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Blanco y Azul

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Blanquiazul, el primer estreno nacional del año, es casi una anomalía en nuestra cartelera. El género documental ha sido largamente ignorado por el público y las distribuidoras; ver uno en nuestros cines fuera de festivales o ciclos especializados es tan raro como encontrar agua en el desierto. En el caso de documentales peruanos, es un caso aún más raro; los más recientes que se recuerden son Sigo Siendo de Javier Corcuera, estrenado en el 2013 y Buscando a Gastón de Patricia Pérez, que tuvo un paso efímero por los cines el año pasado. Resulta grato entonces encontrarse con el debut de Luis Castro Serrano, aun si uno no sigue el Deporte Rey.

Es necesario hacer una aclaración: no sé casi nada de fútbol y tampoco lo sigo. Soy hincha del Sporting Cristal, pero eso es más que nada una herencia, ya que casi todos en mi familia son cerveceros. Ya hace tiempo que no veo los partidos, desde los tiempos en los que llegamos a la final de la Libertadores, que pareciera fue hace siglos, la época dorada del SC. Aún así, hay mucho que apreciar en el filme.

Blanquiazul es un sencillo y afectivo tributo al verdadero motor de cualquier equipo: su hinchada incondicional. Esa gente que sigue a los jugadores en las buenas y en las malas, que se ponen la camiseta todas las semanas y van al estadio a echar vivas. Arranca con un breve repaso de los orígenes de la barra; una que nació en la calle, en el corazón del barrio y que siempre se ha sentido identificada con elementos de nuestra cultura, como la música criolla (aunque seguro que los hinchas de los demás equipos dirán lo mismo).

Castro trabajó ocho años en el filme, viajando por todo el Perú contando las historias de los aliancistas. Está la familia López, cuya casa en Urubamba ha sido convertida en un monumento al equipo, con las paredes tapizadas de afiches y fotos y todos los objetos adornados con el escudo. Es un lugar donde se respira fútbol, llamado Matute por los fans. Un grupo de hinchas en Cuzco le reza a los apus por el bienestar de la escuadra. Los hinchas de Iquitos no ven al equipo en su estadio desde que el CNI bajó a segunda, por lo que se tienen que contentar con ver los partidos por televisión. Y así; es una serie de anécdotas sobre lo que es ser hincha.

Las barras de fútbol se han ganado una pésima reputación como una mera excusa para que algunos delincuentes hagan de las suyas. Se les considera a ratos peligrosas y ciertamente están casos como el de Walter Oyarce como prueba. Pero las intenciones de Castro son otras. Ignora el aspecto oscuro para centrarse en el fanatismo futbolero como algo positivo, que une a las personas y les da un sentido de fraternidad. De cierta manera, Blanquiazul es una reivindicación del verdadero hincha, el que vive el fútbol con pasión todos los días como una parte esencial de su propia vida. Algunos incluso llegan a considerarlo una experiencia religiosa.

Este documental está hecho para los aliancistas: son ellos los que van a vibrar y celebrar con sus historias. Para el resto, es una mirada al fanatismo deportivo y como algunos lo viven en carne propia. Es un filme para un público muy específico, pero que ya en sus primeros días de estreno ha tenido una presencia muy saludable en salas. Es de esperar que esto continúe; así, el pequeño boom que está viviendo el cine peruano se daría también para los documentales, un formato del que se suele ver muy poco.

 

Oscares 2015

 

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Esta mañana se anunciaron las nominadas al Oscar para este año. Como siempre, empiezan las apuestas, especulaciones y quejas porque la Academia se olvidó de alguien merecedor. Y es que con el rígido calendario de estrenos hollywoodense – los meses de verano para las explosiones y los efectos especiales, el final de año para todos los filmes de prestigio que buscan el reconocimiento – y la memoria a corto plazo de los sexagenarios miembros de AMPAS, siempre hay alguien que queda fuera.

Como siempre, uno llega a la ceremonia sin haber visto casi nada, gracias al confuso criterio de nuestras distribuidoras locales, que suelen esperar a que se anuncien las nominadas para rehacer todo el calendario y empezar a traer todo; por mientras, nos someten al más reciente bodrio de Nicolas Cage. Sólo he visto dos de las nominadas a Mejor Película, pero de todas maneras me atrevo a hacer algunos comentarios.

Birdman de Alejandro Gonzalez Iñarritu, hizo renacer de las cenizas al gran Michael Keaton, uno de esos actores carismáticos que siempre caen bien pero que llevaba una década o más desaparecido del mapa. El papel de Riggan Thompson, un actor en desgracia intentando reflotar su carrera (acaso una metáfora para la vida del propio actor) ya le valió un Globo de Oro y se perfila como favorito en una categoría que incluye a Eddie Redmayne como Stephen Hawking en La Teoría del Todo, el inglés Benedict Cumberbatch (quien ultimamente parece estar en todos lados; pronto lo veremos como el Doctor Strange de Marvel) en El Código Enigma, Bradley Cooper en American Sniper del gran Clint Eastwood, incansable a sus 84 años y el cómico Steve Carell poniendose serio como el desequilibrado John Du Pont en Foxcatcher de Bennett Miller. Su victoria sería una grata sorpresa; a Carell siempre suele irle mejor en papeles serios, es un actor dramático que aún no se aprovecha del todo. Sin embargo, pase lo que pase, lo importante es que Beetlejuice ha vuelto por todo lo alto y se le echaba de menos.

