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Cine Con Papá

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Mi padre no es cinéfilo. Le gusta el cine como a cualquier persona, tiene sus géneros y actores favoritos, pero su cinefilia no raya en lo obsesivo, no se manda sesiones maratónicas, ni trata de ver absolutamente todo, ni tiene una ilimitada capacidad para recordar trivia inútil. Aun así, sería un error decir que él no juega un papel en mi apreciación por el cine.

Mi padre nos llevó a mí y a mis hermanas a ver La Historia sin Fin al Cine Real allá por el año 1984, o 1985. Hasta hoy se sigue burlando porque nos pusimos a llorar cuando murió Artax el caballo. Yo tendría apenas 3 años; no recuerdo nada, pero él me asegura que me puse a gritar y llamar a mi madre cuando apareció el lobo Gmork.

Durante buena parte de mi juventud, él era mi acompañante al cine, a veces junto a mi madre, a veces nosotros dos. Fuimos a ver El Especialista de Lucho Llosa, un bodrio que salvaba sólo porque Sharon Stone estaba en su mejor momento y porque James Woods se estaba divirtiendo como nunca; estamos de acuerdo en que la escena donde activa una bomba en una comisaría es de antología.

 

 

Vimos juntos la película de acción de Cindy Crawford con uno de los hermanos Baldwin, el que no es gordo ni un loco evangélico, para luego debatirla comiendo butifarras en el Davory de la calle Dasso. Fuimos al Orrantia a ver esa donde Melanie Griffith hace de prostituta. Mi cinefilia no se había cultivado en aquel entonces, veía cualquier cosa y lo más seguro es que haya expuesto a mi padre a más de una película que le hizo nudos el hígado. Lo llevé a ver El Señor de los Anillos (o como él la llama, “la de los rubios altos”) y no entendió nada.

A mi padre no le gustan las películas fantásticas. Nada de superhéroes, ni elfos, ni animales parlantes, ni monstruos. Tampoco le gusta nada animado; hacer que se ría con una escena de Los Simpsons fue una victoria personal. Lo suyo es el cine épico – Gladiador, Ben-Hur (infaltable en Semana Santa), la serie Spartacus – el cine clásico, el bélico, los policiales, los westerns y básicamente cualquier cosa que tenga que ver con Robert De Niro, Al Pacino, Dustin Hoffman, Clint Eastwood o Denzel Washington.

Fue gracias a él que he descubierto algunas joyas; probablemente nunca hubiese apreciado El Francotirador si no la veíamos juntos (me quedé dormido la primera vez, viéndola solo). Me hizo ver Marathon Man con Hoffman y Laurence Olivier, con su eterna muletilla del “Is it safe?”. Clint Eastwood y Eli Wallach en El Bueno, El Malo y El Feo (si la miran bien, resulta que Wallach es el personaje principal). Sintió nostalgia por volver a ver The Warriors de Walter Hill, sólo para que a mí me encante y él se dé cuenta que algunas cosas era mejor mantenerlas en el recuerdo. Gracias a él descubrí El Padrino. Me introdujo a la genialidad del gran Peter Sellers en La Fiesta Inolvidable. Y yo, bueno, hice que llorara de risa con la escena en Bowfinger donde Eddie Murphy cruza corriendo una autopista.

 

 

Curiosamente, mi padre no suele acordarse de los nombres de los actores. Casi siempre los identifica por algún papel. Ahí está el “Funny Little Guy”, el “Negro Amistad”, “el amigo de William Wallace”, “el compadre que siempre se aparece con un six-pack”, “ese que siempre hace de tombo al que todos agarran de huevón”, o “los tres únicos actores que hay en Francia”, léase Gerard Depardieu, Jean Reno y Vincent Cassel (“ese siempre sale haciendo de pendejo”).

Hoy, mi padre y yo tenemos un acuerdo no oficial. Siempre lo llevo a ver todas las nominadas al Oscar, porque le interesa mucho las que reciben premios, o cualquiera de sus géneros favoritos. Las de superhéroes o que tengan pirotecnia a mil, las tengo que ver solo.

Como era de esperarse, a veces no estamos de acuerdo. A él le encanta Titanic, cree que es uno de los mejores guiones que se haya escrito, mientras que yo encuentro más razones para burlarme de ella cada vez que la veo (“ese tío debe ser el mayordomo mejor pagado de la historia si todavía no se va del barco”) y sigo pensando que le robó el Oscar a Los Ángeles al Desnudo. Pero en el debatir está lo divertido. Nosotros ya tenemos películas que nos gusta ver juntos y lo seguiremos haciendo.

¡Feliz día a todos los padres!

 

26 Maneras de Morir II

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Hace tres años, el productor Ant Timpson unió fuerzas con Tim League, fundador de la cadena de cines Alamo Drafthouse, y juntos crearon The ABCs of Death, una bizarra antología de cortometrajes que reunía a los noveles talentos del género del terror. A cada uno se le asignó una letra del abecedario y un pequeño presupuesto para contar lo que quisieran, siempre y cuando estuviese relacionado al macabro concepto de la muerte. El resultado fueron 26 cortos, unos más efectivos que otros, todos mandando el buen gusto a la punta del cerro.

