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Doblar o No Doblar

 

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Hoy se estrena Moana, la más reciente superproducción de Disney y otro intento del estudio en presentar historias más progresistas y étnicamente diversas. Como era de esperarse, todas las funciones son dobladas al español, por lo que no podremos escuchar las voces originales de la debutante Auli’i Cravalho o La Roca, interpretando un papel basado en sus propios orígenes polinésicos. Lo mismo para las canciones de Lin-Manuel Miranda, la nueva sensación del mundo teatral estadounidense que está en boca de todos y no sólo porque le dijo un par de cosas al vicepresidente de Donald Trump en una función.

No debería ser un problema; Disney lleva siglos sin variar su fórmula y esta es otra bienintencionada historia que se puede seguir sin problemas; además, la animación es tan detallada y realista que puede dejar a uno con la boca abierta aun siendo una película muda.

Es una pena que ya no podamos contar con versiones subtituladas de estas películas, pero no debería sorprender; ya se ha vuelto costumbre que todos los filmes infantiles lleguen a nuestras salas en su versión en español, porque los niños pueden perder la paciencia teniendo que mirar seguido las letritas en la parte baja de la pantalla (“¡Ya pues, papi, ya me hacen leer cosas aburridas en el cole!”). Hace bastante tiempo, tuve la suerte de ver Shrek subtitulada en el cine El Pacífico y conforme pasan los años, me convenzo más de que se trató de un espejismo.

El problema está cuando el doblaje también empieza a abarcar todas las películas que llegan a nuestras salas, sean infantiles o no; hace tiempo, escribí una carta de protesta (que nunca mandé a ningún lado y sólo leyeron cuatro gatos, pero valía la intención), publicada en este mismo blog, porque sólo cinco salas en toda la ciudad estrenaron Iron Man 3 en versión subtitulada y sin el costo adicional de los pesados lentes 3D. El blockbuster de Marvel pudo haber estado en chino, portugués o sánscrito e igual hubiese sido una decepción, es cierto; pero el que no le hayan dado al espectador otra opción más que verla doblada, era una ofensa. Tres años después, esa mala costumbre sigue e incluso está empeorando cada vez más.

Si bien gran parte del público no tiene problema con los doblajes, existen muchos que prefieren ver la película en su idioma original;  y es que por más buenas que sean tus voces en español, inevitablemente algo de la magia se pierde en la traducción. O será que en el fondo tememos que el doblaje – la gran mayoría de las veces hecho en México – se ponga muy localista y llene la película de “gueys”, “chidos” y “pinches”. No pretendo ofender a ese país, pero basta un poco de jerga local para romper completamente la inmersión. Prueben ver una película como The Hangover 2 – que de por sí es sólo regular – doblada al español y se encontrarán con una experiencia surreal y hasta incómoda.

 

 

Ni siquiera el Perú se salva de esto, porque a partir de este año algunas películas están siendo dobladas en casa, como es el caso de El Aro vs. La Maldición, el gran enfrentamiento entre los dos clichés de terror japoneses, que no vi, pero estoy seguro que bastaba con unos cuantos carajos para que el espectador se desconecte de todo. Esto también explica porque en la cinta animada española Los Súper Agentes Locos tenemos a un villano pelirrojo, de ojos virolos y nariz deforme llamado Jimmy el Cachondo hablando como Melcochita y soltando sus acostumbrados y coloridos insultos.

 

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Tanto el doblaje como el subtitulado son opciones para el espectador; pero cada vez más, están siendo dejada de lado. El querer obligar a todos a ver las películas dobladas es una falta de respeto hacia el espectador, así como asumir que sólo los cines de los barrios “de clase alta”, como se les dice, se merecen copias subtituladas (aunque esto da pie a toda una discusión de desigualdad social en la que prefiero no ahondar). No estamos aún al nivel de España, que dobla absolutamente todo al castellano, a veces con resultados hilarantes – nos han dado joyas como A Todo Gas, La Salchicha Peleona, Un Canguro Superduro, Tu Madre se Comió a Mi Perro y un larguísimo etcétera – pero estamos peligrosamente cerca.

Sin embargo y a pesar de la situación, hay que admitir que hay películas que sí merecen verse dobladas. Así como algunos nunca han visto Los Simpsons en su idioma original y ya se acostumbraron a las voces de Humberto Vélez y compañía como las reales – al menos hasta que las reemplazaron por unas más chillonas e insoportables – este humilde redactor ya se ha acostumbrado a ver ciertas películas en español. La Historia sin Fin es un clásico de la infancia y con un lugar reservado en mi Top 20 de todos los tiempos, pero nunca la he visto en su idioma original, ni tampoco quiero. Como olvidar también las noches de Cine Millonario riendo con los doblajes de Robocop (“¡Trabajo para Dick Jones!”), Depredador (“¡Se lo llevó la jungla!”) o Comando, donde las frases para el bronce del gran Arnoldo se convierten en algo inolvidable.