 

 

En el rubro de actrices, queda confirmado que Meryl Streep puede interpretar a un zapato e igual será considerada. Acaba de recibir su nominación #348 (en el rubro Actriz de Reparto) por su papel de la malvada bruja en el musical Into The Woods de Rob Marshall. Pronto cambiarán el nombre de las categorías de actrices a “Meryl y Las Otras 4″. La gran favorita de este año para Mejor Actriz es Julianne Moore como una enferma de Alzheimer en Still Alice de Wash Westmoreland y Richard Glatzer, cuyo filme debut, Quinceañera, me arrancó aplausos hace ocho (!) años en Sundance.

Luego del Globo de Oro, Actor de Reparto tiene un gran favorito: J.K. Simmons como un tiránico instructor de música en Whiplash de Damien Chazelle, donde hace llorar a su pobre alumno lanzándose unas baquetas. Simmons es uno de esos actores secundarios que siempre se roba las cámaras, un tipo de facciones serias que te puede intimidar o hacerte reír. Entre sus grandes papeles está el neonazi Vern Schillinger en la serie Oz y el sarcástico editor J. Jonah Jameson en la primera trilogía de Spider-Man, un casting tan perfecto que resulta imposible ver a otro actor en el papel. Si los nuevos filmes del arácnido deciden incluir al buen Jonah, tienen que llamar a Simmons, un actor que hace rato se merecía el reconocimiento.

 

 

En esta categoría encontramos al veterano Robert Duvall. El Juez es un filme que a ratos cae en el melodrama, pero el trabajo del actor es impecable, un papel honesto y emotivo que además no oculta su avanzada edad, poniendolo en más de una situación comprometedora. También está Ethan Hawke como el padre ausente de Boyhood de Richard Linklater. El actor debe haber hecho un pacto con el diablo; a lo largo de los 12 años que abarca la película, parece nunca envejecer.

Su esposa en pantalla, Patricia Arquette, es la favorita como Actriz de Reparto, un premio más que merecido. Como la madre que parece llevarse la parte más dificil, criando a dos hijos por su cuenta, ella es la revelación y porque no, la verdadera alma del filme.

Boyhood no podía faltar; es un experimento ambicioso de parte de Linklater, con un método de filmación inusual pero que da resultados. Es una película que documenta el paso del tiempo, que encuentra verdades en los momentos pequeños y anodinos y que trae nostalgia a más de uno por sus experiencias de juventud. Lo cierto es que su mayor gancho es haber sido filmada en 12 años; de lo contrario, no tendría el mismo efecto. Pero ha sido la gran favorita de crítica y público del 2014 y ahora se mide codo a codo con Birdman, la otra gran favorita. Son ocho las nominadas, pero al final siempre se reduce a dos o tres.

Viendo las otras categorías, se ve que la Academia decidió ignorar por completo a Interestelar de Christopher Nolan, un film cuando menos ambicioso y que al menos se merecía algo en las categorías técnicas, siendo un espectáculo visual del primer nivel. Se mantiene el prejuicio de AMPAS en contra de los filmes de género; ya sea ciencia ficción, terror, comedia o fantasía, casi siempre son ignorados, salvo contadas excepciones.

Una muy buena noticia: Relatos Salvajes, la delirante antología de humor negro de Damián Szifrón, se coló en el rubro de Película Extranjera, representando a Argentina por sexta vez. Me declaro parcializado; le estaré prendiendo velitas, aunque la tiene dificil, ya que la gran favorita es la polaca Ida de Pawel Pawlikowski, el tipo de película seria y de autor que prefiere la Academia en esta categoría.

Por último, La Gran Aventura Lego se quedó fuera de Película Animada, injusto para una película que es más que una herramienta para vender juguetes; se trata de una oda a la imaginación y a la capacidad de juego que nunca debemos perder aún siendo adultos. Pero sí está la irritantemente pegajosa Everything is Awesome en la categoría de Mejor Canción, una de esas tonaditas que se te quedaban grabadas en la cabeza sin remedio.

 

 

Los Oscares no son en verdad indicadores de lo mejor del año – eso al final depende de la opinión de cada uno – pero al menos, nos hacen descubrir películas a las que tal vez nunca les habríamos prestado atención. Queda poco más de un mes para ver una montaña de películas, opinar, quejarse y mentalizarse para una ceremonia que dura cuatro horas pero que a veces parece el doble gracias al exceso de comerciales y para los que no cuentan con SAP en su televisor, el desesperante doblaje de Canal Dos.