Dos años después, League y Timpson vuelven a las andadas con una secuela, igual de bizarra e impredecible que la anterior. En esta ocasión, la dupla ha tenido que rebuscar en todos los rincones del mundo para encontrar candidatos, generando una lista más variopinta y global. Claro que para reconocer a muchos de estos nombres, hay que ser un perito en el género.

Tal vez el nombre más conocido es el de Vincenzo Natali, quien en U for Utopia hace una obvia crítica social disfrazada de relato futurista; pero tratándose del autor de filmes tan interesantes como El Cubo (un clásico que puede interpretarse de mil maneras), Cypher o Splice, uno sabe que su imaginación da para mucho más.

Nigeria tiene una prolífica industria de cine no sólo en el continente africano, sino a nivel mundial, teniendo un nivel de producción que casi iguala al de Hollywood o Bollywood; de ahí a que se le conozca como Nollywood. Aquí es representada por Lancelot Oduwa Imasuen, que ha dirigido más de 100 películas en su tierra natal pero que es prácticamente desconocido fuera de África. L for Legacy echa mano de las costumbres tribales de su país y es toda una curiosidad; sólo se le debe perdonar su (comprensible) falta de presupuesto y efectos baratos.

Le acompañan el filipino Erik Matti; la lituanesa Kristina Buozyte, quien junto al francés Bruno Samper entregan K is for Knell, una invasión extraterrestre (o al menos eso parece) vista a través del filtro del cine arte más denso; y la dupla israeli de Aharon Keshales y Navot Papushado, quienes recibieron el mejor halago posible cuando su Big Bad Wolves, un thriller de humor negro que trataba de venganza y pedofilia, entre otros divertidísimos temas, fue llamado uno de los mejores filmes del 2013 por Quentin Tarantino. F is for Falling no es más que un velado comentario sobre la situación actual en Israel y Palestina, lo que sugiere otro tipo de terror.

Desde Latinoamerica, el brasileño Dennison Ramalho presenta J is for Jesus, una alegoría religiosa que es además una fuerte crítica a la homofobia e intolerancia. Mientras tanto, el cubano Alejandro Brugués, director de la cinta de zombies Juan de los Muertos presenta un sketch cómico sobre dos náufragos atrapados en una isla.

Lo cierto es que muchos directores ni siquiera han tratado de hacer cortos de terror; en vez de eso, se han inclinado por relatos absurdos llenos de macabro humor negro. De lo contrario, no se entiende que hace aquí el norteamericano Todd Rohal, más conocido por comedias indie. Esto se ve desde el inicio, con A is for Amateur de E.L. Katz, donde un inepto sicario ve como su plan perfecto se va directo al tacho.

Otras joyas: O is for Ochlocracy del japonés Hajime Ohata, donde los zombies le entablan juicio a los humanos por asesinato; W is for Wish de Steven Kostanski, un bizarro y perturbador tributo a héroes ochenteros como Flash Gordon o He-Man, que de seguro arruinará la infancia de más de uno; y T is for Torture Porn de las hermanas Jen y Silvia Soska, que a juzgar por esto han visto Urotsukidoji (obra cumbre del hentai japonés, el de los tentáculos violadores) más de una vez. Para finalizar está la animación stop-motion D is for Deloused, y el que logre explicar de que se trata merece un premio.

Algunos directores usaron esta oportunidad para hacer crítica, otros simplemente querían divertirse y otros al parecer necesitaban desahogarse (a juzgar por la cantidad de gore). Esta antología es una buena excusa para conocer como va el género hoy en día. Con muchos más realizadores para descubrir, es un proyecto que podría regresar cada dos años con algunos tesoros escondidos.  Sólo abstenerse los de estómago débil y los que se ofenden con facilidad.

 

Blanco y Azul

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Blanquiazul, el primer estreno nacional del año, es casi una anomalía en nuestra cartelera. El género documental ha sido largamente ignorado por el público y las distribuidoras; ver uno en nuestros cines fuera de festivales o ciclos especializados es tan raro como encontrar agua en el desierto. En el caso de documentales peruanos, es un caso aún más raro; los más recientes que se recuerden son Sigo Siendo de Javier Corcuera, estrenado en el 2013 y Buscando a Gastón de Patricia Pérez, que tuvo un paso efímero por los cines el año pasado. Resulta grato entonces encontrarse con el debut de Luis Castro Serrano, aun si uno no sigue el Deporte Rey.

Es necesario hacer una aclaración: no sé casi nada de fútbol y tampoco lo sigo. Soy hincha del Sporting Cristal, pero eso es más que nada una herencia, ya que casi todos en mi familia son cerveceros. Ya hace tiempo que no veo los partidos, desde los tiempos en los que llegamos a la final de la Libertadores, que pareciera fue hace siglos, la época dorada del SC. Aún así, hay mucho que apreciar en el filme.