 

 

Así como yo decidí ver estas películas en determinado idioma, el ver una película subtitulada o doblada debería ser opción del espectador, pero a veces no se les otorga; y por esto, las distribuidoras se merecen un buen jalón de orejas. Seguramente La Roca no debe cantar bien, pero al menos nos podrían dar la opción de comprobarlo.

Cine Sobre Cine

 

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Solos de Joanna Lombardi es una road movie, de esas donde – esto es una frase conocida pero se aplica – el viaje importa más que el destino. Pero también es un oportuno comentario sobre el estado actual del cine peruano y las dificultades que enfrenta en su eterna batalla para encontrar un espacio en nuestra cada vez más abultada – y a veces limitada – cartelera.

Diego Lombardi, Wendy Vásquez, Rodrigo Palacios y Alberto Rojas Apel interpretan a unas versiones ficticias de sí mismos (o al menos eso se debe entender, porque usan los mismos nombres), cuatro cineastas que, provistos de una pantalla inflable, equipos, una camioneta y una paciencia de santo, viajan por la sierra y selva proyectando su película en los pueblos remotos. El film – que nunca vemos – fue un fracaso, los cines de la capital les han cerrado las puertas y no queda otra que irse de gira y encontrar un público.

Esta situación será tristemente conocida por más de un cineasta local que ha tenido dificultades para encontrar un espacio en salas, o siquiera para poder durar más de una semana sin que los manden a mudar; y es que el cine peruano en este momento se encuentra explotando una veta comercial que no deja mucho lugar para otro tipo de propuestas. Lo ideal sería que los proyectos hechos específicamente para ganar en taquilla puedan coexistir con películas más personales, de autor; después de todo, ambas son válidas. En este caso, aún no hemos alcanzado ese equilibrio – pero ese ya es tema para otro texto.

Solos reflexiona sobre esta situación y, por esas cuestiones del destino que sólo entienden nuestros Seres Supremos, termina comentando su propia situación luego de que algunos cines la removieran de circulación tras apenas un día de estreno. Por ello, va a ser imposible divorciar el filme de la controversia. Termina siendo una película que casi nadie fue a ver… sobre una película que casi nadie fue a ver. Todo un ejercicio metatextual que tal vez no se proponían, pero que le da al proyecto otra dimensión.

El maltrato hacia el segundo filme de Lombardi es, en todo caso, una gran injusticia, ya que se trata de una propuesta interesante. Como toda road movie, no tiene un destino trazado; es una serie de viñetas donde vemos a cuatro amigos viajando por carretera y conversando sobre el cine, la vida, o simplemente tonteando. Este aire improvisado y relajado le da a todo gran naturalidad, algo que podría poner a prueba la paciencia de varios (a juzgar por la pareja en el cine que lo consideró un buen momento para ponerse a conversar a gritos). Ciertamente, un filme que dedica una escena de más de diez minutos a sus personajes detallando uno de esos juegos sencillos que aparecen en todos los viajes de carretera para paliar el aburrimiento (“Con quien cruzo el puente”, “Ha llegado un barco cargado de…”, “cuenta cuantos autos son azules”, etc.) puede no ser del gusto de todos, pero aun así es un viaje que vale la pena, lleno de frescura y buen humor y que de seguro motivará a más de uno a ponerse la mochila en la espalda y salir a la aventura y a lo que venga, grabándolo todo para la posteridad, claro está.

Solos es una película sobre cine hecha para todos los cineastas, los que han vivido la situación de estos personajes en carne propia y los que, al igual que el Rodrigo Palacios en la ficción, se debaten entre dedicarse de lleno a su arte, asumiendo todos los obstáculos que de seguro aparecerán o echar la toalla y ser un trabajador de saco y corbata en un horario de oficina que probablemente odien, pero que les da seguridad.

Es una película que se plantea una eterna interrogante: ¿Cómo hacer que un público acostumbrado a lo comercial – o en el caso de las personas que nuestros intrépidos cineastas entrevistan a lo largo de su viaje, a películas de artes marciales en la tele o el cine de Bollywood (una industria que hace tiempo asumió su faceta comercial y hace todo lo posible por agradar al público más masivo posible) – enganchen con propuestas diferentes, más personales, de autor? No se trata de que el espectador promedio sea un consumidor sin cerebro, sino que muy rara vez se le da otra opción aparte de los multicines y blockbusters, que mal que mal es el referente con el que crecimos casi todos; ¿Quién no recuerda una infancia viendo a Jackie Chan con doblaje en los canales nacionales, o yendo al estreno de Día de la Independencia para ver como los extraterrestres destruían la Casa Blanca? De nuevo, este es un tema para otro texto.