Top 100 o Más: Pulp Fiction (1994)

Empezamos un nuevo año y con él, un recuento de mis películas preferidas de todos los tiempos, las que no tengo problema en repetirme una y otra vez. La idea es que este Top 100 (o 105, o más, quien sabe) se vaya construyendo semanalmente. Se supone que deberían estar en orden, pero preferí empezar con la mejor de todas. 

 

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El impacto que tuvo el segundo filme de Quentin Tarantino en la industria del cine en los años 90 fue enorme. Su aparición trajo secuelas que ya todos conocemos: un boom para el cine indie norteamericano, la consagración de Tarantino como uno de los directores más talentosos de su generación y un sinfín de películas del autodenominado género de “ladrones con onda” que intentaron emular la estética y espíritu de Fiction, algunas con muy poco éxito.

La primera vez que supe de esta película fue en la desaparecida revista TV+, que llegaba con El Comercio. Fue ahí donde incluyeron un reportaje a dos páginas sobre esta ganadora de la Palma de Oro en Cannes, con reseñas para la veintena de personajes. Aunque no me sonaban todos los nombres, sí quedé sorprendido por el tamaño del reparto. Algunos eran veteranos de la industria, como Christopher Walken, quien hace un monólogo fugaz sobre la historia familiar de un reloj de oro. Otros, como Samuel L. Jackson, recién se estaban dando a conocer; el papel de Jules Winfield, el sicario que cita la Biblia antes de coser a balazos a su víctima, lo convirtió en uno de los intérpretes más queridos en Hollywood de la noche a la mañana, un eterno bad motherfucker – y es que, cuando se trata de echar puteadas, pocos lo hacen con la energía y carisma de Jackson.

Luego estaban algunos actores en decadencia, que vieron reflotar sus bonos. Bruce Willis, una de las mayores estrellas del planeta, se encontraba estancado en papeles de acción anodinos y/o ridículos. Fue el jale más grande que pudo tener esta película de recursos modestos; el papel de Butch Coolidge, un boxeador algo denso con una malsana obsesión con el mentado reloj dorado, no sólo lo legitimó como un actor versátil (el que se dedique casi siempre a filmes de acción es simple y llana flojera de su parte) sino que le dio un impulso a su carrera.

Después estaba John Travolta, acaso el más favorecido con el éxito del filme. El recordado Tony Manero había sido reducido a segundón frente a bebés y perros parlantes, un actor cuya carrera estaba a todas luces acabada. Vincent Vega, un matón con quien la Ley de Murphy parece ensañarse de la peor manera, lo devolvió a las grandes ligas de un salto. Así, Tarantino se ganó fama como un especialista en revivir carreras olvidadas y Travolta, un poco más gordo pero aún capaz de mover los pies como en sus mejores épocas (la escena del baile al ritmo de Chuck Berry es uno de los tantos momentos icónicos), gozó de un segundo aire que le duró por muchos años más, aún si hoy en día debe estar esperando que Quentin lo vuelva a llamar para finalmente hacer The Vega Brothers, como vienen prometiendo hace años.

 

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Vi Fiction por primera vez en video y quedé impactado. Con sus diálogos entretenidos que se le quedaban a uno grabados en la cabeza – había que revisar la Biblia para darse cuenta que Ezequiel 25:17 no es como lo recitan, más bien, Tarantino se robó la idea de un film de Sonny Chiba – su nivel de violencia que me dejó helado al principio – lo que sucede en el sótano de la tienda de Maynard era lo más gráfico que había visto entonces fuera de las películas de terror – y más que nada, esa atmósfera cool y despreocupada que despedía, una onda muy particular difícil de escribir, un estilo natural. Corrí a comprar el soundtrack, una colección de canciones desconocidas que hasta hoy no puedo escuchar sin acordarme de las escenas correspondientes. Me volví un fanático confeso. He visto la película más de 30 veces desde entonces, aprendiéndomela casi de memoria; es más, verla conmigo es un fastidio ya que me pongo a repetir todo lo que se dice. Siempre que la veo en el cable, no puedo evitar quedarme pegado, una de esas películas que se pueden ver una y otra vez sin nunca aburrirse.

Describir la trama de Pulp Fiction no es tan sencillo, ya que, en rigor, está compuesta de tres tramas entrecruzadas: Vincent y su fatídica noche con Mia Wallace, la esposa de su jefe; Butch y su bendito reloj; y la gran aventura de Vincent y Jules para deshacerse del cadáver que llevan en el auto. A través de estos relatos, se dan cita toda clase de personajes de los bajos fondos: sicarios, mafiosos, mujeres fatales, drogadictos, matones, dealers, ladrones y toda esa fauna que uno no quisiera conocer nunca. Todos en Fiction son malas personas, personajes de dudosa moral; pero el guión de Tarantino les da tanta carisma y onda que a uno no le molesta verlos en acción.