Blanquiazul es un sencillo y afectivo tributo al verdadero motor de cualquier equipo: su hinchada incondicional. Esa gente que sigue a los jugadores en las buenas y en las malas, que se ponen la camiseta todas las semanas y van al estadio a echar vivas. Arranca con un breve repaso de los orígenes de la barra; una que nació en la calle, en el corazón del barrio y que siempre se ha sentido identificada con elementos de nuestra cultura, como la música criolla (aunque seguro que los hinchas de los demás equipos dirán lo mismo).

Castro trabajó ocho años en el filme, viajando por todo el Perú contando las historias de los aliancistas. Está la familia López, cuya casa en Urubamba ha sido convertida en un monumento al equipo, con las paredes tapizadas de afiches y fotos y todos los objetos adornados con el escudo. Es un lugar donde se respira fútbol, llamado Matute por los fans. Un grupo de hinchas en Cuzco le reza a los apus por el bienestar de la escuadra. Los hinchas de Iquitos no ven al equipo en su estadio desde que el CNI bajó a segunda, por lo que se tienen que contentar con ver los partidos por televisión. Y así; es una serie de anécdotas sobre lo que es ser hincha.

Las barras de fútbol se han ganado una pésima reputación como una mera excusa para que algunos delincuentes hagan de las suyas. Se les considera a ratos peligrosas y ciertamente están casos como el de Walter Oyarce como prueba. Pero las intenciones de Castro son otras. Ignora el aspecto oscuro para centrarse en el fanatismo futbolero como algo positivo, que une a las personas y les da un sentido de fraternidad. De cierta manera, Blanquiazul es una reivindicación del verdadero hincha, el que vive el fútbol con pasión todos los días como una parte esencial de su propia vida. Algunos incluso llegan a considerarlo una experiencia religiosa.

Este documental está hecho para los aliancistas: son ellos los que van a vibrar y celebrar con sus historias. Para el resto, es una mirada al fanatismo deportivo y como algunos lo viven en carne propia. Es un filme para un público muy específico, pero que ya en sus primeros días de estreno ha tenido una presencia muy saludable en salas. Es de esperar que esto continúe; así, el pequeño boom que está viviendo el cine peruano se daría también para los documentales, un formato del que se suele ver muy poco.

 

Oscares 2015

 

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Esta mañana se anunciaron las nominadas al Oscar para este año. Como siempre, empiezan las apuestas, especulaciones y quejas porque la Academia se olvidó de alguien merecedor. Y es que con el rígido calendario de estrenos hollywoodense – los meses de verano para las explosiones y los efectos especiales, el final de año para todos los filmes de prestigio que buscan el reconocimiento – y la memoria a corto plazo de los sexagenarios miembros de AMPAS, siempre hay alguien que queda fuera.

Como siempre, uno llega a la ceremonia sin haber visto casi nada, gracias al confuso criterio de nuestras distribuidoras locales, que suelen esperar a que se anuncien las nominadas para rehacer todo el calendario y empezar a traer todo; por mientras, nos someten al más reciente bodrio de Nicolas Cage. Sólo he visto dos de las nominadas a Mejor Película, pero de todas maneras me atrevo a hacer algunos comentarios.

Birdman de Alejandro Gonzalez Iñarritu, hizo renacer de las cenizas al gran Michael Keaton, uno de esos actores carismáticos que siempre caen bien pero que llevaba una década o más desaparecido del mapa. El papel de Riggan Thompson, un actor en desgracia intentando reflotar su carrera (acaso una metáfora para la vida del propio actor) ya le valió un Globo de Oro y se perfila como favorito en una categoría que incluye a Eddie Redmayne como Stephen Hawking en La Teoría del Todo, el inglés Benedict Cumberbatch (quien ultimamente parece estar en todos lados; pronto lo veremos como el Doctor Strange de Marvel) en El Código Enigma, Bradley Cooper en American Sniper del gran Clint Eastwood, incansable a sus 84 años y el cómico Steve Carell poniendose serio como el desequilibrado John Du Pont en Foxcatcher de Bennett Miller. Su victoria sería una grata sorpresa; a Carell siempre suele irle mejor en papeles serios, es un actor dramático que aún no se aprovecha del todo. Sin embargo, pase lo que pase, lo importante es que Beetlejuice ha vuelto por todo lo alto y se le echaba de menos.

 

 

En el rubro de actrices, queda confirmado que Meryl Streep puede interpretar a un zapato e igual será considerada. Acaba de recibir su nominación #348 (en el rubro Actriz de Reparto) por su papel de la malvada bruja en el musical Into The Woods de Rob Marshall. Pronto cambiarán el nombre de las categorías de actrices a “Meryl y Las Otras 4”. La gran favorita de este año para Mejor Actriz es Julianne Moore como una enferma de Alzheimer en Still Alice de Wash Westmoreland y Richard Glatzer, cuyo filme debut, Quinceañera, me arrancó aplausos hace ocho (!) años en Sundance.

