visual para este genérico ejercicio de acción que pudo haber hecho cualquier simio con cámara. Sin el ojo particular del director, no queda mucho que rescatar.

El Último Cazador de Brujas de Breck Eisner

Vin Diesel da rienda suelta a su nerd interno para esta incoherencia sobre un guerrero inmortal. Película que parece estar inventada sobre la marcha, con nada de lógica.

Píxeles de Chris Columbus

Lo que debió ser un nostálgico tributo a los videojuegos de los 80s se convierte en la típica comedia estúpida de Adam Sandler, quien continua cayendo en la total irrelevancia.

Los Cuatro Fantásticos de Josh Trank

Versión Nolanizada de la Primera Familia de Marvel y una prueba de que nada bueno puede resultar de los productores metiendo mano a su película.

Knock Knock de Eli Roth

Supuestamente un thriller erótico, pero en verdad se trata de la mejor comedia del año. Placer culposo, sí, pero no deja de ser un bodrio; Eli Roth debió quedarse con sus cintas gore. Pobre Keanu Reeves, pasar de la genial John Wick a sobreactuar como nunca en su vida en esta indignación. Su monólogo de las pizzas es de antología (y esto es sólo una excusa para ponerlo):

 

 

De hecho, quedan muchas más por mencionar, pero tampoco quiero empezar a sentir indigestión. Nos vemos mañana con las mejores diez películas del año según su servidor.

Las Mejores Actuaciones del 2015

El 2015 está llegando a su fin y ha llegado la hora de hacer el recuento de todo lo visto en cines (y en Netflix, y en DVD pirata, etc.). Antes de publicar mis listas de lo mejor y peor del año, vamos con las mejores actuaciones; aunque sería más correcto decir “Los Personajes Más Memorables del Año”, aquellos por los que quieres ver la película más de una vez. En ningún orden de preferencia…

 

JD-BM

 

Johnny Depp – Pacto Criminal

Para muchos, la carrera de Johnny Depp estaba acabada. Tras años de no mostrar ningún esfuerzo en papeles cada vez más excéntricos (casi todos bajo el mando del siempre extraño Tim Burton), burlarse del actor se volvió cosa fácil. Pero Depp renació cual Ave Fénix en esta cinta de Scott Cooper, donde da vida al mafioso norteamericano James “Whitey” Bulger, quien en los 70s se convirtió en la gran figura  de los bajos fondos de Boston, todo con el patrocinio del FBI. Con una apariencia vampiresca, Depp convierte a Bulger en un personaje frío y de temer, alguien que se sabe intocable y no tiene ni siquiera que alzar la voz para helar la sangre.

 

BDT-S

 

Benicio del ToroSicario

En esta cruda mirada al mundo del narcotráfico del cada vez más sorprendente Denis Villeneuve, el personaje de Alejandro es un misterio: un tipo implacable, tranquilo, que conoce de sobra el submundo en el que está inmerso y que carga con más de un secreto. Alejandro es un símbolo del costo humano y moral de la guerra contra las drogas, alguien que hace tiempo ya dejó su humanidad de lado, por pura necesidad. Del Toro domina las acciones como un enigma andante que nunca deja de fascinar.

 

JKS-W

 

J.K. SimmonsWhiplash

Fletcher es el profesor del infierno, un tiránico maestro de música que no se detiene ante nada para sacar a relucir lo mejor de sus pupilos, incluyendo el abuso físico y mental. La película de Damien Chazelle no trata de suavizarlo ni de transformarlo en un comprensivo gurú: Fletcher sólo busca la perfección, representando la motivación que a veces necesitamos para salir adelante y hacer nuestro mejor esfuerzo. Simmons es uno de esos actores que sale en todas partes robándose escenas pero nunca se le había reconocido, hasta que recibió un merecido Oscar a Actor de Reparto por este inolvidable y aterrador papel.