Los diálogos son el punto fuerte de Tarantino; casi todas sus películas están compuestas por al menos un 60% de palabras. Fiction no es la excepción; está repleta de conversaciones sobre temas que pueden parecer banales – la comida rápida en Europa, masajes para pies, el debate sobre si un cerdo tiene más carisma que un perro – pero que aportan color y personalidad a todos y cada uno de los personajes. Al final todos, hasta los secundarios que apenas aparecen un par de minutos, resultan fascinantes, una parte vital de este universo de los bajos fondos de Los Ángeles. Está el caso de Tony Rocky Horror, un samoano – “No lo llamaría gordo, pero definitivamente tiene un problema de peso; que va a hacer, es samoano” - al que se hace mención repetidas veces pero que nunca es visto; al final, sabemos tanto de su historia que se siente como una parte real del relato. El gran placer es escuchar a estas personas hablar de nada en particular de manera tan desenfadada.

A Tarantino se le critica mucho su nivel de violencia y ciertamente, Fiction no escatima a la hora de ponerse gráfica; pero resulta curioso que casi todo suele ser sugerido en vez de mostrado y los momentos violentos son cortos y directos al grano, impactando en cuestión de segundos. La película sugiere y la mente de uno hace el resto. Algo parecido se vio en Perros de la Calle, la primera obra del director, célebre por una escena en la que a un pobre diablo le arrancan una oreja; tanta alharaca para un acto que no es mostrado en cámara, sólo sugerido por sonidos y una sombra en la pared, pero que uno siente vio en directo. Desde Kill Bill, Tarantino se ha vuelto más violento, pero en sus primeras películas, sorprende el que no sean tan, tan viscerales como uno creía.

 

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Con Pulp Fiction, Tarantino convirtió a la violencia en un arte y a sus réprobos personajes en unos ídolos. De repente, pasar tiempo con unos desadaptados no era un mal prospecto y lo que en otro contexto causaría repugnancia, acá es algo cool, con onda y divertido, de estilo inconfundible. Dura casi tres horas pero uno no las siente, a pesar de que es casi toda diálogos. Cada vez que la veo, descubro nuevos detalles pequeños que no había notado antes. Está el misterioso contenido de un maletín – de combinación 666 – que deja a todos alelados (desde diamantes hasta el alma del capo Marsellus Wallace), o el que Vincent, por más que quiera parecer un bacán de mundo, contándoles a todos sobre su vida en Amsterdam, es en realidad un inepto de campeonato (cada vez que va al baño, pasa algo malo). Sólo al verla de nuevo este año, caí en la cuenta de que Marvin, el desafortunado que recibe un balazo en la cara cuando a Vincent se le escapa un tiro por error, trabajaba para Marsellus; eso explica porque lo dejan sobrevivir a la masacre del departamento.

Es por elementos así, que Pulp Fiction es una película que veo mínimo una vez al año y que siempre recomiendo a todo el mundo. Un justo clásico de los 90, un film que marcó época y que, sin duda, es mi película favorita.

 

Lo Mejor del 2014

Se acaba el 2014 y como siempre, llegó la hora de pasar revista al calendario fílmico para escoger las películas más entretenidas del año. Para variar, me quedé sin ver varias; lo cierto es que nuestra alicaída cartelera local suele pasar por alto varios títulos de interés, por lo que uno siempre siente que queda corto. Claro, están los torrents o el CineClub Polvos, pero nada se compara a ver una película en pantalla grande, al menos para mí, que tiendo a quedarme dormido cada vez que me siento en el sillón y prendo la tele.

Sin más preámbulos, aquí van las diez mejores películas del año según criterio personal. Todas han pasado por la cartelera salvo una que no pude dejar pasar por alto. En orden de preferencia, de menor a mayor.

 

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EL HOMBRE DUPLICADO de Denis Villeneuve

Basada en una novela de José Saramago, parte de una premisa fascinante: ¿que pasaría si encontrásemos a una persona que es exactamente igual a nosotros? Las posibilidades son infinitas. Eso es precisamente lo que le ocurre a Jake Gyllenhaal, que a la postre logra crear dos personalidades únicas y distintas. El film da paso a un críptico estudio psicológico sobre dualidad y deseos reprimidos. En honor a la verdad, no se termina de entender del todo (el simbolismo de las arañas da para una tesis), pero eso es lo bueno: se trata de una película que da para pensar, discutir y reflexionar, algo muy raro en los multicines.

 

CHEF de Jon Favreau

A veces, las películas más sencillas son las mejores. Aquí, Jon Favreau interpreta a un famoso chef que debe encontrarse a sí mismo luego de una crisis profesional, partiendo en una camioneta junto a su hijo a vender sándwiches cubanos. No hay mucho más que eso; el único conflicto se resuelve en cuestión de minutos. Pero todos parecen estar divirtiéndose, los platos que se preparan le pueden dar hambre a uno y en general la película despide tanta buena onda que es imposible que no te arranque una sonrisa. Divertida, sin complicarse demasiado.

 

LA GRAN AVENTURA LEGO de Phil Lord y Christopher Miller

Era fácil ser cínico al principio: una película basada en Lego sólo podía ser una herramienta de marketing y nada más. Pero resulta ser algo mucho más significativo. Se trata de una colorida e hiperactiva aventura que puede parecer caótica y sin sentido, hasta que al final se revela como una oda al poder de la imaginación y de como uno nunca debe dejar de soñar y dejar volar su creatividad, ya sea niño o adulto. Mucho humor y apariciones de una veintena de personajes famosos, en una película donde literalmente puede pasar cualquier cosa.