Luego del Globo de Oro, Actor de Reparto tiene un gran favorito: J.K. Simmons como un tiránico instructor de música en Whiplash de Damien Chazelle, donde hace llorar a su pobre alumno lanzándose unas baquetas. Simmons es uno de esos actores secundarios que siempre se roba las cámaras, un tipo de facciones serias que te puede intimidar o hacerte reír. Entre sus grandes papeles está el neonazi Vern Schillinger en la serie Oz y el sarcástico editor J. Jonah Jameson en la primera trilogía de Spider-Man, un casting tan perfecto que resulta imposible ver a otro actor en el papel. Si los nuevos filmes del arácnido deciden incluir al buen Jonah, tienen que llamar a Simmons, un actor que hace rato se merecía el reconocimiento.

 

 

En esta categoría encontramos al veterano Robert Duvall. El Juez es un filme que a ratos cae en el melodrama, pero el trabajo del actor es impecable, un papel honesto y emotivo que además no oculta su avanzada edad, poniendolo en más de una situación comprometedora. También está Ethan Hawke como el padre ausente de Boyhood de Richard Linklater. El actor debe haber hecho un pacto con el diablo; a lo largo de los 12 años que abarca la película, parece nunca envejecer.

Su esposa en pantalla, Patricia Arquette, es la favorita como Actriz de Reparto, un premio más que merecido. Como la madre que parece llevarse la parte más dificil, criando a dos hijos por su cuenta, ella es la revelación y porque no, la verdadera alma del filme.

Boyhood no podía faltar; es un experimento ambicioso de parte de Linklater, con un método de filmación inusual pero que da resultados. Es una película que documenta el paso del tiempo, que encuentra verdades en los momentos pequeños y anodinos y que trae nostalgia a más de uno por sus experiencias de juventud. Lo cierto es que su mayor gancho es haber sido filmada en 12 años; de lo contrario, no tendría el mismo efecto. Pero ha sido la gran favorita de crítica y público del 2014 y ahora se mide codo a codo con Birdman, la otra gran favorita. Son ocho las nominadas, pero al final siempre se reduce a dos o tres.

Viendo las otras categorías, se ve que la Academia decidió ignorar por completo a Interestelar de Christopher Nolan, un film cuando menos ambicioso y que al menos se merecía algo en las categorías técnicas, siendo un espectáculo visual del primer nivel. Se mantiene el prejuicio de AMPAS en contra de los filmes de género; ya sea ciencia ficción, terror, comedia o fantasía, casi siempre son ignorados, salvo contadas excepciones.

Una muy buena noticia: Relatos Salvajes, la delirante antología de humor negro de Damián Szifrón, se coló en el rubro de Película Extranjera, representando a Argentina por sexta vez. Me declaro parcializado; le estaré prendiendo velitas, aunque la tiene dificil, ya que la gran favorita es la polaca Ida de Pawel Pawlikowski, el tipo de película seria y de autor que prefiere la Academia en esta categoría.

Por último, La Gran Aventura Lego se quedó fuera de Película Animada, injusto para una película que es más que una herramienta para vender juguetes; se trata de una oda a la imaginación y a la capacidad de juego que nunca debemos perder aún siendo adultos. Pero sí está la irritantemente pegajosa Everything is Awesome en la categoría de Mejor Canción, una de esas tonaditas que se te quedaban grabadas en la cabeza sin remedio.

 

 

Los Oscares no son en verdad indicadores de lo mejor del año – eso al final depende de la opinión de cada uno – pero al menos, nos hacen descubrir películas a las que tal vez nunca les habríamos prestado atención. Queda poco más de un mes para ver una montaña de películas, opinar, quejarse y mentalizarse para una ceremonia que dura cuatro horas pero que a veces parece el doble gracias al exceso de comerciales y para los que no cuentan con SAP en su televisor, el desesperante doblaje de Canal Dos.

Top 100 o Más: Pulp Fiction (1994)

Empezamos un nuevo año y con él, un recuento de mis películas preferidas de todos los tiempos, las que no tengo problema en repetirme una y otra vez. La idea es que este Top 100 (o 105, o más, quien sabe) se vaya construyendo semanalmente. Se supone que deberían estar en orden, pero preferí empezar con la mejor de todas. 

 

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El impacto que tuvo el segundo filme de Quentin Tarantino en la industria del cine en los años 90 fue enorme. Su aparición trajo secuelas que ya todos conocemos: un boom para el cine indie norteamericano, la consagración de Tarantino como uno de los directores más talentosos de su generación y un sinfín de películas del autodenominado género de “ladrones con onda” que intentaron emular la estética y espíritu de Fiction, algunas con muy poco éxito.