El cuarteto de Solos no encuentra una respuesta a esta pregunta y el cine peruano actual tampoco; pero esta película es un buen lugar para empezar a pensar en el tema. Se trata de una road movie sencilla pero que tiene mucho que decir sobre una industria que en este momento, se encuentra en pañales. Se merece una mejor suerte de la que le han dado los cines; así como otros filmes que han sido maltratados por las cadenas – El Espacio Entre las Cosas y Gloria del Pacífico (que ha hecho una meritoria gira a nivel nacional los últimos dos años, con buenos resultados) son dos ejemplos recientes – eventualmente han encontrado un público, Solos también lo tiene más que merecido.

 

El Poder de la X

Eliminar Amigo (Unfriended en idioma original) fue uno de los estrenos más singulares del año pasado. En esencia, era otra rutinaria película de terror donde un grupo de adolescentes es asesinado uno a uno por una presencia maligna. La única diferencia era que todo el film era una conversación en tiempo real via Skype (así es: pagaron una entrada para ver un chat de 90 minutos).

A pesar de algunas falencias (y las tenía), Eliminar Amigo mostró las nuevas posibilidades narrativas que existen en estos tiempos que corren. Y en una época donde nos hemos vuelto esclavos de nuestros teléfonos y donde tener Internet es prácticamente un requisito para vivir, resultó ser una película muy actual, que sólo pudo haber sido hecha hoy; un verdadero producto de su tiempo.

 

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De la misma manera, El Poder de la X, mediometraje nacional de José Miguel Vizcarra, es un film muy actual, simulando la travesía de dos hackers que se entrometen en los servidores – y en la privacidad – de otras personas. Es un reflejo de nuestra modernidad, donde la presencia en redes es tal que llega a suplantar nuestras propias vidas, un lugar donde estamos conectados a todo pero a nada a la vez y donde no existe el concepto de lo privado. Nuestros hackers protagonistas lo llaman un “estudio psicológico”, pero un nombre más apropiado sería “invasión de la privacidad”.

Todo esto alrededor de la misteriosa cinta del título, un objeto de culto convertido en leyenda urbana al mejor estilo de Videodrome de Cronenberg; en esa rara y hasta hoy relevante joya ochentera, todos hablaban del mentado programa de televisión pero nadie sabía explicar que era. Su significado dependía de cada uno, tal vez un reflejo de toda la televisión basura que dicen “nos atrofia el cerebro” pero de la cual al parecer no nos podemos despegar, que nos fascina de la misma manera como lo haría un accidente de autos. Es algo tan cierto hoy como hace más de 20 años, o sino pregúntenle a Mayimbú.

Así como en Videodrome, la pregunta es: ¿Qué es El Poder de la X? (La película dentro de la película, ojo) Es una cinta tan misteriosa y críptica que ni siquiera su anciano y algo volado realizador puede explicarla sin usar adivinanzas. O es, como rezan los trogloditas de los foros del IMDB, una “arthouse Peruvian shit” a la que ni siquiera hay que prestarle atención (y no hay mejor reflejo de la ruina moral y social de la Internet que los foros de esta venerable fuente de información online, una cloaca con más trolls que un libro de Tolkien). Las interpretaciones son varias.

El Poder de la X es más que eso. Es un reflejo de la Internet y de todo lo que se puede encontrar en ella, de todo lo oscuro y misterioso que esconde, en las páginas que vemos y en el llamado deep web, el rincón más anónimo  e impredecible del ciberespacio donde la moral queda de lado. Nos muestra que el acceso total a la información no es garantía de nada y que, a medida que dependamos cada vez más de la red y la tecnología, perderemos contacto con la realidad. La modernidad ha simplificado nuestras vidas y nos ha permitido estar conectado con todo y con todos, pero al mismo tiene fallas, está llena de glitches que más que otra cosa, han sacrificado el aspecto humano. El Poder de la X (la verdadera, esta vez), nos dice que más nos valdría despegar el rostro de la pantalla y salir a caminar de cuando en cuando, ver la calle y de repente, hasta saludar a la persona que tenemos al lado, y no con mensajito de Whatsapp.

Algunas cintas experimentales no son más que ejercicios indulgentes y densos que sólo entienden sus propios autores. Pero en el caso de este breve y alucinado “ciber-drama”, José Miguel Vizcarra tiene algo que decir y lo dice con buen humor. La pueden ver como parte de la Competencia Nacional del Festival Lima Independiente, hoy y el día 8 de julio a las 8pm en el Centro Cultural de España.