 

BOYHOOD de Richard Linklater

Linklater filmó esta película a lo largo de 12 años, juntando a los mismos actores de cuando en cuando para rodar algunas escenas. Así, nos hace testigos de la vida cotidiana de Mason, un chico a quien vemos crecer y cambiar en pantalla, viviendo los típicos momentos de juventud: la secundaria, el primer amor, el paso hacia la universidad y la madurez, en fin. De eso justamente se trata: de observar la vida real y porque no, recordar cuando nosotros hemos pasado por las mismas experiencias. Película nostálgica, que en algunos aspectos sólo podría ocurrir en el país del Norte (a mi nunca me regalaron una escopeta cuando cumplí 15 años), pero que al mismo tiempo es bastante universal. Un interesante experimento fílmico que da resultados.

 

THE RAID 2 de Gareth Evans

La primera entrega fue una inyección de adrenalina pura; para la segunda parte, el director Evans expande el concepto para darnos una saga criminal de dos horas y media de duración, un drama oscuro con tintes de tragedia. Pero una vez que la acción se pone en marcha, se convierte en una sucesión de peleas y persecuciones viscerales, filmadas con energía y buen pulso, que de nuevo lo dejan a uno sin aliento. Esta es una película de acción pura y dura, de lo mejor que se ha visto en el género en mucho tiempo. Hace parecer a Stallone y sus amigos indestructibles como una sarta de dinosaurios. Los que gustan del cine de artes marciales estarán en la gloria.

 

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS: CONFRONTACIÓN de Matt Reeves

Continua el conflicto entre simios y humanos, uno que inevitablemente terminará en tragedia. Hace todo lo que una buena secuela debe hacer: ampliar más el universo de la primera parte y continuar la historia de manera natural. Aquí nace un enfrentamiento cuyo resultado es previsible, pero no por eso menos fascinante. Mención especial para los efectos especiales y para el trabajo motion-capture de Andy Serkis, Toby Kebbell y compañía; los simios son tan realistas y resultan tan humanos, condenados a repetir nuestros errores, que resulta fácil apoyarlos. Si hacen una tercera parte, los humanos ya ni siquiera tienen que estar y si la calidad se mantiene, es un prospecto muy atractivo.

 

GUARDIANES DE LA GALAXIA de James Gunn

Marvel amplía su universo fílmico hacia el espacio exterior, dando como resultado este divertido filme de aventuras sobre un grupo de desadaptados intergalácticos. Con mucho humor, es ridícula por momentos, pero eso no es problema; James Gunn no se toma muy en serio el concepto de un equipo que incluye a un mapache parlante y un árbol gigante que sólo repite tres palabras (ambos terminan robándose la película), así que uno tampoco debería. Y en verdad, verla riendo y con una sonrisa en la cara es la mejor manera de disfrutar de un film como este.

 

CAPITÁN AMÉRICA Y EL SOLDADO DE INVIERNO de Anthony y Joe Russo

Justo cuando las películas de Marvel estaban empezando a parecerse entre sí, llegó esta secuela del héroe patriota para cambiar las cosas y madurar un poco. Esta vez, el Capitán trata de adaptarse al mundo moderno, envuelto en una intriga política que le da a esta película un aire de thriller de los 70s, sólo que todos andan con disfraz. No sólo es un emocionante film de acción, sino que pone de cabeza todo el universo interconectado de Marvel, desde las películas hasta la serie Agents of S.H.I.E.L.D. Para los fans acérrimos, es una vuelta de tuerca que bien valió la pena esperar.

 

LA INCREÍBLE VIDA DE WALTER MITTY de Ben Stiller

Walter Mitty es un tipo ordinario propenso a soñar despierto, hasta que un día le toca vivir la gran aventura de sus fantasías. Ben Stiller alcanza una insospechada madurez como cineasta con este gran filme, cuyo mensaje es claro: al igual que Walter, todos debemos seguir nuestros sueños y salir a conocer mundo, hacer que las cosas pasen en vez de esperar a que lleguen a nosotros. ¿Quien no quisiera vivir una experiencia tan significativa como la de Mitty? Esta fue la primera película que vi en el 2014 y once meses después, sigue siendo una gran motivadora.

 

RELATOS SALVAJES de Damián Szifrón

Esta es de esas películas que es mejor no te cuenten. Una antología de seis historias que buscan responder a la pregunta: ¿que sucede cuando las personas nos olvidamos de las formas y perdemos el control, cuando no somos mejores que animales salvajes? Szifrón se vale de un humor negro sin concesiones para presentar estas historias que van creciendo en tensión hasta llegar a los límites de lo absurdo. Resulta tan increíble que no le queda a uno más que reír. Impredecible e hilarante, es una película que logra encontrar lo gracioso en la tragedia, una joya que todos tienen que ver. Ha sido preseleccionada como candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera y aunque la competencia es fuerte, desde acá le estaré prendiendo velas. Es, de lejos, el film más memorable del año, de esos que provocan ver una y otra vez.