 

CT-MMFR

 

Charlize TheronMad Max: Furia en el Camino 

Mujer decidida, de armas tomar y dispuesta a todo con tal de salvar a las concubinas de Immortan Joe, Furiosa es de pocas palabras pero de grandes acciones y que claramente no necesita que nadie la proteja. Furia en el Camino es su película tanto como del monosilábico Max. Tan bueno es el trabajo de una deglamorizada Charlize Theron, que hace que el protagonista se convierta en el secundario de su propia película. Una heroína al mejor estilo de Ellen Ripley o Sarah Connor.

 

Marvel's Ant-Man Luis (Michael Peña) Photo Credit: Zade Rosenthal © Marvel 2014

 

Michael PeñaAnt-Man

A pesar del retiro de Edgar Wright, Ant-Man resultó bastante entretenida, una película sencilla dentro del cada vez más caótico e inmenso universo Marvel. Su arma secreta no era el héroe que se puede encoger, sino Luis, un ladrón que nunca para de hablar. Michael Peña es otro de esos actores que sale en todos lados y aquí le roba cámara a todos con su sentido del humor y manera bastante peculiar de contar una historia.

 

MD-TM

 

Matt DamonMisión Rescate

Ser el único en pantalla y llevar adelante una película solo es un reto para cualquier actor. Damon lo asume como el astronauta Mark Watney, varado en Marte por buena parte del metraje y hablando solo. Si bien el film de Ridley Scott cuenta con un tremendo reparto en roles secundarios, nuestra atención está puesta en el carismático Damon como un tipo que usa su inteligencia y buen humor para enfrentar una situación límite que haría a otros perder los papeles. Damon siempre ha caído bien y eso es clave para desear que Watney salga vivo del planeta rojo.

 

GF-EC

 

Guillermo FrancellaEl Clan

Arquímedes Puccio era el jefe de una familia que en los años 80 fue autora de una racha de secuestros en Buenos Aires. Francella sufre una total transformación para este papel, en el que cambia su habitual bigote por una cabellera cana y mirada de hielo. Olvídense de Petrocelli, de “¡Es una nena!” o de Papá se Volvió Loco: el actor llega a dar miedo como el patriarca de esta torcida familia, un tipo que dice cometer crímenes por necesidad, pero que es claramente un sociópata con más de un resentimiento.

 

ED-TB

 

Essie DavisThe Babadook

Cuando un actor sufre de verdad por un papel, este se transmite al espectador. Y no hay personaje más sufrido que la pobre madre soltera de esta cinta de terror australiana que es sobre mucho más que un simple monstruo. Davis se luce como una mujer que no sólo debe enfrentar al espectro del título, sino también el haber quedado viuda y tener que criar por sí sola a un niño problema. Una actuación tan extenuante y demoledora, que provoca darle un abrazo y decirle que todo va a salir bien.

¡Salven a los Directores!

Para muchos directores, la oportunidad de trabajar en Hollywood es algo con lo que siempre sueñan. Dar el paso de producciones a pequeñas a laborar con grandes estrellas y enormes presupuestos. El cine está lleno de estas historias de éxito, aunque a veces tiene su lado oscuro. Para los directores con una voz propia, un estilo muy marcado de hacer cine, mudarse a los blockbusters puede significar sacrificar su voz y su manera de narrar. Dicho de otro modo, la máquina se los traga.

Algunos realizadores ya están perdidos. Peter Jackson empezó su carrera con cintas gore de bajo presupuesto como Dead Alive y Bad Taste, irreverentes y llenas de imaginación. Luego de la trilogía de El Señor de los Anillos (y en menor medida, El Hobbit), parece que, por más buen director que sea, ya no tendremos de vuelta al Jackson que nos dio un show de Muppets drogadictos, amorales y esquizofrénicos en la delirante Meet The Feebles.