 

El Hombre de las Mil Razas

Hay actores que son reconocidos más por su nombre que por sus papeles. Ethan Hunt no es Ethan Hunt; es Tom Cruise siendo cool y pateando el trasero a los malos, siempre con esa permanente sonrisa Kolynos. Will Smith suele interpretar variaciones de sí mismo, salvo excepciones. Y así sucesivamente; actores con una personalidad pública tan grande y reconocida, que opaca algunos de sus papeles.

La otra cara de la moneda son aquellos intérpretes que no uno no conoce de nombre, que ha visto en todas partes pero aún así no se acuerda de como se llaman. Los héroes anónimos del cine, los secundarios de lujo, los actores sólidos que tal vez no reciben el reconocimiento de las grandes estrellas pero que siempre son una grata presencia. Y hay un caso bastante particular.

 

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Se trata del neozelandés Cliff Curtis. Tuvo sus primeros papeles en El Piano de Jane Campion y en Once Were Warriors de Lee Tamahori, un fuerte y crudo drama sobre abuso doméstico donde el director además presentó las dificultades sociales que enfrentaban los maoríes sin ningún adorno. Curtis llamó la atención como el detestable Bully y Tamahori posteriormente fue a Hollywood a tirar su prometedora carrera al tacho; es dificil de creer que la persona detrás de este drama realista e impactante fue el mismo de XXX 2, al que poco le faltaba para ser un film de superhéroes (y no de los buenos).

Sin embargo, para los que no vieron estas dos películas, no había forma de saber de donde provenía Curtis. Y es que este actor se ha vuelto célebre por interpretar a todas las razas existentes. En Tres Reyes de David O. Russell, fue un rebelde iraquí. En La Fuente de la Vida de Darren Aronofsky, un conquistador español. Ha hecho de colombiano tres veces: interpretó a Pablo Escobar en Blow con Johnny Depp y luego hizo de un émulo del infame capo de la droga en Daño Colateral, la película donde el gran Arnoldo elimina por sí solo a todo el Cartel de Medellín.

Uno de sus papeles más memorables fue como el chicano Smiley en Día de Entrenamiento, en la que es tal vez la escena más tensa de toda la película donde Ethan Hawke se salva de morir sólo por la gracia del Señor. Denzel Washington, que hasta ese momento había opacado a todo el mundo como el corrupto policía Alonzo Harris, se ausentó de la escena y dejó a sus coestrellas brillar con luz propia siquiera por unos minutos.

 

 

Curtis apareció en la fantástica El Último Maestro del Aire de Shyamalan, aunque vaya uno a saber a que raza pertenecían unos guerreros con poderes mágicos. Hasta hizo de cavernícola en  la pésima 10,000 A.C. de Roland Emmerich; supongo que determinar la raza exacta del hombre prehistórico no fue de vital importancia. Una de las pocas veces que se le permitió a Curtis representar su propia raza fue en la olvidable cinta de terror Virus, donde aparecía con uno de esos tatuajes faciales que para los maoríes son un símbolo de su cultura (y para Mike Tyson, una forma de llamar la atención).

Sin embargo, el que Curtis tenga que interpretar a todas las razas (por ahí se cuelan también papeles de árabe o afroamericano) no debería molestar; y es que el tipo es una de esos actores sólidos que siempre entregan una buena actuación. Actualmente, interpreta a Jesús en Risen, película religioso que probablemente veamos en Semana Santa y además se le puede ver en Fear The Walking Dead, el spinoff de la serie zombie. Mejor disfrutarlo mientras se pueda porque, sabiendo como AMC maneja su popular serial, no pasará mucho tiempo antes de que sea devorado por un cadáver ambulatorio.

Más adelante hablaremos de más de estos actores anónimos; en el video de arriba incluso hay otro que no pasa desapercibido.

Apta Para Todo Público

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“Buenos tardes, don Manuel.”

“Hola Juanito, mi buen hombre. ¿Cómo te trata la vida?”

“Aquí estamos, pues caballero. Dándole nomás.”

Juanito siempre lo saludaba con una sonrisa. Todos los lunes, don Manuel Vargas llegaba a las siete de la noche al Centro Cultural Ricardo Palma, listo para otra función de cine clásico e internacional, programado con fino gusto por Anselmo, uno de los pocos en los que Don Manuel confiaba, puesto que compartían los mismos refinados gustos en el séptimo arte.

Antes de esto, pasaba la tarde sentado en su escritorio, disfrutando una buena copa de vino tinto y un libro de su variada biblioteca; tenía una pequeña colección de autores latinoamericanos, pero su verdadera pasión eran los libros de viaje. Bastaba con hojear algunas páginas para sentirse transportado a todos los rincones del mundo.