La primera vez que supe de esta película fue en la desaparecida revista TV+, que llegaba con El Comercio. Fue ahí donde incluyeron un reportaje a dos páginas sobre esta ganadora de la Palma de Oro en Cannes, con reseñas para la veintena de personajes. Aunque no me sonaban todos los nombres, sí quedé sorprendido por el tamaño del reparto. Algunos eran veteranos de la industria, como Christopher Walken, quien hace un monólogo fugaz sobre la historia familiar de un reloj de oro. Otros, como Samuel L. Jackson, recién se estaban dando a conocer; el papel de Jules Winfield, el sicario que cita la Biblia antes de coser a balazos a su víctima, lo convirtió en uno de los intérpretes más queridos en Hollywood de la noche a la mañana, un eterno bad motherfucker – y es que, cuando se trata de echar puteadas, pocos lo hacen con la energía y carisma de Jackson.

Luego estaban algunos actores en decadencia, que vieron reflotar sus bonos. Bruce Willis, una de las mayores estrellas del planeta, se encontraba estancado en papeles de acción anodinos y/o ridículos. Fue el jale más grande que pudo tener esta película de recursos modestos; el papel de Butch Coolidge, un boxeador algo denso con una malsana obsesión con el mentado reloj dorado, no sólo lo legitimó como un actor versátil (el que se dedique casi siempre a filmes de acción es simple y llana flojera de su parte) sino que le dio un impulso a su carrera.

Después estaba John Travolta, acaso el más favorecido con el éxito del filme. El recordado Tony Manero había sido reducido a segundón frente a bebés y perros parlantes, un actor cuya carrera estaba a todas luces acabada. Vincent Vega, un matón con quien la Ley de Murphy parece ensañarse de la peor manera, lo devolvió a las grandes ligas de un salto. Así, Tarantino se ganó fama como un especialista en revivir carreras olvidadas y Travolta, un poco más gordo pero aún capaz de mover los pies como en sus mejores épocas (la escena del baile al ritmo de Chuck Berry es uno de los tantos momentos icónicos), gozó de un segundo aire que le duró por muchos años más, aún si hoy en día debe estar esperando que Quentin lo vuelva a llamar para finalmente hacer The Vega Brothers, como vienen prometiendo hace años.

 

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Vi Fiction por primera vez en video y quedé impactado. Con sus diálogos entretenidos que se le quedaban a uno grabados en la cabeza – había que revisar la Biblia para darse cuenta que Ezequiel 25:17 no es como lo recitan, más bien, Tarantino se robó la idea de un film de Sonny Chiba – su nivel de violencia que me dejó helado al principio – lo que sucede en el sótano de la tienda de Maynard era lo más gráfico que había visto entonces fuera de las películas de terror – y más que nada, esa atmósfera cool y despreocupada que despedía, una onda muy particular difícil de escribir, un estilo natural. Corrí a comprar el soundtrack, una colección de canciones desconocidas que hasta hoy no puedo escuchar sin acordarme de las escenas correspondientes. Me volví un fanático confeso. He visto la película más de 30 veces desde entonces, aprendiéndomela casi de memoria; es más, verla conmigo es un fastidio ya que me pongo a repetir todo lo que se dice. Siempre que la veo en el cable, no puedo evitar quedarme pegado, una de esas películas que se pueden ver una y otra vez sin nunca aburrirse.

Describir la trama de Pulp Fiction no es tan sencillo, ya que, en rigor, está compuesta de tres tramas entrecruzadas: Vincent y su fatídica noche con Mia Wallace, la esposa de su jefe; Butch y su bendito reloj; y la gran aventura de Vincent y Jules para deshacerse del cadáver que llevan en el auto. A través de estos relatos, se dan cita toda clase de personajes de los bajos fondos: sicarios, mafiosos, mujeres fatales, drogadictos, matones, dealers, ladrones y toda esa fauna que uno no quisiera conocer nunca. Todos en Fiction son malas personas, personajes de dudosa moral; pero el guión de Tarantino les da tanta carisma y onda que a uno no le molesta verlos en acción.

Los diálogos son el punto fuerte de Tarantino; casi todas sus películas están compuestas por al menos un 60% de palabras. Fiction no es la excepción; está repleta de conversaciones sobre temas que pueden parecer banales – la comida rápida en Europa, masajes para pies, el debate sobre si un cerdo tiene más carisma que un perro – pero que aportan color y personalidad a todos y cada uno de los personajes. Al final todos, hasta los secundarios que apenas aparecen un par de minutos, resultan fascinantes, una parte vital de este universo de los bajos fondos de Los Ángeles. Está el caso de Tony Rocky Horror, un samoano – “No lo llamaría gordo, pero definitivamente tiene un problema de peso; que va a hacer, es samoano” – al que se hace mención repetidas veces pero que nunca es visto; al final, sabemos tanto de su historia que se siente como una parte real del relato. El gran placer es escuchar a estas personas hablar de nada en particular de manera tan desenfadada.

A Tarantino se le critica mucho su nivel de violencia y ciertamente, Fiction no escatima a la hora de ponerse gráfica; pero resulta curioso que casi todo suele ser sugerido en vez de mostrado y los momentos violentos son cortos y directos al grano, impactando en cuestión de segundos. La película sugiere y la mente de uno hace el resto. Algo parecido se vio en Perros de la Calle, la primera obra del director, célebre por una escena en la que a un pobre diablo le arrancan una oreja; tanta alharaca para un acto que no es mostrado en cámara, sólo sugerido por sonidos y una sombra en la pared, pero que uno siente vio en directo. Desde Kill Bill, Tarantino se ha vuelto más violento, pero en sus primeras películas, sorprende el que no sean tan, tan viscerales como uno creía.