 

 

Justin Lin es conocido ahora por dirigir cuatro (¡!) entregas de la saga de Rápido y Furioso, con Vin Diesel y su pandilla ignorando cada vez más las leyes de la gravedad, pero pocos saben que empezó su carrera con Better Luck Tomorrow, cinta juvenil de bajo presupuesto aclamada por ser una de las pocas que se centra en la comunidad asiático-americana en EE.UU y sin recurrir a los típicos estereotipos hollywoodenses del sabio maestro de artes marciales, el bodeguero que apenas habla inglés o el dueño de una lavandería. Pronto a filmar la tercera entrega de Star Trek, parece que Lin ya se quedó en la tierra del blockbuster. Lo único que ha hecho acordar a sus inicios en este tiempo fue Finishing The Game, un falso documental que también era un tributo al gran Bruce Lee.

Bryan Singer irrumpió en el cine con la magistral Los Sospechosos Comunes, tal vez la metida de dedo más grande y entretenida que se haya hecho. Todo hacía parecer que Singer seguiría por el camino del thriller, hasta que se cruzó con el Profesor X y sus mutantes. El director ha tenido algo que ver con prácticamente todas las películas de los X-Men y está pronto a estrenar Apocalypse, donde convierte al villano En Sabah Nur en un clon de Ivan Ooze de los Power Rangers. Al parecer, del Singer que introdujo a Keyser Soze al mundo ya no queda mucho, salvo un drama de nazis con Tom Cruise.

Justamente este fenómeno (a falta de un mejor término) se da en el cine de superhéroes, tan en boga hoy en día, y particularmente con Marvel, que con su gran proyecto de construir un universo interconectado (además de conquistar el mundo) se ha vuelto un referente dentro del género.

Los hermanos Anthony y Joe Russo hicieron un gran trabajo con Capitán América y el Soldado de Invierno; y eso que empezaron en comedia, con algunas películas poco vistas y en Community, genial serie hecha para los cinéfilos obsesivos, los que consumen series de televisión en maratones y los amantes de la cultura pop en general. Nadie se esperaba verlos hacer una película de acción y cumplieron. Ahora que se les ha encargado Civil War y las dos partes de Infinity War, a estrenarse en el 2019 y donde Marvel piensa tirar la casa por la ventana, parece que estarán demasiado ocupados para dedicarse a la comedia de nuevo.

 

josep-gordon-levitt-500

 

Marc Webb se dio a conocer con 500 Days of Summer, una anti-comedia romántica, de las mejores que se han dado en ese repetitivo género, donde más de uno odió a la maldita Summer. De repente saltó al reboot de Spider-Man, donde hubo poco rastro de la sensibilidad que ya había mostrado. Ambas entregas fueron mal recibidas (soy uno de los pocos que piensa que La Amenaza de Electro no fue TAN mala), que ahora el Hombre Araña va hacia su segundo reboot en el lapso de diez años y Webb ha perdido buena parte de su prestigio. Y mejor no hablemos de Josh Trank, que empezó con la brillante Chronicle pero tras la reciente debacle de Los Cuatro Fantásticos, muchos están dando su carrera por terminada.

Algunos directores están empezando a dar el paso hacia los blockbusters y sólo nos queda esperar que no pierdan el estilo por el que han sido reconocidos. James Wan pasó de crear atmósfera para cintas de terror como El Conjuro a la séptima aventura de Dom Toretto y compañía, donde se mostró igual de adepto para la acción, pero sin diferenciarse mucho de su antecesor Lin. Entre sus próximos proyectos está Aquaman  y como ya amenazó con no volver a hacer cintas de miedo, muchos están con la duda de que si con esto perderemos a uno de los mejores directores de terror de los últimos años.

 

REVIEW-Jon-Watts-Clown-2015

 

Luego está el caso de Jon Watts. El Payaso del Mal es una cinta gore al mejor estilo ochentero, que saca provecho del miedo irracional que muchos le tienen a los hombres de la cara pintada. Es políticamente incorrecta, lo mismo que su siguiente trabajo, Cop Car, donde el director manda al diablo la regla no escrita de que a los niños en las películas no se les pone en peligro. Ahora se le ha encargado a Spider-Man y si logra mantener ese espíritu anárquico, cosa bastante difícil en el mundo de los blockbusters, al menos el resultado final dará un poco de curiosidad.