Todo era parte de un rutina fija, la de hombre y maduro y soltero que seguía religiosamente todos los días. En las mañanas, solía caminar por los parques de Miraflores, observando a las parejas, a los jóvenes que salían a correr, a las mascotas; siempre en silencio, de vez en cuando ofreciéndoles alguna sonrisa. Solía recaer luego en el café Chez Latte, a almorzar y tomarse una taza de té mientras leía los diarios; le gustaba estar informado de todo lo que sucedía en el mundo, aunque entre atentados, disputas religiosas y guerras sin sentido, cada vez se sentía más decepcionado del resto de las personas.

Luego de esto, volvía a casa a pasar la tarde en compañía de sus libros. Tras la obligada copa de vino y una cena ligera, a lo mucho una sopa o ensalada debido a sus pocas dotes culinarias, se iba a acostar.

Don Manuel no frecuentaba mucha gente. Nunca se había casado ni tenía hijos. Huraño por naturaleza, no había hecho muchas amistades en sus años de empleado público, a lo más compartir una taza de té con sus colegas en la cafetería de la oficina por unos minutos, hasta que sus conversaciones sobre sus matrimonios, hijos y viajes lo confundían y debía excusarse.

Su mayor contacto con otras personas era en los lunes por la noche, cuando Juanito el vigilante lo saludaba sin falta antes de entrar a la Sala Ribeyro a disfrutar del buen cine de antaño. Don Manuel no pisaba otra sala; no entendía las películas modernas, bulliciosas, frenéticas, muy coloridas, ni tampoco al público, adolescentes hiperactivos que se la pasaban hablando por esos benditos aparatos que parecían llevar pegados a la oreja. Ni que decir de la canchita, tan indigesta, que para él era como masticar cartón.

La Sala Ribeyro era diferente; ahí se respiraba buen cine y entre los asistentes, en su mayoría señores jubilados como él, don Manuel era respetado. Todos lo saludaban con cordialidad, todos le pedían su opinión sobre las películas debido a su condición de hombre de mundo. Esto a pesar de que nunca había viajado fuera del país; para eso tenía sus libros, para llevarlo a las Pirámides de Egipto, a la Gran Muralla China, en fin, a todas partes sin necesidad de salir de su casa.

En el Centro Cultural, Don Manuel se sentía cómodo y satisfecho, una persona importante. Era su santuario, su refugio del caótico mundo moderno que acechaba al otro lado de la puerta, en la congestionada avenida Larco.

Ese día se venía un programa insuperable: función doble del gran Federico Fellini, 8 ½ y La Dolce Vita, casi una visita guiada a Italia. Don Manuel ingresó a la sala, encontrándose con los parroquianos de siempre: hombres mayores que aprovechaban la oscuridad para dormir la siesta, una pareja de universitarios con pinta de intelectuales, el infaltable Chito La Rosa con sus audífonos y walkman.

“¿Cómo te va, Chito?” A pesar de no ser amigos, Don Manuel nunca se olvidaba de las buenas costumbres.

“Gusto en verlo, Don Manuel. Aquí me ve, tratando de entender esto de la música moderna. A mis nietos les encanta esto del… ¿Cómo se dice? ¿Ragú, creo? Regatón, algo así…”

“No tengo idea a que te refieres.” Don Manuel soltó una carcajada. “La juventud de hoy me supera, querido Chito. Hoy me alejo de la modernidad; hoy vuelvo gratamente a la Italia de los años 60, a la mirada poética y personal del grandioso Federico.”

“Siempre tan poético usted, don Manuel.” Chito se sentó en una butaca y estiró las piernas. “Parece que le gusta vivir en el pasado.”

“La gente de hoy no sabe lo que se pierde, Chito. No saben todo lo grande que han dejado pasar.”

Una vez sentado Don Manuel, casi con su venia, se apagaron las luces y empezó la película. Mastroianni  una figura intrigante detrás de sus impenetrables lentes oscuros y como todos los lunes, Don Manuel se sentía en paz dentro de su refugio.

Casi al final de la película, sin embargo, notó un movimiento: un jovenzuelo de unos veintitantos años, escondido bajo una capucha roja, entró corriendo a la sala y se dejó caer un par de butacas delante de él. Se desparramó en el asiento, puso los pies sobre el espaldar de la silla delantera y apuró una bolsa de papitas fritas.

El leve sonido del masticar puso intranquilo a Don Manuel. Claramente, este mocoso no era parte del público acostumbrado del local. La pequeña luz azul lo delataba; parecía estar prestando más atención a su móvil que a la pantalla, donde la travesía de Mastroianni llegaba a su fin.

El joven empezó a reír de buena gana y a Don Manuel se le pusieron los pelos de punta; que falta de respeto al gran Fellini. ¿Quién se creía que era este chiquillo insolente? Había irrumpido en su tranquilidad, en su única salida de la semana. A nadie más parecía importarle, pero Don Manuel estaba entrando en cólera.