 

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Con Pulp Fiction, Tarantino convirtió a la violencia en un arte y a sus réprobos personajes en unos ídolos. De repente, pasar tiempo con unos desadaptados no era un mal prospecto y lo que en otro contexto causaría repugnancia, acá es algo cool, con onda y divertido, de estilo inconfundible. Dura casi tres horas pero uno no las siente, a pesar de que es casi toda diálogos. Cada vez que la veo, descubro nuevos detalles pequeños que no había notado antes. Está el misterioso contenido de un maletín – de combinación 666 – que deja a todos alelados (desde diamantes hasta el alma del capo Marsellus Wallace), o el que Vincent, por más que quiera parecer un bacán de mundo, contándoles a todos sobre su vida en Amsterdam, es en realidad un inepto de campeonato (cada vez que va al baño, pasa algo malo). Sólo al verla de nuevo este año, caí en la cuenta de que Marvin, el desafortunado que recibe un balazo en la cara cuando a Vincent se le escapa un tiro por error, trabajaba para Marsellus; eso explica porque lo dejan sobrevivir a la masacre del departamento.

Es por elementos así, que Pulp Fiction es una película que veo mínimo una vez al año y que siempre recomiendo a todo el mundo. Un justo clásico de los 90, un film que marcó época y que, sin duda, es mi película favorita.

 

Lo Mejor del 2014

Se acaba el 2014 y como siempre, llegó la hora de pasar revista al calendario fílmico para escoger las películas más entretenidas del año. Para variar, me quedé sin ver varias; lo cierto es que nuestra alicaída cartelera local suele pasar por alto varios títulos de interés, por lo que uno siempre siente que queda corto. Claro, están los torrents o el CineClub Polvos, pero nada se compara a ver una película en pantalla grande, al menos para mí, que tiendo a quedarme dormido cada vez que me siento en el sillón y prendo la tele.

Sin más preámbulos, aquí van las diez mejores películas del año según criterio personal. Todas han pasado por la cartelera salvo una que no pude dejar pasar por alto. En orden de preferencia, de menor a mayor.

 

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EL HOMBRE DUPLICADO de Denis Villeneuve

Basada en una novela de José Saramago, parte de una premisa fascinante: ¿que pasaría si encontrásemos a una persona que es exactamente igual a nosotros? Las posibilidades son infinitas. Eso es precisamente lo que le ocurre a Jake Gyllenhaal, que a la postre logra crear dos personalidades únicas y distintas. El film da paso a un críptico estudio psicológico sobre dualidad y deseos reprimidos. En honor a la verdad, no se termina de entender del todo (el simbolismo de las arañas da para una tesis), pero eso es lo bueno: se trata de una película que da para pensar, discutir y reflexionar, algo muy raro en los multicines.

 

CHEF de Jon Favreau

A veces, las películas más sencillas son las mejores. Aquí, Jon Favreau interpreta a un famoso chef que debe encontrarse a sí mismo luego de una crisis profesional, partiendo en una camioneta junto a su hijo a vender sándwiches cubanos. No hay mucho más que eso; el único conflicto se resuelve en cuestión de minutos. Pero todos parecen estar divirtiéndose, los platos que se preparan le pueden dar hambre a uno y en general la película despide tanta buena onda que es imposible que no te arranque una sonrisa. Divertida, sin complicarse demasiado.

 

LA GRAN AVENTURA LEGO de Phil Lord y Christopher Miller

Era fácil ser cínico al principio: una película basada en Lego sólo podía ser una herramienta de marketing y nada más. Pero resulta ser algo mucho más significativo. Se trata de una colorida e hiperactiva aventura que puede parecer caótica y sin sentido, hasta que al final se revela como una oda al poder de la imaginación y de como uno nunca debe dejar de soñar y dejar volar su creatividad, ya sea niño o adulto. Mucho humor y apariciones de una veintena de personajes famosos, en una película donde literalmente puede pasar cualquier cosa.

 

BOYHOOD de Richard Linklater

Linklater filmó esta película a lo largo de 12 años, juntando a los mismos actores de cuando en cuando para rodar algunas escenas. Así, nos hace testigos de la vida cotidiana de Mason, un chico a quien vemos crecer y cambiar en pantalla, viviendo los típicos momentos de juventud: la secundaria, el primer amor, el paso hacia la universidad y la madurez, en fin. De eso justamente se trata: de observar la vida real y porque no, recordar cuando nosotros hemos pasado por las mismas experiencias. Película nostálgica, que en algunos aspectos sólo podría ocurrir en el país del Norte (a mi nunca me regalaron una escopeta cuando cumplí 15 años), pero que al mismo tiempo es bastante universal. Un interesante experimento fílmico que da resultados.