El inglés Colin Trevorrow es otro ejemplo reciente, yendo de una comedia indie con tintes de ciencia ficción, Safety Not Guaranteed, a los dinosaurios de Jurassic World. Sólo lleva dos películas, por lo que aún es temprano para saber que pasará con él, pero como entre sus próximos proyectos está el Episodio IX de Star Wars, uno puede hacerse una idea.

Sin embargo, muchos directores han logrado esquivar la bala. Tim Burton dejó temporalmente sus películas de corte gótico/bizarro para probar en los blockbusters con el remake de El Planeta de los Simios, el que no le gustó a nadie (las de Batman no cuentan; eran más la visión de Burton que la de DC Comics) y para alivio de muchos, pronto estuvo de vuelta con su estética oscura y personal y trabajando con su musa Johnny Depp.

 

james_gunn_guardians_of_the_galaxy_news

 

James Gunn es un irreverente director que empezó su carrera escribiendo guiones para Troma, productora de cine Clase B de bajo presupuesto y responsables de joyas como el Vengador Tóxico o Kabukiman; le perdonamos las de Scooby-Doo porque de hecho hay que pagar las cuentas. Gunn es responsable de cintas como Slither, grotesca comedia de horror con sanguijuelas extraterrestres y Super, una historia de un superhéroe perturbado que más que vestirse en traje debería ponerse la camisa de fuerza y mandarse al manicomio. Marvel fichó a Gunn y si Guardianes de la Galaxia resultó ser tan entretenida como fue, es porque el director impuso su propia visión por sobre los planes de la productora.

El inglés Edgar Wright, que tan brillantemente actualizó el cine de zombies (Shaun of the Dead), las buddy movies de acción (Hot Fuzz) y las invasiones extraterrestres (The World’s End) se retiró de Ant-Man cuando Marvel quiso comprometer sus planes; y si bien el resultado final fue más que aceptable, nos quedamos con las ganas de ver lo que Wright hubiese hecho con el minúsculo héroe.

Siempre en busca de nuevas voces, Marvel también fichó a Ava DuVernay para hacer Pantera Negra. Hubiese sido un tremendo (y extraño) cambio para una directora conocida por sus dramas acerca de la comunidad afroamericana. Pocos veían detrás de una cinta de cómic a la misma persona que dramatizó la histórica marcha pro igualdad de derechos de Martin Luther King en los años 60 en Selma y al parecer ella estuvo de acuerdo; antes de comprometer sus ideas con Marvel, abandonó el barco.

Los blockbusters en sí no tienen nada de malo y siempre es bueno tener voces originales detrás. Pero hoy en día van quedando pocos directores que tienen un estilo de hacer cine muy personal y marcado, de esos que uno reconoce en instantes. Sería una pena que todos acaben absorbidos por un Hollywood homogéneo, pero menos mal todavía quedan algunos. El día que Tarantino o Wes Anderson anuncien que se unen a las filas de las megaproducciones, ahí es cuando varios deberían preocuparse.

 

 

Cine Con Papá

daddy_darth

 

Mi padre no es cinéfilo. Le gusta el cine como a cualquier persona, tiene sus géneros y actores favoritos, pero su cinefilia no raya en lo obsesivo, no se manda sesiones maratónicas, ni trata de ver absolutamente todo, ni tiene una ilimitada capacidad para recordar trivia inútil. Aun así, sería un error decir que él no juega un papel en mi apreciación por el cine.

Mi padre nos llevó a mí y a mis hermanas a ver La Historia sin Fin al Cine Real allá por el año 1984, o 1985. Hasta hoy se sigue burlando porque nos pusimos a llorar cuando murió Artax el caballo. Yo tendría apenas 3 años; no recuerdo nada, pero él me asegura que me puse a gritar y llamar a mi madre cuando apareció el lobo Gmork.