 

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La cosa no mejoró durante La Dolce Vita; Anita Ekberg junto a Mastroianni en la majestuosa Fontana Di Trevi era un momento sublime, icónico – “Tantos recuerdos y emociones, mi querida Anita” – y el chiquillo no hacía más que reír y hacer comentarios lascivos: “No se vaya a resfriar la flaca”. Don Manuel lo sintió como una total falta de respeto hacia su persona, una afrenta a su tranquilidad.

Mocoso maleducado e inculto, pensó Don Manuel; no sabe de cultura, no debería estar aquí. Capaz que sólo ha venido a hacer tiempo para irse de farra con sus amigotes, a hacer alguna maldad, pequeño delincuente. Lo quiero fuera de mi sala.

Una vez terminada la película, la gente empezó a salir lentamente de la sala, mientras que el chico, siempre con la cara pegada a la pantalla del celular, se levantó de un salto y salió dando trancos. Don Manuel lo siguió, colérico; ya me va a escuchar este insolente, me arruinó al gran Fellini, hay que ponerlo en su sitio.

En la calle, el anciano se detuvo; vio como el chico se encontraba con un gran grupo de jóvenes de su edad, todos sonriendo y bromeando. Se le acercó una chica alta, delgada, de cabello negro, mirándolo con ojos llenos de admiración.  El chico la abrazó con calidez, dándole un tierno beso en los labios, señal del primer amor.

Casi sin darse cuenta, Don Manuel se había acercado. El chico de la capucha lo observó con curiosidad. “¿Sucede algo, señor?” Preguntó con inesperada cortesía. “¿Se siente bien?”

Don Manuel se quedó mudo; sólo atinó a sacudir la cabeza y retroceder. Los chicos, en medio de palmadas en la espalda y risas, el tipo de confianza que sólo puede venir de las amistades duraderas, se dieron media vuelta y emprendieron su camino, bromeando entre ellos y sonriendo. Ya tenían un plan para la noche y no era leer libros en soledad.

De repente, Don Manuel sintió un gran cansancio. Observó a su alrededor. La gente salía de la sala sin mirarlo, nadie le pedía su opinión. Anselmo apenas le dirigió una rápida sonrisa antes de seguir su camino. Hasta Chito La Rosa, absorto en su música moderna, pasó de largo. Solo, el anciano emprendió en silencio la caminata de vuelta a su departamento de soltero, a su escritorio abarrotado de libros, a su rutina solitaria de todos los días; pensando en todo el camino que podría dar vuelta, alcanzar a ese grupo de jóvenes y pedirles que lo dejen invitarles un café y conversar.

Lo Mejor del 2015

Llegó el momento de ponerle punto final a este año con la lista de lo mejor visto en los últimos doce meses. Además de la cartelera, incluyo algunas joyitas que no llegaron a nuestro país y para las que hay que recurrir a los Torrents o al caserito de tu Centro Comercial Polvos preferido. Nuestra cartelera a ratos es bastante limitada, aunque eso puede deberse a una mayor cantidad de películas para las que las salas ya no se dan abasto; o tal vez a la falta de un circuito alternativo. Pero ese es tema para otro día.

Aquí les van, en orden de preferencia, de menor a mayor, las películas que este año me hicieron saltar en el asiento, reflexionar, matarme de risa, en fin; todas aquellas que me provocaron una reacción y que vale la pena ver más de una vez.

 

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WHAT WE DO IN THE SHADOWS de Taika Waititi

Un grupo de chupasangres comparte casa en un suburbio de Wellington, lidiando con problemas cotidianos como a quien le toca lavar los platos o el como devorar a sus víctimas sin manchar los muebles. Este genial falso documental se burla de prácticamente todos los clichés fílmicos que existen sobre vampiros, al mismo tiempo renovando un género que necesita formas para innovar. Ningún vampiro se salva, ni el aristócrata torturado al estilo Lestat o el monstruo deforme de Nosferatu.

 

BABADOOK de Jennifer Kent

Una mujer debe proteger a su pequeño hijo del espectro escondido en un libro infantil. Suena sencillo, pero Babadook no es una típica cinta de terror. Es más un drama doméstico sobre la pérdida de un ser querido, sobre lo dificil que es rehacer la vida luego de una tragedia y sobre los obstáculos de una madre en criar sola a un hijo. El monstruo del título puede ser una simple metáfora; esta película sugiere horrores mucho más reales y cotidianos, que dan más miedo que cualquier espectro que pueda estar debajo de la cama.