 

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El Cine Peruano en el 2014

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Nos hemos hecho esta pregunta repetidas veces en los últimos años: ¿ya podemos hablar de una industria de cine peruano propiamente tal? La verdad es que no; aún está en pañales. Pero este 2014 sí ha visto un leve crecimiento, superando además lo visto el año pasado. Se puede decir que ya estamos encaminados, aunque falta mucho camino por recorrer.

El gran reto del cine peruano es atraer a un público que está ya acostumbrado a las superproducciones hollywoodenses que aglutinan la cartelera; ¿Cómo hacer para que la gente le de una oportunidad a lo nacional?

Una de las respuestas y que ya se ha visto con creces desde el 2013, es apelar al cine de género. Acción, terror, suspenso, comedia; si de lo que se trata es llevar público a las salas, esta es tal vez la mejor manera. No por nada al público peruano le gusta tanto asustarse.

Basta con ver las películas más taquilleras de este año: la comedia coral A Los 40, que más parecía un reencuentro de casi todo el elenco de Pataclaun (1,800,000 espectadores) ; la cinta de terror found footage Secreto Matusita, tomando como base una de las leyendas urbanas más longevas en Lima (554,000 espectadores); y el trío insuperable de Enrique Victoria, Ricardo Blume y Carlos Gassols en la comedia Viejos Amigos (470,000 espectadores)*. Todas cintas de género.

Más allá de la calidad de las películas, se puede ver que el cine nacional se está diversificando. Este año hemos visto comedias, cintas de terror, thriller psicológico y hasta cine bélico. Hay una mayor presencia de cineastas jóvenes con nuevas propuestas y novedosas formas de hacer cine. Esto es bastante diferente a lo que se veía hace más o menos diez años, donde el cine peruano tenía dos o tres estrenos grandes al año, casi siempre de nombres como Lombardi o Durant.

Lo importante es no inclinar la balanza: el cine comercial peruano debe tener un lugar tanto como aquel cine más personal y “de prestigio” que casi siempre está destinado a festivales. Este año, hubo películas que tendieron un puente entre ambas tendencias: la comedia negra El Mudo de los Hermanos Vega, El Elefante Desaparecido de Javier Fuentes-León y Perro Guardián de la dupla Bacha Caravedo-Daniel Higashionna. Accesibles para el gran público, pero también de estilos muy personales y con pocas concesiones comerciales.

El problema justamente ha sido tratar de promocionarlas como si se tratase de algo netamente comercial, primando el aspecto farandulero. Perro Guardián es un oscuro drama sobre un ex – militar convertido en sicario que hace referencias veladas al Grupo Colina; no es precisamente una historia alegre y su personaje principal es un psicópata en potencia que no tiene nada de simpático. Todo el trasfondo político y social fue ignorado en la promoción; así, la gente fue a verla porque era “una de Machín” y terminó viendo algo completamente distinto.

El Elefante Desaparecido fue promocionada como el reencuentro en pantalla de Salvador del Solar y Angie Cepeda. Se trata en realidad de un misterio donde un famoso novelista investiga la desaparición de su novia. Una película que mezcla elementos del mejor film noir con un surrealismo digno de David Lynch. Al final, se trata de una historia que examina de cerca el proceso creativo de un escritor y de cómo este puede ser influenciado por la realidad. Un film de buenas ideas y mi elección personal como la mejor película peruana del año, pero que fue mal difundida; con una mejor promoción, a un periodista en la conferencia de prensa se le hubiese podido ocurrir algo mejor que preguntarle “¿El que tu personaje se llame Tony fue coincidencia?” a Carlos Carlín.

 

 

Para hacer crecer el cine peruano, todos tenemos tareas que cumplir. El público, que debe acudir a las salas a ver producto nacional; las distribuidoras, que tienen que darle a estos filmes una oportunidad frente a otros estrenos; las cadenas de cine, que deben perder el miedo a programar cintas nacionales; y los medios, cuya mayor función debería ser la promoción adecuada de estos proyectos sin caer en la farandulería excesiva propia de los bloques de espectáculos de los noticieros.

Lo cierto es que esto ha cambiado desde el año pasado y en el 2014 se pudo observar. Ya ha quedado demostrado que el cine peruano es rentable, por lo que la inversión es cada vez mayor. Y la filmografía nacional se está diversificando; hacer cine de género es un muy buen primer paso, pero se puede variar todavía más. Claro, para muchos una película con el Chato Barraza es un punto bajo, pero da fe de la variedad que se está dando en nuestro cine. Me pregunto, ¿Por qué a nadie se le habrá ocurrido hacer un film así  (Melcochita en el Ejército, El Gordo Casareto va a la Luna, etc.) durante la época dorada de Risas y Salsa, un vehículo para los cómicos de antaño? Este cine pícaro pudo haber sido un éxito tremendo al estilo de Porcel y Olmedo.