 

THE RAID 2 de Gareth Evans

La primera entrega fue una inyección de adrenalina pura; para la segunda parte, el director Evans expande el concepto para darnos una saga criminal de dos horas y media de duración, un drama oscuro con tintes de tragedia. Pero una vez que la acción se pone en marcha, se convierte en una sucesión de peleas y persecuciones viscerales, filmadas con energía y buen pulso, que de nuevo lo dejan a uno sin aliento. Esta es una película de acción pura y dura, de lo mejor que se ha visto en el género en mucho tiempo. Hace parecer a Stallone y sus amigos indestructibles como una sarta de dinosaurios. Los que gustan del cine de artes marciales estarán en la gloria.

 

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS: CONFRONTACIÓN de Matt Reeves

Continua el conflicto entre simios y humanos, uno que inevitablemente terminará en tragedia. Hace todo lo que una buena secuela debe hacer: ampliar más el universo de la primera parte y continuar la historia de manera natural. Aquí nace un enfrentamiento cuyo resultado es previsible, pero no por eso menos fascinante. Mención especial para los efectos especiales y para el trabajo motion-capture de Andy Serkis, Toby Kebbell y compañía; los simios son tan realistas y resultan tan humanos, condenados a repetir nuestros errores, que resulta fácil apoyarlos. Si hacen una tercera parte, los humanos ya ni siquiera tienen que estar y si la calidad se mantiene, es un prospecto muy atractivo.

 

GUARDIANES DE LA GALAXIA de James Gunn

Marvel amplía su universo fílmico hacia el espacio exterior, dando como resultado este divertido filme de aventuras sobre un grupo de desadaptados intergalácticos. Con mucho humor, es ridícula por momentos, pero eso no es problema; James Gunn no se toma muy en serio el concepto de un equipo que incluye a un mapache parlante y un árbol gigante que sólo repite tres palabras (ambos terminan robándose la película), así que uno tampoco debería. Y en verdad, verla riendo y con una sonrisa en la cara es la mejor manera de disfrutar de un film como este.

 

CAPITÁN AMÉRICA Y EL SOLDADO DE INVIERNO de Anthony y Joe Russo

Justo cuando las películas de Marvel estaban empezando a parecerse entre sí, llegó esta secuela del héroe patriota para cambiar las cosas y madurar un poco. Esta vez, el Capitán trata de adaptarse al mundo moderno, envuelto en una intriga política que le da a esta película un aire de thriller de los 70s, sólo que todos andan con disfraz. No sólo es un emocionante film de acción, sino que pone de cabeza todo el universo interconectado de Marvel, desde las películas hasta la serie Agents of S.H.I.E.L.D. Para los fans acérrimos, es una vuelta de tuerca que bien valió la pena esperar.

 

LA INCREÍBLE VIDA DE WALTER MITTY de Ben Stiller

Walter Mitty es un tipo ordinario propenso a soñar despierto, hasta que un día le toca vivir la gran aventura de sus fantasías. Ben Stiller alcanza una insospechada madurez como cineasta con este gran filme, cuyo mensaje es claro: al igual que Walter, todos debemos seguir nuestros sueños y salir a conocer mundo, hacer que las cosas pasen en vez de esperar a que lleguen a nosotros. ¿Quien no quisiera vivir una experiencia tan significativa como la de Mitty? Esta fue la primera película que vi en el 2014 y once meses después, sigue siendo una gran motivadora.

 

RELATOS SALVAJES de Damián Szifrón

Esta es de esas películas que es mejor no te cuenten. Una antología de seis historias que buscan responder a la pregunta: ¿que sucede cuando las personas nos olvidamos de las formas y perdemos el control, cuando no somos mejores que animales salvajes? Szifrón se vale de un humor negro sin concesiones para presentar estas historias que van creciendo en tensión hasta llegar a los límites de lo absurdo. Resulta tan increíble que no le queda a uno más que reír. Impredecible e hilarante, es una película que logra encontrar lo gracioso en la tragedia, una joya que todos tienen que ver. Ha sido preseleccionada como candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera y aunque la competencia es fuerte, desde acá le estaré prendiendo velas. Es, de lejos, el film más memorable del año, de esos que provocan ver una y otra vez.

 

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El Cine Peruano en el 2014

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Nos hemos hecho esta pregunta repetidas veces en los últimos años: ¿ya podemos hablar de una industria de cine peruano propiamente tal? La verdad es que no; aún está en pañales. Pero este 2014 sí ha visto un leve crecimiento, superando además lo visto el año pasado. Se puede decir que ya estamos encaminados, aunque falta mucho camino por recorrer.

El gran reto del cine peruano es atraer a un público que está ya acostumbrado a las superproducciones hollywoodenses que aglutinan la cartelera; ¿Cómo hacer para que la gente le de una oportunidad a lo nacional?

Una de las respuestas y que ya se ha visto con creces desde el 2013, es apelar al cine de género. Acción, terror, suspenso, comedia; si de lo que se trata es llevar público a las salas, esta es tal vez la mejor manera. No por nada al público peruano le gusta tanto asustarse.