 

CORAZONES DE HIERRO de David Ayer

La guerra es un infierno y esta cinta bélica de David Ayer lo sabe de sobra. Para los hombres que recorren el campo enemigo dentro de un tanque, ya no se trata de ganar la batalla, sino de sobrevivir lo suficiente para volver a casa, sabiendo que la experiencia los ha afectado de tal modo que una vida normal ya resulta imposible. Cruda y violenta, este es uno de los retratos más fríos y desesperanzados de la guerra, donde uno siente la suciedad y la fatiga. Y es en estas condiciones donde pueden existir los lazos más fuertes.

 

EL CLAN de Pablo Trapero

Filme criminal que en sus mejores momentos hace recordar al mejor Scorsese, en especial a lo que se refiere a su violencia abrupta, humor negro y uso de música rock. Pablo Trapero nos trae la increíble pero cierta historia de la familia Puccio, quien al mando del sociopático Arquímedes (un irreconocible y terrorífico Guillermo Francella) fueron responsables de una racha de secuestros en los años 80. Un caso de no creer, donde la realidad ciertamente es más extraña que la ficción.

 

MISIÓN RESCATE de Ridley Scott

Ridley Scott nunca está mejor que cuando hace filmes de ciencia ficción; Misión Rescate es otro triunfo para el veterano realizador. Un carismático Matt Damon se echa la película al hombro como Mark Watney, un astronauta varado en Marte que debe usar todo su ingenio para volver a casa. Es un protagonista inteligente que en vez de caer en la desesperación, busca resolver los problemas de manera racional, alguien a quien es fácil apoyar. Con un inesperado pero saludable sentido del humor, este es un film divertido que evita caer en la excesiva tragedia o melodrama.

 

 

INTENSA-MENTE de Pete Docter y Ronnie del Carmen

Pixar se apunta otro éxito con este vistazo dentro de las emociones de una pequeña niña en pleno proceso de formación. Más que una colorida cinta de aventuras, este es un film sobre el crecer y madurar, sobre las experiencias que nos forman como personas y de como inevitablemente algunas van quedando en el olvido a medida que crecemos. Para un estudio que siempre ha hecho películas para todas las edades, esta es tal vez su producción más adulta, con una carga meláncolica que sorprenderá a más de uno. Una bella película, sencillamente. Ahora, por favor, un minuto de silencio para el pobre Bing Bong.

 

EX MACHINA de Alex Garland

Es una preocupación constante de la ciencia ficción: la inteligencia artificial que adquiere conciencia propia. Esta película se plantea la misma interrogante en un ambiente claustrófobico y con sólo tres personajes. ¿Es Ava producto de su programación o acaso es más humana que los dos cientificos que experimentan con ella? La respuesta es fascinante. El guionista Alex Garland hace un prometedor debut como director con este filme que, como todo buen ejercicio de su género, lo deja a uno pensando.

 

MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO de George Miller

Luego de 30 años, Max Rockatansky vuelve a las andadas en este alucinante y frenético filme de George Miller, que a sus 70 años muestra una vitalidad que deja chicos a realizadores más jóvenes. Una desenfrenada persecución de dos horas a través del desierto apocalíptico, una inyección de adrenalina que nunca decae, en un universo sacado de un cómic o el mejor cine Serie B. Tom Hardy es un buen reemplazo para Mel Gibson, pero la verdadera estrella es Charlize Theron como Furiosa, una mujer de armas tomar, decidida y letal. El tipo de película que quieres ver de nuevo apenas termina, es una de las mejores cintas de acción que se han hecho en largo tiempo.

 

WHIPLASH de Damien Chazelle

No es la típica historia del alumno saliendo adelante con la ayuda de un comprensivo mentor. Lo de Andrew, el aspirante a baterista y Fletcher, su tiránico y abusivo instructor, es una rivalidad donde ambos sacan a relucir lo mejor y peor del otro. J.K. Simmons se roba la película como el déspota profesor, un tipo que te pone tenso con sólo entrar a una habitación. La intensa escena final es de aquellas que lo dejan a uno exhausto; Whiplash muestra lo que verdaderamente significa sufrir por tu arte.

 

PREDESTINATION de Peter y Michael Spierig

Un hábil ejercicio de ciencia ficción, un rompecabezas que pide ser armado poco a poco, un relato de viajes en el tiempo que no se la hace fácil al público. Justo cuando uno cree que ya ha visto todo, es grato encontrar joyas como esta que aún son capaces de sorprender. Es sobre mucho más que la cacería de un criminal a través de distintas épocas; los Spierig incluyen los tipos de giros que le pueden derretir a uno el cerebro. Es mejor no decir más para no arruinar la experiencia. Película inteligente, de lo mejor que ha dado el género en años; fue una verdadera pena que no haya llegado a nuestra cartelera.