En fin. Con 17 estrenos este año, cuatro más que el anterior, el cine peruano está ganando terreno en las salas, a punta de nuevos géneros y nuevos realizadores, un gran crecimiento en comparación a lo que se veía años antes; no reconocerlo sería mezquino. Aún quedan muchos aspectos por trabajar, pero es de esperar que el 2015 supere lo visto este año. Enero va arrancar con una película de terror y un documental sobre Alianza Lima. Hasta ahí ya se nota variedad.

De yapa, los dejo con mi participación en el programa De Cazuela de Agencia Andina junto al crítico Gabriel Quispe, donde doy algunas opiniones sobre el estado actual del cine nacional. Fue grabado en abril de este año; algunas de las cosas que dije se están cumpliendo. Si no quieren ver el programa entero, vayan de frente al minuto 13.

 

 

*Gracias a la web Cinencuentro por las cifras de asistencia de público.

Las Mejores Actuaciones del 2014

Cada año, hay un puñado de personajes que se quedan grabados en la memoria. Incluso en películas de dudosa calidad, se puede encontrar actuaciones para el recuerdo. He aquí la lista de los mejores trabajos actorales del 2014, según mi propio criterio y en ningún orden en particular.

Una colección de tipos rudos, psicópatas desequilibrados (de ambos sexos), monos y la resurrección de uno de los cómicos más queridos de Latinoamerica. Algunas no han sido estrenadas en Lima, así que a darles un jalón de orejas a las distribuidoras.

Y sí, probablemente esto diga mucho sobre mis gustos particulares en cine.

 

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Denzel WashingtonThe Equalizer

El gran Denzel sigue el ejemplo de Liam Neeson, reinventandose como tipo rudo y maduro en el papel de Robert McCall, un héroe en todo el sentido de la palabra. No es un loco con traumas, sino un tipo bueno que sólo quiere ayudar a la gente. Es todo un placer ver a Washington romper caras y hacer justicia. Sólo falta que haga dupla con Neeson, algo que ojalá alguien en Hollywood ya haya pensado.

 

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Guy PearceThe Rover

Un hombre viaja a través de una desolada Australia post-apocaliptica con una sola misión: encontrar a los bastardos que robaron su auto. Es un lugar para hombres fuertes, un sitio donde la esperanza se perdió hace rato. Y toda esa desesperación queda plasmada en Pearce, como un hombre duro, de pocas palabras pero cuyos ojos tristes dicen todo lo que hay que saber; estamos ante un tipo que lucha por mantener la poca humanidad que le queda.

 

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Cate BlanchettBlue Jasmine

Jasmine es un desastre. Una millonaria venida a menos, forzada a vivir por su cuenta pero completamente ajena a su realidad. Cate Blanchett compone a una mujer desequilibrada, errática, impredecible y fascinante. Como si se tratase de un accidente vial, no quieres ver su colapso mental pero no puedes evitarlo. Sin esta tremenda actuación, este film de Woody Allen no sería ni la mitad de lo que es; Blanchett ES la película, sencillamente.

 

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Matthew McConaugheyDallas Buyers Club

Sin duda, este ha sido el año de Matthew McConaughey. De ser una cara bonita quitándose la camiseta en comedias románticas, es ahora un actor serio ganador de un Oscar. Un premio más que merecido por su papel de Ron Woodroof, un redneck homofóbico que cambia su vida por completo al contraer VIH. Más allá de su cambio físico – terminó casi en los huesos – McConaughey se sumerge de lleno en su emotivo papel, haciendo uno partícipe de la lucha y determinación de Woodroof.

 

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En el 2005, Wolf Creek de Greg McLean nos presentó a Mick Taylor, un remedo de Crocodile Dundee que además era un asesino en serie. Ocho años después llega la secuela y ahora Taylor es la indiscutible figura principal, un psicópata que bien podría ser visto como un ridículo estereotipo del típico australiano, si no fuera porque es peligroso y llega a dar miedo. Jarratt es tan carismático que uno no puede evitar quedar fascinado.

 

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Carlos AlcántaraPerro Guardián

El conocido Machín deja de lado los papeles cómicos para interpretar a un ex-militar convertido en sicario. Muchos fueron a verla por tratarse de Cachín y se encontraron con un personaje que claramente no es una buena persona, un desequilibrado paranoico y peligroso para todos. El otrora cómico se transforma en un individuo que no habla mucho, pero cuyo rostro perturbado dice mucho sobre su falta de humanidad. Es uno de los mejores trabajos actorales del cine nacional este año y prueba de que Alcántara es un actor con mucha más habilidad de la que se cree.

 

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Andy Serkis – Dawn of the Planet of the Apes

Serkis ha hecho de la actuación motion-capture un arte, dándole vida y personalidad a criaturas como Gollum y King Kong. César, el líder de los simios en conflicto con los humanos, es tal vez su mejor creación. Mucho más que un efecto especial, César es un personaje redondo, un líder que debe mantener unido a su pueblo y evitar cometer los mismos errores que la raza humana. El gran trabajo de Serkis hace a uno simpatizar con los simios, las indiscutibles figuras principales de esta gran secuela; monos más realistas sólo se podrán ver en un zoológico.