Basta con ver las películas más taquilleras de este año: la comedia coral A Los 40, que más parecía un reencuentro de casi todo el elenco de Pataclaun (1,800,000 espectadores) ; la cinta de terror found footage Secreto Matusita, tomando como base una de las leyendas urbanas más longevas en Lima (554,000 espectadores); y el trío insuperable de Enrique Victoria, Ricardo Blume y Carlos Gassols en la comedia Viejos Amigos (470,000 espectadores)*. Todas cintas de género.

Más allá de la calidad de las películas, se puede ver que el cine nacional se está diversificando. Este año hemos visto comedias, cintas de terror, thriller psicológico y hasta cine bélico. Hay una mayor presencia de cineastas jóvenes con nuevas propuestas y novedosas formas de hacer cine. Esto es bastante diferente a lo que se veía hace más o menos diez años, donde el cine peruano tenía dos o tres estrenos grandes al año, casi siempre de nombres como Lombardi o Durant.

Lo importante es no inclinar la balanza: el cine comercial peruano debe tener un lugar tanto como aquel cine más personal y “de prestigio” que casi siempre está destinado a festivales. Este año, hubo películas que tendieron un puente entre ambas tendencias: la comedia negra El Mudo de los Hermanos Vega, El Elefante Desaparecido de Javier Fuentes-León y Perro Guardián de la dupla Bacha Caravedo-Daniel Higashionna. Accesibles para el gran público, pero también de estilos muy personales y con pocas concesiones comerciales.

El problema justamente ha sido tratar de promocionarlas como si se tratase de algo netamente comercial, primando el aspecto farandulero. Perro Guardián es un oscuro drama sobre un ex – militar convertido en sicario que hace referencias veladas al Grupo Colina; no es precisamente una historia alegre y su personaje principal es un psicópata en potencia que no tiene nada de simpático. Todo el trasfondo político y social fue ignorado en la promoción; así, la gente fue a verla porque era “una de Machín” y terminó viendo algo completamente distinto.

El Elefante Desaparecido fue promocionada como el reencuentro en pantalla de Salvador del Solar y Angie Cepeda. Se trata en realidad de un misterio donde un famoso novelista investiga la desaparición de su novia. Una película que mezcla elementos del mejor film noir con un surrealismo digno de David Lynch. Al final, se trata de una historia que examina de cerca el proceso creativo de un escritor y de cómo este puede ser influenciado por la realidad. Un film de buenas ideas y mi elección personal como la mejor película peruana del año, pero que fue mal difundida; con una mejor promoción, a un periodista en la conferencia de prensa se le hubiese podido ocurrir algo mejor que preguntarle “¿El que tu personaje se llame Tony fue coincidencia?” a Carlos Carlín.

 

 

Para hacer crecer el cine peruano, todos tenemos tareas que cumplir. El público, que debe acudir a las salas a ver producto nacional; las distribuidoras, que tienen que darle a estos filmes una oportunidad frente a otros estrenos; las cadenas de cine, que deben perder el miedo a programar cintas nacionales; y los medios, cuya mayor función debería ser la promoción adecuada de estos proyectos sin caer en la farandulería excesiva propia de los bloques de espectáculos de los noticieros.

Lo cierto es que esto ha cambiado desde el año pasado y en el 2014 se pudo observar. Ya ha quedado demostrado que el cine peruano es rentable, por lo que la inversión es cada vez mayor. Y la filmografía nacional se está diversificando; hacer cine de género es un muy buen primer paso, pero se puede variar todavía más. Claro, para muchos una película con el Chato Barraza es un punto bajo, pero da fe de la variedad que se está dando en nuestro cine. Me pregunto, ¿Por qué a nadie se le habrá ocurrido hacer un film así  (Melcochita en el Ejército, El Gordo Casareto va a la Luna, etc.) durante la época dorada de Risas y Salsa, un vehículo para los cómicos de antaño? Este cine pícaro pudo haber sido un éxito tremendo al estilo de Porcel y Olmedo.

En fin. Con 17 estrenos este año, cuatro más que el anterior, el cine peruano está ganando terreno en las salas, a punta de nuevos géneros y nuevos realizadores, un gran crecimiento en comparación a lo que se veía años antes; no reconocerlo sería mezquino. Aún quedan muchos aspectos por trabajar, pero es de esperar que el 2015 supere lo visto este año. Enero va arrancar con una película de terror y un documental sobre Alianza Lima. Hasta ahí ya se nota variedad.

De yapa, los dejo con mi participación en el programa De Cazuela de Agencia Andina junto al crítico Gabriel Quispe, donde doy algunas opiniones sobre el estado actual del cine nacional. Fue grabado en abril de este año; algunas de las cosas que dije se están cumpliendo. Si no quieren ver el programa entero, vayan de frente al minuto 13.

 

 

*Gracias a la web Cinencuentro por las cifras de asistencia de público.

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