 

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Los Bodrios del 2015

Viendo tantas películas, uno queda inevitablemente expuesto a más de un fiasco. El hacer una lista de las decepciones del año puede resultar una pérdida de tiempo para algunos; es mejor evitar las películas malas que hacer hígado, después de todo. Pero siempre es bueno definir los gustos y si sirve para alertar a tus fieles cuatro gatos sobre los peligros que podrían enfrentar, pues entonces es válido. Aquí van entonces, los bodrios del año.

 

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Marvel empieza a hacer agua

Admiro mucho la estrategia de Marvel de crear un universo fílmico para todos sus personajes, pero la esperada Avengers: La Era de Ultrón es la primera señal de que las cosas se les están saliendo de control. Esta película es un total desorden, con un sinfín de elementos peleandose por un espacio: el villano Ultrón, los dos hermanos mutantes, el androide Visión, la familia de Hawkeye, un abrupto romance entre Bruce Banner y la Viuda Negra, la reformación de S.H.I.E.L.D., Hulk autoexiliandose al espacio, la caída de HYDRA, Thor y lo que sea que estaba haciendo en esa cueva, en fin. Y esto sin contar las tramas que sirven de base para futuras películas: el Capitán America buscando a Bucky, la visita a Wakanda, Thor y lo que sea que haya significado su premonición, y colado por ahí, Thanos y sus gemas omnipotentes. Es demasiado para cualquier director y Joss Whedon se desgastó por completo.

Lo cierto es que la novedad de ver a todos estos héroes juntos por primera vez ya no está; Marvel es ahora una industria y un poco de la magia se ha perdido. Este film es un caos, que a ratos funciona (ver a los héroes tomando tragos, contando chistes e intentando levantar el martillo de Thor es tal vez su escena más lograda) pero que la mayoría de las veces me dejó indiferente. Con un millar de películas y series planificadas de aquí hasta el infinito, Marvel está tratando de abarcar demasiado y en cualquier momento podría colapsar. Advertidos estamos.

 

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La que te hace odiar al Chato Barraza

En un año con un récord de estrenos nacionales – 29, para ser más exactos, sin contar los del circuito alternativo – era de esperarse que unos sean mejores que otros. Pero El Pequeño Seductor no es sólo mala, es un insulto al buen gusto. En una muestra del peor oportunismo, se colgó de la moda actual de darle vehículos de lucimiento a nuestros cómicos nacionales (véase Asu Mare) para este bodrio hecho a la mejor (o peor) gloria de Miguelito Barraza. Son prácticamente 90 minutos del Chato monologando sin parar de cualquier cosa que se le venga a la cabeza, hasta el punto que llega a caer antipático y provoca darle un par de cachetadas. Se puede escribir una tesis con la cantidad de errores técnicos y de continuidad. Es de presupuesto tan bajo que ni siquiera alcanzó para poner extras en las escenas (todo parece estar vacío). Lo único rescatable fue ver al Chato ebrio en su propia premiere, lo cual pudo haber sido un final bastante meta para la película si es que a alguien se le ocurría. Hubo otros estrenos nacionales penosos este año, pero Seductor está en una categoría propia; la palabra “mala” le queda chica. Tomen nota: esta es una lección invaluable sobre como NO hacer cine.

 

Algunas otras que es mejor olvidar…

 

In/Mortal de Tarsem Singh

Tarsem parece haber extraviado su fascinante y único estilo visual para este genérico ejercicio de acción que pudo haber hecho cualquier simio con cámara. Sin el ojo particular del director, no queda mucho que rescatar.

El Último Cazador de Brujas de Breck Eisner

Vin Diesel da rienda suelta a su nerd interno para esta incoherencia sobre un guerrero inmortal. Película que parece estar inventada sobre la marcha, con nada de lógica.

Píxeles de Chris Columbus

Lo que debió ser un nostálgico tributo a los videojuegos de los 80s se convierte en la típica comedia estúpida de Adam Sandler, quien continua cayendo en la total irrelevancia.

Los Cuatro Fantásticos de Josh Trank

Versión Nolanizada de la Primera Familia de Marvel y una prueba de que nada bueno puede resultar de los productores metiendo mano a su película.

Knock Knock de Eli Roth

Supuestamente un thriller erótico, pero en verdad se trata de la mejor comedia del año. Placer culposo, sí, pero no deja de ser un bodrio; Eli Roth debió quedarse con sus cintas gore. Pobre Keanu Reeves, pasar de la genial John Wick a sobreactuar como nunca en su vida en esta indignación. Su monólogo de las pizzas es de antología (y esto es sólo una excusa para ponerlo):

 

 

De hecho, quedan muchas más por mencionar, pero tampoco quiero empezar a sentir indigestión. Nos vemos mañana con las mejores diez películas del año según su servidor.