 

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Oscar JaenadaCantinflas

Este no es el biopic definitivo del recordado cómico mexicano, apenas un grandes éxitos. Pero lo del actor español es admirable, casi como estar viendo al mismo Cantinflas vuelto a la vida. Es más que una simple mímica; Jaenada captura perfectamente el carisma y sencillo sentido del humor que hicieron de Mario Moreno un ícono en Latinoamerica y el mundo, sin obviar que también tenía su lado oscuro. La película tiene fallas, pero es un afectuoso tributo a un personaje inolvidable. Ahí está el detalle, chato.

Los Bodrios del 2014

Viendo tanta película, uno está expuesto a tremenda cantidad de bodrios. Lo lógico sería ignorarlos, pasar la página y prestarle atención a películas que valgan la pena, que justifiquen el pasarse horas sentado frente a una pantalla. Pero de vez en cuando es bueno acordarse de las innombrables, por último para saber que evitar a futuro y porque no, reírse un rato. Así que aquí van las bostas del año, las que me hicieron considerar seriamente el ponerme a leer más libros.

 

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La que me rompió el corazón

En el lejano 2005, cuando recién empecé este blog y mi pluma seguía en pañales, proclamé a Sin City de Robert Rodriguez y Frank Miller como la mejor película del año y aún lo mantengo. Esperé nueve largos años para la secuela… y no valió la pena. Una Dama Fatal mantiene la genial estética en blanco y negro, pero en todo lo demás es una inferior copia. Se siente barata; la mitad de la película parece ocurrir en el Bar de Kadie’s y para cuando muestran la decimonovena toma de Jessica Alba bailando sobre un escenario, uno empieza a bostezar. Rodríguez y Miller ignoran por completo la cronología de su propia serie; es inexplicable que Marv siga vivo (está más demacrado que de costumbre, aunque eso debe ser culpa de Mickey Rourke y no del maquillaje). Ni a ellos parecía importarles mucho y cuando llega ese final abrupto con gusto a nada, uno se da cuenta que la película llegó demasiado tarde.

 

Como malgastar tiempo, talento y dinero

Cada año hay algún gran estreno hollywoodense repleto de grandes estrellas que promete mucho y resulta ser un sonoro fracaso. Este año, ese dudoso honor recayó en Transcendence, el debut en la dirección de Wally Pfister, director de fotografía siempre asociado con Christopher Nolan. Eso puede explicar la presencia de tremendo reparto, aunque parecen aburridos de estar ahí – Johnny Depp es frío y apático incluso antes de que su personaje se convierta en una inteligencia artificial. Es un film de buenas ideas, pero ninguna llega a cuajar: manifiesto anti-tecnología, romance trágico, thriller cibernetico, y más, todo hecho a medias y somnífero hasta decir basta.

 

La prueba de que has madurado

Antes de ver Transformers: La Era de la Extinción, pensé: “será al menos un poco mejor que las tres anteriores, o me daré cuenta que estoy un poco más viejo y este tipo de películas ya se me hacen insoportables”. Adivinen que pasó. A pesar del cambio de reparto e historia, esta es otra incoherencia de Michael Bay que se hace interminable con sus casi tres horas de duración. Se suben a una nave espacial a mitad de película y salen ilesos, y aún así faltan más de 90 minutos. No es más que un exceso de ruido y efectos especiales; hasta Optimus Prime parece cansado de estar protegiéndonos. Luego de cuatro películas sin aparente mejoría, ya es tiempo de mandar a los robots a dormir.

 

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Para no hacerla larga, vamos a hacer un resumen de las demás:

 

47 Ronin de Carl Rinsch

Keanu Reeves andaba desaparecido y aquí demostró no ser el mejor actor del mundo. Me cae bien, pero en papel de samurai, es tan expresivo como un tronco.

Winter’s Tale de Akiva Goldsman

Un caballo volador, demonios y Will Smith haciendo de Satanás. No hay manera de tomarse eso en serio.

The Legend of Hercules de Renny Harlin

Te hace apreciar el carisma y talento de La Roca en la otra película sobre Hércules del año.

Need for Speed de Scott Waugh

La vi sólo para ver como le iba a Aaron Paul en la pantalla grande ahora que acabó Breaking Bad. Extrañé horrores a Jesse Pinkman.

Brick Mansions de Camille Delamarre

Paul Walker se merecía un mejor homenaje póstumo que este inútil remake de la francesa Distrito B13 que llegó con diez años de atraso y que nadie pidió.

Dracula Untold de Gary Shore

Una película de vampiros sin sangre es como una pizza sin queso.

 

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Me detendré aquí para evitar hacer más bilis. Para que no todo sea queja y protesta, pronto se vienen las mejores películas del año, aunque siempre me cueste encontrar diez; y las mejores actuaciones del año, de las cuales hubo mucho para escoger. Hasta entonces.

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