Durante buena parte de mi juventud, él era mi acompañante al cine, a veces junto a mi madre, a veces nosotros dos. Fuimos a ver El Especialista de Lucho Llosa, un bodrio que salvaba sólo porque Sharon Stone estaba en su mejor momento y porque James Woods se estaba divirtiendo como nunca; estamos de acuerdo en que la escena donde activa una bomba en una comisaría es de antología.

 

 

Vimos juntos la película de acción de Cindy Crawford con uno de los hermanos Baldwin, el que no es gordo ni un loco evangélico, para luego debatirla comiendo butifarras en el Davory de la calle Dasso. Fuimos al Orrantia a ver esa donde Melanie Griffith hace de prostituta. Mi cinefilia no se había cultivado en aquel entonces, veía cualquier cosa y lo más seguro es que haya expuesto a mi padre a más de una película que le hizo nudos el hígado. Lo llevé a ver El Señor de los Anillos (o como él la llama, “la de los rubios altos”) y no entendió nada.

A mi padre no le gustan las películas fantásticas. Nada de superhéroes, ni elfos, ni animales parlantes, ni monstruos. Tampoco le gusta nada animado; hacer que se ría con una escena de Los Simpsons fue una victoria personal. Lo suyo es el cine épico – Gladiador, Ben-Hur (infaltable en Semana Santa), la serie Spartacus – el cine clásico, el bélico, los policiales, los westerns y básicamente cualquier cosa que tenga que ver con Robert De Niro, Al Pacino, Dustin Hoffman, Clint Eastwood o Denzel Washington.

Fue gracias a él que he descubierto algunas joyas; probablemente nunca hubiese apreciado El Francotirador si no la veíamos juntos (me quedé dormido la primera vez, viéndola solo). Me hizo ver Marathon Man con Hoffman y Laurence Olivier, con su eterna muletilla del “Is it safe?”. Clint Eastwood y Eli Wallach en El Bueno, El Malo y El Feo (si la miran bien, resulta que Wallach es el personaje principal). Sintió nostalgia por volver a ver The Warriors de Walter Hill, sólo para que a mí me encante y él se dé cuenta que algunas cosas era mejor mantenerlas en el recuerdo. Gracias a él descubrí El Padrino. Me introdujo a la genialidad del gran Peter Sellers en La Fiesta Inolvidable. Y yo, bueno, hice que llorara de risa con la escena en Bowfinger donde Eddie Murphy cruza corriendo una autopista.

 

 

Curiosamente, mi padre no suele acordarse de los nombres de los actores. Casi siempre los identifica por algún papel. Ahí está el “Funny Little Guy”, el “Negro Amistad”, “el amigo de William Wallace”, “el compadre que siempre se aparece con un six-pack”, “ese que siempre hace de tombo al que todos agarran de huevón”, o “los tres únicos actores que hay en Francia”, léase Gerard Depardieu, Jean Reno y Vincent Cassel (“ese siempre sale haciendo de pendejo”).

Hoy, mi padre y yo tenemos un acuerdo no oficial. Siempre lo llevo a ver todas las nominadas al Oscar, porque le interesa mucho las que reciben premios, o cualquiera de sus géneros favoritos. Las de superhéroes o que tengan pirotecnia a mil, las tengo que ver solo.

Como era de esperarse, a veces no estamos de acuerdo. A él le encanta Titanic, cree que es uno de los mejores guiones que se haya escrito, mientras que yo encuentro más razones para burlarme de ella cada vez que la veo (“ese tío debe ser el mayordomo mejor pagado de la historia si todavía no se va del barco”) y sigo pensando que le robó el Oscar a Los Ángeles al Desnudo. Pero en el debatir está lo divertido. Nosotros ya tenemos películas que nos gusta ver juntos y lo seguiremos haciendo.

¡Feliz día a todos los padres!

 

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.